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sábado, 17 de marzo de 2012

Vida Universal - ¿Quién en la Silla de Pedro? (6)


     Publicamos ahora en esta interesante recopilación de artículos sobre el trono pontificio el noveno de la serie, que trata del tema de la maldad y la perversión de hombres que logran venderse con el mensaje contrario. Valiosas noticias históricas e informes contemporáneos van sustentando la crítica que Vida Universal viene planteando.



¿Quién Está Sentado en la Silla de San Pedro?
Novena Parte
La Vida Poco Santa de los «Santos Padres».
La Dimensión de los Crímenes Sexuales por Parte de los
Funcionarios Eclesiásticos Sale Cada Vez Más a la Luz Pública.



Prólogo

     Usted está leyendo ahora el contenido de la emisión Nº9 de la serie de programas de radio con el título: «Para personas con buena capacidad analítica. ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?». Después de habernos ocupado la vez anterior de la santidad de los denominados «santos», nos dirigimos ahora a otro grupo de personas que se califica de «santos»; se trata de los llamados «Santos Padres». Precisamente en el año 2005 la expresión «Santo Padre» se pudo escuchar en todos los medios de comunicación con motivo de diversos grandes espectáculos en estos medios. Muchas personas que escuchan nuestros programas de radio nos han pedido que informemos de estos "Santos Padres", tanto en su pasado como en la actualidad. Siguiendo este deseo, vamos a tratar hoy la vida y la obra de éstos.


La silla de san Pedro en la Historia: un lodazal del vicio. Depravaciones, crueldades de todo tipo, violencia, robo, asesinato...

     Si observamos la Historia, tenemos ya en el siglo IV un extraordinario representante de los llamados «Santos Padres» que no sólo fue Papa sino que incluso fue canonizado, lo cual no fue siempre el caso de todos los Papas. Se trata de Dámaso I. Sobre él podemos leer más, por ejemplo, en los tomos 2 y 3 de la «Historia Criminal del Cristianismo» de Karlheinz Deschner: Dámaso reinó durante 18 años en Roma, de 366 a 384, lo que fue un tiempo bastante largo para aquella época. Ya las circunstancias de su toma del poder fueron de una naturaleza extremadamente violenta. Él poseía ciertos medios económicos y alquiló para sí una tropa de matones en toda regla compuesta de carreteros, gente de circo y sepultureros, y dio la orden a esta jauría de tomar por asalto una iglesia que estaba en el lugar de la actual basílica Santa Maria Maggiore en Roma. En esta iglesia se habían atrincherado sus enemigos. Había un Papa contrincante, de nombre Ursino. La tropa de matones de Dámaso tomó entonces por asalto la iglesia, la incendiaron y mataron a más de 100 miembros de la parte contraria.

     Por lo demás, tales hechos han tenido lugar con relativa frecuencia en la historia de la Iglesia. O sea, que no eran raras las veces en que las diferencias de opinión entre los supuestos cristianos se resolvían de esta manera.

     Esto significa que las manos del Papa Dámaso estaban manchadas de mucha sangre, así como también las manos de muchos Papas después de él. Él hizo perseguir también sin piedad a los llamados herejes y para ello hizo uso de la ayuda del Estado. También fue una persona muy singular en otro sentido porque llevó un tren de vida muy lujoso. El historiador romano Amiano Marcelino informa a este respecto: «Él va de un sitio a otro sólo en carruajes, se viste suntuosamente y hace preparar tan ricos festines que su mesa eclipsa incluso un banquete de reyes».

     Karlheinz Deschner escribe en el tomo 3 de su «Historia Criminal del Cristianismo», entre otras cosas, lo siguiente acerca de él: «A raíz de su familiaridad con cristianas ricas, el "lisonjeador de las damas" —así se le llamaba entonces— sacó tanto provecho de ello que en el año 370 se le envió un edicto imperial prohibiendo enérgicamente la caza de herencias por parte del clero». Dámaso era un cazador de herencias de mucho éxito. El Emperador promulgó un dictamen en el que prohibía «a los monjes eclesiásticos visitar las casas de las viudas y de los huérfanos y declaró nulos todos los donativos y legados de ellos así como de otros fieles que iban a convertirse en las víctimas de sacerdotes chantajistas bajo un pretexto religioso». Sin embargo, este dictamen fue anulado ya sólo 20 años más tarde.

