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sábado, 30 de junio de 2012

William L. Pierce - Mestizaje: La Ética de la Muerte


     El siguiente texto sólo está firmado con el nombre de la publicación que lo contiene, la revista National Vanguard en su número 117, de Marzo-Abril de 1997, en las páginas 9 a 12. Lo hemos encontrado en www.library.flawlesslogic.com, donde hay una cierta colección de textos. El que hemos traducido ahora habla justa y claramente del tema enunciado, denunciando sin ambages la malévola maquinación que hay detrás de la práctica antinatural que se desea que parezca natural y que sea practicada por todos, salvo unos bien conocidos cuantos. En el sitio en.metapedia.org en la lista de artículos del doctor Pierce este texto está atribuído a él, de modo que nosotros haremos lo mismo puesto que es la información confiable de que se dispone. Está publicado entonces además en www.natvan.com, sitio de la misma revista mencionada al principio.



Mestizaje: La Ética de la Muerte
por William L. Pierce
Marzo de 1997




     La Historia nos ha enseñado que las necesidades más fundamentales de la existencia de una sociedad Blanca sana y progresiva son la calidad racial de sus miembros y un código moral o sistema de valores que complemente y realce aquella calidad.

     A fin de cuentas, por supuesto, la primera es mucho más fundamental que este último. Sólo una raza sana puede dar a luz una ética racial sana. Sin la entidad biológica viviente, no hay y no puede haber nada. Pero mientras la raza sobreviva —mientras el potencial para la soberanía racial efectiva exista— los valores foráneos y espiritualmente perjudiciales por sí solos no resultarán fatales.

     Los enemigos de nuestra raza han entendido obviamente durante mucho tiempo esta verdad. Por eso, desde hace unos cincuenta años, ellos emprendieron la guerra más depravada que el mundo haya visto alguna vez a fin de destruír una idea basada sobre aquella verdad racial. Por eso ellos posteriormente organizaron el hundimiento sistemático de la civilización Blanca mediante millones de inmigrantes extranjeros. Y por eso ellos han usado su control de los medios informativos y de entretenimiento, del gobierno, de las escuelas y universidades, para poner en práctica una campaña de propaganda masiva con el fin de impulsar el mestizaje entre Blancos y no-Blancos.

     Por supuesto, el mestizaje no es un acontecimiento natural. La evolución habría sido imposible si cada experimento evolutivo hubiera hecho cortocircuito por causa del cruzamiento. El impulso de la Naturaleza hacia formas de vida más altas y más complejas ha exigido que la subespecie permanezca genéticamente aislada hasta que toda posibilidad de mezcla genética adicional haya sido anulada. Incluso aunque dicho aislamiento de varias subespecies humanas unas de otras no haya tenido la duración suficiente para asegurar la imposibilidad de la adición genética, ello ha asegurado la existencia de barreras psicológicas profundamente arraigadas que, en condiciones naturales, impiden el mestizaje.

     Cuando estas condiciones naturales son interrumpidas y distorsionadas, sin embargo, se ha sabido que se producen actividades sexuales anti-naturales como la homosexualidad y el mestizaje. De la misma forma que se ha sabido de toros que montan a yeguas, y perros San Bernardo que han intentado acoplarse con chihuahuas, cuando se les ha forzado a un confinamiento cercano y privado de su ambiente natural, así los Blancos han copulado con Negros en circunstancias similares. Es para la interrupción del ambiente natural del Blanco y la deshumanización de su sociedad y cultura, por lo tanto, para lo que los judíos y sus colaboradores en las medios noticiosos y de entretenimiento han trabajado casi invariablemente a fin de estimular la mezcla racial.

     Esta campaña comenzó por lo menos en 1967, cuando 16 Estados estadounidenses todavía tenían leyes contra el mestizaje. En aquel año el director/productor judío de cine Stanley Kramer lanzó al mercado la película "Adivina Quién Viene a Cenar" (Guess Who's Coming to Dinner), protagonizada por Katherine Hepburn y Spencer Tracy como una pareja cuya hija comienza un amorío con un Negro. El objetivo de la película estaba claro y había sido admitido. Estaba diseñada como una "película educativa" para estadounidenses Blancos: después de ver en pantalla a sus héroes, Tracy y Hepburn, entregando a su hija Blanca a un varón Negro, ellos sentirían menos remordimientos al hacer lo mismo.

