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martes, 24 de julio de 2012

Richard Stanley - Sobre Otto Rahn y Su Búsqueda



     En www.forteantimes.com se publicó hace poco más de un año este texto del director de cine, antropólogo y escritor Richard Stanley, que trata acerca de Otto Wilhelm Rahn (1904-1939), ahora conocido escritor acerca del catarismo, vinculado a la Alemania de la Segunda Guerra. Aparecen en este escrito otros personajes también de la época, por lo que se constituye de alguna manera en un cuadro de época. El sitio zothiqueelultimocontinente.wordpress.com publicó hace un año una traducción castellana que hemos tomado como base y que hemos debido corregir, de acuerdo al original. Algunos temas han sido tratados aquí por otros autores, como nuestros lectores sabrán.



 
Cazadores del Grial Perdido
Otto Rahn y la Búsqueda Nacionalsocialista
del Secreto de los Cátaros
Por Richard Stanley
Mayo de 2011
   




     El Berlín de entreguerras era una ciudad conocida en toda Europa por su sub-cultura bohemia y sus jóvenes intelectuales. Entre los personajes que ardientemente celebraban los abundantes «ismos» que estaban fracturando las viejas certezas ideológicas, las cuales habían compactado el siglo XIX, pocos individuos eran más coloridos que un joven de ojos verdes y cabellos oscuros llamado Otto Rahn. Su figura delgada, envuelta en un característico abrigo negro y sombrero tirolés, arrojaba una larga sombra desde esos años sombríos, una «gran silueta» alrededor de la cual se han acumulado  los mitos más extravagantes. Él fue considerado igualmente como masón, rosacruz, luciferino, y un agente de la Sociedad Thule. Como lo plantea el autor Phillip Kerr, los contemporáneos de Rahn no se habrían sorprendido de ver a «la Dama Escarlata y la Gran Bestia salir volando desde la puerta del frente» de su apartamento en Tiergartenstrasse. Uno de sus compañeros en la Orden Negra de Heinrich Himmler comentó en un memorándum interno que él «medio sospechaba que Rahn tenía relaciones con los pequeños seres [enanos, duendes y otros]». Hasta hoy, es ampliamente creído que este enigmático joven conocía la ubicación de una de las reliquias más sagradas de toda la cristiandad: el Santo Grial. Pero la verdad es aún más extraña...


«Mis Ancestros Fueron Brujas y Yo Soy un Hereje»

     No es ninguna sorpresa que yo haya terminado siendo el cuidador de la memoria del SS Obersturmführer Otto Wilhelm Rahn. Hace algunos años yo fui comisionado por el departamento de documentales de una gran estación de televisión británica para investigar la historia detrás de la película «Los Buscadores del Arca Perdida» de Steven Spielberg, con el fin de descubrir alguna base histórica real. Me enviaron a Europa para rastrear a los posibles arqueólogos sobrevivientes que hubiesen estado vinculados a la SS Ahnenerbe de Himmler, con la esperanza de conseguir entrevistas, y quizás llegar incluso hasta el fondo de lo que fuese que ellos pensaban que estaban buscando: Arca, Grial, Lanza, o cualquier otra cosa.

     Yo quería entrevistar a Otto Rahn, el cual, en ese momento, yo creía que todavía vivía. Su nombre surgió una y otra vez, condiciéndome su espectro de Francia a Alemania, de ahí a Islandia y de regreso nuevamente, y siempre un paso delante de mí. En la fortaleza, carcomida por el tiempo, de los cátaros en Montségur en los pirineos franceses, el antiguo alcalde Marius Mounie me dijo que Otto Rahn ya era un anciano pero que aún visitaba el área con frecuencia. Yo dormí en la cama de Rahn en el albergue de Madame Couquet; y más tarde, en la casa de su prima en la Selva Negra, me tropecé con el olvidado osito de peluche del Obersturmführer. El problema era que si Rahn no estaba exactamente vivo entonces él no estaba, estrictamente hablando, tampoco muerto. No existía certificado de defunción ni documentación legalizada que pudiera poner a descansar a su espíritu o colocar el sello sobre su desconcertante legado.

     Lo único seguro era que él nació el 18 de Febrero de 1904 en la pequeña ciudad de Michelstadt en Hesse, al sur de Alemania. Su niñez parece que estuvo muy lejos de ser normal. Rechazado por su madre y marcado por la muerte de su hermano mayor, Rudolph, Otto creció como un niño solitario e introvertido que asimiló los huesos descarnados del romanticismo alemán a través de sus ávidas lecturas de niñez, que incluían mitología griega, romana y nórdica. Debió ser difícil para él adaptarse a la escuela, pues su padre, Karl, era un magistrado que a menudo era transferido de una ciudad a otra, haciendo que fuera imposible para Otto forjar amistades duraderas. Su prima, la psiquiatra Ingheborg Rhoemer-Rahn, me dijo que Otto había heredado la «segunda visión» de su padre quien, luego de quedar ciego al final de su vida, se convenció de que él podía ver «los cielos» o «hablar con los ángeles».

     La profunda afinidad de Rahn con el romanticismo se convirtió en una pasión consumidora por las historias de Parzifal, Lohengrin, los Nibelungenlied y los cuentos de Jacob y Benjamin Grimm, co-ciudadanos de la Selva Negra, a los cuales él vio como modelos en la elección de su carrera como filólogo y folklorista. Mientras estudiaba en la universidad de Giessen, él fue aconsejado por su profesor Freiherr Von Gall para que enfocara sus estudios en la historia de los cátaros, los eventos de la cruzada albigense y la masacre que ocurrió en Montségur en 1244 que puso punto final a la tradición gnóstica en el sur de Europa. Se citan de Rahn estas palabras: «Mis ancestros fueron brujas y yo soy un hereje... Este es un asunto que siempre me ha cautivado».

     Rahn fue más adelante inspirado por el trabajo del arqueólogo Heinrich Schliemann, cuya teoría de que la Ilíada de Homero reflejaba eventos históricos verdaderos lo condujo a su sensacional «descubrimiento» de las ruinas de Troya. Rahn soñaba con lograr resultados similares probando que había una base real en la narración del poema épico Parzifal de Wolfram von Eschenbach, una recreación del siglo XIII de la historia del Santo Grial que había sido dejada inconclusa por Chrétien de Troyes. El interés en este romance caballeresco había sido revivido en el siglo XIX por las óperas de Wagner, y Rahn se puso a escribir una disertación sobre el Maestro Kiot, el trovador languedociano cuyas baladas hace tiempo perdidas sobre el Grial se dice que inspiraron la obra maestra de Wolfram.

