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miércoles, 2 de mayo de 2012

James B. Whisker - Rosenberg y el Pensamiento Gnóstico


     A comienzos de la década de los '80, a juzgar por los indicios, James B. Whisker, de quien no sabemos nada más, escribió este ensayo, que se conserva en su versión original en inglés en el sitio del Instituto para la Revisión Histórica (www.ihr.org). Es altamente interesante para quienes tengan ya alguna noticia acerca del gnosticismo, el catarismo y otros temas conexos, y sin duda constituye un buen panorama conceptual. Su centro lo constituye el averiguar cuáles fueron las fuentes de donde bebió Alfred Rosenberg para su exposición ideológica en su libro El Mito del Siglo Veinte.


Orígenes Gnósticos
del Pensamiento de Alfred Rosenberg
por James B. Whisker



     Se ha dicho que el opositor cristiano del judaísmo no tiene sino dos alternativas: des-judaizar a Cristo o negarlo. Houston Stewart Chamberlain, siguiendo a muchos teólogos de la Europa del siglo XIX, intentó demostrar que Jesús era un ario que vivió en una zona aislada de Galilea, separada racialmente del resto de los pueblos de la región. El autor de Fundamentos del Siglo XIX intentó mostrar que un grupo aislado de nórdicos había estado separado de la corriente principal de la nación, y que Cristo era descendiente de tal pueblo. El mariscal de campo Ludendorf y otros, simplemente negaron la importancia de Jesús, y eran anti-cristianos tanto como anti-hebreos. Estas dos tradiciones aceptaron en común la idea de que la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento por igual, era historia literal.

     Una tercera posibilidad subyace en el pensamiento de Rosenberg. Los orígenes están arraigados en ideas y prácticas pre-cristianas comúnmente conocidas en Occidente como gnosticismo. Como muchos otros términos genéricos, el gnosticismo es usado por muchos para cubrir una amplia variedad de ideas filosóficas y teológicas. A causa del éxito de la iglesia Occidental, incluyendo sus formas Protestantes más recientes, los sistemas que fueron vencidos en la larga lucha por la supremacía religiosa en la cristiandad son considerados en un contexto totalmente negativo. Nombres tales como marcionita, gnóstico, maniqueo y bogomilo, son peyorativos. La mayor parte de lo que se sabía de ellos fue o bien secretamente guardado o fue aprendido tras leer las refutaciones de sus opositores o los informes de una u otra Inquisición, incluyendo los interrogatorios (la mayoría a menudo de miembros incultos bajo tortura) de aquellos que fueron acusados de herejía.

     En el siglo XX hubo dos acontecimientos principales que han cambiado lo que sabemos sobre varias "herejías". Uno es el descubrimiento de importantes documentos y tratados de los gnósticos principales o de sus discípulos más cercanos y seguidores. El otro avance es el interés mostrado por los líderes del Tercer Reich en estos movimientos, y el subsecuente estudio de la ideología en términos de tal pensamiento. Entre los principales trabajos que han reinterpretado al movimiento Nacionalsocialista en tales términos están "Le Matin des Magiciens" [El Retorno de los Brujos] de L. Pauwels y J. Bergier (en francés, y traducido a muchas lenguas), "La Lanza del Destino" (1973) y "La Copa del Destino" de Trevor Ravenscroft y "Lo Oculto y el Tercer Reich" de Jean-Michel Angebert.

     La mayor parte de los autores que han descubierto de nuevo a los gnósticos y su influencia en el Tercer Reich han asumido que los líderes guardaron las bases del secreto del conocimiento, por lo general en los santuarios y rituales SS, y que este conocimiento especial nunca se pretendió que fuera para su distribución masiva. Sólo a unos pocos tipos SS especialmente seleccionados podían ser confiados los antiquísimos secretos. Ya en el Estado anterior al Tercer Reich, Rosenberg había distribuído su ensayo sobre los orígenes de la ideología Nazi (realmente escrito antes de que el NSDAP fuera formado). Su libro El Mito del Siglo XX abordaba una secta particularmente gnóstica, los cátaros (santos o purificados) con gran detalle, pero evitó ofrecer una versión simplificada de la religión y filosofía cátaras como la nueva religión (o la reinstaurada religión) de Alemania.

     Mi argumento aquí es que El Mito del Siglo XX de Alfred Rosenberg es en su esencia un trabajo gnóstico que intentó establecerse como una etapa para trabajos posteriores que habrían situado a Alemania en una fase de tiempos anteriores en la cual una religión simplificada y anti-judía era la práctica común en Occidente entre los pueblos. Fue diseñado no como una declaración final sobre la Nueva Religión nórdica, sino que debía servir como una tentativa tanteadora, un precursor de lo que debía venir. A principios de los años '20 Rosenberg no estaba preparado para ofrecer una declaración final de esta filosofía. La investigación necesaria para su creación total todavía no había sido completada. Era una promesa de cosas de venir. Era una búsqueda que, en sus palabras, podía ser comparada al establecimiento por el rey Arturo de los Caballeros de la Mesa Redonda en búsqueda del Santo Grial.


La Leyenda del Grial

     Cada niño de escuela alemán conocía de memoria el gran cuento popular del Grial. El Parsifal de Wolfram von Eschenbach era una de las más grandes obras de la literatura en lengua alemana (o en cualquiera otra). En la superficie, es un cuento familiar de la búsqueda por un caballero puro del amor perfecto y la redención. Había sido popularizado a finales del siglo XIX por el compositor Richard Wagner, en forma de ópera. Pocas piezas de la literatura heroica tenían más impacto en los alemanes conscientes de la nación que Parsifal.

     La ópera de Wagner se abre con el anciano Caballero Gurnemanz recordando la leyenda del Grial. Titurel había estado luchando contra los paganos sin éxito cuando de repente él fue visitado por un grupo de ángeles. Ellos le dieron a su cuidado el Santo Grial, del cual Cristo bebió en la Última Cena, y la Lanza de Longino, la lanza usada por el centurion romano para perforar el costado de Jesús cuando él estaba en la agonía sobre la cruz. Titurel había construído una gran fortaleza en Monsalvat para alojar estos tesoros, y había juntado alrededor de él a aquellos caballeros que eran puros en su corazón, mediante lo cual custodiaría estos grandes talismanes de poder divino. Estos caballeros luego montaron a caballo para luchar contra la injusticia y la tiranía en todo el mundo.

     Klingsor era un postulante, pero él no podía vencer la lujuria y la pasión de su corazón, y así fue rechazado para ingresar a dicho grupo. Él entonces construyó un gran jardín del mal en el cual, mediante seducciones de la carne facilitadas por una variedad de mujeres hermosas, él atrajo a los puros desde la fortaleza en que estaban y los esclavizó a su malvado servicio. Amfortas fue enviado por Titurel para llevar la lanza sagrada al malvado lugar y terminar sus tentaciones. Klingsor envió a la encantadora Kundry para tentar a Amfortas. Ella lo sedujo y le entregó la lanza sagrada a Klingsor. El malvado hechicero hirió a Amfortas con ella, y aunque Amfortas escapó, su herida no se curaría. Amfortas creyó que él estaba condenado por su pecado de la carne.

