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miércoles, 29 de agosto de 2012

Thomas Carlyle - Sobre la Mitología Escandinava



     Del escritor escocés del siglo XIX Thomas Carlyle (1795-1881), de su clásico e interesante libro de 1841 que conocimos como "Los Héroes" (On Heroes, Hero-Worship, and the Heroic in the History), que es una serie de conferencias (cuyo traductor al castellano no hemos podido verificar), donde aborda el tema de los héroes considerado desde diversos ángulos, o las distintas clases de heroísmo según él, hemos decidido presentar esta vez una selección de su capítulo primero, fechado el 5 de Mayo de 1840, que trata acerca del héroe en cuanto divinidad, específicamente de Odín, y del paganismo de la mitología escandinava. Este texto creemos que debiese considerarse fundamental en cualquier estudio preliminar de la mitología germánica en general; al menos así lo consideramos nosotros.



Odín y la Mitología Escandinava
por Thomas Carlyle



     Creo que el Paganismo escandinavo encierra más interés para nosotros que los demás; que en cierto sentido es el más reciente, puesto que prevaleció en aquellas regiones hasta el siglo XI; pero los noruegos adoraban a Odin hace ochocientos años. Nos interesa también, por ser creencia de nuestros antepasados, hombres cuya sangre circula por nuestras venas, a quienes nos parecemos en muchos aspectos. Lo extraño es que el credo sustentado por ellos difiera tanto del nuestro. Consideremos un momento la sencilla creencia noruega; para ello disponemos de suficientes medios, pues las mitologías escandinavas se conservan perfectamente.

     En esa isla singular llamada Islandia, surgida del fuego del fondo del Océano, según afirman los geólogos, tierra de áridas montañas volcánicas, sumida en las negruras de la tempestad gran parte del año, que se yergue severa y formidable en el Mar del Norte con sus ventisqueros, ruidosos geysers, charcas sulfurosas y horrendos precipicios y cráteres, como caótico campo de batalla entablada entre el Hielo y el Fuego, lugar donde no hubiéramos ido a buscar documentación literaria, fue donde se escribió todo lo concerniente a ello. Junto a las playas de ese quebrado país se desliza una cinta de rica tierra, que sirve de pasto a los rebaños, en la que vive el hombre de su comercio y de los productos del mar; parece que sus moradores fueron poetas, gente de profundos pensamientos, que exteriorizaba melódicamente. ¡Qué desgracia si Islandia no hubiera surgido del Océano, si no hubiere sido descubierta por los Nórdicos!. Muchos de los antiguos poetas noruegos vieron la luz en Islandia.

     Saemundo, uno de los primitivos Sacerdotes cristianos de aquellos lugares, que quizá sentía inclinación al Paganismo, recopiló algunos de sus viejos cantos paganos, que iban desapareciendo, Poemas o Cánticos de carácter místico, profético, casi todos religiosos; los críticos noruegos llaman a esa colección Edda Poética o Clásica, palabra de etimología incierta, que se supone significa «Ancestral». Snorro Sturleson, caballero islandés, personaje notabilísimo, educado por el nieto de Saemundo, emprendió casi un siglo después la tarea de formar una especie de Sinopsis en prosa de toda la Mitología, uno de los muchos libros debidos a su pluma, enriquecido con nuevos fragmentos de verso tradicional. Es obra de gran ingenuidad, talento natural, lo que llamaríamos arte inconsciente, trabajo de claro entendimiento, cuya lectura agrada; es la Edda Prosaica o Moderna. Con este libro y los numerosos Sagas, islándicos en su mayoría, y los comentarios del país o extranjeros que hoy se escriben celosamente en el Norte, es posible adquirir idea exacta y mirar cara a cara al antiguo sistema noruego de creencias. Olvidemos que se trata de religión errónea; considerémoslo como Pensamiento de los antiguos, procurando simpatizar algo con él.

     La principal característica de esta antigua mitología nórdica es la Encarnación de las obras visibles de la Naturaleza. Férvido y simple reconocimiento de las obras de la Naturaleza física, como cosa milagrosa, sorprendente y divina. Lo que ahora consideramos Ciencia les maravillaba, cayendo de rodillas confundidos como si fuese Religión. Las oscuras Potencias hostiles de la Naturaleza, las imaginaron Jötuns (Gigantes), enormes y velludos seres demoníacos. El Hielo, el Fuego, la Tempestad eran sus Jötuns. Las Potencias amigas, como el Calor del Verano, el Sol, eran los Dioses que compartían el imperio del Universo, viviendo separados y en guerra sin cuartel. Los Dioses moraban en Asgard, o Jardín de los Asen o Divinidades; la mansión de los Jötuns era Jötunheim, región lejana, tenebrosa, confusa.

     Todo eso es curioso, sin tontería ni vacuidad, de fijarnos en su fundamento. El poder del Fuego o Llama, designado ahora con término químico, ocultando el carácter esencial maravilloso residente en él como en todo lo demás, lo llamaban Loke, Demonio rápido y sutil, de la ralea de los Jötuns. Algunos viajeros españoles dicen que los salvajes de las Islas de los Ladrones creían que el Fuego, que nunca habían visto, era dios o demonio, que mordía cruelmente al que lo tocaba, que se alimentaba de leña seca. La Química no puede ocultamos la maravilla de la Llama, de no intervenir la Estupidez. ¿Qué es la Llama?. El viejo Vidente noruego considera que el Hielo es un monstruoso y albo Jötun, el Gigante Thrym, Hrym, o Rime, palabra arcaica casi en desuso, que en Escocia significa escarcha. Entonces la escarcha no era como ahora, cosa de la química, sino un Jötun viviente o Diablo; el monstruoso Jötum Rime, conducía sus caballos al establo por la noche, sentábase trenzando sus crines; estos caballos eran las Nubes de Granizo, los Vientos Glaciales marinos. Las Vacas de uno de sus parientes, las del Gigante Hymir, son los Icebergs; este Hymir deja caer sus ojos sobre las rocas y su mirada endiablada las destroza.

     El trueno no era entonces Electricidad, vítrea o resinosa, sino el Dios Donner (El Trueno) o Thor, Dios del benéfico calor del Verano. El trueno era su ira; los nubarrones las fruncidas cejas de su rabia; el rayo que lanzaban los Cielos era el Martillo demoledor, agitado en manos de Thor, que aceleraba su pesado carro, cuyo choque con los picos de las montañas producía el ruido; el dios de roja barba soplaba desencadenando el ruidoso y tormentoso huracán antes que el trueno. Balder, el Dios Blanco, el bello, el justo y benigno (que los primitivos misioneros cristianos decían que se parecía a Cristo), es el Sol, la más bella de las cosas visibles; maravilloso, divino, a pesar de la Astronomía y los Almanaques. Quizás el más notable de los dioses de la tradición es aquel cuya pista descubrió Grimm, el etimólogo alemán; es Wünsch, o Deseo, capaz de concedernos cuanto anhelamos. ¿No es ésta la voz más sincera y tosca del espíritu del hombre?. Es el más rudo ideal que ha podido concebir, que se muestra aún en las últimas formas de nuestra cultura espiritual. Si el Dios Deseo no es verdadero Dios, cosa es que deben demostrar superiores especulaciones.