     La pregunta ahora es ¿por qué se canonizó a Dámaso?. Seguramente que no debido a esta cascada de crímenes, sino porque él dio la tarea a Jerónimo de editar de nuevo la Biblia; sabemos por cierto que éste efectuó algunas transformaciones que iban en el sentido de lo que quería la Iglesia. Éste fue entonces el mérito que a su mandante, el Papa Dámaso, le otorgó la canonización.

     Si se mira todo con más detenimiento, en los casi 2.000 años de historia de los Papas, encontramos que muchos de ellos estuvieron cargados de crímenes de todo tipo. Desde vidas libertinas con muchas cortesanas, pasando por incesto y simonía, hasta asesinatos premeditados y matanzas, se puede encontrar casi de todo.

     Continuemos con Inocencio I: De él dicen las crónicas que su afición habría sido divertirse con chicas jóvenes. También se cuenta algo semejante de Sixto III. Se dice de él que hizo participar de su virilidad a las monjas más maduras. Según el autor Nigel Cawthorne, de cuya «Crónica de Escándalos del Vaticano» tomamos estos ejemplos, este Papa fue llevado incluso ante los tribunales por ello. Pero cuando el Papa adujo el ejemplo de Jesús, de que quien estuviese libre de culpa lanzara la primera piedra, ninguno de los prelados presentes se vio en situación de lanzar la primera piedra.

     Pero éste es un pecado pequeño en comparación, por ejemplo, con los crímenes del Papa Juan XII. De él se dice que «robó el tesoro de la Iglesia y huyó pasándose al bando de los enemigos de Roma». Por ello el sínodo instituyó en su reemplazó a León VIII. Pero un tiempo más tarde Juan regresó, volvió a sentarse en la silla de san Pedro y se convirtió en un hombre violento. Cawthorne informa: «Cortó la nariz, la lengua y dos dedos al diácono del cardenal, desolló al obispo Otger, le cortó la cabeza al notario Azzo y decapitó a 63 clérigos y nobles de Roma». Pero entonces le llegó su fin. Citamos literalmente: «En el transcurso de la noche del 14 de Mayo del año 964, mientras practicaba relaciones sucias y prohibidas con una cortesana romana, fue sorprendido en acto de pecado por el enfurecido marido de la cortesana, siendo matado a golpes de martillo».

     Ahora siguen dos Papas que tienen casualmente el mismo nombre que el actual poseedor en funciones de la silla de san Pedro. El primero es Benedicto VIII. El sólo pudo ser Papa porque antes asesinó a su predecesor. El arzobispo de la ciudad francesa de Narbona lo acusó de asesinato premeditado, de usurero, de emplear la violencia para lograr secretos de confesión, de vivir en concubinato con dos de sus sobrinas, así como de tener hijos con ellas, y de emplear el dinero obtenido de las penitencias para financiar una guerra. El Papa Víctor III mencionó además «violaciones, asesinatos y otras atrocidades», y también el obispo Beno lo acusó de muchos adulterios y asesinatos.

     Sobre Benedicto IX se cuenta que con sus apenas 12 años fue sin duda uno de los Papas más jóvenes que se sentó en la silla de san Pedro. Se dice que él «mostró ya muy temprano una propensión a toda clase de depravaciones». «Tenía inclinaciones bisexuales, relaciones sexuales con animales, y ordenó que se llevaran a cabo asesinatos. Además se ocupaba de la brujería y el satanismo». Un observador contemporáneo escribió: «Un demonio de los infiernos vestido de sacerdote se ha sentado en la silla de san Pedro». Benedicto IX llevó a cabo en el palacio Laterano orgías homosexuales y vendió el oficio de Papa a su ahijado, y siguió viviendo de todas maneras en el palacio Laterano y lo convirtió en un burdel. Lo que el observador contemporáneo de Benedicto IX dijo ya entonces sobre éste, ¿no podría ser una respuesta al título de nuestro programa ¿Quién está sentado en la silla de san Pedro?. Él dijo: «Un demonio de los infiernos vestido de sacerdote se ha sentado en la silla de san Pedro».

