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jueves, 5 de abril de 2012

Thomas Jackson - Sobre Arthur de Gobineau


     Desde la edición de Julio de 2007 de la revista estadounidense American Renaissance (www.amren.com) hemos traducido este artículo acerca del famoso ensayo del conde de Gobineau sobre la desigualdad de las razas.


 

¿Quién Fue el "Padre del Racismo"?

Arthur de Gobineau y la Diferencias Raciales
Julio de 2007



     Joseph Arthur Conde de Gobineau (1816-1882) —para usar su nombre completo y su título— ha sido llamado "el padre del racismo", por lo general por gente que piensa que él fue el precursor intelectual del Ku Klux Klan y de los nacionalsocialistas. Por una multitud de razones, éste es un modo tonto de pensar sobre él, puesto que él merece realmente un estudio, tanto debido a su influencia como pensador como por el interés inherente de lo que él escribió. Como Gobineau reconoció, muchas personas habían escrito sobre la raza antes de que él lo hiciera: "La idea de una desigualdad original, bien delimitada y permanente entre las diferentes razas es una de las opiniones más antiguas y más ampliamente sostenidas en el mundo". Pero él fue el primero en estudiar las razas seriamente como una fuerza importante en la Historia mundial.

     Gobineau fue un diplomático francés, periodista, novelista, Orientalista y poeta, así como un teórico de la raza. Él era un elitista inveterado, y estaba profundamente enojado porque su cumpleaños era el Día de la Bastilla, conmemoración de lo que él pensaba que era uno de los movimientos más vergonzosos en la historia francesa.

     Aunque los anti-racistas intenten hoy encasillar a Gobineau como un "racista" y nada más, él fue un hombre de intereses variados. Él fue, por ejemplo, amigo de Alexis de Tocqueville, quien lo invitó a colaborar en una historia de las actitudes éticas. Ellos nunca completaron el proyecto, pero se conservan aproximadamente 80 cartas de su correspondencia. De hecho, Tocqueville jugó un importante papel en la carrera de Gobineau. En 1849 Tocqueville llegó a ser Ministro de Asuntos Exteriores de Francia, e invitó a Gobineau a convertirse en su secretario privado. Tocqueville no duró mucho tiempo en el ministerio, pero su amigo pasó los siguientes 30 años como un diplomático, profundizando su entendimiento sobre papel de la raza. Él tuvo dos destinaciones en Irán, y tuvo rango casi de embajador en Atenas, Río de Janeiro y Estocolmo. Se decía que era un hombre de gran encanto y un diplomático eficaz.

     Gobineau publicó su principal obra, "Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas", en cuatro volúmenes, de 1853 a 1855. No tuvo muchos comentarios, y sólo comenzó a influír en el pensamiento europeo veinte años más tarde, después de que Gobineau se hiciera amigo de Richard Wagner. Los dos hombres murieron con unos pocos meses de diferencia, y el movimiento en torno a Wagner en Bayreuth promovió a Gobineau junto con Wagner. Los nacionalsocialistas más tarde adoptaron a Gobineau como uno de los suyos —dañando por lo tanto considerablemente su reputación—, pero como veremos, fue sólo mediante una considerable deformación que Gobineau pudo ser reclamado como un precursor de los nacionalsocialistas.

     Gobineau comienza su famoso ensayo explicando cómo él descubrió la importancia de la raza. Él quería saber por qué mueren las civilizaciones, y encontró que todas las explicaciones anteriores eran inadecuadas. Los malos gobiernos —determinó— no matan a las civilizaciones, porque el mal gobierno está en todas partes: "Gracias al cielo ellos (la gente) tienen el poder de acostumbrarse pronto a sus sufrimientos".

     La decadencia y el afeminamiento tampoco son la causa, porque algunas naciones "han vivido y han engordado así"; ni tampoco la pérdida de la fe en los dioses de una sociedad explica el colapso, porque algunas civilizaciones han muerto durante épocas de fanatismo religioso.