     Entre los otros Dioses o Jötuns mencionaremos sólo, en gracia a la etimología, a Aegir, o Borrasca, peligroso Jötun; hoy, en la ribera del Trent, cuando el río crece, debido a una especie de reflujo que arremolina sus aguas con grave peligro para los barqueros de Nottingham, éstos, que lo llaman Eager, gritan: ¡cuidado, que viene Eager!. Cosa curiosa: esa voz sobrevive como el picacho de un mundo sumergido. Los más ancianos barqueros de Nottingham creyeron en el Dios Aegir. Nuestra sangre inglesa contiene muchas gotas de danesa y noruega; tal vez en el fondo no exista distinción entre danés, noruego y sajón, o sea sólo superficial, como en los paganos, cristianos y otros. En nuestra isla abundan los daneses puros debido a las incesantes invasiones, habiéndolos en mayor proporción a lo largo de la costa oriental y, mucho más aún, en el Norte. Allende el Humber, en toda Escocia, el habla del vulgo es islándica en alto grado; su germanismo conserva cierto matiz peculiar noruego. Son Normandos, es decir, Hombres del Norte.

     De Odin, dios principal, hablaremos luego. Estudiemos la esencia del paganismo escandinavo, la de toda clase de paganismo; consiste en reconocer las fuerzas de la Naturaleza como divinas y sorprendentes Agencias encarnadas, Dioses y Demonios. Lo concebimos. Es el pensamiento infantil humano que se dilata, medroso y maravillado, ante el estupendo Universo. En el Sistema noruego hay algo genuino, grande, viril: el escandinavo se distingue del remoto paganismo griego, suave, y elegante por su gran sencillez y rusticidad. Es el Pensamiento de mentes profundas, rudas, ansiosas, que considera lo que les rodea, característica principal de todo buen Pensamiento en todo tiempo. No tiene la suave elegancia, ni la gracia del paganismo heleno; en él hay cierta veracidad vulgar y fuerza tosca, grande y ruda sinceridad. Tras las bellas estatuas de Apolo y sonrientes mitos nos extrañamos ante los Dioses noruegos que preparaban la cerveza para sus festines con Aegir, el Jötun del Mar, que enviaban a Thor a sus regiones por el caldero; este Dios volvía, tras muchas aventuras, con él sobre la cabeza, a guisa de sombrero, arrastrándolo, casi cubierto por él, llegándole las asas a los tobillos. Lo que caracteriza el Sistema noruego es la inmensidad vacía, la gigantez torpe en grado sumo; enorme fuerza cerril por completo que avanza desamparada a grandes e inciertas zancadas. Consideremos sus primitivos mitos sobre la Creación. Una vez mataron los Dioses al Gigante Ymer, hijo del viento cálido, producto de la lucha entre el Hielo y el Fuego; tras confusas manipulaciones, lograron construír un mundo con sus restos. Su sangre integró el Mar; su carne la Tierra, sus huesos las Montañas; con sus cejas formaron su divina morada, Asgard, siendo su cráneo la enorme bóveda azul de la Inmensidad; su cerebro originó las Nubes. ¡Fue cosa Hiper-Brobdingnagiana!. Pensamiento indómito, grande, gigantesco, enorme, que debía refrenar a su tiempo la sólida grandeza, no gigantesca sino divina y más fuerte que la gigantería de los Shakespeare y los Goethe. Aquellos hombres fueron nuestros genitores, psíquica y somáticamente.

     Me deleita su representación del Árbol Igdrasil. Figuráronse la vida como un Árbol: Igdrasil, el Fresno de la Existencia, que introduce sus raíces profundamente en los reinos de Hela o la Muerte; su tronco llega hasta el cielo, extendiendo sus ramas sobre el Universo entero: es el Árbol de la Existencia. A sus pies, en el Reino de la Muerte, se posan Tres Nornas (Hados), el Pasado, el Presente y el Porvenir; sus raíces se nutren en el Pozo Sagrado. Sus ramas, con sus brotes y hojas, o sea los acontecimientos, sufrimientos, aventuras, catástrofes, se extienden por todos los pueblos y épocas. Cada una de sus hojas es una biografía; cada una de sus fibras un hecho, una frase; su crujido es el rumor de la Existencia Humana a partir de su origen; crece, y el soplo de la Pasión Humana circula por todo él, y cuando el viento huracanado lo sacude y agita, silba cortado por sus hojas como voz de todos los dioses. Es Igdrasil, el Árbol de la Vida, el pasado, el presente y el porvenir, lo que se hizo, hace y hará, la infinita conjugación del verbo Hacer. Cuando considero la marcha de las cosas, que se entrelazan laberínticamente, cuando pienso que lo que estoy diciendo no son sólo palabras de Ulfilas el Mœsogodo, sino síntesis de lo expresado por todos los hombres a partir del instante en que habló el primero de ellos, no puedo hallar símil más exacto que el del Árbol. Bello, tan bello como grande. La «Máquina del Universo», ¡recapacitemos sobre el contraste!.

     La antigua opinión de los noruegos sobre la Naturaleza es muy extraña; diferente de la que tenemos ahora. Nada grato sería que se nos obligase a exponer su origen minuciosamente, aunque pudiéramos aducir que se originó en la imaginación de los noruegos, sobre todo en la del primero de vigorosa inteligencia, el primer hombre genial noruego, pudiéramos decir. Muchos fueron los que contemplaron el Universo con sorpresa muda y vaga, a la manera de los irracionales, o inquiriendo dolorosa y estérilmente sobre la maravilla, como sólo el hombre puede hacer, hasta que surgió el gran Pensador, el original, el Vidente, cuyo Pensamiento hablado despierta la adormecida capacidad de los demás transformándola en Inteligencia, cosa propia del Pensador, del Héroe espiritual que, una vez que habla, declaran todos que era eso lo que estuvieron a punto de manifestar, originándose en ellos las Ideas como si despertasen de letárgico y doloroso sueño, asintiendo y afirmando: así es, glosando el primer Pensamiento, alegrándoles como la aurora que sucede a la noche, porque para ellos es el paso del no-ser al ser, de la nada a la vida. Todavía veneramos a tales hombres, llamándoles Poetas, Genios, y otras cosas, mas para aquellos rústicos eran verdaderos magos, operadores de milagros e inesperados beneficios, Profetas, Dioses. Cuando el Pensamiento ha despertado no se adormece sino que se multiplica en serie de Ideas, se desarrolla en un hombre tras otro, generación tras generación, hasta adquirir su completo desarrollo; entonces la Serie de Ideas no puede llegar más allá, dejando su lugar a un nuevo Pensamiento.