     Rahn creía que los cátaros habían estado en posesión de una reliquia sagrada, descrita diversamente como una copa, un tazón, un plato, un libro o una piedra dura y oscura de una extraordinaria virtud mágica. De acuerdo al texto de Wolfram, quienquiera que posea el Grial, o entre en contacto con la reliquia, «tendrá vida eterna y será sanado». Otto estaba convencido de que el secreto del Grial se perdió cuando el último de los parfaits cátaros murió por las órdenes del Papa y el rey de Francia. Él buscó establecer un vínculo entre Montsalvache, el castillo del Grial de Parzifal y la fortaleza de los cátaros de Montségur, escenario de uno de los asedios más prolongados en la Cruzada Albigense.

     Él observó que la cultura de los cátaros medievales guardaba una fuerte similitud con la de los antiguos druidas, y creía que su sabiduría secreta pudo haber sido preservada por los trovadores o minnesingers, los poetas y bardos viajeros de la Europa medieval. Según Otto, la guerra de la Iglesia Católica Romana en contra de los albigenses fue simplemente una manifestación material de la batalla apocalíptica en curso entre las fuerzas de la Luz y la Oscuridad sobre cuya violenta interacción todas las cosas en nuestro universo material ilusorio estaban establecidas. El bien infinito, razonaban los parfaits cátaros, era incapaz de crear el mal, de ahí que la oscuridad, el dolor y la miseria en nuestro mundo no eran la voluntad de Dios, sino el trabajo del Demonio, el demiurgo que había tergiversado la creación y al cual ellos se referían como «Rex Mundi», el gobernante del mundo material y transitorio. Ellos identificaban a todos los gobernantes clericales y seculares —principalmente la Iglesia Católica— como la personificación de esta Oscuridad y creían que era posible a través de una forma de iniciación directa, conocida como el consolamentum, o múltiples encarnaciones, finalmente escapar del ciclo del tiempo y la prisión determinista del mundo material, para literalmente retornar a las estrellas y a los dominios del verdadero y bondadoso dios.


«Un Prisionero de las Fuerzas del Mal»

     Otto Rahn primeramente visitó Francia, donde él esperaba continuar su investigación con creciente obsesión. Durante una larga estadía en París él entró en contacto con el poeta Maurice Magre, un gran historiador de los Pirineos que ya había escrito varios libros acerca de la cruzada en contra del Sur, incluyendo «El Tesoro de los Albigenses» y «La Sangre de Toulouse». Magre era miembro de una sociedad secreta cuasi-masónica, conocida como los Polaires, un círculo esotérico cuyos miembros creían que estaban actuando bajo la instrucción directa de los «maestros ascendidos», los «gobernantes secretos del mundo», con quienes ellos supuestamente eran capaces de comunicarse a través de un oráculo numérico conocido como el Oráculo de la Fuerza Astral. Por medio de esta sociedad secreta, Rahn fue presentado a una misteriosa condesa, Miriam de Pujol-Murat, quien aparentemente se creía ella misma descendiente, si no la reencarnación viviente, de la «dama blanca» de Montségur, la inmortal castellana del castillo, Esclarmonde de Foix, una figura histórica a quien Rahn equipara en su primer libro con el guardián del Grial.

     La condesa se convirtió tanto en una amiga como en una patrocinadora del joven Rahn, permitiéndole acceder a su biblioteca privada y al uso de su automóvil y chofer durante su tour inicial por el Languedoc. Durante su tiempo en Montségur, donde él se hospedó en una casa propiedad del sacerdote de la villa, Rahn conoció a varias figuras claves en el resurgimiento del neo-catarismo, incluyendo a su propio traductor, René Nelli, quien más tarde fundaría el Centro para los Estudios Cátaros (Centre d’études Cathare) en Carcasona, así como al principal discípulo de Rudolph Steiner, Deodat Roche, quien jugó un papel fundamental en la diseminación de las enseñanzas de la Sociedad Antroposófica en el Sur de Francia. Los intentos de Rahn para comprar tierra en el área, en un lugar con vista a las ruinas de la ciudadela herética, fueron frustrados por los locales, quienes efectivamente cerraron filas en contra de él. La memoria de la Primera Guerra Mundial aún estaba muy fresca como para que los montsegurianos admitieran a un alemán dentro de su pequeña y aislada comunidad, y había, quizás, algo vagamente siniestro en las maneras de Rahn que no inspiraba confianza. Una diferencia de opiniones con Magre y Roche parece haber causado la abrupta partida de Rahn del aislado enclave cátaro, y en el verano de 1932 él se reubicó en la ruinosa estación termal de Ussat-les-Bains, donde se hospedó en un pequeño hotel que se convertiría en su base de operaciones en el área.

     Las investigaciones de Rahn duraron varios años. En todo ese tiempo él viajó ampliamente y tomó cientos de fotografías si bien, curiosamente, no existe evidencia de que tuviera ningún medio visible de sustento. Su familia era, en el mejor de los casos, de clase media y del todo incapaz para sustentar el extravagante estilo de vida de Otto, llevándonos a la única conclusión de que éste debió haber estado financiado por alguna organización secreta o benefactor privado. Una posible clave de la fuente de su abundancia podría ser encontrada en el suéter que él usaba frecuentemente en esa época, tejido por su madre y blasonado con la prominente runa doble «sieg», conocida por ser uno de los símbolos de la Sociedad Thule. Se ha especulado que Rahn, de hecho, fue despachado hacia el Sur de Francia en una misión secreta para infiltrarse en el movimiento neo-cátaro y convertirlo a la joven causa nacionalsocialista.

     «Además, él aparentemente estaba acosado por demonios», me dijo Madame Suzie Nelli, la viuda del traductor de Rahn. «Algunas veces cuando él estaba solo gritaba. Él veía apariciones y cosas por el estilo. Para mí, él era un poco como el anticristo. Un prisionero de las fuerzas del mal...».

     No está claro si Rahn fue iniciado o no en los Polaries, quienes estaban llevando a cabo diligentemente una serie de excavaciones «arqueológicas» en la propiedad de la condesa en el Château de Lordat, con la esperanza de desenterrar el perdido evangelio gnóstico de Juan o incluso la tumba de Christian Rosenkreutz, el fundador apócrifo de la Orden Rosacruz. El 6 de Marzo de 1932 apareció un artículo en el periódico local La Dépêche con el título de «¿Es Ésta una Moderna Fiebre del Oro?», y declaraba que una sombría sociedad secreta internacional bajo la dirección de un alemán llamado «Rams» estaba excavando activamente en las cuevas del área. Un segundo artículo apareció en el siguiente número con el título de «¿Quiénes Son los Polaries?. ¿Y qué está haciendo el Sr. Rahu en Ussat?». El 10 de Marzo apareció una extensa réplica, la cual comenzó con las palabras: «Mis queridos señores: ustedes están totalmente equivocados. Mi nombre es Rahn, no Rams...».