     Estos estudios condujeron a lo que es la apreciación más citada de Gobineau:

     "Gradualmente fui forjándome la convicción de que la cuestión racial eclipsa a todos los otros problemas de la Historia, y de que ella tiene la clave para todos ellos... Cada uno debe haber tenido alguna noción de esta verdad colosal, ya que todos deben haber visto cómo ciertas aglomeraciones de hombres han descendido sobre algún país y han transformado completamente su estilo de vida...".

     El resto del ensayo es una elaboración extensa de esta percepción.


Cómo las Razas Se Diferencian

     Gobineau dividió a todos los hombres en tres razas: negra, blanca y amarilla. Aunque él puso a los Blancos encima, su ordenamiento tiene un extraño parecido a las famosas conclusiones de Philippe Rushton de que los negros y los asiáticos están en los extremos de muchas características, y los Blancos en algún lugar intermedio.

     Los negros —escribió Gobineau— son estúpidos y tienen sentimientos fuertes y toscos. A ellos no les importa lo que comen, ya que consideran que todas las comidas son buenas. El "prognathous Negro" (una frase que a Gobineau le gustaba. "Prognato" significa que tienen una mandíbula que sobresale hacia adelante) es al mismo tiempo caprichoso en sus sentimientos, "y mata gustosamente, sólo por matar".  Los negros son incapaces de civilización: "Los años han pasado sin que ellos hagan algo por mejorar sus condiciones".

     Gobineau describe a la raza amarilla como "el exacto opuesto" del negro:

     "Él no comete ninguno de los extraños excesos comunes entre los negros. Sus deseos son débiles, su fuerza de voluntad es más bien obstinada que violenta; su deseo por los placeres materiales, aunque constante, es mantenido dentro de ciertos límites. Raramente glotón por naturaleza, él muestra mucha más discriminación en la elección de su comida".

     El asiático tiene respeto por el orden, pero "él no sueña ni teoriza; él inventa poco, pero puede apreciar y hacerse cargo de lo que es útil para él". Gobineau dice que las razas amarillas son la clase media perfecta; uno no podría tener masas mejores ni más útiles. Sin embargo —escribe—, "ninguna sociedad civilizada podría ser creada por ellos; ellos no podrían suministrar su fuerza nerviosa, o poner en movimiento las fuentes de la belleza y la acción".

     Son los Blancos los que construyen civilizaciones debido a su "amor a la libertad" y a su inquieta voluntad de crear y gobernar. Ellos tienen "un extraordinario apego a la vida. Ellos saben cómo usarlo y así, parecería, poner un precio mayor sobre ella...". Gobineau creía que los Blancos eran más cuidadosos de las vidas de los otros. "Cuando ellos son crueles, ellos están conscientes de su crueldad; es muy dudoso si tal conciencia existe en el Negro".

     Gobineau creía que los Blancos están únicamente preocupados por el honor, y que son la única raza que muestra la verdadera belleza física. Ellos son también la fuente de toda civilización: "Todo lo grande, noble y fructífero en las obras del Hombre en esta Tierra... pertenece a una sola familia, cuyas diferentes ramas han reinado en todos los países civilizados del mundo". Gobineau afirmó que incluso la civilización china surgió cuando los Blancos emigraron al Este desde la India. Para él, la categoría que no puede elevarse por encima del estadio primitivo "incluye la gran mayoría de las razas amarillas y negras de pura sangre".

     Como era común en su tiempo, Gobineau vio profundas diferencias aun entre grupos nacionales de la misma raza; él creía que las guerras napoleónicas mostraron que los franceses son físicamente más resistentes que los alemanes y otros europeos. Setenta años más tarde, sin embargo, los nacionalsocialistas estuvieron felices de averiguar que Gobineau a menudo se refería a la gente civilizada como "Germánica" o "Aria".