     Desde esa época los Blancos no sólo han sido animados a aparearse con no-Blancos sino que han estado sujetos a cada método Pavloviano [conductista] concebible con el fin de chantajearlos e intimidarlos emocionalmente para que actúen así. Con una intensidad cada vez más creciente, el mensaje ha sido que el mestizaje no es sólo una opción cualquiera sino la opción que la sociedad espera. En particular, el objetivo primario del movimiento de Corrección Política, en todas sus manifestaciones, ha sido confundir a los Blancos heterosexuales y hacerlos sentirse pecadores y culpables por ser Blancos, e incitarlos a "arrepentirse" mediante su ayuda para extinguir su raza de la existencia.

     La película de Hollywood "El Último de los Mohicanos", que se publicó en 1992 con el actor judío Daniel Day-Lewis en el papel principal, es un ejemplo típico de cómo los medios judíos de noticias y de entretenimiento han encabezado esta campaña. En esa película los varones Blancos son retratados como débiles, cobardes, desleales y bárbaros, y cómo merecen justamente su matanza a manos de los nobles, dignos, valerosos y atractivos indios Rojos. Sí; sólo para asegurar que las mujeres Blancas no pierdan la implicación de que los Blancos son sin valor, el personaje femenino Blanco principal se deshace de su despreciable novio, un oficial británico, y se escapa en la puesta de Sol con el héroe mohicano. El mensaje subyacente de la película está claro: la mezcla de razas no es sólo natural y comprensible sino que es también un asunto moralmente correcto para hacer.

     Los zoólogos y los antropólogos han identificado dos tipos de restricciones innatas que aseguran que bajo condiciones naturales grupos animales —incluyendo grupos humanos— que pueden ser capaces de cruzarse con otros distintos se abstengan de hacer aquello. Por una parte, están los impulsos biológicos congénitos basados en "estímulos de signos" físicos, como el olor, el color y la diferenciación visual. Y luego está la impronta conductual y la adaptación que ocurre en las primeras semanas y meses de la infancia, que se basa en la relación íntima entre la madre y el niño. Esto ayuda a asegurar que cuando el acoplamiento sexual sea finalmente intentado, éste sólo ocurrirá con aquellas formas que se parezcan al progenitor o a los hermanos [Roger Pearson, "Ecology, Adaptation and Speciation", Washington DC, 1996].

     Como es lógico, los judíos han salido todos a corromper y lesionar esta segunda tendencia en los Blancos, en particular bajo el disfraz de "entretenimiento para niños". En 1994, por ejemplo, la Compañía Walt Disney sacó una nueva adaptación de su película de 1967 "El Libro de la Selva". Esta fue la primera propuesta para niños de Disney desde que cayera bajo el control de la pandilla judía encabezada por Michael Eisner, y, como era de esperar, era una completa distorsión, tanto de la historia original de Kipling como de la versión animada de Disney de 1967. Con un argumento notablemente similar al de "El Último de los Mohicanos", la heroína Blanca rechaza a su novio, un oficial británico, por un muchacho de la selva indio interpretado por un actor chino.

     De modo significativo, la decisión de la muchacha Blanca es retratada como basada en consideraciones morales en términos de de correcto o incorrecto, y en su comprensión de que la sociedad Blanca y los varones Blancos en particular son irremediablemente malos. Eisner continuó esta línea en las dos posteriores películas animadas para niños de Disney, "Pocahontas" y "El Jorobado de Notre Dame", que son similares tanto en su perniciosa propaganda de la mezcla de razas como en su evidente desdén hacia las historias originales. Tan sistemática coherencia en forma y contenido sugiere un diseño más bien que una coincidencia.

     En cualquier caso, la motivación real de Michael Eisner para producir en forma masiva ese material no es la pregunta más importante. La cosa que verdaderamente importa es el efecto real de sus esfuerzos: niños pequeños están siendo influídos a una edad en que ellos están más abiertos a la impronta conductual, con un mensaje de que el mestizaje es bueno y que es moralmente correcto, y de que la raza Blanca es mala y moralmente incorrecta.