     Creemos que el Hombre a quien llamamos Odin y su Dios principal era eso: un Maestro, un Capitán en cuerpo y alma; un Héroe de inmensurable mérito, al que tanto admiraron que rebasaron los límites, llegando a la adoración. ¿No tenía poder para expresar el Entendimiento y otras muchas cualidades milagrosas?. El rudo corazón noruego sentiría ilimitada gratitud. ¿No había resuelto el enigma de la Esfinge del Universo, indicándoles su destino?. Él fue quien enseñó cómo tenían que obrar, qué esperanzas podían abrigar. La vida había sido articulada, adquiriendo su melodía, siendo él quien la intensificó.. Llamaremos a Odin origen de la mitología noruega, Odin, o el nombre que llevase el primer Pensador noruego mientras fue un hombre entre los hombres. Una vez promulgada su opinión sobre el Universo floreció en todas las inteligencias, acrecentándose incesantemente, concediéndole crédito, grabándose en todos los cerebros como escrita con tinta simpática, haciéndose visible para todos. El gran acontecimiento de la época, enlazado con los demás, es la aparición del Pensador.

     No hay que olvidar tampoco otra cosa que explicará la confusión de las Eddas noruegos; no son una Serie coherente de Pensamientos, sino suma de varias series consecutivas. Esas viejas Creencias noruegas que vemos a una misma distancia en el Edda, como cuadro pintado en el mismo lienzo, no lo está en realidad: lo pintaron sucesivas generaciones a partir del origen de la Creencia ocupando distintos términos y planos. Todos los pensadores escandinavos contribuyeron al Sistema escandinavo de Pensamiento, elaborando y añadiendo siempre algo nuevo: es trabajo combinado de todos. Su historia, la transformación debida a la contribución de un pensador tras otro, hasta adquirir la forma definitiva que vemos en el Edda, es cosa que nunca sabremos: sus Concilios de Trebisonda, los de Trento, los Atanasios, Dantes, Luteros, desaparecieron en la negrura de la noche sin producir eco. Lo que sabemos es cómo se escribió. Cuando aparecía un pensador contribuía con su pensamiento, dando un nuevo paso, modificando algo. La revolución más importante, la efectuada por el mismo Odin, quedó en la sombra para nosotros, como las demás. ¿Cuál fue la historia de Odin?. Lo extraño es creer que tuvo historia, que este Odin, vestido a la nistica usanza noruega, con su barba y ojos feroces, y ruda habla nórdica, era hombre como nosotros, con nuestros pesares, alegrías, manos, pies y rasgos fisonómicos, intrínsecamente como nosotros y ¡que llevase a cabo tal trabajo!. Pero su obra pereció en gran parte, quedando reducido el agente a su nombre. «Wednesday», dirán los hombres mañana: el día de Odin. No hay historia de Odin, tampoco hay documentos, ni conjeturas sobre él dignos de mención.

     Relata Snorro, como quien no dice nada, casi en conciso estilo comercial en su «Heimskringla», que Odin era un Príncipe heroico de la región del Mar Negro, con Doce Pares y un gran pueblo que necesitaba expansión. Snorro no abriga duda sobre cómo sacó a los Asen (Asiáticos) de Asia, estableciéndolos en el norte de Europa, afirmando que fue por expediciones guerreras; inventó las Letras, la Poesía y otras cosas, logrando que se le venerase como Dios Principal por los escandinavos, convirtiendo a sus Doce Pares en Doce Hijos, Dioses como él. Saxo Grammaticus, curioso norteño de aquella centuria, duda menos aún, viendo sin escrúpulo un hecho histórico en todo mito individual, redactándolo como ocurrido en Dinamarca u otro lugar. Torfeo, sabio y cauteloso, indica, algunos siglos después, una fecha calculada, diciendo que Odin llegó a Europa alrededor del año 70 a.C. No mencionamos lo que se basa en meras conjeturas, imposibles de verificar. Mucho antes, muchísimo antes del año 70, fecha de Odin, las hazañas y completa historia terrena, figura y ambiente, desaparecieron para nosotros por siempre en incalculables milenios.

     Grimm, el arqueólogo alemán, llega a negar la existencia de Odín como hombre, probándolo por etimología. La palabra Wuotan, forma original de Odin, extendida como nombre de su Divinidad principal sobre todos los pueblos teutónicos en general, se relaciona, según Grimm, con la latina vadere, con la inglesa wade y otras; significó primitivamente Movimiento, Origen de Movimiento, Potencia; es el nombre que cuadra al dios superior, pero a ningún hombre. La voz significaba Divinidad entre los antiguos pueblos sajones, alemanes y todos los teutónicos; los adjetivos formados de ella significan divino, supremo, algo propio del dios principal. Con esto basta, debiendo inclinarnos ante Grimm en materia etimológica. Supongamos que Wuotan significa Wading o Movimiento. Y, ¿qué empece que fuera el nombre de un Hombre Heroico y Motor lo mismo que el de un dios?. En cuanto a los adjetivos y palabras derivadas de él, ¿no adquirieron los españoles la costumbre de decir, a causa de su admiración por Lope, una flor-Lope, una dama-Lope, si tanto una como la otra eran de insuperable belleza?. De seguir así, Lope hubiérase convertido en España en adjetivo significativo de divino. Afirma Smith, en su «Ensayo sobre el Lenguaje», que todos los adjetivos se formaron precisamente de ese modo; algo muy verde, notable por su verdor, adquirió el apelativo de Verde, y luego lo más afín notable por dicha cualidad, p. ej., un árbol, se llamó árbol verde, como decimos «tranvía de vapor», «coche de cuatro caballos», y otras cosas. Todos los adjetivos primitivos, según Smith, se formaron de ese modo, siendo en principio sustantivos o cosas. No podemos anonadar a un hombre debido a etimologías como ésa. Lo cierto es que hubo un Primer Maestro y Capitán; cierto que debió existir un Odin, perceptible por los sentidos, no adjetivo, sino Héroe real de carne y hueso, estando todos conformes en que la reflexión confirmará la voz de la tradición, de la historia o eco de la historia, verificándolo y aclarándolo.