     Aunque él escribiera en términos que hoy parecen rudos, Gobineau no era desdeñoso de ninguna raza, notando que algunos individuos negros son más inteligentes que los campesinos europeos, o incluso que los ciudadanos promedio. Él hasta criticó a los antropólogos por menoscabar a los negros injustamente. Sin embargo, en su ensayo él se preocupó sólo por la capacidad de una raza para construír una civilización. Los individuos podrían ser excepciones a las reglas generales que se aplicaban a las razas, pero eran las razas —no los individuos— las que construían y destruían civilizaciones.

     Gobineau podía ser sarcástico con cualquiera que dudaba de las diferencias de raza:

     "¡Entonces el cerebro del indio hurón contiene en una forma no-desarrollada un intelecto que es absolutamente el mismo que el del inglés o el francés!. ¿Por qué entonces, en el curso de los años, no ha inventado él la imprenta o la energía a vapor?... [¿Cómo puede uno explicar] por qué sus bardos y hechiceros, de algún modo inexplicable, han renunciado a convertirse en Homeros y Galenos?".

     Al menos en su escrito, Gobineau parece haber sido un miembro ortodoxo de la iglesia. Él escribió sobre "la mano de Dios" que dirige los asuntos humanos, y sostuvo que todas las razas tienen la capacidad para aceptar el cristianismo. Esto no cambia nada, sin embargo, porque cuando los esquimales, por ejemplo, se convierten al cristianismo ellos todavía siguen "comiendo grasa de ballena".

     Gobineau escribió antes de Darwin, y él encontró difícil reconciliar las diferencias raciales con la creación según la Biblia. Si los hombres hubieran estado en la Tierra durante sólo unos pocos miles de años y todos fueran descendientes de Adán, ¿cómo se separaron ellos en razas tan claramente distintas?. Él consideraba la posibilidad de que Adán fuera el antepasado sólo de los Blancos, pero finalmente concluyó que a menos que debamos dudar del relato bíblico, los orígenes de las razas deben permanecer como un misterio.

     Algo paradójicamente, él creía que las razas que existen hoy eran el resultado de antiguas mezclas, algunas de las cuales realmente habían sido perfeccionamientos. Él pensaba, por ejemplo, que los Blancos de hoy —europeos o del Medio Oriente— eran considerablemente diferentes de la raza Blanca original de los "Arios" o "Germánicos". Él incluso escribió: "Visto abstractamente, la raza Blanca ha desaparecido de la faz de la Tierra".

     Aunque algunas mezclas raciales pasadas hubieran sido ventajosas, él miraba con horror la futura mezcla, que, según estaba convencido, destruiría a los Blancos y desnaturalizaría a las otras razas. Él temía que el mestizaje llegara finalmente a tal extremo que toda la gente se parecería una a otra, y que "su nivel general sería repugnantemente bajo".

     A veces él parecía desesperar de los seres humanos, preguntándose si los insectos sociales como las hormigas o las abejas no son más felices. Ellas viven completamente por instinto, pero todos sus instintos son buenos y útiles para ellas.


Conquista y Decadencia

     Gobineau aplicó su teoría de las diferencias raciales al problema con el cual él comenzó el libro: ¿Por qué las civilizaciones surgen y caen?. Las diferencias raciales han ordenado para siempre que sólo unos pocos grupos tengan la capacidad para elevarse a sí mismos por sobre la etapa tribal primitiva. Estos dinámicos grupos arios luego conquistan y dominan a sus vecinos. Esto, sin embargo, constituye su ruina, porque la construcción de un Imperio pone a las razas conquistadoras en contacto con gente que no tiene las mismas capacidades, y la mezcla conduce a la degeneración: "Desde el mismo día en que la conquista es llevada a cabo y comienza la fusión, allí aparece un cambio evidente de calidad en la sangre de los amos". Gobineau incluso tenía una teoría inmigratoria: Las razas civilizadoras construyen ciudades que atraen a gentes inferiores desde reinos distantes, quienes luego llevan a la ruina a aquella civilización.