     Continuemos con Silvestre II. Éste interrumpió por sólo dos meses el pontificado de Benedicto IX. Pronto se le acusó de «estar más cerca de Satanás que de Cristo». Y dejó como legado muchos libros sobre magia.
     De Anacleto II se dice que tenía relaciones incestuosas con su hermana y con otros parientes, y que además mantuvo como amante a una prostituta y que incluso que violó a monjas.
     A Pablo II «le gustaba mirar hombres desnudos en el potro de torturas y ver cómo eran torturados. Supuestamente murió de un infarto de corazón mientras tenía relaciones sexuales con su muchacho preferido».

     A Inocencio VIII se le podía llamar con razón «padre», ya que tuvo ocho hijos ilegítimos e igualmente muchas hijas ilegítimas. La única diferencia con los otros Papas es que lo admitía públicamente en lugar de presentarlos como sobrinos y sobrinas, como era habitual. De uno de sus hijos se dice que «por las noches deambulaba por las calles, irrumpía en las casas y violaba a toda mujer que le gustase. Nunca fue censurado por su padre, el Papa». En 1489 el arzobispo Morton visitó la abadía de San Albano, y comprobó que los monjes habían hecho desaparecer a las monjas para introducir en su lugar a prostitutas. Él informó al Papa que el monasterio era «un mar de semen y sangre», pero Inocencio VIII opinó que actuar contra ello era sólo perder el tiempo, puesto que en la misma curia apenas si se iba a encontrar a un sacerdote sin concubina. Inocencio VIII otorgó el permiso de impresión del libro «El Martillo de las Brujas» (el famoso Hexenhammer escrito en 1487 por dos monjes alemanes) y otorgó al monje dominicano Heinrich Institoris, uno de los que lo habían concebido, el máximo poder como Inquisidor. Con ello trajo una muerte horrible a muchas personas.

     Continuemos algunos años más tarde con el Papa Alejandro VI, el sucesor de Inocencio VIII. Él convirtió definitivamente la silla de san Pedro en un lodazal del vicio, aunque en este sentido se puede discutir si ésta ya no lo era antes. No sólo que él cada noche obligaba a las 25 más bellas prostitutas de Roma a visitarlo, sino que tenía la suficiente resistencia como para embarazar a su hija Lucrecia y tener relaciones con su madre y su abuela. Muchas muertes por envenenamiento van a cuenta suya. Tampoco detuvo el estilo de vida vicioso y asesino de su hijo César, a quien había nombrado cardenal. Al profeta Savonarola de Florencia lo hizo matar porque éste criticó su estilo de vida. El historiador contemporáneo Tomás Tomasi levantó un acta de los hechos: «No sería posible contar todos los asesinatos, las violaciones y los casos de incesto que tienen lugar cada día en la corte del Papa. La vida de una persona no es tan larga como para registrar los nombres de todos los asesinados, envenenados o de las víctimas que se tiraron al río Tíber».

     Acabamos de hablar del español Rodrigo Borges, quien más tarde, llamándose entonces Rodrigo Borgia, fue elegido Papa bajo el nombre de Alejandro VI, y uno se pregunta ¿Cómo un hombre así llegó a ser Papa?. Pues su vida privada ya se conocía de antemano. Todo el mundo sabía de qué calaña era el hombre. Lo podemos leer en el libro de Nigel Cawthorne, quien recopiló una «Crónica de Escándalos del Vaticano» y citó allí todas las fuentes que aún se podían encontrar. Antes escuchamos cómo el Papa Dámaso llegó al poder: empleando la violencia. Pero existe aún otra posibilidad para llegar al poder. Sobre ésta escribe Nigel Cawthorne: «Rodrigo Borgia fue vicecanciller de cuatro Papas, y en esta posición acumuló enormes riquezas. La cantidad de dinero que utilizó en sus sobornos fue impresionante. En el año 1492, cuando se celebró el cónclave para elegir Papa, regaló poderosos monasterios y ciudades completas cuando se trataba de lograr el voto de un solo cardenal. Algunos cardenales querían palacios, otros querían fortalezas o tierras o dinero».