     Los franceses Polaries se disolvieron en los años '60, si bien una logia hermana continuó prosperando en el Reino Unido. Cuando tuve la oportunidad de entrevistar uno de sus sumos sacerdotes actuales —quien aún ostenta el pentagrama de plata y la túnica turquesa de sus ancestros gálicos— acerca de si Otto Rahn fue o no uno de los antiguos líderes de su organización, él contestó con evasivas, diciendo que todos los registros de los primeros miembros de la logia se habían perdido durante la guerra. Algo en las maneras del sacerdote —el momentáneo destello de temor en sus ojos a la mención del nombre de Rahn— indicaba que esto era de alguna manera menos que toda la verdad...


Las Piedras Sangrantes

     La moderna Ussat-les-Bains de hoy en día es una reminiscencia escalofriante de la ciudad ficticia de Stephen King de Salem’s Lot. La iglesia está marcada con agujeros de balas y obviamente no ha sido usada para la adoración cristiana desde hace mucho tiempo. Las casas de un estilo gótico bávaro se mantienen cerradas y en silencio, si bien es difícil escapar a la sensación de que sus ocupantes están escondidos en el sótano o vigilando tranquilamente desde detrás de pesadas cortinas. Incluso en pleno calor de verano, una sombra helada parece estar suspendida sobre este estrecho valle. El área es una de las regiones más grandes de piedra caliza en Europa, y Rahn se estableció aquí para explorar y excavar las cavernas que acribillan las montañas de los alrededores.

     Sus planes lo pusieron en contacto con Antonin Gadal, el ministro de turismo de la zona y auto-proclamado patriarca de los neo-cátaros. Gamal decía ser el receptor de una tradición oral que le fue entregada por un anciano ciego llamado Adolphe «Papa» Garigou, al cual él había cuidado en su juventud. Gadal creía que las cavernas cercanas habían jugado en papel de iniciación importante en la fe de los cátaros medievales y que en sus lúgubres galerías aún están escondidos sus tesoros perdidos; posiblemente el mismo Santo Grial, el cual, de acuerdo a la tradición popular, había sido sacado de Montségur poco antes de la caída del castillo. Otto encontró en Gadal un espíritu afín, y bajo su patronazgo fue capaz de continuar sus investigaciones hasta sus conclusiones lógicas.

     Existen innumerables rumores acerca de las actividades de Otto durante este periodo. Él era acompañado por un considerable séquito, incluyendo una «mujer de París que usaba demasiado maquillaje», un misterioso individuo conocido como «mister Baby», y un camarero somalí convertido en guardaespaldas de siete pies [2,10 mts.] de alto de nombre Habdu, quien salvó la vida de Rahn luego de que ellos quedaran atrapados en una crecida de aguas en la gruta de Fontanet, un sitio de particular significado en las investigaciones de Rahn. Fue aquí donde Rahn y Gadal desenterraron un conjunto de meteoritos asociado con la antigua adoración a Cibeles o Kubaba, la madre de la montaña, y vinculada estrechamente tanto con la piedra negra de la Kaaba como con la «dura y oscura piedra» descrita en el texto de Wolfram von Eschenbach. Estos artefactos extraterrestres extremadamente densos, conocidos por los antiguos como «Lapis Excoercis» o «Lapis Exilis» nunca parecen enmohecerse o deslustrarse; cuando se agitan, su superficie «sangra» una solución ferrosa roja brillante, hierro puro en un 99 por ciento, que se dice poseer una virtud curativa casi mágica. Gadal describe estas piedras mágicas como el «Grial pirenaico», y luego de la guerra, cuando él asumió el liderazgo del movimiento rosacruz europeo, él había trasladado el más grande de los meteoritos a los Países Bajos, donde actualmente funciona como un altar en su templo de Amsterdam.

     Es difícil saber qué encontraron realmente Rahn y su mentor en esas cuevas. Una entrada a la gruta de Fontanet permanece bloqueada hasta hoy por una puerta cerrada. Gadal mismo es difícilmente un testigo fiable, habiendo sido atrapado manchado de culpabilidad varios años después enterrando ornamentos de jade comprados en una subasta de un museo, aparentemente para respaldar sus teorías de un vínculo directo entre los cátaros y la ciencia y hechicería del antiguo Egipto. Rahn negó haber tenido algo que ver con Gadal, declarando en su libro haber explorado las cuevas él solo, acompañado solamente por su fiel gato, a pesar de que la correspondencia que ha sobrevivido indica una cercana relación entre los dos hombres.

     Rahn debió darle una gran importancia a las inscripciones que encontró decorando las paredes de la cueva, tomando docenas de fotografías, muchas de ellas aún en posesión de su prima, y cada una de ellas nítidamente etiquetada con la borrosa letra del desaparecido Obersturmführer. Él parece haber tenido la creencia de que los cátaros y los templarios compartían escondites, y que estos signos garabateados eran prueba de un oscuro vínculo entre ellos, una conexión aparentemente vital para el antiguo linaje de los modernos francmasones. Algunos piensan que fueron en verdad Rahn y Gadal quienes secretamente decoraron las paredes de la cueva con diseños esotéricos toscamente realizados. Joseph Mandemant, el líder de una sociedad histórica local, insistió en que él atrapó a Rahn justo en el momento en que éste garabateaba la «cara de Beatriz» en el centro de una curiosa depresión octogonal encontrada en las paredes de la gruta de Bethlehem, una caverna en Ussat nombrada así a causa del rayo de luz que cae sobre un altar de piedra natural el 25 de Diciembre de cada año. Mandemant declara haber arrastrado al joven alemán por el cuello de su nuca fuera de la cueva y «arrojar sus lápices tras él».

 
 El Hombre en la Fotografía

     En 1932, Otto Rahn abandonó el Sur de Francia precipitadamente, perseguido por rumores de problemas financieros y posibles procesos legales en su contra. Por un tiempo sus movimientos son imposibles de rastrear. Evidentemente él no dejó el país de inmediato, pues en Octubre de ese año la autora Isabelle Sandy menciona en una carta que Rahn se encuentra con ella en París, y que «un valioso tesoro nos ha sido devuelto, sin diplomáticos y sin bulla, y eso es el resultado de un éxito incomparable».