     ¿Cómo llegó Odín a ser considerado como dios, dios principal?. Es cuestión que nadie gustaría de dogmatizar; he dicho que su pueblo sentía por él ilimitada admiración; además, no disponía de escala para medirla. Supongamos que la cordialidad más generosa sentida por el más sublime de los hombres se intensifica hasta rebasar todo límite conocido, hasta ocupar todo el campo del pensamiento. ¿No es posible que el hombre llamado Odin se creyese divino, emanación de «Wuotan», «Movimiento», Potencia Suprema y Divinidad, cuyo éxtasis le hiciere creer que la entera Naturaleza era su temible Imagen Flamígera, existiendo en él cierto efluvio de Wuotan, puesto que su alma grande y profunda, arrebatada por la inspiración y el misterioso vaivén de la visión y el impulso en él existente, que ignoraba de dónde provenía, lo asustó y maravilló enigmáticamente?. No es que falsease, sino que se equivocaba de buena fe. El alma grande, la sinceridad, ignora lo que es, y como tan pronto planea en las más elevadas regiones como bucea en las más bajas profundidades, es la menos indicada para estimarse. Los datos que obran de extraña manera recíprocamente, los que se determinan uno al otro, son lo que uno supone que puede ser y lo que los demás creen que es. ¿Qué pudo pensar que era al verse reverenciado por todos, cuando su indómito espíritu rebosante en nobles ardores y afectos, caótico torbellino de tinieblas y esplendente fulgor desconocido, se veía circundado por el divino Universo que destella deífica belleza, no hallando hombre que fuere su igual?. ¿Wuotan?. Todos lo tomaron por tal.

     Consideremos el poder del Tiempo en estos casos; que el grande hombre decuplica su grandeza cuando muere; la Tradición es enorme cámara oscura ampliadora; las cosas aumentan en la Memoria, en la Imaginación, cuando el amor, la veneración y cuanto reside en el corazón las anima; que todo adquiere mayor proporción en la oscuridad, en la completa ignorancia, sin fecha, certificado, archivo ni mármoles de Arundel que lo precisen; sólo algún mudo bloque de granito lo recuerda. Si durante treinta o cuarenta años no se imprimiesen libros, todo grande hombre se trocaría en mito, pues los que lo trataron habrían desaparecido, y a los trescientos años, a los tres mil... De poco sirve teorizar sobre esto, porque rechaza el teorema y el diagrama; la Lógica debiera reconocer que no puede explicarlo. Contentémonos con vislumbrar en lontananza algún ligero resplandor de minúscula luz real que brilla en el centro de la imagen de esa enorme cámara oscura, con el fin de comprender que el eje de todo ello no era demencia y nadería, sino cordura, algo.

     Esta luz, encendida en el gran vórtice tenebroso de la mente noruega, oscuro, pero vivo, que sólo esperaba la luz, es para mí el núcleo de todo. El modo como esa luz brille con maravillosa intensidad mil veces mayor, en formas y colores, no depende de ella tanto como de su recipiente que es la Mente Nacional. Los colores y formas de nuestra luz serán los del prisma por el que tiene que pasar. Curioso es pensar cómo modela la naturaleza humana cualquier hecho cierto en cada individuo. Dije que el hombre serio debió afirmar lo que para él era hecho, Aparición real de la Naturaleza, al dirigirse a sus hermanos. Pero el modo como esa aparición o hecho se formaba, la especie de hecho que para él era, fue modificado y lo es por las leyes de su entendimiento, profundas, sutiles, pero universales y eternas. El mundo natural es para el hombre su propia Fantasia; este mundo es múltiple Imagen de su propio Ensueño. ¡Quién sabe a qué inefables sutilidades de ley espiritual deben su forma esas fábulas paganas!. El número Doce, el más divisible de todos, que puede partirse en una mitad, un cuarto, en tres, en seis partes, el más notable entre todos, bastó para determinar los Signos del Zodíaco, el número de los Hijos de Odin y otros muchos Doce. Cualquier vago rumor de número tendió siempre a estabilizarse en el Doce. Lo mismo acontece con todo, inconscientemente, sin intención de componer Alegorías. Pero la primera ojeada sagaz de aquellos primitivos Tiempos descubriría rápidamente las relaciones secretas de las cosas, dispuesta a obedecerlas. Schiller halla en «El Cinturón de Venus» una eterna verdad en cuanto a la naturaleza de toda Belleza; es curioso, pero se cuida de insinuar que los antiguos mitólogos griegos pensasen en discurrir sobre la «Filosofía del Criticismo». Debemos abandonar estas regiones ilimitadas. ¿Es posible concebir que Odin fuere realidad?. Eso es erróneo, evidente falsedad, pero no necia fábula, alegoría premeditada, pues no podemos admitir que nuestros Antepasados creyesen en ellas.

     Las Runas de Odin son su rasgo significativo. Las Runas y milagros de magia que obraba con ellas, son grandes rasgos tradicionales. Las Runas son el Alfabeto escandinavo; supongamos que Odin inventó las Letras, como la magia, entre aquel pueblo; es el mayor invento humano: marcar el pensamiento invisible existente en el hombre con caracteres gráficos, una especie de idioma secundario, tan milagroso como el primero. ¿Recordáis la sorpresa e incredulidad de Atahualpa, el Rey del Perú?. Hizo que el soldado español que le vigilaba grabase la voz Dios en la uña de su pulgar, para ver si el que lo reemplazaba le comprobaba aquel milagro. Si Odin dió las Letras a su pueblo, bien pudo pasar por mago.

     Escribir con Runas empleando un alfabeto escandinavo propio, y no el fenicio, es prueba de originalidad noruega. Dice Snorro que Odin inventó también la Poesía, música de la voz humana, así como la milagrosa manera rúnica de perpetuarla. Remontémonos a la primitiva infancia de los pueblos, cuando apareció la primera luz viva matutina en nuestra Europa, cuando todo irradiaba la frescura juvenil de bella aurora y Europa comenzaba a iniciar su pensamiento, a ser. Maravilla, esperanza, infinita irradiación de esperanza y maravilla, como los pensamientos infantiles, alojados en los corazones de aquellos hombres fuertes, vigorosos hijos de la Naturaleza, que tenían un esforzado Capitán y Luchador que descubría con sus brillantes ojos lo que había que hacer, con su indómito corazón de león que osaba llevarlo a cabo; que además era poeta, lo que expresamos con la palabra Poeta, Profeta, gran Pensador devoto e Inventor, como el verdadero Grande Hombre siempre lo es. El Héroe es Héroe en todos aspectos, ante todo en espíritu y entendimiento. Este Odin, en su lenguaje rudo semiarticulado tenía algo que decir; era un gran corazón dispuesto a hacerse cargo del inmenso Universo y la Vida del hombre, diciendo grandes cosas sobre él. Héroe a su manera tosca, como digo, hombre sabio, de talento, de noble corazón, al que admiramos todavía sobre todos los otros, ¿no es comprensible que le creyesen y admirasen mucho más aquellos impetuosos espíritus noruegos, a los que inició en el Pensamiento?. Considerándole noble, noble entre los más nobles, a pesar de no tener nombre para ello: Héroe, Profeta, Dios: Wuotan, el más grande entre todos. El pensamiento es Pensamiento, se llame o escriba como se quiera. Opino que este Odin debió ser de la misma sustancia que la estirpe más excelsa de hombres. Su profundo e indómito corazón abrigaba un pensamiento. ¿No son las toscas palabras que articulaba rudimentarias raíces de las inglesas que empleamos?. Así laboraba en aquel oscuro elemento, como luz que brillaba en él, luz del Intelecto, ruda Nobleza de corazón, la única luz que nos ilumina; era Héroe y tenía que deslumbrar, aclarando algo su oscuro elemento, deber que todos tenemos.