     Tal como los jóvenes Blancos en el pasado fueron incentivados por un dogma religioso foráneo a sentirse pecadores debido a sus naturales impulsos sexuales, a sentirse sucios al tenerlos, y a buscar la "salvación" mediante su negación, así hoy en día ellos son adoctrinados con ideas que les inducen un sentimiento de culpa por el hecho de ser Blancos. Y la solución que se les ofrece para sobreponerse a estos sentimientos artificiales de culpa y auto-odio es cada vez más clara: copule con una pareja no-Blanca y tenga una descendencia mestiza. El suicidio racial les es así insidiosamente presentado como el único camino mediante el cual ellos pueden triunfar sobre su condición de Blancos y todo el sufrimiento y la vergüenza consiguiente que acompaña a esa cualidad.

     Actualmente el mestizaje ha tomado rápidamente importancia como la religión oficial del Nuevo Orden Mundial y sus adherentes. Propagado con un fervor cada vez más histérico, ha sido desarrollado como la nueva moralidad universal de los esclavos que abarca y supera a las religiones establecidas, como el cristianismo. En Marzo de 1994, por ejemplo, la publicación Christianity Today del evangelista Billy Graham instó a sus lectores a alegrarse por la existencia de matrimonios y niños de razas mezcladas y a hacer todo lo posible para que sean totalmente aceptados en la sociedad. Incluso declaró que ésta es un área donde los medios noticiosos y de entretenimiento están moralmente por delante de las iglesias.

     Esta propagación del mestizaje como una cruzada ideológica también ha hecho incursiones significativas en el sistema educacional. Cuando un director de una escuela secundaria de Carolina del Norte recientemente advirtió a una estudiante Blanca y a un estudiante Negro sobre los peligros de los encuentros inter-raciales, él fue inmediatamente suspendido de su trabajo y sancionado. No le permitieron volver a trabajar hasta que él hubiera sido "reeducado" después de confesar y arrepentirse de sus "pecados" en una asistencia psicológica y en un programa de adiestramiento de la sensibilidad [Raleigh News and Record, 10 de Febrero de 1996].

     La naturaleza ideológica de esta campaña para promover el mestizaje también fue reflejada en un artículo de la edición de Agosto de 1996 de la revista Family de Maryland, parte del grupo Times Mirror. Escrito por Helen Armiger, descrita como candidata para el ministerio en la Iglesia Metodista Unida, el artículo "Cómo Criar a un Niño Desprejuiciado" sostiene que la sociedad está obligada a enseñar a su juventud a vivir armoniosa y productivamente dentro de un medioambiente global. Citando favorablemente a un funcionario de educación de Maryland, Arminger insistió en que existe una obligación moral de proporcionar a los niños la oportunidad para involucrarse en diversas relaciones con gente de razas y orientaciones sexuales diferentes, sin ninguna clase de coacción paternal o social.

     Detrás de las consignas altisonantes que retratan al mestizaje como moralmente imperativo y beneficioso, la motivación de sus defensores está clara: la intención no es "salvar" o "redimir" a los Blancos, sino destruírlos completamente. Aquella "moralidad" realmente deriva de un modo de pensar totalmente subjetivo y foráneo que busca la extinción biológica de la raza Blanca, y que, desde su propia perspectiva, ve tal extinción como una cosa buena y justa. Algunos de sus defensores son mucho más honestos que otros en admitir esta realidad. Un periódico, el Race Traitor (Traidor a la Raza), editado por (el académico judío) Noel Ignatiev y subtitulado "La Traición a la Raza Blanca es Lealtad a la Humanidad", declara abiertamente su convicción de que el único modo de solucionar los problemas sociales de nuestra época es anular a la raza Blanca. Su confesado propósito no es el "multiculturalismo" o el "multi-racismo", sino la unidad biológica y la ausencia de toda raza diferenciada [Race Traitor Nº2, invierno (boreal) de 1993].

     Tal pensamiento no está confinado a los márgenes políticos. El 29 de Septiembre de 1996 la revista del New York Times publicó un artículo del escritor (Negro) Stanley Crouch (autor del libro The All-American Skin Game: Or The Decoy of Race). Titulado "La Raza Se Terminó", el artículo de Crouch predijo con total confianza que de aquí a cien años niveles sin precedentes de mezcla racial —de una amplia variedad de combinaciones— asegurarán que el concepto mismo de raza saldrá sobrando. Los estadounidenses del futuro, argumenta, se encontrarán rodeados en todas direcciones por gente que será en parte asiática, en parte "latina", en parte europea y en parte amerindia. La gama de tipos de cuerpo, las combinaciones de rasgos faciales, las texturas de pelo, el color de ojos, y lo que son ahora "tonos de piel inesperados", en opinión de Crouch, serán mucho más comunes, porque la actual paranoia sobre los matrimonios mezclados debería ser para entonces en gran parte una superstición del pasado.