     Como Gobineau a menudo hacía, sin embargo, también dio cabida a ciertas inconsistencias: algunas mezclas pueden ser buenas. Él escribió que cuando las razas son puras, ellas se atienen a sus principios rectores originales hasta que la expansión conduzca a la mezcla. "Tal cambio", sin embargo, "significará a veces el verdadero progreso, sobre todo en el alba de una civilización, cuando el principio rector es por lo general rígido y absoluto, debido al predominio exclusivo de alguna raza concreta. Más tarde, el proceso de reforma se tornará incesante...".

     Gobineau pensaba que la civilización no puede ser transmitida a gente que no puede crearla. Ésta —explica— es la causa de que la cultura europea pudiera venir al Nuevo Mundo sólo bajo la forma de migraciones masivas de europeos que dejaron intocados [culturalmente] a los aborígenes. Gobineau creía que los indios de la América española eran mejores que los de Norteamérica porque los españoles los dejaron vivir como ellos siempre lo habían hecho. Él criticó profundamente a los estadounidenses por meterse con negros e indios. La esclavitud y el desplazamiento fueron crueles, y cualquier intento de civilizar a hombres no-Blancos sólo los confundiría y afligiría.

     Gobineau pensaba que alguna parte de la civilización podía ser transmitida entre grupos estrechamente relacionados, pero que "las civilizaciones que provienen de dos razas completamente ajenas sólo pueden tocar la superficie. Ellas nunca se funden...".

     Gobineau es quizá más elocuente cuando describe cómo decaen las civilizaciones:

     "Mientras la sangre de la raza civilizadora es gradualmente drenada mediante su repartición entre los pueblos que son conquistados o anexados, el impulso originalmente dado a estos pueblos aún persiste. Las instituciones que el amo muerto había inventado, las leyes que él había instituído, las costumbres que había iniciado... todo aquello vive después de él. Sin duda las costumbres, las leyes y las instituciones han olvidado completamente el espíritu que les dio forma en su juventud; ellas sobrevivieron en una desacreditada vejez, cada día con menos savia y corrompida. Pero en tanto sus sombras permanezcan, el edificio permanece en pie, el cuerpo parece tener un alma, el pálido fantasma camina".

     "Las sociedades perecen porque ellas han degenerado", escribió: "La gente ya no tiene el mismo valor intrínseco que tenía antes, porque ya no tiene la misma sangre en sus venas, habiendo las continuas adulteraciones afectado gradualmente la calidad de la sangre". En estos tiempos, "el hombre degenerado, dicho propiamente, es un ser diferente, desde el punto de vista racial, de los héroes de los grandes épocas... Él es sólo un pariente muy lejano de aquellos que él todavía llama sus antepasados".

     En este contexto, Gobineau aludió a la decadencia inevitable de Estados Unidos. Él aprobaba el original stock británico de los fundadores, pero le disgustaba lo que vino más tarde. Como los Nordicistas estadounidenses, él creía que "irlandeses, mestizos de alemanes y franceses, e italianos de un stock aún más dudoso... inevitablemente darán nacimiento al caos étnico posterior". Cuando esta mezcla fue combinada con negros, indios y cualesquiera otros restos flotantes que pudieran derivar hasta Estados Unidos, "es completamente inimaginable que algo podría resultar de una confusión tan horrible, excepto una yuxtaposición incoherente de las clases más decadentes de gente...". La civilización por lo tanto estaba condenada en Estados Unidos incluso antes de la Guerra Civil.

     Gobineau es notable por su completo pesimismo. Él no ofreció ningún programa político, creyendo que la degeneración era inevitable. Mucho antes de Spengler, él vio a las civilizaciones casi como criaturas orgánicas, con una vida fijada y ciclos de muerte. Ningún individuo, ni siquiera una nación entera, podría cambiar el destino de su raza. Gobineau predijo que toda la gente se hundiría hasta el nivel más bajo y sería "como el búfalo pastando", sin idea de su propia degeneración: "Quizás ellos pensarán que son los seres más sabios y más inteligentes que jamás han existido". En lo que podría ser considerado como su epitafio para las especies, él escribió: "Lo que es realmente triste no es la muerte misma, sino la certeza de encontrárnosla como seres degradados".