     Nos lo representaremos como Tipo noruego, el mejor Teutón producido por la raza. El rústico corazón noruego estalló rodeándole de admiración insuperable, adorándolo. Él es raíz de muchas cosas grandes; su fruto se desarrolla desde las profundidades de miles de años sobre el campo de Vida teutónico. ¿No es nuestro Wednesday el Día de Odin?. Tenemos los nombres de Wednesbury, Wansborough, Wanstead, Wandsworth: Odin se desarrolló también en Inglaterra, siendo esto brotes de aquella raíz. Fue el Dios Principal de todos los Pueblos Teutónicos, su Molde Noruego, al que veneraban; ése fue su destino en el Mundo.

     Si el hombre Odin desapareció por completo, queda esa gran Sombra suya proyectada sobre la Historia de su Pueblo; porque este Odin, aceptado como Dios, nos permite comprender que todo el Esquema escandinavo de la Naturaleza, o confuso No-esquema, fuera lo que fuera, inicia su desarrollo diversamente y se dilata de nueva manera. Lo que Odin vislumbró y enseñó con sus runas y rimas arraigó en el corazón del Pueblo Teutónico progresando, pensando a la manera como él pensaba; ésa es la historia de todo gran pensador, amoldándose a las condiciones. ¿No es la Mitología escandinava en cierto modo el bosquejo del humano Odin en gigantescos y confusos trazos, como enorme sombra de cámara oscura proyectada desde las inertes profundidades del Pasado que ocupan el Firmamento Nórdico?. La gigantesca imagen de su rostro natural, legible o no legible entonces, se extendió y confundió de aquel modo. La Inteligencia es siempre Inteligencia; no hay grande hombre cuya vida sea inútil; la Historia del Mundo es la Biografía de los grandes hombres.

     Algo muy conmovedor hay en esta figura primitiva del Heroísmo, en esa ingenua, desamparada, pero cordial aceptación del Héroe por sus congéneres. No obstante, es el más noble de los sentimientos, sentimiento perenne, tan duradero como el hombre en una u otra forma. Si pudiera evidenciar lo que hace ya tiempo siento profundamente, que Ése es el elemento vital de la Humanidad, el espíritu de la historia del hombre, ésta sería la principal utilidad de mi conferencia. Hoy no llamamos Dioses a nuestros grandes hombres, ni admiramos sin límite, sino al contrario. Pero, entre no tener grandes hombres y no sentir admiración, es preferible lo último.

     Este humilde Culto escandinavo a los Héroes, la manera noruega de considerar el Universo ajustándose a él, tiene indestructible mérito para nosotros. Es manera ruda e infantil de reconocer la divinidad de la Naturaleza, la del Hombre; muy tosca, mas cordial, robusta, gigantesca, que evidencia la inmensurable altura a que llegaría este niño cuando fuese hombre; era verdad, no siéndolo ahora. Puede considerarse semimuda voz de las desaparecidas generaciones de nuestros Predecesores que nos grita desde las profundidades de los tiempos, en cuyas venas corre aún su sangre: «Esto es lo que hicimos del mundo, la imagen y noción que nos formamos de este gran misterio, de una Vida y Universo. No lo despreciéis. Estáis por encima de ello, en el extenso campo de vuestra visión, mas no habéis llegado todavía a la cúspide. La noción que tenéis, aunque más amplia, es parcial e imperfecta, por ser cosa que el hombre no comprenderá jamás, ni en el tiempo ni fuera de él; pasarán miles de años, se intensificará, mas el hombre continuará luchando por comprender parte de ella, porque lo supera, porque no puede comprenderla, pues es infinita».

     La esencia de la mitología escandinava, como la de todas, es el reconocimiento de la divinidad de la Naturaleza; sincera comunión del hombre con los Poderes misteriosos invisibles, cuya operación observa a su alrededor. Hay que decir que esto se opera con mayor sinceridad en la mitología escandinava que en cualquier otra. La Sinceridad es su gran característica. Sinceridad superior (muy superior) que nos consuela de la carencia total de la clásica gracia griega, pues creo que la sinceridad vale más que la gracia. Opino que aquellos antiguos Nórdicos miraban la Naturaleza con el alma y los ojos abiertos, anhelantes, sinceros, infantiles, pero viriles, con franca sencillez, profundidad e ingenuidad, de modo confiado, amante, admirativo y sin temor. Era raza valiente y fiel. En el reconocimiento de la Naturaleza hallamos el elemento principal del Paganismo: reconocimiento del Hombre, y su Deber Moral, del que no carece, que constituye el elemento principal en las formas más puras de religión. Eso es lo que establece gran distinción y forma época en las Creencias Humanas; es el gran jalón en el desarrollo religioso de la Humanidad. El hombre entra primeramente en contacto con la Naturaleza y sus Potencias, maravíllase ante ella y la adora, no comprendiendo hasta época posterior que todo Poder es Moral, que el punto importante es la distinción entre el Bien y el Mal, entre el Debes y No Debes.

     En cuanto a los fabulosos relatos del Edda creemos probable que sean más recientes; quizá fueren desde un principio pasatiempos para los antiguos noruegos, fantasías poéticas. La Alegoría y la Fabulación Poética nunca son Fe religiosa, pues ésta tiene que existir anteriormente, incorporándosele la Alegoría como el cuerpo se aplica al alma. Cabe suponer que tanto la Fe noruega como las demás, era más activa durante su período de estado silente, por tener poco que decir entonces y poquísimo que cantar.