     Un inocente loco, Parsifal, aparece en escena, buscando su identidad y destino. Después de una breve escena en la cual el Santo Grial es des-velado, él va al castillo de Klingsor. Kundry es enviada para seducirle, pero de repente Parsifal tiene una visión y queda arrobado. Se le dice que él debería rendirse ante la seducción de Kundry, pues si no, no podría haber curación de la herida de Amfortas ni salvación para él o los Caballeros del Grial. Él rechaza a Kundry y se aleja. Klingsor intenta matarle con la lanza, pero ésta pasa por sobre la cabeza del joven. El paraíso sensual colapsa y Klingsor desaparece.

     Después de muchos años Parsifal vuelve de sus andanzas por todo el mundo. Él encuentra que Kundry ha tomado los trajes de una penitente y que Gurnemanz se ha convertido en un ermitaño. Es el Viernes Santo. Le dicen que Titurel ha muerto y que Amfortas todavía está herido e incapaz de bendecir la Sagrada Comunión. Parsifal va a Monsalvat, toca la herida de Amfortas con la lanza sagrada y reanima al caballero. La lanza y el Grial son sustituídos en el santuario.

     La leyenda del Grial es interpretada de dos modos. Generalmente es vista como una historia de amor cristiano y la redención de la Humanidad. La segunda es la interpretación mítica. Se dice que el Grial contiene un mensaje cifrado conocido sólo por unos cuantos, y comprendido por un número muy reducido. Ésta es la interpretación aceptada por Ravenscroft en La Copa del Destino (1981) y por Angebert en Lo Oculto y el Tercer Reich (1974).

     Lucifer era un Príncipe del Cielo antes de que su pecado impulsara a Dios a echarlo al Infierno. En el descenso al Inframundo su corona cayó a la Tierra, y de ella se desprendió una enorme esmeralda. Ésta fue usada por los hombres de la Antigüedad para modelar una copa para beber para ser usada en rituales ocultos. Aquí encontramos la reliquia más antigua aceptada tanto por cristianos como por gnósticos. La copa estaba circundada con los habituales signos especiales, símbolos, runas y otros por el estilo, representando el ascenso del hombre por varias etapas hasta un estado final de bienaventuranza. El Grial había llegado a ser el recipiente sagrado del Conocimiento Iniciático. Contenía en su exterior el gran tesoro del conocimiento primordial y la tradición que unía el pasado con el futuro. Aquel conocimiento primordial puede devolver al hombre a su condición natural y única verdadera para él, el estado primordial de conciencia.

     Dentro de Alemania muchos consideraban al Grial como el perdido libro secreto de la raza aria. Les había sido confiado desde eras pasadas, y fue perdido y recuperado ocasionalmente. Lo que exactamente contenía era desconocido, y puesto que estaba escrito en símbolos, la interpretación dada a esas runas pudo haber diferido de época en época. Fue el gran tesoro de todos los arios, siempre. De época en época había sido el factor unificante, el artefacto que proporcionaba la razón fundamental para la existencia de la raza.

     La reciente película Excalibur ha dado una interpretación similar muy secularizada del mito del Grial. El Grial es presentado como siendo una especie de intermediario entre el gobernante y el gobernado, un transmisor mágico que garantiza que el rey y la tierra son uno, y que cada uno servirá al otro en una relación totalmente natural. Incluso es la dimensión espiritual del Grial la que permite esta unión mítica.

     El Grial precedió al cristianismo. Esto es un absoluto cuya aceptación es necesaria para entender su importancia como una herramienta para el NSDAP y sus líderes, principalmente la SS. En El Mito del Siglo XX de Alfred Rosenberg el Grial puede ser visto como la causa de la objeción alemana a algunos aspectos del cristianismo, fundamentalmente al catolicismo romano. Puede ser visto como habiendo proporcionado una dirección al pueblo alemán, o al menos a una parte significativa de éste, cuando fue confrontado con las enseñanzas ortodoxas de la iglesia occidental que eran extrañas a él.

     Mientras los autores de los estudios recientes, principalmente Angebert y Ravenscroft, y en un grado menor Pauwels y Bergier, han señalado la importancia de los cátaros durante el siglo XIV, ellos no han ido bastante lejos en su investigación. Es verdad, como veremos luego, que los "puros" conservaron realmente, durante un tiempo, el Grial y otros artefactos relacionados, pero ellos eran relativamente unos recién llegados, tanto doctrinalmente como en términos de interés hacia el Grial y su preservación.


La Herejía Marcionita

     Debemos volver al siglo II d.C., a Marción de Sinope, en el Ponto, para ver el desarrollo del cuerpo entero de literatura que rodea al Grial. La mayor parte de lo que se contrapuso tanto al catolicismo occidental como al posterior cisma Ortodoxo de aquella Iglesia, puede ser vista al menos germinalmente en Marción. Él, como muchos, había luchado con el gran problema del mal. La Iglesia en esa época no había decidido su propia explicación del mal en el mundo. Ese asunto estaba lejos de haber sido resuelto cuando Marcion escribía.

     Los marcionitas creían que el mal era verdaderamente una fuerza real, no simplemente la privación de algún bien. Uno puede, por simplificación, calificar a aquel poder malo como el Diablo, Satán o el Señor de las Moscas. Él es un poder a ser considerado. El mundo era la fuente del pecado y la corrupción, y debía ser evitado. Había sido creado tal como el Antiguo Testamento había dicho, pero no por Dios. Había un ser menor, o seres menores, parecido a los "artífices del mundo" griegos clásicos. A veces conocido como un Demiurgo, aquel creador tenía una chispa de divinidad, ya que él era un hijo de Dios, una emanación del Más Alto. El hombre naturalmente desea su verdadero hogar, pero le es desconocido. Está atrapado en un mundo de corrupción y ruina: en la materia, el mundo material, que no es la creación de Dios.

     Para Marción, el Antiguo Testamento era mentira porque era la historia de un dios falso, un impostor: Yahvé. En ese libro, si no todos, la mayoría de sus variados personajes eran un engaño, y debían ser rechazados. Él consideraba a los judíos el pueblo de Yahvé, es decir, una raza dedicada al dios falso. Él estaba de acuerdo con los judíos en un punto: su mesías no había venido todavía. Jesús Cristo no era su redentor; él había venido para liberar a los hombres de la falsa religión de Yahvé. En su dualismo anti-cósmico, Marción puso al Dios Desconocido en oposición al  inferior dios-creador, Yahvé. La salvación de la Humanidad significaba, en pocas palabras, liberarse de Yahvé.

     El contraste entre los dos mundos y sus respectivos dioses es muy grande. Yahvé es presentado por Marción como un guerrero-vengador, interesado en la perpetuación de un mundo de castigos. El apacible Jesús es el agente del dios desconocido (ajeno o extranjero), que es misericordioso y lleno de amor. Uno no puede conocer directamente al dios desconocido; y aunque él pueda haber sido presentido por los hombres, su existencia no fue revelada sino hasta que Jesús vino al mundo. Yahvé estaba en su casa en el mundo material porque éste era su imagen del espejo, hecha a su imagen y semejanza (no a la de un dios ajeno). El verdadero dios no podía existir en este mundo, ya que él es espíritu puro y está en directa oposición al conflicto y desorden que es inherente a la materia.