     Junto a su gran tema central de la decadencia civilizacional, el ensayo ofrece muchas otras observaciones relacionadas. Por ejemplo, dado que los individuos se diferencian tanto en sus capacidades como razas, Gobineau creía que la civilización europea era sólo una apariencia exterior. "Los estratos inferiores del pueblo francés... forman un abismo sobre el cual está suspendida la civilización", escribió. Ningún otro país europeo era un poco mejor, porque demasiados Blancos eran completamente extraños a su propia cultura.

     Gobineau pensaba que los asiáticos eran diferentes. Ellos podían no ser una raza inventiva, pero aun las clases más bajas estaban inmersas en su civilización y la comprendían:

     "Si en China todos o casi todos han alcanzado un cierto nivel de conocimiento, el caso es el mismo entre los hindúes. Cada hombre, de acuerdo a su casta, comparte con un espíritu que ha durado durante épocas, y sabe exactamente lo que él debe aprender, pensar y creer... Todos tienen convicciones similares en los asuntos importantes de la vida".

     La admiración de Gobineau por el sistema de castas y el desprecio para "los estratos inferiores del pueblo francés" eran consecuentes con su elitismo intransigente. Él creía que ninguna sociedad podría ser estable o armoniosa sin una jerarquía. El socialismo era para él la negación más repugnante de las diferencias humanas.


¿"El Padre del Racismo"?

     No es difícil ver cuán antipático habría sido Gobineau para con el Nacionalsocialismo. En la medida en que él era socialista, lo habría despreciado. Él también hubiera quedado perplejo por su optimismo y su presunción de que un movimiento político podría salvar a una nación o a una raza. Él hubiese advertido contra cualquier forma de conquista o expansión por cuanto aquello conduciría inevitablemente a la mezcla y a la decadencia.

     Finalmente, él habría discrepado en cuanto al asunto de los judíos. Él los citó como la mejor refutación de la opinión de que la geografía o el clima influyen en las realizaciones, indicando que los judíos han tenido éxito en todas partes donde han ido. Él vio su dispersión desde la tierra de Israel como una tragedia para ellos, pero como una ganancia para otros: "Repito: era un pueblo capaz en todo lo que emprendió, un pueblo libre, fuerte, inteligente. Cuando, con sus armas todavía en sus manos, ellos perdieron valientemente la posición de una nación independiente, ellos aprovisionaron al mundo casi como muchos experimentados comerciantes". Las representaciones populares nacionalsocialistas de Gobineau eran necesariamente selectivas.

     Lo que los nacionalsocialistas extrajeron del ensayo de Gobineau fueron sin duda las mismas cosas que hacen que los anti-racistas lo teman. No fue que él se riera del igualitarismo y clasificara las razas en una estricta jerarquía. Como el mismo Gobineau lo notó, la gente siempre ha hecho eso. Casi como una confirmación, un profesor de la Universidad de Tel-Aviv llamado Benjamin Isaac incluso publicó un libro de 560 páginas en 2004 titulado La Invención del Racismo en la Antigüedad Clásica. Hume y Kant escribieron mordazmente acerca de los negros mucho antes de Gobineau. Prácticamente todos los fundadores de Estados Unidos eran supremacistas Blancos, y hombres como Josiah Nott e Hinton Rowan Helper escribieron informes detallados de las diferencias raciales entre negros y Blancos.

     Gobineau se diferenció de estos hombres en su concienzudo intento de rastrear cómo las razas se desarrollan en la Historia. Él cometió muchos errores —algunos de manera cómica para los estándares de hoy— pero su clara comprensión de las inherentes diferencias raciales y su importancia en todos los resultados humanos, hace de él no el padre del racismo sino el fundador del realismo racial.



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