     De las confusas materias del Edda, de los fantásticos cúmulos de asertos y tradiciones de sus mitologías musicales, parece desprenderse la probabilidad de que aquellos primitivos creían principalmente en las Valkyrias, la Mansión de Odin, el inflexible Destino, y, ante todo, que el hombre debe ser valeroso. Las Valkyrias eran las Electoras de los Muertos: Destino inexorable que inútilmente intentaremos desviar o suavizar, que indica al que tiene que morir; éste era uno de los puntos fundamentales para el creyente noruego, como lo es ciertamente para los más celosos en todas latitudes, para Mahoma, Lutero, Napoleón, punto básico en hombres como ellos, siendo la trama del tejido de su manera de pensar. Las Valkyrias eran las Electoras que conducían a los valientes a la celeste Mansión de Odin; los cobardes y viles iban a otra parte, al reino de Hela, Diosa de la Muerte; eso es lo que considero espíritu de la Creencia noruega. En su corazón comprendían que era preciso ser valiente; que Odin no los favorecería, que los despreciaría y rechazaría, si no eran bravos. Consideremos su importante significación: Es un deber, lo será siempre, hoy como entonces: hay que ser valeroso. Valeroso quiere decir tener Valor. El primer deber del hombre es vencer el Temor. Precisa rechazar el Temor, pues hasta entonces no podremos obrar. Los actos del hombre son serviles, hipócritas, especiosos; sus pensamientos son falsos, pensando como el esclavo y el cobarde hasta que logra tener a raya al Temor. El credo de Odin continúa siendo cierto, si logramos llegar hasta su núcleo. El hombre debe y tiene que ser valiente, avanzar siempre, portarse como hombre, fiando sin pestañear en lo dispuesto y preferido por las Potencias superiores, sin temer a nada. Lo que determina siempre su hombría es su decisiva victoria sobre el Temor.

     Esa clase de valor de los antiguos nórdicos es sin duda muy salvaje. Dice Snorro que creían afrenta y vergüenza no morir en las batallas, y, si comprendían que se acercaba la muerte natural, se herían en sus carnes para que Odin los recibiese como guerreros muertos en lucha. Los viejos reyes moribundos se hacían llevar a un buque, el cual se alejaba con las velas desplegadas, llevando en sus flancos un fuego lento, de modo que cuando llegaba a alta mar se encendía en llamarada, y así el viejo héroe gozaba de digna sepultura, tanto en el firmamento como en el océano. Era valor sanguinario, pero valor, mejor que carencia absoluta de él. Los antiguos Reyes de Piratas (Vikings) poseían indomable energía. Silenciosos, apretados los labios, los imagino inconscientes de su bravura, desafiando al encrespado Océano con sus monstruos, a todos los hombres y a todas las cosas, progenitores de nuestros Blakes y Nelsons sin Homero que los cantase; para algunos de ellos las hazañas de Agamenón fueron pequeñas audacias, infecundas, para Hrolf de Normandía, por ejemplo. Hrolf, o Rollo, Duque de Normandía, el feroz Rey de Piratas, participa en el gobierno actual de Inglaterra.

     Algo fue aquella vida marítima, errante y batalladora a través de tantas generaciones. Lo que había que zanjar era cuál era la estirpe más vigorosa de hombres; quién era el que había de reinar. Entre los Soberanos Nórdicos veo algunos que obtuvieron el título de Leñador, Reyes Taladores. Eso significa mucho. Supongo que en el fondo muchos de ellos fueron leñadores y guerreros, aunque los Escaldos (skalds) hablan mucho de los últimos, descarriando a ciertos críticos, porque no hay pueblo de hombres que pueda vivir guerreando solamente, porque no produce bastante. Supongo que el buen guerrero era también buen talador de bosques, bueno y justo perfeccionador, perspicaz, activo y trabajador en muchos órdenes; porque el verdadero valor es la base de todo, difiriendo bastante de la ferocidad. El valor mostrado contra la indómita selva y oscuro Poder brutal de la Naturaleza para conquistarla es valor más legítimo. También nosotros, sus descendientes, hemos ido lejos en ese valor; ¡ojalá lo conservemos eternamente!.

     Creo que Odin declaró a su Pueblo con voz heroica y cordial, con celestial solemnidad, la infinita importancia del Valor que trocaba en dios al hombre y que su Pueblo sintió la respuesta en el corazón, creyendo en sus palabras como venidas del Cielo, considerándolo como Divinidad por ser el Mensajero; opino que fue ésa la semilla de la Religión noruega, de la que germinaron naturalmente todas las mitologías, prácticas simbólicas, especulaciones, alegorías, cánticos y sagas. ¡Cuán extraño fue su desarrollo!. Fue lucecita que brillaba agrandándose en la inmensa vorágine de las tinieblas; pero hay que considerar que las tinieblas gozaban de vida, que eran el ávido Entendimiento inarticulado e ignorante del entero Pueblo noruego, que ansiaba articularse cada vez más. La doctrina viva iba desarrollándose como el árbol bunyano, porque lo esencial es la semilla, y la rama que se clavaba en la tierra convertíase en nueva raíz, originando infinita complejidad y formando un bosque, una manigua producto de aquella semilla. ¿No podemos afirmar que la Religión noruega sea en cierto sentido la «enorme sombra de este hombre»?. Los críticos descubren alguna afinidad entre algunos mitos noruegos sobre la Creación y los Indios (de India). La Vaca Adumbla, «que lamía la escarcha en las rocas», tiene cierto aspecto indio: una Vaca India trasladada a las heladas regiones. Es probable; hemos de reconocer que esto está relacionado con las más lejanas tierras, los más remotos tiempos. El pensamiento no perece, lo que hace es variar. El primer hombre que pensara en este Planeta fue el iniciador de todo, siguiéndole el segundo y así sucesivamente, de modo que todo Pensador sincero hasta hoy ha sido una especie de Odin que enseña al hombre su manera de pensar, que proyecta sombra semejante a él sobre las épocas de la Historia del Mundo.

     No dispongo de tiempo para extenderme sobre el carácter poético distintivo o mérito de esta mitología noruega, que tampoco nos concierne en gran manera: algunas feroces profecias, como la Völuspa de la Edda Vieja, un rapto de género sibilino, que no pasaban de ocioso añadido, pues los últimos Escaldos parece que fantaseaban algo; lo principal que quedó fueron sus cánticos. Supongo que durante los últimos siglos cantaron, simbolizando, a la manera como pintan los pintores de hoy, cosas no originadas en las profundidades de su corazón. Tengámoslo presente.