     Los marcionitas rechazaban todas las cosas que lo ataban a uno al mundo material, o que parecían ligarlo allí, o que parecían sugerir la redención física o la conversión de las cosas materiales. Así ellos rechazaron el bautismo, excepto como una manifestación de su desdén hacia el mundo material. La sagrada comunión era una gran contradicción, ya que tenía como su contenido primario la desvinculación de las cosas materiales del reino del espíritu y del dios desconocido. Todos los placeres terrenales debían ser evitados como distracciones que lo atan a uno al mundo temporal. El contacto sexual era otra más seria atadura al mundo visible. La procreación de niños significaba que más partículas del espíritu debían ser entrampadas en el mundo de lágrimas y engaño.

     Como él es pura bondad y misericordia, el dios desconocido adoptó a la Humanidad, o al menos a esa parte que era suya propia y a la que él podría llegar, y que lo aceptaría y amaría. Dios nos dio la gracia muy libremente para ayudar en nuestra salvación, no porque como seres humildes no pudiéramos merecerla sino porque él nos amó aunque no nos conociera. Ésta es la doctrina de la "pura gracia", una parte esencial de la teología marcionita, la cual, en cierto modo, es el todo de la religión. Dios tanto amó al mundo que, aunque desconocido para él, decidió llevar a los hombres a vivir consigo, de modo que él y los hombres pudieran llegar a conocerse en un mundo muy distante de la corrupción del actual.

     La moralidad no era considerada como la conformidad ante alguna ley de la Naturaleza; la Naturaleza era física, y por lo tanto corrupta. Dios no estaba en el mundo. Las leyes naturales eran la encarnación del demiurgo, Satán, no del Dios Desconocido. Uno debía evitar el contacto con la Naturaleza en todas sus formas visibles, ya que esto lo conducía a uno lejos del dios verdadero.

     Mientras es la fe, y no el conocimiento, lo que nos conduce hacia Dios, debemos tener acceso y poseer el especial conocimiento de que mucho de lo que se presenta como religión es falso. Debemos saber, en el esquema de Marción, que el dios desconocido es Dios, y que el creador del mundo es sólo un eón, una emanación maligna de Dios. Cristo el Hijo de Dios vino para hacernos saber que no podemos conocer directamente ni al mundo ni a nosotros mismos; que estamos atrapados en la materia sin esperanza de redención a menos que sepamos que la fe correcta es un asunto de especial, o gnóstica, revelación. Que Dios nos invita a nosotros, desconocidos, a su casa sin ningún conocimiento de nosotros, o nosotros de él, es un canon de fe que puede ser conocido sólo por este conocimiento especial.

     Marción descartó elementos del Nuevo Testamento que no le gustaban. Lo que quedó fueron trozos expurgados de los Evangelios (principalmente de Lucas), algunas cartas de Pablo, y fragmentos de los Hechos de los Apóstoles. Es significativo que la iglesia occidental en ese tiempo no había codificado el Nuevo Testamento. Marción era más restrictivo que la mayoría de los sacerdotes de su tiempo en su elección de materiales aceptables para los ritos. Él rechazó completamente el Antiguo Testamento, aunque una aberración de la época, posiblemente no marcionita, degeneró en la adoración de la serpiente, basada en el cuento del Antiguo Testamento de la serpiente tentando a Eva. Probablemente la serpiente era un buen símbolo, pues fue puesta en contraposición a los que Marción había definido como personajes malvados. Se creyó que la serpiente traía cierto conocimiento de Satán, el creador de Adán y Eva.

     En su censura del Nuevo Testamento, Marción removió aquellas referencias hechas a la temprana infancia de Cristo. Ya que Jesús era el mensajero del Más Alto, el dios desconocido, él no podía haber sido sumergido en la materia. Sin necesidad de materializarse, Jesús había parecido a los hombres tener un cuerpo y ello sólo en Cafarnaúm. Él vino para salvar a aquellos que rechazarían al judaísmo y a Yahvé. Lo que su preciosa sangre compró, en un sentido metafórico, fue la libertad con respecto al falso dios, Yahvé. Él ofreció un bautismo que rechazaría al mundo y todos sus males materiales. Uno debía estar "casado" sólo con Cristo de modo que la maternidad fuera evitada y el hombre pudiera escapar del mundo material. Mientras el mundo material seguiría existiendo, Cristo había venido para destruír, como una idea, el mundo de Yahvé.


La Herejía Maniquea

     Pocas desviaciones religiosas en la Iglesia occidental tuvieron un impacto mayor o un efecto más duradero que el maniqueísmo. Fundado por Mani en Mesopotamia aproximadamente en 242 d.C., fue un importante competidor para el cristianismo ortodoxo. Mani fue martirizado por la Iglesia Occidental en 276 d.C. Entre los tempranos adherentes estuvo Agustín, el gran apologista de la Iglesia Católica, que practicó sus principios desde aproximadamente 373 a 382. Su obra La Ciudad de Dios tiene fuertes tendencias maniqueas en su dicotomía absoluta entre el bien y el mal, y entre la ciudad del hombre (el mundo visible) y la ciudad de Dios (el reino del espíritu).

     Mani reflejaba el trasfondo gnóstico de aquella zona y de aquel tiempo. El origen de mal yacía en la naturaleza de la materia misma. Su multiplicidad está radicalmente opuesta a la espiritualidad de Dios. La materia es un mal que nunca puede ser redimido; es eternamente mala. El alma es divina, o parecida a lo divino, ya que es inmaterial y simple. El cuerpo del hombre es sólo una prisión en la cual el alma está atrapada. La redención se encuentra sólo en la muerte.

     El Demiurgo, o creador menor, creó el mundo visible a partir de partículas que pertenecían a los poderes de la oscuridad. Estos poderes están opuestos a Dios y a todo el reino del espíritu. Ellos están para siempre atrapados en el mundo de la materia. Ellos seducen al hombre para que use sus poderes sexuales para procrear continuamente, de modo que partículas del espíritu sean atrapadas en los cuerpos de los hombres. De otra manera los cuerpos serían cáscaras sin vida y vacías, y no habría nadie para que los poderes de la oscuridad pudieran controlar.

     Esta dicotomía es llamada dualismo anti-cósmico. Es la base de todos las principales obras del gnosticismo, pero sobre todo del maniqueísmo. El pecado es concomitante con la vida misma en el mundo material. Sólo la chispa de vida, el espíritu humano, es adecuada para la acción o pensamientos divinos, y para la redención. Necesariamente este dualismo concluía que cualquier cosa que fuera simplemente finita (limitada en el tiempo) es mala; que cualquier cosa que fuese eterna es buena, y que el espíritu del hombre es una chispa del fuego eterno de Dios.