     A continuación se da un resumen de algunos ejemplos de los que en aquel entonces se tomó nota: por ejemplo, el cardenal Orsini vendió su voto para obtener las fortalezas Monticelli y Cariani; el cardenal Ascanio Sforza quería cuatro cargamentos de plata y la lucrativa posición de canciller de la Iglesia para garantizar su aprobación. El cardenal Colonna recibió el rico monasterio de san Benedicto con todos sus dominios y derechos patronales para sí y su familia para toda la eternidad. El cardenal de san Angelo exigió el obispado de Oporto, la fortaleza que allí se encontraba y una bodega llena de vino. Todos los nombrados anteriormente recibieron lo que deseaban, pero aún le faltaban algunos votos. El cardenal Savelli recibió la Civita Castellana, es decir, toda una ciudad. El voto decisivo fue el de un monje veneciano. Este quería simplemente 5.000 coronas y una noche con la hija de Rodrigo, la atractiva Lucrecia, de 12 años. También esto le fue concedido. Con el voto de 22 cardenales en el bolsillo Rodrigo fue nombrado Papa Alejandro VI. Al mismo tiempo su depravado hijo de 17 años, César, fue nombrado arzobispo de Valencia y poco después recibió del Papa, es decir, de su padre, el capelo (sombrero de cardenal).

     Cuando escuchamos lo que ya es conocido sobre la elección de los Papas y cómo cada uno de éstos subió a la silla de san Pedro —por medio de asesinatos, soborno, compra de votos e intrigas—, hay algo completamente cuestionable: hasta hoy todo Papa se remite al hecho de ser el sucesor directo de san Pedro en virtud de la ininterrumpida elección de sus predecesores. Éstos, quienes presuntamente forman esta cadena hasta Pedro, se convirtieron en Papas en parte de la forma tan terrible que acaba de exponerse. ¿Puede en realidad un Papa de hoy, de ayer o de anteayer remitirse al hecho de que existe algo así como una sucesión legítima, de sucesor en sucesor, cuando los miembros intermedios llegaron al trono papal por medio del asesinato y la muerte?. Según esto, la pregunta de cómo cada uno de los potentados de la Iglesia subieron a la silla de san Pedro, no sólo concierne al pasado sino también al presente. En cualquier caso, el remitirse a la tradición en este punto es un hecho muy interesante que muestra a quién se sienten unidos por la tradición los llamados «Santos Padres»...

     El asunto de la sucesión apostólica es de todas formas una quimera, ya que las listas de obispos del primer siglo fueron falsificadas sin excepción. Y aunque —ya entonces— hubiera existido un obispo de Roma, y aunque este obispo se hubiera llamado Pedro —lo que tampoco se puede demostrar históricamente—, sabemos por nuestros programas anteriores que estos obispos en ese entonces no dirigían todavía las comunidades, ya que eran los administradores de las cuentas y los que cuidaban de las provisiones. Ellos no tenían ninguna tarea espiritual ni ningún carisma espiritual. O sea que desde el principio hasta el final todo fue inventado.

     Volvamos a los «Santos Padres» y a más detalles de sus «tradiciones». Pablo III no tuvo tampoco una mejor moral que muchos de sus predecesores. También uno de los comentadores de su tiempo dudó de la tarea de: «enumerar los muchos monstruosos y horribles asesinatos de padres, robos, brujerías, traiciones, tiranías, incestos y prostituciones sin par de este Papa». De hecho, este Papa envenenó a su madre y a su sobrina para lograr toda la herencia familiar. También envenenó a otros que no estaban en seguida de acuerdo con su opinión. Además, se sabe que mató a su hermana, cometió incesto con su propia hija e hizo envenenar a su marido para poder disfrutar de ella con mayor libertad. Además, debió de mantener a miles de prostitutas, quienes le pagaban un tributo mensual. Pero Pablo III no fue el único Papa que organizó burdeles enriqueciéndose con ellos. Pablo III persiguió también a los Protestantes con una despiadada brutalidad. Se dice que su hijo y su nieto en una guerra contra los luteranos hicieron derramar tanta sangre que la corriente de sangre era lo suficientemente profunda como para que caballos hubieran podido nadar allí. Un cronista de su época escribió: «Mientras tenían lugar estas carnicerías, el Papa se abandonaba con su hija Constanza al goce de placeres sensuales».