     Incluso este declarado objetivo, sin embargo, revela sólo parte de la agenda, puesto que una raza particular tiene un boleto de exención de esta moralidad universal de amalgama genética. Pero el artículo de la revista del New York Times simboliza aquello de lo que realmente se trata el movimiento de lo Políticamente Correcto. Cuando la revista Harper's, que es parte de los medios dominantes, publica artículos que abogan por campamentos de verano patrocinados por el gobierno para que jóvenes muchachas Blancas se reúnan y comiencen relaciones con varones de color, no está haciendo "bien" a aquellas muchachas; está incitando activamente lo que es más definitivamente malo para ellas. Y cuando la Prudential Insurance Company of America patrocina una serie de conferencias de unidad racial para niños a través de Estados Unidos y el mundo, no está haciendo lo que es "correcto" para aquellos niños; está haciendo lo que es total y completamente incorrecto para ellos.

     Realmente, tal "moralidad" carece del todo de cualquier fundamento moral. No está basada en ninguna ley natural o biológica, ni sigue ninguna línea de razonamiento racional o científica. Esto ayuda a explicar por qué está teniendo algunas dificultades en el logro de sus objetivos. Indudablemente muchos Blancos predican la causa del mestizaje, y muchos lo han puesto en práctica. Pero, reveladoramente, el número de estos últimos es todavía mucho más pequeño que el de los primeros.

     Algunos Blancos que abogan por la mezcla de razas son obviamente malsanos en un sentido genético, y mentalmente enfermos, distintos de los espiritualmente enfermos. La persona que escribió recientemente a su periódico local declarando su deseo frustrado de tener un 5% de sangre Negra en su ascendencia para armonizar con lo que él considera la composición racial estadounidense ideal, puede ser un ejemplo [carta de Ivan Wittman al Post-Gazette de Pittsburgh, 4 de Mayo de 1996].

     En cualquier caso, en instancias como ésta el mestizaje podría ser hasta considerado un instrumento de selección natural para desmalezar de tal gente el fondo genético Blanco.

     Para la mayoría de los Blancos que abogan por el mestizaje, sin embargo, su sentido de la honradez al propugnarlo no es nada más que una manifestación de un afán por estar al día: de querer sentir y parecer muy de moda.

     Tome, por ejemplo, el caso de la joven pareja de Hollywood de Tom Cruise y Nicole Kidman. Ambos parecen ser especímenes sanos y físicamente atractivos de la humanidad aria. Pero ellos han adoptado recientemente a un niño Negro y han colaborado activamente con los medios judíos en la publicación de ello como un hecho bueno y noble que ha ayudado a la causa del "progreso" humano y social. No hay nada biológicamente incorrecto con esta pareja; ellos sólo se salieron del camino al hacer una declaración de moda. Y el niño adoptado no es nada más que un accesorio de moda para su compromiso simbólico con la idea del mestizaje.

     En efecto, es revelador que a pesar de toda su conciencia de la moda, Cruise y Kidman decidieron casarse el uno con el otro más bien que con no-Blancos: ellos decidieron adoptar a un niño de color más bien que crear uno. Incluso ellos, por lo tanto, sean consciente de ello o no, son una prueba de que la mayor parte de los Blancos no están todavía poniendo la idea del mestizaje en práctica, sin tener en cuenta la palabrería que ellos podrían sentirse obligados a pronunciar.

     Un estudio reciente de estadística del mestizaje realizado por el académico judío Douglas J. Besherov, becario residente en el American Enterprise Institute, pareció dar algún crédito a esta opinión, aunque el informe destacara algunas tendencias muy inquietantes. Éstas incluían una triplicación de matrimonios entre Blancos y Negros desde 1970, y un aumento agudo de matrimonios entre Blancos y asiáticos o hispánicos. La Oficina del Censo estadounidense contó aproximadamente 150.000 matrimonios inter-raciales a escala nacional en 1960. Hacia 1990 aquel número se decuplicó a un millón y medio. En 1994 fue estimado en más de 3 millones.