     El maniqueísmo tenía una ética rígida. A la Humanidad se le había prohibido matar animales o derramar sangre. El sexo fue condenado por las razones ya dichas. Uno debía rechazar a Satán, el mundo, todas las cosas materiales, y toda la felicidad basada en el goce de bienes materiales. Los elegidos o perfectos viajaban mendigando comida. Ellos no hacían caso de leyes seculares que eran de cualquier modo antitéticas a su religión, y abiertamente buscaban el martirio por sus creencias. Una parte significativa de la comunidad estaba dedicada a rezar y ayunar, y era dependiente, en cuanto al alojamiento y la hospitalidad, de los creyentes comunes.

     En sentido estricto, los maniqueos no eran cristianos. Ellos aceptaron realmente a Cristo como habiendo sido un ser divino, o, al menos, un ser que fue guiado por el Espíritu Santo. Pero así también ellos aceptaron a todos los principales líderes religiosos: Buda, Lao-Tsé y otros. Ellos rechazaron la idea de la encarnación, que es la piedra angular del cristianismo: Jesús sólo parecía ser un hombre. Él no fue colgado en una cruz; él era, siempre, omnipresente. Algunos de los críticos del maniqueísmo acusaron a ese culto de panteísmo. Es verdad que los maniqueos no hacían ningún uso de muchas de las creencias cristianas. Ellos rechazaban la comunión a causa de que carecía de valor debido a la omnipresencia de Jesús. Ellos rechazaban las reliquias, como la cruz, en parte porque los artefactos eran materiales y en parte porque éstos no tenían más importancia que ninguna otra cosa física, ya que Dios estaba en todas partes.

     El término maniqueísmo ha venido a representar a alguna y a todas las variedades del dualismo en el cual la materia y el espíritu están necesaria y esencialmente opuestos. El movimiento murió probablemente por dos motivos: era demasiado antisocial en su rechazo del sexo y en su exclusividad; y fue demasiado lejos en su rechazo de la guerra, la violencia y la matanza, en una época que estaba demasiado tentada por la guerra, tanto de conquista como de defensa. Pero el término y muchas de sus ideas permanecieron mucho tiempo, la chispa vital transmitida por otros.

     Agapius (c. 450 d.C.) [filósofo maniqueo y posible discípulo de Mani] intentó una fusión entre el maniqueísmo y el cristianismo verdadero. Él continuó la creencia en un Maligno, una fuerza auto-subsistente que es tanto eterna como opuesta a Dios. Él impulsó el rechazo de todo el Antiguo Testamento a causa de que estaba lleno de mentiras y engaño. Él también condenó los placeres terrenales, incluído el sexual. También él creía en el dogma de la Trinidad, la encarnación, el bautismo para la remisión de pecados, la crucifixión, la resurrección y el juicio final, y la resurrección del cuerpo material y glorificado. Su fusión, aunque mixtificante, tuvo sólo el papel de ser un eslabón en la cadena de tiempo para alabar al maniqueísmo.


     Los paulicianos son totalmente otro asunto, ya que ellos sirvieron como un vínculo entre el maniqueísmo y las comunidades cristianas, aproximadamente a partir de 668 d.C., cuando el culto fue organizado, hasta después de 1200. En 869, Pedro de Sicilia escribió un quemante ataque contra los paulicianos en su Historia Manichaeorum.

     Los orígenes del paulicianismo son obscuros. Las enseñanzas son remontadas por algunas autoridades hasta Pablo y Juan de Samosata. El nombre puede haber sido derivado del de Pablo, o puede referirse a la devoción de la secta a las diez cartas de Pablo (Saúl). Otros lo han remontado a una tentativa para restar importancia al movimiento como los "insignificantes discípulos de Pablo".

     Públicamente, los paulicianos rechazaban el maniqueísmo, pero en privado ellos adoptaron el dualismo gnóstico y muchos otras de sus enseñanzas. Ellos rechazaban el Antiguo Testamento como un trabajo de engaño. Ellos declararon que había sido escrito por una raza de ladrones e impostores, y estaba inspirado por la adoración al dios falso, un demiurgo, Yahvé. Ellos odiaban a los judíos por una segunda razón, como juzgadores y condenadores de Cristo. No alcanzaron a condenarlos como asesinos de Cristo porque ellos veían la Crucifixión como una ilusión. Ellos veían a Pedro como un judío típico que, bajo presión y en peligro, había traicionado a Cristo y lo había negado.

     Ellos atacaban a la iglesia tradicional por varias razones. Ellos veían a las vestiduras sacerdotales como el traje de Satán. Ellos despreciaban el énfasis puesto en la pasión y crucifixión de Cristo por cuanto éstas eran ilusiones o mentiras deliberadas. Cristo no tuvo ningún cuerpo físico hecho de la corrupta materia de este mundo. Su "cuerpo" fue una ilusión ofrecida a los hombres como un conveniente punto de referencia. La comunión era un ofrecimiento de cosas materiales, agua o vino y pan, y de esa manera no podía ser santa. La verdadera eucaristía, enseñaban ellos, estaba en las palabras y pensamientos de Cristo.

     En la superficie ellos parecían ser ortodoxos cristianos, ya que ellos hacían un diferencia entre las cosas hechas en público, carentes de significado, y aquellas hechas en privado con un significado especial. La Biblia, incluído el odiado Antiguo Testamento, era aceptada para uso esotérico, en tanto los iniciados practicaban ritos esotéricos en privado. Ellos creían que la fe era el gran factor orientador en el logro de la salvación (de aquí su amor por Pablo). Pero ellos también creían que había ciertos significados ocultos y palabras reveladas que los iniciados debían conocer para escapar del mundo material. Ellos mantenían estas cosas en secreto, en sus ceremonias clandestinas.

     En una área ellos se diferenciaron realmente del maniqueísmo. Ellos estaban dispuestos a luchar y morir. Gran parte de de su éxito vino por oponerse a los ejércitos del Imperio Bizantino y, más tarde, del Imperio Búlgaro. Ellos predicaban la palabra con la espada así como con la Biblia. Quizá su impacto en la Historia es mayor debido a su valor en combate que debido a sus ideas. Mientras ellos por lo general no forzaban la conversión, la mera vista de sus poderosos ejércitos en el campo debe haber tenido un impacto significativo sobre la población local. Su poder alcanzó su punto máximo bajo Tychicus, c. 801-835 d.C., aunque los remanentes permanecieran activos hasta al menos el año 1200.


     Las ideas paulicianas y maniqueas fueron fundidas en un movimiento por otra parte completamente original que apareció en Bulgaria aproximadamente en 950 d.C. Nuestro único verdadero punto de referencia es un comentario acerca de que ellos fueron primero estudiados mientras el Zar Pedro reinaba en Bulgaria. Éste murió en 969. Los bogomilos eran un grupo de iniciados posesionados de escrituras e ideas secretas, cuyo nombre significa "Dios tiene misericordia" o la "Misericordia de Dios" o "Amado por Dios".