     Uno de los pocos compañeros sobrevivientes de Rahn del período fue el profesor Paul Alexis Ladame, periodista, locutor y antiguo conferencista en la Universidad de Ginebra sobre la «Metodología de la Información y la Desinformación». El Sol ya se estaba poniendo sobre el lago Ginebra y los atestados estantes de la oficina estaban envueltos en sombras cuando hablamos por primera vez en 1998. La voz de Paul era un áspero susurro, con su rostro casi perdido en la pesada lobreguez. Recientemente su pie izquierdo había sido amputado, y en un desafortunado cambio de suerte una traqueotomía rutinaria había dañado todas excepto una de sus cuerdas vocales. No obstante, yo estaba ansioso de hablar con él. Afortunadamente, él parecía dispuesto a quitarse un peso de encima.

     «Él era mi amigo... Otto Rahn...». Paul adelantó una borrosa fotografía sobre la mesa. Un hombre joven de pelo oscuro, aproximadamente de mi edad, parado sobre la depresión octogonal sobre el altar en la gruta de Ussat, con los brazos extendidos para formar un pentagrama.

—«Gadal tomó esa fotografía, allá en 1933. Fue su iniciación.»

—«¿Y qué hay acerca de Beatriz?»

—«¿Quién?»

—«El dibujo en la pared de la cueva».

     Paul me miró con ojos vacíos.

—«Quiero decir que hay frecuentes referencias a Dante en su trabajo. En el programa de radio que él grabó para usted al año siguiente, él menciona una roca en la boca de la caverna que se asemeja a un perro de tres cabezas...»

—«No jugaré esos juegos. Él era un buen hombre. Él merece algo mejor».

—«¿Quizás él se imaginaba que ya estaba viviendo en el infierno y Beatriz simbolizaba una salida del círculo, un camino de regreso a Dios?».

     Paul movió lentamente su cabeza.

—«Él nunca usó la palabra Dios. Para él, Lucifer era algo como un dios. Dios puede ser cualquier cosa para cualquiera. Dios es un químico en el cual nadamos...».


     Paul aseguró haber estado presente cuando la fotografía fue tomada, pero su comprensión sobre los eventos en Ussat-les-Bains y las evidencias de los artefactos meteóricos retirados de Fontanet son desconcertantemente vagas, ni tampoco la figura parada sobre el pentagrama se asemeja mucho a las demás imágenes de Rahn que tenía en mi posesión. Su prima Ingheborg confirmó mis sospechas, sosteniendo un péndulo sobre la foto por unos instantes antes de decir: «Otto nunca usaría zapatillas de tenis».

     Tomó otros nueve meses probar que el hombre de la foto era en verdad un individuo llamado Karl Rinderknecht, un adepto del «Lectorium Rosicrucianum» de Gadal, un movimiento en los Países Bajos en 1924 que el ambicioso ministro de turismo había reformado bajo los lineamientos de su propio movimiento neo-cátaro. Aún hoy en día sus miembros están en la obligación de hacer el peregrinaje a Ussat-les-Bains y pararse sobre el pentagrama de piedra con el fin de renacer como «hombres nuevos». Lo que más me asombraba de todo este jaleo era por qué Paul había estado tan decidido a convencerme, virtualmente con su aliento de agonía, de que su «amigo» Otto Rahn había sido un miembro completamente iniciado.

     Parado una vez más sobre el pentagrama en la gruta de Bethlehem, traté en vano de unir las piezas del rompecabezas en mi mente. Estuve tentado de desechar los rumores de Rahn como el descubridor del «tesoro de los siglos» como otra estrafalaria patraña; sin embargo, ciertos aspectos de la historia se negaban a ser explicados totalmente. Yo había visto los artefactos meteóricos con mis propios ojos, y en verdad tenía dos de las «piedras sangrantes» en mi posesión; no obstante, era imposible creer que yo realmente sostenía el secreto de la vida eterna en mis manos. Sintiéndome un poco cansado de todo esto, me recosté en el altar de piedra, observando las aves negras anidando en los aleros del techo abovedado de la cueva. Era en un caluroso atardecer a inicios de verano y debí haberme quedado dormido. Después recobre el sentido y volví mi mirada al pentagrama, y sentí una repentina y vertiginosa sensación de déjà vu.

     Dirigiéndome a la pared, extendí mi brazo, encontrando desgastados apoyadores de manos en la piedra que me permitieron impulsarme hacia arriba hasta la misma altura del pentagrama. Desaté mi cantimplora y, lavando el polvo de décadas, vi inmediatamente los rasgos de un rostro, exactamente donde lo imaginé que podía estar: un único ojo angelical sobreviviente, devolviéndome la mirada desde el pasado. La imagen de una esperanza que nunca se ha desvanecido del todo: el rostro de Beatriz, cuya memoria guió a Dante como una estrella en su viaje a través del Infierno.


Dentro de la Orden Negra

     Al año de haber abandonado Francia, Otto Rahn se encontraba en Alemania. Él incluyó entre sus visitas al remoto castillo de Germelshausen, donde se dice que nació Christian Rosenkreutz. Luego de grabar una serie de programas para su amigo Paul Ladame en Radio Ginebra (incluyendo uno provocativamente titulado «¡Qué Me Pasó en la Cueva de los Pirineos!»), él parece que viajó a Montserrat, en España, el santuario de la Virgen Negra y depósito de una de las más grandes colecciones de manuscritos medievales del mundo. Su primer libro, una narración reveladora de la persecución de los cátaros, titulado «La Cruzada Contra el Grial», apareció en el otoño de 1934, por Urban Verlag en Freiburg, con gran aclamación por parte de la crítica y ventas regulares.

     El verano siguiente encontró a Rahn en Italia, esta vez en compañía del mago tántrico y comprometido imperialista pagano Barón Giulio (Julius) Evola. Algo parece haber salido un poco fuera de propósito en sus planes vacacionales, y otro de los asociados de Rahn, el Dr. Adolphe Frise, describe cómo él se vio obligado a rescatar a su amigo en Milán y a conducirlo apresuradamente de regreso a su casa en Bad Homberg. Frise declara que Rahn parecía visiblemente perturbado y fumaba un cigarro tras otro durante el viaje, murmurando enigmáticamente sobre cómo él había sido atrapado en algo que no estaba en libertad para explicar. El verdadero significado de sus palabras está perdido para nosotros, pero en Alemania las fuerzas de la Historia se habían puesto en marcha. El parlamento alemán, el Reichstag, había sido recientemente destruído por un fuego que le permitiría al Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes consolidar su control en las palancas del poder. En pocas semanas Rahn fue convocado a Berlín para una reunión urgente con el Reichsführer SS Himmler, quien, sin preámbulo alguno, lo ingresó en la Orden Negra. Hasta qué punto sus jefes nacionalsocialistas verdaderamente creían que Rahn podría conocer la ubicación física del Santo Grial, permanece siendo un misterio, pero su eventual ascensión de rangos le allanó el camino al joven adepto para conducir sus investigaciones hasta sus lógicas conclusiones y finalmente poner en marcha los macabros y trágicos eventos que estaba por suceder.