     Los fragmentos de Gray sobre el Saber noruego no nos procuran noción sobre él, como Pope no nos la procura sobre Homero. No se trata de sólido y sombrío palacio de sillares de mármol negro, que inspira espanto y horror, como dice Gray, sino tosco como las Rocas nórdicas, como los desiertos islandeses, con la cordialidad, sencillez, y hasta cierto matiz de buen humor y vigorosa alegria residente en esas pavorosas cosas. El fuerte y clásico corazón noruego no admitía sublimidades teatrales, pues no tenía tiempo para temblar. Gusto mucho de esta robusta sencillez, de su veracidad y directa concepción. Thor «frunce el entrecejo» animado por ira noruega, «agarra su martillo hasta que se agarrotan sus dedos». Bellos rasgos de piedad, sincera conmiseración. Balder, el Dios blanco, muere, el hermoso, el benigno, el Dios del Sol. Revuelven la Naturaleza en busca de remedio, mas está muerto. Frigga, su madre, envía a Hermoder a buscarlo, cabalgando nueve días y nueve noches por profundos valles y lóbregos laberintos hasta llegar al Puente entoldado de oro; «Sí, dice el Guardián, Balder pasó por aquí; mas el Reino de los Muertos está más allá, en la lejanía septentrional». Hermoder continúa su cabalgata, salta el Portón Infernal, el de Hela, ve a Balder y le habla, Pero no pueden libertar al dios; Hela se muestra inexorable, negándose a entregarlo, ni por Odin ni por otro Dios, y el bello y amable Balder tiene que quedarse. Su esposa quiso acompañarlo, morir con él; allí quedarán eternamente. Envía su anillo a Odin; su esposa Nanna remite a Frigga su dedal como recuerdo.

     También el Valor es manantial de Piedad, de Verdad, de todo lo grande y bueno existente en el hombre. El sencillo y robusto vigor del corazón noruego atrae en gran manera en estas narraciones. ¿No es rasgo de fuerza leal y justa, dice Uhland (que escribió un delicado Ensayo sobre Thor), que el viejo corazón noruego halle a su amigo en el dios del Trueno?. Que no se atemoriza ante su ruido, sino que cree que el calor del Verano, el hermoso y noble verano, se apoderará necesariamente de él. El corazón noruego ama a Thor y a su centelleante martillo, jugando con él. Thor es el calor veraniego, dios del Apacible Trabajo, al par que Trueno. Es amigo del Campesino; su fiel hechura y servidor es Thialfi, o Trabajo Manual. El mismo Thor se ocupa en toda clase de toscos trabajos manuales, sin despreciar tarea alguna por su plebeyez; de vez en cuando va a la región de los Jötuns, acosando a los caóticos Monstruos de Hielo, subyugándolos, apretujándolos y arruinándolos. En estas cosas hay mucho humor.

     Thor va a la región de los Jötuns por el Caldero de Hymir, para que los Dioses hagan cerveza. Hymir, el enorme gigante, aparece con su barba gris cubierta de escarcha, hendiendo columnas con sólo su mirada; Thor, tras gran tumulto, agarra el Caldero, metiendo la cabeza en él, llegándole sus asas a los tobillos. El escaldo noruego juguetea amablemente con Thor. Los Icebergs son el rebaño de Hymir, según los críticos. El enorme y feroz genio de Brobdignag sólo requiere ser amansado por los Shakespeares, Dantes y Goethes. Hoy ha desaparecido aquella primitiva labor noruega y Thor, el dios Tronante, se trocó en Juan matón de Gigantes [Pulgarcito], mas la mente que lo creó vive todavía. ¡Manera sorprendente de nacer y morir las cosas, y de conservarse!. Aún podemos descubrir curiosos retoños de aquel árbol del mundo en que creían los noruegos. Este pobre Juanito que está en el cuarto de los juguetes, con sus milagrosas botas de siete leguas, manto de oscuridad, afilada espada, es uno de ellos. Hynde Etin, y Red Etin de Irlanda, de las Baladas escocesas, derivan de Noruega; Etin es claramente un Jötun. El «Hamlet» de Shakespeare es vástago de ese mismo árbol, indudablemente. Hahlet, Amleth, es personaje mítico, y su Tragedia, la del envenenamiento del Padre, emponzoñado en su sueño por unas gotas vertidas en el oído, y lo demás, es mito noruego. El antiguo Saxo hizo de ello una leyenda danesa; Shakespeare hizo la suya inspirándose en Saxo, como retoño del árbol del mundo, desarrollado natural o accidentalmente.

     Esos viejos cantos noruegos encierran una verdad y grandeza internas y perennes, como debe encerrar cuanto se conserva tradicionalmente. No es mera grandeza de cuerpo y gigantesco volumen, sino ruda grandeza de alma; en aquellos corazones descubrimos sublime e ingenua melancolía; es ojeada sincera que lanzamos a las profundidades del pensamiento. Parece que aquellos bravos viejos nórdicos vieron lo que la Meditación enseñó al hombre en todos los tiempos: que el mundo bien mirado es manifestación, fenómeno o apariencia, mas no realidad. Tanto el mitólogo hindú como el filósofo germánico, Shakespeare, el más activo pensador, todos los espíritus profundos, allá en donde vivieren, consideran que:

«Nuestra sustancia y la de los Sueños son idénticas»

     La excursión de Thor a Utgard, jardín Exterior, centro de Jötunlandia, es notable. Thialfi y Loke estaban con él. Tras diversas aventuras se internaron en la Tierra de los Gigantes, vagando por las llanuras incultas, entre peñas y bosques. Al anochecer vieron una casa abierta y entraron en ella. Era una sencilla sala, grande y vacia. En ella estaban, cuando en la oscuridad de la noche oyeron grandes y alarmantes ruidos. Thor agarró su martillo y plantóse en la puerta pronto a defenderse, mientras sus compañeros corrían por aquel salón atemorizados en busca de salida, hallando al fin un armario y refugiándose en él. Thor no tuvo que luchar, pues al día siguiente descubrieron que el ruido provenía del ronquido de cierto Gigante enorme, pero pacífico; era Skrymir, que dormía plácidamente cerca de allí; lo que habían creído casa era meramente su guante, que dejó caer; la puerta era su abertura, el armario su pulgar. Observemos que no tenía dedos, sino sólo pulgar, y el resto de una pieza; antiguo y primitivo guante.

     Skrymir llevó todo el día el equipaje de los dioses; Thor abrigaba sospecha, no agradándole el aspecto del Gigante, por lo que determinó deshacerse de él durante su sueño. Levantó el martillo, dejándolo caer sobre la cara de Skrymir con la energía del rayo que calcina las rocas. Aquél despertó rascándose la mejilla, diciendo: «¿Cayó alguna hoja?». Al dormirse de nuevo Thor descargó otro golpe más vigoroso todavía; entonces el Gigante musitó: «Algún grano de arena». Cogió Thor el martillo a dos manos, con los dedos agarrotados, descargando tremendo golpe en pleno rostro; lo único que consiguió fue interrumpirle el ronquido, oyendo que decía: «En ese árbol debe haber gorriones; ¿qué cae?». Entonces Skrymir pasó el portón de Utgard, tan alto que para mirarlo hay que echar atrás la cabeza. Thor y sus compañeros entraron también, invitados a tomar parte en los juegos. Entregáronle un Tarro para que bebiese, diciéndole que era costumbre vaciarlo de un trago; Thor bebió ávidamente, descansando tres veces sin que bajase el nivel; «eres tan débil como un niño», le dijeron; «prueba a levantar ese gato». La empresa no parecía difícil; mas Thor no lo logró, a pesar de poner a prueba su deífica fuerza; el animal arqueó el lomo sin que pudiese despegar sus patas de tierra, ni una sola. «¡Cómo!. ¡Si no eres hombre!», arguyeron los de Utgard; «ahí hay una anciana que te desafía». Thor, afrentado, animoso, agarró aquella macilenta vieja sin poder derribarla.