     Su posición sumamente original en teología comienza con el dualismo gnóstico de la materia como el mal y el espíritu como el bien. En la parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32) ellos encontraron una alegoría: Cristo es el buen hijo que permaneció con el padre, y el diablo es el hijo que se marcha para hacer el mal. El diablo (Satanael, como los bogomilos lo llamaban) era hijo de Dios y hermano de Cristo. Una fábula posterior que nos habla de los bogomilos es como sigue: El diablo hizo el cuerpo de Adán. Él trató de animarlo con una partícula de lo eterno (alma) que él había robado de Dios, pero el alma no permanecía en el cuerpo, y continuamente salía por el ano. Finalmente el diablo fue capaz de represarla y el alma fue suficiente para animar el cuerpo. El diablo hizo el cuerpo de agua y tierra.

     En una segunda versión de la historia el agua se derramó por el dedo del pie de Adán y formó una corriente, que se le apareció como una serpiente. La serpiente trató de advertir a Adán del engaño de Satanael, y fue así maldecida por él. Finalmente, Dios y su hijo pródigo alcanzaron un acuerdo: cada uno gobernaría una parte del hombre. Dios gobernaría la que le había sido robada, el espíritu del hombre; el diablo gobernaría el cuerpo.

     Para impedir el final de la Humanidad, y así el final del control de Satanael sobre el hombre a través de su cuerpo, el diablo debe prolongar la raza humana. Él podría llevar a cabo esto sólo entrampando continuamente el espíritu en la materia. Él así usa el sexo como el instrumento primario de control. Sin sexo ni procreación no habría ningún futuro sujeto para el control de Satanael. Así, el matrimonio debía ser rechazado por el creyente verdadero.

     La parte esotérica del culto bogomilo enseñaba que los mensajes estaban ocultos en los Evangelios, en los Hechos de los Apóstoles y en las cartas de Pablo. Uno tenía que tener una cierta llave para abrir los secretos. Por motivos que no están claros, pero quizá por temor a los judíos, los mensajes fueron presentados en enigmas, alegorías y metáforas. La interpretación correcta de los materiales era vital para la salvación.

     Los bogomilos rechazaban la cruz, porque era un símbolo del mal. Sobre ella los judíos real o simbólicamente habían crucificado a Cristo. Incluso si uno intenta reconciliar el dualismo que excluye que Cristo tuviera un cuerpo con el odio hacia los judíos como "asesinos de Cristo", uno queda con la idea del bogomilismo de que ellos condenaron a Cristo y su enseñanza. La cruz puede ser simbólicamente interpretada como la representación de aquella condena y rechazo.

     Los bogomilos no hicieron ninguna diferencia entre sacerdotes y laicado. Era una organización gobernada democráticamente sin una jerarquía hasta aproximadamente 1200. Ellos eran más contemplativos que los paulicianos, menos dados a la acción, y aparentemente no violentos. Si ellos hubieran sido más activos militarmente su estructura organizativa pudo haber sido mayor. Ellos no intentaron crear un régimen temporal.

     El rechazo habitual de los sacramentos marcó al bogomilismo. El matrimonio conduce a la creación continuada de cuerpos materiales. La comunión es un intento de lograr lo imposible: santificar la materia, que es el mal y no puede ser bendecida. Las reliquias son rechazadas, y las iglesias formales por la misma razón.

     Los Phundagiagitae [o phundaitae, una secta mendicante de origen armenio, eclesiásticamente hereje] pueden ser considerados como una forma o aplicación del bogomilismo y, hasta cierto grado, del paulicianismo. Fueron probablemente fundados por John Tzurillas en Bulgaria aproximadamente en 1050, y se extendieron por Bulgaria y Bizancio. Estaban más dispuesto que los bogomilos a usar un lenguaje adulador para las cosas del cristianismo Ortodoxo organizado. Sus adherentes fueron difíciles de descubrir durante las muchas persecuciones contra los cristianos no-Ortodoxos tanto en Bulgaria como en Bizancio.

     Los Phundagiagitae fueron acusados de ser adoradores del diablo y de tener una desarrollada satanología. La acusación viene de una lectura incorrecta de su interés en Satanael como un hijo de Dios y como el creador de este mundo. Dios creó seis cielos, y Satanael el restante. Satanael había engañado a los otros diablos en rebelarse contra Dios; comprendiendo que ellos habían sido engañados, estos otros ángeles caídos se pusieron a crear una raza de ayudantes para la Humanidad. Ellos hicieron esto engendrando una raza de gigantes en las hijas de hombres.

     Moisés había pervertido a los judíos —argumentaban los Phundagiagitae— adorando sólo a Satanael, y al ofrecer a los hombres la ley que fue escrita por Satanael, no por Dios. Otros hombres se rebelaron, animados por los gigantes que habían sido instruídos por sus padres. En venganza, Satanael causó el Diluvio Universal que los mató a todos salvo a Noé que había permanecido leal a él. En este culto, muy pocas de las figuras del Antiguo Testamento eran dignas de otra cosa que de la condenación eterna.

     Satanael había robado la partícula de Dios que llegó a ser el espíritu del hombre. Esto fue representado metafóricamente como la luz del Sol contra la oscuridad eterna del reino de Satanael. El espíritu del hombre clamó por una redención, de modo que Dios envió a su hijo Jesús Cristo para el rescate. Después de haber salvado a los hombres, o a aquella parte a la cual él vino y que lo recibió, Jesús volvió al cielo. En su ascensión él ató a Satanael y le quitó su divinidad, después de lo cual el diablo se convirtió simplemente en Satán, habiéndole sido apropiadamente eliminado el "el" de su nombre (puesto que el sufijo "el" significa "de Dios"). La enseñanza de Jesús fue diseñada exclusivamente para liberar a los hombres de Satanael y sus sirvientes en la Tierra, los judíos, seguidores de Moisés y Noé.


Los Puros

     En El Mito del Siglo XX Alfred Rosenberg pasa mucho tiempo hablando de los cátaros, también conocido como albigenses o Puros. Él claramente prefería esa marca de cristianismo frente a la versión católica. Ellos eran los portadores de la tradición maniquea, bajo la influencia de bogomilos, paulicianos y otros, en Europa Central, en los años anteriores a la Reforma. Si los cátaros hubieran sido más activos y avezados militarmente, habrían sido ellos, y no Lutero y Calvino, los que podrían haber ganado un lugar en la Historia como los reformadores del cristianismo y los rebeldes exitosos contra la Iglesia; pero ellos fueron contenidos eficazmente por la Iglesia Católica y sus príncipes aliados.

     Encontramos a los cátaros emergiendo aproximadamente hacia 1025 d.C., en Alemania, Italia y Francia, y también extendiéndose a Inglaterra y Flandes. Al principio ellos eran simplemente "los nuevos maniqueos", y fueron así etiquetados por aquellos a quienes la Iglesia envió para desarraigar la recurrente herejía. Hay muchas leyendas sobre los fundadores de la herejía cátara, pero ninguna figura sola o grupo pequeño que sea identificable puede ser acreditado. Gerbert de Aurillac, Arzobispo de Reims, por ejemplo, en 991 hizo una declaración de principios que eran decididamente gnósticos y maniqueos, pero no puede decirse que él haya conducido o estimulado el esparcimiento de la religión cátara. En 1028 Guillermo V, Duque de Aquitania, convocó un concilio de obispos para tratar con la herejía, y allí se sostuvo que ésta se había extendido hacia el norte de Italia. Ademar de Chabannes creía que una mujer y otro campesino habían llevado la doctrina a Francia, quizás desde Italia. La moderna investigación sugiere que al menos una parte de ella llegó desde Bulgaria, Armenia y/o el Imperio Bizantino, con otra parte que salió del Imperio musulmán, donde había una inusual tolerancia hacia sectas gnósticas extrañas.