El Rey Secreto de Alemania

     En su primer libro, «La Cruzada Contra el Grial» (1934), Rahn había intentado vincular la épica trovadoresca Parzifal de Wolfram von Eschenbach con la brutal represión de la tradición gnóstica pagana europea por la Iglesia Romana, un tema que apasionaba a Himmler. El libro había sido leído por una joven secretaria-chofer SS, Gabrielle Winckler-Dechend, quien le obsequió una copia a su superior, el veterano mago rúnico coronel Karl Maria Wiligut (Weisthor), entonces jefe de la sección VIII (de Archivos) en la Oficina Principal de Colonización y Raza, quien a su vez lo pasó al Reichsführer SS.

     Wiligut-Weisthor, fue una de las figuras más extrañas y pintorescas que fueron atraídas por la flama negra del Cámelot nacionalsocialista de Himmler. Nacido como Karl Maria Wiligut en Viena en 1866, se consideraba a sí mismo como «el rey secreto de Alemania», el último descendiente de un extinto linaje real que se remontaba hasta los antiguos sabios alemanes, los Uiligotis del Asa-Uana-Sippe. Él no sólo decía haber sido entrenado en las runas e iniciado desde muy joven en los secretos de su familia, sino también poseer el don de la clarividencia. Por sus creencias él era un Irminista, un adepto de la deidad pagana Krist, cuya adoración él creía que había sido plagiada y burdamente distorsionada por los cristianos. Siguiendo una tradición familiar, él se había unido al ejército austro-húngaro a los 14 años y cumplido una serie de órdenes que abarcaban 40 años de leales servicios militares. Él fue condecorado varias veces por su valor en la Primera Guerra Mundial, y luego de ser desmovilizado pareció haber desarrollado la convicción de que podía recordar todas sus vidas pasadas, experimentando el recuerdo total de más de 8.000 años de historia alemana. Su posterior deseo de tener un hijo que heredara todas sus memorias ancestrales puso su matrimonio bajo una tensión excesiva.

     Wiligut culpó la incapacidad de su esposa de concebir un niño saludable a una conspiración sionista-masónica-católica, la cual él también creía que había sido la responsable del colapso de la dinastía de los Habsburgo y de la ignominiosa derrota de su patria en la guerra. Su temperamento se hizo más violento, y luego de amenazar repetidamente a su esposa con asesinarla fue confinado en un asilo en Salzburgo y diagnosticado con una paranoia esquizofrénica con tendencia a la megalomanía. Tras su liberación, él emigró a Alemania, donde se convirtió en corto tiempo en una celebridad entre los grupos völkisch (racialistas) del momento, tales como Los Hijos Libres del Norte y los Mares Bálticos y la Sociedad Edda. En 1933, su viejo amigo Richard Anders, quien ahora servía como un oficial SS, lo presentó a Heinrich Himmler, cuya creciente fascinación con las tradiciones ocultas de la vieja Europa lo distanciaba de los demás miembros más pragmáticos del círculo interno de Hitler. Himmler trabajaba en ese entonces bajo la inquietud de que él fuera la reencarnación del Rey Heinrich de Sajonia, y parece haber quedado profundamente impresionado por el extraño anciano, quien fue debidamente reclutado en la SS bajo el seudónimo de «Weisthor» (literalmente «Thor, el guerrero sabio»), e instalado como el jefe del recientemente creado Departamento para la Prehistoria e Historia Antigua adjunto a la Oficina Principal Para la Raza y la Colonización en Munich.

     No cabe duda de que Wiligut-Weisthor, apodado «el Rasputín de Himmler» por historiadores populares, fue considerado como una especie de figura mentora por el Reichsführer, llegando a adquirir una influencia considerable dentro de la orden. Él fue rápidamente promovido desde el rango de SS-Hauptsturmführer (capitán) al de SS-Brigadeführer (brigadier), demostrando ser un instrumento valioso no sólo en el diseño del uniforme de la SS y el «Totenkopfring» (el anillo de la calavera) que ostentaba su escudo familiar, sino en la compra y restauración del Schloss Wewelsburg para que sirviera como el castillo de la Orden SS. La antigua sede de los obispos y cazadores de brujas del siglo XVI en Paderborn, con su mesa redonda y salón ritual en el sótano de la torre norte, estaba claramente concebido para que se convirtiera tanto en el cuartel general de la naciente dinastía de caballeros de Himmler como en el centro geográfico del Nuevo Orden Mundial, sobre cuyos casi paganos ritos de nacimiento presidía Wiligut-Weisthor.

     No es ninguna sorpresa que Wiligut adorara el libro de Rahn, el cual fue rápidamente prescrito como una lectura imprescindible para ciertos niveles jerárquicos de la SS. Luego de un complejo proceso de cuidadoso examen, Rahn fue integrado al equipo personal de Himmler como un oficial menor no-comisionado, llegando a ser un miembro pleno de la SS en 1936. Si bien él nunca fue un miembro del Partido Nacionalsocialista portador de carnet de identificación, y a pesar de que encontraba el uniforme que estaba obligado a usar «ligeramente ridículo», él debió haber estado sumamente contento de que finalmente había sido puesto a su disposición el financiamiento suficiente para que continuara sus investigaciones en Francia, Italia e Islandia. Al igual que Wiligut-Weisthor, él vio el ascenso del régimen de Hitler como un medio para lograr un fin, una oportunidad de oro para vengar a sus ancestros y supervisar la destrucción de la religión organizada, incluso el cristianismo mismo, allanando el camino para un nuevo paganismo pan-europeo, diseñado y dirigido por sus maestros ataviados de negro, a quienes él imaginaba como los servidores de un dios desconocido cuyo mesías era Lucifer más bien que Jesús.