     Al salir de Utgard, dijo el Jötun Principal a Thor, acompañándolo cortésmente: «Eres un vencido; pero no te afrentes, pues en todo eso hubo artificio. El Tarro era el mar, lo agitaste un poquillo, mas ¿quién es capaz de secar ese abismo?. El Gato era el Migdardsnake, la Gran Culebra que circunda el Mundo mordiéndose la cola y reteniendo todo lo creado; si la hubieses desplazado, el mundo se habría desplomado. En cuanto a la Anciana, era el Tiempo, la Vejez, la Duración, ¿quién puede luchar con él?. Ni el hombre ni los dioses, pues prevalece siempre. Esos tres golpes que diste hicieron esos tres valles que ves». Thor miró al Jötun que lo acompaña, viendo que era Skrymir, del que dicen los críticos noruegos que era la antigua Tierra rocosa y caótica personificada, y el guante-casa era una caverna. Desapareció Skrymir, desvanecióse Utgard con sus altísimos portones cuando Thor agarró el martillo para deshacerlo, oyendo solamente la burlona voz del Gigante que decía: «No te aconsejo que vuelvas a Jötunheim».

     Esto pertenece al período alegórico; es infantil, impropio del período profético y fervoroso; mas, como mito, encierra algo del antiguo oro noruego, habiendo más metal en bruto que en muchos de los famosos mitos griegos elaborados. En este Skrymir vemos una gran mueca de verdadero humor a lo Brobdignag, jubilosa, basada en la gravedad y la tristeza, como arco iris posado sobre negra tormenta: sólo un corazón valeroso es capaz de eso. Es el ceñudo humor de nuestro Ben Jonson, que corre por nuestras venas; en él vemos sus matices, pero de forma distinta, que surge en las Negras Selvas americanas.

     La concepción del Ragnarök (consumación), o «Crepúsculo de los Dioses», es sorprendente. Figura en el Canto Völuspa, idea antiquísima, profética. Tras larga lucha entre los Dioses y los Jötuns (las divinas Potencias y las caóticas y feroces), en la que vencieron parcialmente los primeros, desafiáronse de nuevo, entablando horrorosa y decisiva batalla universal que desquició el mundo; la Serpiente Mundial lanzóse contra Thor; la fuerza se opuso a la fuerza, extinguiéndose mutuamente, aniquilándose, desplomándose el crepúsculo en las tinieblas, que tragaron el Viejo Universo con sus Dioses; mas esto no fue eterna muerte: se precisa que haya otro Cielo y otra Tierra, un supremo Dios y una Justicia que reinen sobre los hombres. Lo curioso es que esta ley de mutación, grabada en el más recóndito pensamiento del hombre, fue descifrada por aquellos viejos y graves Pensadores, en su ruda manera: que si bien todo perece, hasta los Dioses, toda muerte es como la del fénix: renacimiento en algo Más Grande y Mejor. Es la Ley fundamental del Ser para la criatura formada por el Tiempo, que vive en este Lugar de Esperanza. Todos los hombres de buena fe lo comprendieron y lo comprenderán.

     Esto se relaciona con el último mito de la aparición de Thor, que acaba con él. Creo que es la postrera de todas sus fábulas: protesta triste contra el avance del cristianismo, opuesta como reproche por algún conservador pagano. Mucho se criticó al Rey Olaf por su celo en implantar el cristianismo (yo lo hubiera censurado por lo contrario); mas lo pagó muy caro; en 1033 rebelóse su pueblo pagano y, al querer sofocar la rebelión, murió en Stickelstad, cerca de Dronthein, en cuyo lugar erigieron la catedral principal del Norte hace muchos siglos, dedicada a su memoria y conocida por San Olaf. El mito de Thor se refiere a eso. Olaf, el rey reformador cristiano, se hizo a la vela con buena escolta a lo largo de la costa noruega, entrando en sus fondeaderos, dispensando justicia, ejerciendo otras Reales funciones; al salir de cierta cala observaron que un desconocido de grave mirada y aspecto, roja barba y cuerpo robusto, se hallaba a bordo. Los cortesanos lo interrogaron, sorprendiéndoles sus respuestas por su pertinencia y profundidad, conduciéndolo al fin ante el Rey. La conversación del extraño durante el viaje por aquellas hermosas playas no perdía interés; pasado algún tiempo interpeló al Rey diciendo: «Sí, Rey Olaf, ¡qué hermosa es cuando brilla al Sol esa verde, fructífera, digna tierra tuya!. Thor tuvo días tristes, feroces luchas con los duros Jötuns, para lograr hacerla como es. Parece que ahora te propones desplazar a Thor. ¡Cuidado, Rey Olaf!»; el desconocido frunció el ceño y desapareció, siendo la última vez que vieron a Thor.

     Ved cómo se origina la Fábula sin falta de veracidad de parte de nadie. Así aparecieron los dioses entre los hombres; en tiempos de Píndaro «vieron a Neptuno una vez en los Juegos de Nemea, en forma de desconocido de noble y grave aspecto», como cumplía verlo. En esta última voz del Paganismo hay algo patético trágico. Se esfuma Thor y con él el entero mundo noruego para no volver ya; así desaparecen las grandes cosas. Todo cuanto fue, es y será en el mundo, perece en su día; nuestro adiós es siempre triste.

     La Religión noruega, ruda, pero seria, severa e impresionante Consagración del Valor (pues así hemos de definirla), bastaba a los viejos y valientes nórdicos. La Consagración del Valor no es mala cosa; en su alcance la consideramos buena. Tampoco es inútil saber algo sobre el antiguo paganismo de nuestros Antepasados, pues su rancia Fe reside aún en nosotros inconscientemente, combinada con cosas superiores, y, de conocerla bien, nos une con el Pasado más íntima y claramente, con lo que nos concierne del Pasado; porque el Pasado equivale a poseer el Presente, pues siempre encerró alguna verdad, siendo preciada posesión algún otro aspecto de nuestra Naturaleza Humana común que se ha perfeccionado en época y lugar diferente. La Verdad actual es suma de todas ellas, porque ninguna de por sí constituye la perfección alcanzada hasta hoy en la naturaleza humana. Mejor es conocerlas que ignorarlas.–



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