     Sus doctrinas pueden ser aprendidas en términos generales de fuentes católicas, sobre todo de archivos guardados de la inquisición de prisioneros. Ningún libro similar al (¿armenio antiguo?) Llave Para la Verdad había sido hasta ahora descubierto, traducido y diseminado para explicar el lado cátaro de la controversia sobre sus doctrinas. La erudición más moderna comienza con una rigurosa advertencia de que los registros de la Inquisición, aun si fueran exactos, fueron recabados de gente bajo tortura, y así aquellos interrogados eran propensos a decir lo que el torturador deseaba oír. Además, los registros fueron obtenidos de campesinos incultos cuyas ideas de teología se contradicen unas a otras, y ninguno puede ser exacto en su recuento de la teología. Por último, debemos notar que la herejía cátara existió claramente durante más de dos siglos y no tenía ninguna autoridad central similar al papado para establecer la doctrina universalmente.

     Los cátaros eran claramente dualistas en el sentido maniqueo clásico. Las referencias más tempranas a ellos declaran que hubo un nuevo brote de la antigua maldición de la Iglesia, el maniqueísmo. Intermitentemente a partir de entonces los cátaros fueron llamados maniqueos. Las autoridades no han decidido, basadas en el testimonio disponible, si el dualismo cátaro era de dioses eternos tradicionalmente opuestos, o si era de tipo monárquico. Puede haber habido sombras de cada herejía existiendo simultáneamente. El dualismo monárquico sugiere que el poder del mal es un ser de todos modos inferior a Dios, y que la fuerza del mal desaparecerá cuando el mundo material se termine. El dualismo tradicional, basado en parte de las enseñanzas del sabio persa Zaratustra (Zoroastro) sugiere que hay dos seres igualmente eternos y poderosos, un bueno y uno malo.

     Los cátaros aceptaban las habituales limitadas escrituras bíblicas, y excluían el grueso del Antiguo Testamento. Varios libros, a los cuales el Nuevo Testamento se refería a menudo, fueron conservados, principalmente los Salmos. El Yahvé de los judíos fue desestimado como siendo una encarnación o forma de Satán, o como siendo simplemente un artesano del mundo y no Dios. Ellos dieron interpretaciones esotéricas a las Escrituras, incluyendo la proscripción de comer carne. Las partes del Nuevo Testamento que no satisfacían sus objetivos fueron removidas, usualmente con la justificación de que éstas habían sido añadidas por los judíos para desconcertar o confundir al fiel.

     Había un distinción significativa hecha entre los Perfectos y el laicado dentro del catarismo. El laicado lo constituían aquellos que aprendían el cristianismo verdadero. Ellos podían casarse, o seguir viviendo en el matrimonio, si ellos lo deseaban. Los iniciados que habían hecho los votos finales del culto no podían tener relaciones sexuales o vivir en un ambiente de familia. El período de adiestramiento a menudo duraba varios años o hasta una década o más. Muchos cátaros aplazaban el hacer los votos hasta que ellos estuvieran cerca de la muerte, de modo que no fueran obligados a seguir el código moral mucho más estricto requerido de los Perfectos.

     El gran sacramento de la religión cátara era el Consolamentum. Era llevado a cabo en la casa de un Perfecto o de un simpatizante. Comenzaba con una confesión colectiva de pecados y fracasos llamada el Servitium. Todos los presentes, Perfectos o seguidores, participaban. Un Perfecto mayor sostenía en lo alto una copia de la Escritura expurgada. Las transcripciones acerca de en qué consistía la ceremonia han llegado hasta nosotros, y su relato no contiene nada que sea chocante o antitético al cristianismo ortodoxo. Lo más cercano a que llegó la herejía era al acento puesto en los pecados de tipo material que uno podría cometer, principalmente los pecados de la carne.

     La iniciación del candidato en el rito final de los Perfectos era razonablemente simple. Estaba condimentada con escrituras de los padres aceptados de la Iglesia y la Escritura depurada, pero sobre todo consistía en el rechazo de cosas que eran ofensivas para los cátaros. Uno prometía no comer carne, no involucrarse en vanidades mundanas, no mentir, no estafar, no jurar, y otros por el estilo. La Iglesia Católica alegaba que era en este punto cuando ocurría el rechazo de todas las cosas católicas. Al catecúmeno se le recordaba que aquí, ante Dios, él había jurado lealtad eterna a su religión. Indudablemente a él se le pedía que renunciara a los sacramentos católicos, ya que éstos estaban atados al mundo material, y que abjurara de varios cánones de la fe.

     Los cátaros no bebían vino, y se oponían a la comunión a causa de que nada material podría ser hecho santo o purificado ante la vista de Dios. Esto, como hemos visto antes, es la norma en el dualismo anti-cósmico y gnóstico. La confesión era un asunto abierto, y no hecho para el sacerdocio. La cruz era lo más objetable, sobre la razón tradicional de que era el símbolo de la Pasión, aunque ellos generalmente creyeran que Cristo no tuvo ningún cuerpo y sólo pareció que sufría. El hecho de que los judíos habían procurado crucificar y condenar a Jesús era razón suficiente para odiar la cruz, aun si Cristo realmente no fue crucificado.

     Algún cátaros parecían ser adopcionistas. Aquí, ellos creían que un hombre como cualquiera de nosotros —pero un no-judío— había nacido de la carne de María, engendrado probablemente por José, pero no nacido de una virgen eternamente eximida del pecado (Inmaculada Concepción). En el momento del bautismo por Juan, cuando Dios dijo las palabras "Éste es mi hijo amado con el cual estoy agradado", Jesús fue traspasado o poseído por Dios. La "adopción" permaneció a través de la crucifixión, y posiblemente Dios se separó del hombre en el Jardín de Getsemaní o en la cruz ("Mi dios, mi dios... ¿Por qué me has abandonado?"). La mayoría de los que han aceptado el adopcionismo cree que el hombre, no el dios-hombre, fue crucificado.

     Probablemente los cátaros más influyentes creían que Dios no pudo, y no podía, llegar a revestirse de carne, porque la carne es material y por lo tanto corrupta. Él sólo pareció a los hombres tener un cuerpo, como una conveniencia para que los hombres pudieran verlo. Aquel punto de vista tenía un beneficio secundario: imposibilitaba tener que estar preocupado de si Cristo era un judío. Ése era un problema de considerable interés para un grupo que había rechazado totalmente el judaísmo y las escrituras, los profetas, los pensamientos y las leyes del Antiguo Testamento.