     Igualmente alarmante era la estadística de que el 35,4% de las mujeres Blancas casadas con hombres Negros dijo que planeaba tener hijos, una proporción más alta que el 29% de mujeres Blancas casadas con Blancos que dijo que quería hijos. Esto es un incremento de más de cuatro veces en nacimientos de niños de raza mezclada desde 1970, aunque no todos éstos implican a un padre Blanco.

     Tales tendencias son obviamente nefastas y potencialmente catastróficas, apuntando a largo plazo a la extinción biológica del Estados Unidos Blanco. A corto plazo, sin embargo, desde la perspectiva de aquellos de nosotros que tratamos de impedir que tal pesadilla se desarrolle, estas tendencias proporcionan al menos algunas razones para el optimismo y la oportunidad. A pesar de 30 años de lavado judeo-cristiano de cerebros, más del 90% de los Blancos rehusa transgredir lo que Douglas J. Besherov admite que es el "último tabú" de la sociedad estadounidense.

     De manera similar, a pesar de los esfuerzos del senador (judío) Howard Metzenbaum (D-OH, ahora retirado), quien en 1994 presentó en el Senado la Ley de Colocación Multiétnica, en un esfuerzo para provocar un aumento de las adopciones trans-raciales, la mayor parte de los Blancos parece todavía preferir adoptar a bebés Blancos, y la mayor parte de los no-Blancos todavía prefiere adoptar a bebés de los suyos. Tales actitudes, además, parecen estar consolidándose a pesar de las tentativas de la administración de Clinton de legislar contra ellas.

     La adopción de los Cruise-Kidman, por ejemplo, fue condenada por la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales Negros a causa de que las adopciones trans-raciales equivalen al genocidio racial y cultural.

     Indudablemente un factor importante en esta situación ha sido el aumento de las tensiones que ha acompañado la transición hacia una sociedad multirracial. Como la identificación racial y étnica se ha hecho más relevante en las vidas de la gente, la polarización racial resultante y la intensificada solidaridad de grupo han mitigado algo la idea del acoplamiento inter-racial. Parece claro, por ejemplo, que el proceso judicial de O. J. Simpson sirvió al propósito práctico de intensificar la conciencia racial tanto de Blancos como de Negros y de desacreditar la idea del mestizaje.

     Un signo esperanzador de esto fue el hecho de que Hulond Humphries, un director Blanco de una escuela secundaria en Wedowee, Alabama, quien fue expulsado de su posición en 1994 por amenazar con cancelar la fiesta de promoción de primavera si aparecían parejas inter-raciales, recientemente ganó una elección para superintendente de escuelas.

     Como con el asunto de la raza en general, muchos Blancos —por el momento al menos— parecen llevar consigo dos sistemas contradictorios de valores en relación a la mezcla de razas: el que ellos públicamente pretenden sostener y el que ellos realmente viven en sus vidas privadas. Mientras el primero es artificialmente creado y sólo mantenido por el continuo condicionamiento externo, el segundo surge desde el instinto, que está genéticamente arraigado.

     Así, aunque la propaganda de la mezcla de razas pueda haber sido deliberadamente diseñada para apelar al subconsciente y evitar encontrarse con las facultades racionales, inevitablemente ha chocado contra la realidad genética subconsciente que no es fácilmente influenciable por tentativas foráneas de modificación conductual. Por consiguiente, mientras ha sido relativamente fácil causar en gran escala enfermedad espiritual y confusión, ha sido mucho más difícil poner en práctica en gran escala la fusión biológica.

     Tal situación, sin embargo, no durará para siempre. La Historia está llena de ejemplos de moralidades artificiales y destructivas que triunfan sobre el orden natural. A pesar de sus reveses, el culto al mestizaje se ha extendido considerablemente durante los últimos treinta años y continuará haciéndolo. Las actuales tendencias continúan apuntando a la realidad más fundamental e inevitable con que nos enfrentamos hoy: la raza Blanca está al borde del precipicio de la extinción biológica.

     Y una cosa es segura: a medida que la tirantez y las relaciones tensas de esta sociedad multirracial aumenten en los próximos años, entonces la campaña para destruírnos por medio de la mezcla racial se intensificará. Sólo por esta razón, sin tener en cuenta la aumentada polarización racial, la hipócrita moralidad del mestizaje no desaparecerá naturalmente. Las circunstancias del caos racial nos ayudará, pero sólo la acción organizada y radical de nuestra parte conseguirá la necesidad vital de una separación completa y decisiva de las razas y la destrucción final de la ética de la muerte.–




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