Al Infierno y Más Allá

     Rahn estaba muy consciente de la naturaleza fáustica del trato que él había aceptado, y con mucha mayor razón parafraseó extensamente a Goethe en su segundo libro «La Corte de Lucifer» (Schwarzhaupter Verlag, Leipzig, 1937):

     «¡Dame tu mano, Fausto!. Abandonemos Roma y juntos vayamos a buscar la montaña de la asamblea en la más remota medianoche... Yo estaba buscando la divinidad y en vez de eso me encontré en las puertas del Infierno. Pero aún puedo continuar caminando, y cayendo, incluso en llamas. Si existe un camino hacia el Cielo entonces cruza por el Infierno; al menos lo hace para mí. ¡Bien entontes, me atrevo!».

     Sabiendo que rechazar una oferta de tal naturaleza de parte de Himmler hubiera significado correr el riesgo de un posible encarcelamiento o incluso una ejecución, Rahn en cambio se dedicó a la continuación de la búsqueda del misterioso tesoro cátaro que él creía que era el Grial, comunicando sus descubrimientos a Weisthor en mensajes cifrados que no podían ser compartidos con nadie excepto con Himmler; así de secreto era su contenido. En un mensaje dirigido a Weisthor en Octubre de 1935 y firmado por Rahn con un caluroso «heil Hitler», el joven historiador del Grial pidió permiso para viajar a Odenwald, Westerwald, Sporkenburg, Drutgerestein, Steimel, Hellenborn, Wilderstein y las ruinas del castillo Wildenborg cerca de Amorbach, donde Wolfram von Eschenbach inició la escritura de su poema épico sobre el Grial. En la misma misiva Rahn menciona su necesidad urgente de visitar los círculos de piedra en Domburg y Willnesdorf, la antigua sede de los herejes alemanes y lugar de nacimiento del mítico Christian Rosenkreutz, junto a otros lugares tan secretos que ellos podían «sólo ser mencionados oralmente». El viaje posterior está registrado en un informe a Himmler fechado el 19 de Octubre de 1935; y en el diario de Himmler el 3 de Noviembre se comenta: «Responder el informe y mantenerlo secreto».

     Estos debieron haber sido años impetuosos para Rahn, y según todos los datos él viajó incesantemente. Él planeó colaborar con el compositor Hans Pfitzner en la escritura de una nueva ópera que relatara la historia de los cátaros, y en Julio de 1936 se embarcó en su excursión más ambiciosa hasta la fecha, haciéndose a la mar con un equipo de camaradas SS hacia el círculo ártico. Las mujeres no estaban permitidas en el barco, el cual aparentemente ondeaba una misteriosa swástica azul en vez del familiar sello rojo y negro del Reich de Hitler. Este viaje al lejano norte, la Última Thule de sus ancestros, iba a ser parte del capítulo final de La Corte de Lucifer, un relato de viaje más bien insustancial hecho improvisadamente bajo el patrocinio de sus supervisores nacionalsocialistas y entregado justo a tiempo para la fecha límite arbitrariamente elegida del 31 de Octubre, el festival pagano de Samhain. Como de costumbre, el texto de Rahn es poco claro acerca del verdadero propósito de su viaje, y a través de los años han sido frecuentes las especulaciones sobre si él esperaba descubrir vestigios de alguna patria aria perdida, sepultada bajo el manto de hielo, o encontrar una entrada hacia la «Tierra Hueca», o estaba simplemente tomando parte en un oscuro ejercicio de unión basado en los Eddas.

     En 2006 tuve la oportunidad de recorrer los pasos de Rahn por Laugarvatin, Reykholt y las desoladas orillas del Mar de Groenlandia donde el rastro finalmente desaparece. En la orilla de un lago subterráneo muy profundo bajo los vaporosos flancos del monte Kufla, vi curiosos pictoglifos y singulares rostros élficos tallados sobre la piedra volcánica, probablemente los signos visibles de una civilización desaparecida hace tiempo. Si ellos constituyen o no pruebas materiales de las afirmaciones de Rahn o son simplemente vestigios de otro elaborado engaño, es imposible decirlo sin recurrir a la datación mediante el carbono o a posteriores investigaciones académicas. Una de las cosas que siempre me intrigó del caso de Rahn y que me mantuvo tras la pista a través de los años, era la extraña naturaleza meramente física de su búsqueda. Más que una metáfora o una idea espiritual, siempre existió la implicación de que el Grial era una presencia tangible en el mundo material. En sus trabajos, él a menudo se refiere al tesoro sagrado como la piedra que cayó de la corona de Lucifer, una piedra meteórica real que cayó del cielo. Yo tuve dos de esos artefactos espaciales en mi posesión, recuerdos de las tempranas excavaciones de Rahn en la gruta de Fontanet, pero aún no podía entender lo que el joven oficial SS esperaba lograr aquí, en este desierto de lava y desmoronadas piedras rotas en el más lejano extremo de la Tierra. Él planeaba unir los cabos sueltos en su tercer libro «Orfeo: Un Viaje al Infierno y Más allá», un opus magnum cuyas primeras páginas fueron escritas en el Cabo del Norte de Islandia en el Círculo Polar Ártico. Mientras el texto de su exégesis fue aparentemente completado a su retorno a Alemania, tristemente no iba a verse impreso, y el manuscrito original parece haber desaparecido sin dejar huellas.


Hacia el Precipicio

     Mucho de lo que no le resultó a Rahn pertenece al reino de la especulación, aunque quizá el SS Reichsführer Himmler obsesionado con el Grial no se encontraba muy satisfecho con la incapacidad de aquél como cazador de tesoros que le impedía resultados concretos. Como Himmler encontró dificultades para obtener evidencia sólida que apoyara sus teorías arias, comenzó crecientemente a impacientarse con Rahn. Luego de un breve tour promocional durante el cual Rahn visitó escuelas y ayuntamientos para darle conferencias a un público confundido sobre el «problema de Lucifer», aquél se encontró haciéndose cargo de deberes más convencionales.

     De acuerdo al autor Christian Bernadac, Rahn fue forzado a participar en el programa de crianza nacionalsocialista conocido como Lebensborn (en el cual mujeres «racialmente puras» eran estimuladas a tener niños engendrados secretamente por oficiales SS) antes de ser enrolado dentro del agotador régimen de ejercicios en Buchenwald diseñado para «endurecerlo» con vistas a un servicio militar activo. El 1º de Septiembre de 1937, Rahn fue implicado en un juicio disciplinario contra uno de sus colegas de uniforme negro, Karl Mahler de Arolsen, quien fue acusado, en una investigación respaldada por la oficina privada de Martin Bormann, de «conducta deshonrosa». El equipo de Bormann estaba dedicado a reunir datos para desacreditar la SS, que estaba amenazando con convertirse en un Estado dentro del Estado. Es difícil saber desde esta distancia cuál pudo haber sido el papel de Rahn en esta infracción, ya sea que éste hubiera involucrado maltrato a prisioneros u homosexualidad, como lo sugiere el historiador del Reich Hans Jurgen Lange. En una declaración firmada, Rahn fue obligado a jurar abstenerse del alcohol por dos años y, a manera de castigo, fue despojado de su rango y reasignado como guardia vigilante en el campo de concentración de Dachau.