     Las enseñanzas tradicionales sobre el Cielo, el Infierno y el Purgatorio eran inaceptables para los cátaros. La Tierra, como el mundo material del Diablo y de la corrupción, era el Infierno. Sólo aquellos que renunciaban a la carne y a Satán podrían ser asumidos en el Cielo. El Consolamentum era la purgación del mal y la corrupción del hombre. Así, no había ninguna necesidad de un segundo lugar en el cual esta limpieza pudiera ocurrir. Igualmente, no había ninguna necesidad de rezar por los muertos. Algunos muertos habían entrado al Cielo por sobre la corrupción del mundo material, y así no necesitaban ninguna ayuda. Otros continuaban teniendo sus espíritus atrapados en el mundo.

     Ninguna de las obras consultadas sobre catarismo se ha hecho cargo del asunto de la Reencarnación, pero parece ser una consecuencia lógica de la religion. Si un alma no fuera capaz de escapar de la materia, ¿no estaría obligada a volver para intentarlo otra vez?. ¿O era que un alma que fallaba al elevarse desde el mundo material en ese único intento de la vida gastada aquí era eternamente atrapada en la materia de algún modo?. Las fuentes que tenemos callan en este importante punto.

     Uno podría también preguntar si era necesario para los cátaros creer que todos los hombres tenían esta chispa del dios eterno. Esto no está tomado de las fuentes existentes tampoco. Una leyenda sugería que Satán invadió la morada celestial lo suficiente y bastante bien para capturar a un tercio de los espíritus, y a éstos él los atrapó en cuerpos terrenales. Sin embargo, la leyenda no afirma claramente si este número era suficiente para explicar toda la Humanidad. Éste, precisamente, es el problema principal en las enseñanzas cátaras: ellos hablaban en mitos, parábolas y leyendas, y con frecuencia se contradecían.

     Excepto en un sentido muy simbólico, María no tenía ningún papel en las enseñanzas cátaras. Unos creían que ella era, como virgen, un símbolo de la Iglesia en su forma más abstracta. Una opinión secundaria creía que María había sido un vehículo a través del cual un eón pasó en su camino hacia la Tierra; y una variante aceptaba que Cristo hubiera pasado a través de ella, pero por su oído, no por la ruta de nacimiento habitual.

     La Inquisición acusó a los cátaros de ser panteístas. En un sentido espiritual, puede decirse que algo de Dios está presente en todas las cosas. A la inversa, nada material podría alojar a Dios, como en el rechazo cátaro de la comunión, porque Dios era la antítesis de la diversidad y multiplicidad material. Los cátaros generalmente respondían a las preguntas sobre la presencia de Dios en la Iglesia o en la comunión diciendo que Dios no estaba allí más presente que en cualquiera otra parte. Algunos cátaros evidentemente creían que Dios, siendo todopoderoso, podría entrar en la materia, o tomar el aspecto de la materia, a voluntad, para engañar al Diablo y rescatar a los Hombres de Luz de su prisión material. Así, en cualquier tiempo dado, Dios puede estar presente en cualquier cosa aparentemente material, o aparecer a todos, incluído Satán, como una cosa material.

     La lista de figuras invertidas en su posición moral es tan larga como intrigante. Yahvé, como hemos visto, era como el dios judío tan malo como falso dios, una forma de Satán (o Satán encarnado). Se decía que Abraham y Moisés habían sido inspirados por el Diablo. Juan el Bautista era malo porque él bautizaba en el agua (es decir, una cosa material) en vez de bautizar en el espíritu. Los varios personajes que destruyeron a otros, o que participaron en su destrucción —como en el latrocinio a los cananeos para obtener la "tierra de leche y miel"—, fueron condenados.


Rosenberg y el Gnosticismo

     Los cátaros sirvieron como un punto de despegue muy conveniente para el ataque de Alfred Rosenberg tanto contra la iglesia Católica como contra el judaísmo. Es imposible mostrar su desarrollo intelectual, para decir si su desdén hacia estas dos poderosas instituciones surgió de una aversión general hacia ellos o de su análisis de su doctrina o de su historia. Sin embargo, hay muchas referencias a través de todo El Mito del Siglo XX a ambos grupos como los corruptores del cristianismo y del verdadero mensaje de Dios, y a estas organizaciones como los perseguidores de los cátaros.

     Uno puede asumir que la constante referencia favorable de Rosenberg a los cátaros sugiere que él creía que ellos poseyeron la llave para el verdadero cristianismo. Rosenberg insistió en todos sus escritos y discursos en que él era cristiano. Él criticó a la Iglesia romana por las razones habituales que uno encuentra en todas partes de la Europa post-Reforma. Pero había mucho más que eso. La Reforma no había ido lo bastante lejos. Lutero y Calvino, y otros, habían comenzado en la dirección correcta, pero habían titubeado.

     Uno podría comparar a los Protestantes con los valdenses, que eran los contemporáneos de los cátaros. Los valdenses no eran de ninguna manera dogmáticos, y gastaron muy poco tiempo con cuestiones de doctrina esotérica. Ellos simplemente querían purificar la Iglesia, simplificar las ceremonias, y finalizar la corrupción entre el clero. En resumen, ellos querían reformar la Iglesia para conformarse más a la Iglesia "simple" que ellos creían que había existido durante los Hechos de los Apóstoles. Éstos, básicamente, eran los objetivos y los resultados del protestantismo. Al "simplificar" ellos querían reducir el número y la complejidad de los sacramentos y la fuerza de la autoridad central en materias de fe, moral y burocracia. Las disputas doctrinales eran mínimas, y en su mayor parte no más comprensibles que la diferencia entre la Trans-substanciación católica y la Consubstanciación luterana. Las diferencias doctrinales eran de muy poco interés para la mayor parte del cuerpo de fieles.

     Así, Lutero le prestó gran atención a la interpretación literal de la Biblia, y rechazó las tendencias (¿catarismo latente?) a recortar el Antiguo Testamento. El asunto de una Biblia vernácula era más importante que cualquier proceso de "purificar" el contenido. Los calvinistas prestaron aún mayor atención al Antiguo Testamento que lo que lo hizo la Iglesia Católica. La forma Puritana incluso intentó instituír de nuevo el gobierno de los Jueces y la teocracia del Antiguo Testamento cuando ellos subieron al poder en Nueva Inglaterra, y muchos de los Igualitaristas intentaron hacer lo mismo en Inglaterra.

     Lutero tenía la mayor reverencia por la palabra literal de Pablo. Los cátaros y otros gnósticos habían hecho gran uso de Pablo, pero en una forma tan altamente simbólica que una justa aseveración de la situación podría ser que ellos simplemente usaron a Pablo como un punto de despegue para sus ideas esotéricas. Es con Pablo, sobre todo con una interpretación literal de Pablo, que Rosenberg tuvo su mayor problema con el cristianismo. Rosenberg vio en Pablo una concluyente hipocresía, en que Pablo negaba la Ley, aunque prestaba gran atención al desarrollo de la misma Ley. Él había rechazado el Código Mosaico bajo aquel nombre como demasiado obligatorio, pero había intentado codificar una Ley para los cristianos que —decía Rosenberg— era simplemente el Código Mosaico bajo un nuevo nombre.

     Para Rosenberg, Pablo era el gran conspirador. Viendo que la nueva religión de Cristo no podía ser derrotada, y que amenazaba al judaísmo, los judíos enviaron a Pablo para transformarla. Como el Nuevo Testamento culpaba a los judíos por la muerte de Cristo ("Su sangre sea sobre nosotros..."), tomaría o al menos podría tomar un carácter anti-judío. Entonces los judíos decidieron, según Rosenberg, enviar a uno de los suyos, en efecto sacrificándolo, para desviar al cristianismo. Esto era simple: Cristo había venido a los suyos, y los suyos no lo recibieron. Los judíos de esta manera quedaban desechados. Pero desviando el cristianismo, Pablo hizo parecer que los judíos no eran parias.

     Si no hubiera sido por Pablo —argüía Rosenberg— el cristianismo habría sido como los "herejes", como los bogomilos, los maniqueos, los paulicianos o los cátaros. Habría rechazado el Antiguo Testamento, removido a los judíos y a su Yahvé, y fundado una religión anti-judía.

     Estamos excepcionalmente apremiados para descubrir exactamente cuánto de la teología gnóstica dualista anti-cósmica Rosenberg había dominado. No sabemos exactamente qué libros él leyó o descubrió. Tampoco sabemos exactamente lo que la "Oficina Oculta" de la SS había encontrado.

     Después de la caída de la última fortaleza cátara, en Octubre de 1244 en Montsegur, algunos del grupo se metieron por entre las líneas católicas y se llevaron los tesoros. Entre éstos se supone que estaba un Santo Grial, y en él el conocimiento iniciático del gnosticismo cátaro requerido para la salvación. Éste es el gran tema tanto de los libros de Ravenscroft, como del de Angebert, Lo Oculto y el Tercer Reich. La Cruzada Contra el Grial de Otto Rahn, publicado durante los años previos a la guerra, sugiere que la localización de los mayores tesoros de los cátaros era conocida. Posiblemente, también, la SS había localizado libros hacía mucho tiempo perdidos de la teología cátara, o libros que mostraban la interpretación esotérica cátara de los libros del Nuevo Testamento que ellos aceptaron. También, la SS pudo haber localizado los comentarios cátaros sobre libros extensamente usados por sectas maniqueas, incluídos libros apócrifos como los Libros de Enoc, el Libro de Adán y Eva, el Evangelio de Tomás o la Infancia de Jesús.

     Ravenscroft creía que la lanza de Longino había sido mucho tiempo antes localizada en Viena, en la tesorería de los reyes hereditarios austriacos. La lanza, como él la llama en el título de su libro (La Lanza del Destino), era para Ravenscroft un talismán de poder en sí misma. Él sugirió, pero no lo declaró claramente, que puede ser mucho más.

     Podemos quedar perplejos, como aparte, por la película Los Atracadores del Arca Perdida. En cierto modo, allí se sugiere que un pequeño grupo sabía que los nacionalsocialistas estaban buscando ciertos símbolos, como el Santo Grial y la Lanza de Longino. En otro sentido, ¿por qué fue elegida el Arca de la Alianza en aquella película?. Nada de lo que he leído sobre Rosenberg o los gnósticos sugiere que el Arca fuera ni remotamente de interés.

     Además de los diversos escritos que hemos sugerido aquí, y el Grial, ¿en qué consistía el tesoro cátaro?. Más en el punto de esta sección del ensayo, ¿en qué creía Rosenberg que consistiría dicho tesoro?. ¿Y qué de aquella parte estudió Rosenberg y consideró?. Probablemente, Ravenscroft y Angebert, en la investigación de sus libros, gastaron mucho tiempo en la consideración de las respuestas a estas preguntas. Ambos concuerdan en que Hitler y los nacionalsocialistas poseían la Lanza. Ningún autor evidentemente está dispuesto a asignar a la posesión de éstos cualquier otro objeto específico o escritura. Uno incluso podría preguntar si, en efecto, los cátaros tenían un tesoro, y, si fue así, si algo de ello ha sobrevivido.

     Sospecho fuertemente que en algún sitio existe, o existió realmente al final de la guerra, una cantidad sustancial de investigación muy importante sobre el movimiento cátaro y el presunto gran tesoro sacado de Montsegur. Habría sido reunida para el objetivo expreso de ser hecha la base del cristianismo nórdico que preocupó tanto a Rosenberg como a Hitler.

     Lo Oculto y el Tercer Reich de Angebert sugiere que una parte sustancial de lo que la SS recolectó sobre religión fue puesta en uso por la SS bajo Heinrich Himmler y que una fortaleza especial había sido proporcionada a Himmler para el objetivo expreso de adoctrinar a sus escogidos líderes SS en el nuevo culto. Pauwels y Bergier, cuyo trabajo es el más significativo por sus salvajes declaraciones hechas con absolutamente ninguna documentación, dicen en El Retorno de los Brujos que todo un ritual negro dedicado a la adoración de Satán era ofrecido a oficiales SS seleccionados. La Orden Negra iba a ser dedicada a la magia negra, la demonología y toda clase de cosas malas. Ravenscroft creía que Hitler era un mago negro y un maestro de muchas de las ciencias ocultas.



     Uno podría advertir que acusaciones similares habían sido hechas contra los cátaros. Ellos habían ofrecido toda una nueva interpretación del cristianismo y habían sufrido ser quemados en la hoguera y otros dolorosos martirios. Hasta que los documentos que todavía puedan existir sean liberados, sólo podemos decir que es dentro del contexto de los trabajos publicados por Rosenberg que él estudió lo que estaba disponible sobre los cátaros y quizás otros maniqueos medievales (en una muy amplia definición de maniqueísmo), y que las ideas como él las entendió iban a ser la base para un cristianismo reconstituído.

     Es significativo que la Iglesia Católica romana haya actuado tan rápidamente, y por primera vez en muchos siglos atacara un trabajo específico, El Mito del Siglo XX de Rosenberg, en una encíclica titulada Mit Brennender Sorge. La publicación de una encíclica en una lengua vernácula (en alemán en este caso) era en sí misma más que ligeramente irregular y significativa. La Iglesia Católica romana también ha tomado la posición de exonerar a los judíos por la culpa especial en la muerte de Cristo, colocando la culpa más universalmente sobre todos los hombres. Aquella acción ha ocurrido desde que El Mito del Siglo XX fue escrito y, hasta un grado considerable, la encíclica puede ser vista como una reacción a la posición de Rosenberg y del Nacionalsocialismo.

     Ciertamente nada encajó mejor con el pensamiento predominante en el Tercer Reich que la posición maniquea sobre los judíos y el Antiguo Testamento. Que fuera completamente posible ser anti-judío y un buen cristiano al mismo tiempo, era una piedra angular del acercamiento nórdico a la doctrina cristiana. Era también importante que los maniqueos medievales hubieran concedido que había habido una raza de hombres cósmicos que eran corruptos y materialistas y gobernados por un dios falso y materialista que estaba en oposición a una raza de hombres puros, impregnados de un rechazo al mundo material y profundamente sumergidos en el reino de las partículas del Creador. La declaración de los maniqueos medievales sobre la raza y la anti-raza suena como un pasaje sacado de la Cartilla Nazi.–



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