     El asunto de la orientación sexual de Rahn es aún discutido calurosamente. Su antiguo editor, Albert von Haller, me dijo que Rahn había sido abiertamente homosexual e insistió, quizás un poco estridentemente, que ésta había sido la verdadera causa de su caída. Por otro lado, la antigua secretaria de Weisthor, Gabrielle Winckler-Dechend, es muy apasionada a la hora de refutar estas afirmaciones. Ella recuerda afectuosamente el tiempo que pasó con Rahn en la Oficina de Raza y Colonización, declarando que él a menudo la había coqueteado. Sin embargo, tal vez sea necesario tomar su testimonio con una pizca de sal, ya que ella también afirma que Rahn tenía el don de la «segunda visión» —heredada de su padre— y se había comunicado telepáticamente con ella desde el otro lado de la calle mientras él se dirigía a su casa después de una filmación con el productor Ernst Schäfer del documental producido por la SS, Geheimnis Tibet («El Tíbet Secreto»), como prueba de sus habilidades para replicar los poderes de los lamas. Desafortunadamente para las declaraciones de Gabrielle, el estreno de El Tíbet Secreto fue en 1942, unos tres años después de la desaparición de Rahn y su supuesta muerte. Gabrielle rechazó que Himmler pudiera haber hecho algo que dañara a Rahn, el cual, ella insistió, permaneció siendo un ardiente devoto de la Orden Negra hasta el final. Más aún, ella declara que Rahn sólo habló de Dachau en los más lucidos términos, y durante su tiempo allí él le prestó particular atención a la plantación de un extenso jardín de hierbas. Rahn tenía un profundo interés en la medicina natural y la ciencia de las hierbas y, de acuerdo a Gabrielle, había visto su período de servicio en el campo como una oportunidad tanto para utilizar creativamente la fuerza laboral como para reeducar a los prisioneros.

     En ese momento Dachau estaba lleno de prisioneros «políticos» alemanes (es decir, oponentes del régimen nacionalsocialista). A pesar de las declaraciones contrarias de Gabrielle, lo que Rahn vio y experimentó en el campo lo dejó con una depresión crónica. Él escribió repetidamente al ayudante personal de Himmler, Karl Wolff, pidiéndole ser liberado de sus deberes para completar su tercer libro, pero ya en ese momento él había perdido los favores del Reichsführer, y sus peticiones fueron ignoradas. Su desilusión con el régimen nacionalsocialista fue total cuando se le pidió que presentara su «Ahnenpass», el documento genealógico que todos los ciudadanos alemanes debían llenar para probar su pureza racial. Posiblemente Rahn no era consciente de las raíces judías de su madre hasta que él realizó la investigación necesaria para completar el formulario, pero no se le habría escapado la ironía de que su muy apreciado trabajo de toda una vida había servido para contribuír a apuntalar ideológicamente el desastre que en ese momento estaba tomando forma sobre él y el mundo que tanto quiso anterior a la guerra. Para Otto Rahn, el viaje iniciático terminó en un precipicio.

     Curiosamente, tengo en mi posesión una copia del Ahnenpass de Otto, y resulta evidente que, aunque él llenó el formulario, éste nunca fue timbrado o aprobado. Cómo acabó entre los demás archivos públicos, es un misterio. Lo cierto es que el haber presentado tal documento, conteniendo pruebas claras de su ascendencia judía, hubiese sido equivalente al suicidio. Luego de que un supuestamente escenificado matrimonio, con una joven divorciada de Luneberg de nombre Asta Bach, fracasara para «rehabilitar» a Rahn a los ojos de sus superiores, a éste no le quedó otra alternativa que dimitir de la SS. «Ya no es posible por más tiempo», escribió, «vivir en el país en el que se ha convertido mi patria. A mi regreso a Munich todo volvió a mí: los sangrientos eventos de los cuales había sido testigo. Ya no puedo dormir ni comer. Fue como si una pesadilla se posara sobre mí...». En un memorándum escrito a mano y dirigido a Karl Wulff, con fecha 28 de Febrero de 1939, Rahn pide que le sea permitido dejar la SS «por motivos tan serios que sólo pueden ser comunicados oralmente». Su renuncia fue concedida por Himmler el 17 de Marzo. El Reichsführer escribió una sola palabra en el margen —«sí»— antes de aprobar la petición que fue hecha efectiva desde el 22 de Febrero, aunque para entonces [17 de Marzo] Otto Rahn con toda probabilidad estaba ya muerto.


Ninguna Huella en la Nieve

     El testimonio de los dos editores de Rahn sólo sirve para ensuciar aún más la imagen de sus últimos días. El editor de «La Corte de Lucifer», Albert von Haller, reporta que vio por última vez a Rahn en Dortmund a principios de Marzo, en la casa del escritor amigo y colega luciferino, Kurt Eggars. Para Haller no existía ninguna duda de que para entonces Rahn ya estaba huyendo de la SS. «Él lucía terrible. Sus cabellos y sus ropas eran un desastre», él me dijo, confesando que consideró prestarle a Rahn su propio pasaporte para que pudiera escapar a Francia. Supuestamente, Eggars aconsejó a Haller en contra de este atolondrado y demasiado improbable curso de acción, advirtiendo que Rahn ya estaba bajo vigilancia y que «cuando él sea atrapado, tu pasaporte será encontrado, y entonces te encontrarás así también tal como yo».

     «Yo comprendí», dijo Haller, evitando su mirada, «y no hice nada...».

     Otto Vogelsang, editor del primer libro de Rahn, «Cruzada Contra el Grial», declara haberse encontrado con su antiguo cliente pocos días después, el 8 de Marzo, en el Hotel Zahringer en Friburgo. Él insiste en que Rahn aparentaba estar «relajado y feliz» y parecía «confiado acerca de su futuro». Rahn abandonó el hotel alrededor de las 23:00 horas, con el propósito de tomar el tren de regreso a Múnich. En vez de eso, parece que viajó al Tirol austriaco. Una tarjeta recibida poco después por su antiguo amigo Antonin Gadal, en los pirineos franceses, contiene sólo estas escuetas palabras: «Echo de menos tu país».

     Por alguna razón, Rahn parece que se bajó del autobús en Söll, y finalizó su viaje a pie. Las montañas de la zona tienen una altura de poco más de 2.000 metros, una caminata en el parque para un hombre como Rahn. Las últimas personas que le hablaron fueron los niños de un granjero tirolés quienes vieron una figura vestida de negro emerger desde el bosque cubierto de nieve fuera de su cabaña al atardecer del 13 de Marzo de 1939. El extraño se acercó a unos 30 metros de la casa, se quedó quieto por un momento, y miró su reloj de oro. Él parece que tenía prisa y sólo se detuvo el tiempo suficiente para preguntarle a los niños si ellos sabían la hora. Entonces se dio la vuelta y se dirigió hacia el valle en dirección al río donde ellos llevaban a beber las vacas. Luego de eso, él pareció desaparecer. Mientras las sombras se alargaban y la tormenta se acercaba, los padres de los niños buscaron en vano al misterioso excursionista, pero quedaron sorprendidos al descubrir que él no había dejado huellas en la nieve.

     «A mediados de Marzo de 1939 la nieve alrededor de Rechauerhof tenía un metro de espesor», explicó Peter Maier, caminando colina arriba sobre las agujas congeladas de los pinos. «La próxima granja se encontraba a una hora y media. Él debió haber ido corriente arriba caminando dentro del agua para no dejar ningún rastro. Mi hermano y yo lo encontramos tres meses después, cuando llegó el deshielo de la primavera, sentado justo allí debajo del árbol, cubierto con su abrigo». Peter amablemente señaló el lugar. La vista era impresionante. Mirando hacia abajo uno podía ver hacia dos valles diferentes, y tan lejos como la frontera. «Lo reconocimos por su abrigo y su sombrero. Era el hombre que había pasado por nuestra casa. Junto a su cuerpo se encontraban dos frascos medicinales, uno vacío y el otro semi-vacío. Él fue identificado por su pasaporte, que aún estaba en el bolsillo de pecho...».

     Yo no sé qué había en esos frascos medicinales, pero de acuerdo al posterior reporte policial emitido en Söll, las píldoras no lo mataron. Él murió por congelamiento. El historiador del Grial de 35 años fue enterrado en la base del Kufstein, donde estuvo hasta el final de la guerra, cuando su cuerpo fue trasladado a la parcela familiar en Darmstadt. Por motivos que aún no están claros, nunca se hizo ningún certificado de defunción. Si él fue víctima de un juego sucio o eligió voluntariamente abandonar un mundo que él vio desintegrándose a su alrededor, sigue siendo un tema de debate. El hecho de que Wiligut-Weisthor fuera forzado a retirarse de la SS ese mismo mes sugiere que quizá Rahn descubrió algo en el curso de sus viajes, algo que condujo a que ambos hombres fueran silenciados abruptamente.

     En el siguiente Mayo un lacónico obituario apareció en el Volkische Beobachter: «En medio de una tormenta de nieve en las montañas este Marzo, el SS Obersturmführer Otto Rahn falleció trágicamente. Sentimos la muerte de nuestro compañero, un SS decente y escritor de notables trabajos de investigación histórica». El obituario fue firmado por Karl Wolff, Jefe del Equipo Personal de Himmler. Wolff es una elección interesante para escribir el informe de la muerte de Rahn, considerando el papel que él parece haber jugado en la caída de Wiligut-Weisthor y el posterior desmantelamiento del Departamento de Pre-historia de la SS Ahnenerbe. El Noviembre anterior, Wolff le había hecho una visita personal en Salzburgo a la divorciada esposa de Wiligut-Weisthor, Malwinne, aprovechando la oportunidad dada por la Anschluss (la unión política de Alemania con Austria) para quedarse con los registros psiquiátricos de su esposo, los cuales posteriormente terminaron sobre el escritorio de Himmler, una acción que hizo de la continua presencia del viejo mago rúnico algo políticamente insostenible en la SS. Es ampliamente aceptado que Wolff estaba actuando en confabulación con una facción rival dentro de la SS, una que estaba opuesta de manera activa a los elementos paganos y luciferinos dentro de la Orden Negra, y cuyo objetivo era desacreditarlos y destruírlos sistemáticamente. Wiligut-Weisthor era demasiado importante para Himmler como para ser asesinado. En vez de eso, él fue tranquilamente secuestrado y trasladado de un albergue SS a otro durante la guerra, antes de morir en el sofá de su asistente en el invierno de 1946. Mientras Wiligut-Weisthor era un anciano de 80 años con un historial de enfermedades psiquiátricas, Otto Rahn pudo haber resultado ser de mayor responsabilidad y —así corre la historia— tuvo que ser eliminado, y todo rastro de su investigación borrado de la faz de la Tierra.

     Después de la guerra el trabajo de Rahn —desacreditado por su asociación con la ideología nacionalsocialista— cayó en la oscuridad, si bien su recuerdo continuó presente en la cultura popular, alimentando innumerables historias fantasiosas relacionadas con varios tesoros perdidos y encontrados, lagos de aguas cálidas sepultados bajo la capa permanente de hielo, bases OVNIS subterráneas, dinosaurios sobrevivientes y asesinatos rituales. En 1964, una organización conocida como Nerother Bund, una rama de la asociación de excursionistas alemanes, la Wandervogel, bajo la dirección de un tal Pater Martin Kuhn, erigió el único monumento en el mundo dedicado a Rahn en el bosque de Hünsruck. En la base de un pedestal circular de piedras tomadas de la ciudad herética de Montségur, aparece una inscripción simple y sobria extraída del Parzifal de Wolfram von Eschenbach: «Cuidado, estos caminos conducen a la perdición» (Caution – these ways lead astray!).

     Algunos piensan que Rahn escapó de Alemania asumiendo la identidad de su hermano muerto, Rudolph, sobreviviendo a la guerra para convertirse en el jefe de la Coca-Cola en Europa, una teoría que ya ha sido desacreditada totalmente. Otros creen que él verdaderamente encontró el Grial, y con él, el secreto de la vida eterna.

     Parado ante la tumba de su familia en Darmstadt, sospeché que sus restos están probablemente sepultados en ella. Por supuesto, sólo se tiene que exhumar el cadáver y examinar sus dientes o el ADN para estar absolutamente seguro. De la única cosa que se puede estar seguro es de que, a pesar de sus muchos pecados, Otto Rahn murió como un mártir y por eso merece sentarse entre los elegidos de su desconocida religión.

     Le dejé un ramo de rosas y doce plumas de cuervo que había recogido del suelo de la caverna en Ussat-les-Bains. Luego, dando media vuelta, caminé de regreso al auto.–





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