     Se podría objetar naturalmente que éstos fueron casos aislados de la época del Renacimiento, tristemente célebre por tales cosas. Sin embargo, consideremos ahora una vez más a los dos grandes Papas de la antigüedad, que no sólo fueron canonizados, sino que además fueron nombrados doctores de la Iglesia, a saber, León el Grande y Gregorio el Grande (ambos con el calificativo «el Grande»). Sus manos estaban igualmente muy manchadas de sangre. León el Grande (en el Papado de 440 a 461), como ya mencionamos en un programa anterior, hizo perseguir con leyes sanguinarias a los llamados herejes y ordenó a los católicos que debían evitar a los no-católicos «como veneno mortal». Que ni siquiera debían hablar ni tener ningún tipo de relación con ellos. O sea que él incitó contra personas de otras creencias y las hizo matar. Gregorio el Grande (en el Papado de 590 a 604) fomentó no sólo la superstición y el miedo al infierno, y justificó no sólo la (también normal en círculos de la Iglesia) esclavitud y la tortura contra personas de otra fe; él celebró también como «mensajero de la misericordia de Dios» a Focas, usurpador del trono, que había asesinado al Emperador bizantino Mauricio junto con toda su familia.


La silla de san Pedro tomó medidas de precaución. En el Código de Derecho Canónico dice: «El Papa no puede ser llevado a juicio por nadie».

     En vista de la magnitud de los increíbles y crueles crímenes que fueron cometidos por los titulares de la silla de san Pedro a lo largo de la Historia, uno se pregunta si ninguno de ellos nunca tuvo que rendir cuentas de ello. Sería oportuno referirse aquí al libro «Asunto Criminal Vaticano. Jesús Denuncia». Este libro, escrito por Uli Weyland, contiene las acusaciones contra 46 de los titulares de la silla de san Pedro, y muestra sus crímenes que van desde abuso de poder, pasando por chantajes, falsificaciones, ajusticiamientos, llegando hasta apoyar a bandas criminales y crímenes de guerra. Los titulares de la silla de san Pedro tampoco vacilaron a la hora de actuar en contra de los derechos humanos, de instigar al pueblo o de propiciar genocidios. En este libro, Jesús mismo denuncia lo que los titulares de la silla de san Pedro hicieron amparados en su nombre, algo que es totalmente lo contrario de sus enseñanzas. Es un libro muy interesante para todos los que quieran informarse del trasfondo de la silla de san Pedro.

     Pero en realidad los Papas tomaron oportunamente medidas de precaución para que no se les pudiera someter a ningún proceso judicial, para que jamás se les pudiera hacer responsables por sus vergonzosos actos. En el Código de Derecho Canónico —el libro de leyes de la Iglesia católica—, párrafo 1404, se establece que: «El Papa no puede ser llevado a juicio por nadie».

     La seguridad de no poder ser llevado ante los tribunales, parece que también anima a los príncipes de la Iglesia actuales a proceder muy ligeramente con el orden legal. Esto lo demuestra un edicto del Papa actual y ex-cardenal Josef Ratzinger que se refiere a los crímenes de los sacerdotes de la Iglesia católica que han abusado sexualmente de niños. En este edicto se establece que estos hechos delictivos han de permanecer primeramente en secreto hasta que el niño del que se ha abusado y ha sido violado haya cumplido la mayoría de edad, e incluso después hay que esperar todavía diez años. Aquí no se trata de otra cosa que de impedir las medidas de persecución de los hechos y enjuiciamiento penal por parte de la fiscalía judicial. En el derecho alemán esto es penable, seguramente que también lo es en Italia y en otros países europeos. Si el Papa no hubiese venido a Alemania en calidad de jefe de Estado, el fiscal general tendría que haber iniciado un sumario, y el Papa Benedicto XVI se hubiera arriesgado a que tal vez fuera incluso arrestado.

     Como se oye, en Estados Unidos se inició efectivamente un sumario semejante: En el periódico suizo «Blick Online» del 17.08.2005, bajo el título «El Papa busca protección donde Bush», puede leerse: «En Texas se ha abierto un proceso por abusos sexuales de muchachos, y en la lista de acusados» —que ha de ser una larga lista— «le llama a uno la atención el nombre "Josef Ratzinger"». Y entonces viene lo que antes se ha mencionado: «En verdad está claro, el Papa Benedicto XVI no sólo es la cabeza principal de la Iglesia católica, sino que también cuenta como jefe de Estado, y por ello dispone de inmunidad diplomática. No obstante, sus abogados (del Papa) acudieron al presidente de Estados Unidos con un caso muy delicado. Pidieron a George Bush, que es un estricto creyente, inmunidad para el pontífice, ya que el Papa actual será llevado a juicio y es uno de los acusados en un proceso civil en Texas. En el proceso se trata del abuso de tres chicos por parte de un aspirante a sacerdote. La acusación reprocha a Ratzinger, quien en aquel entonces era el director de la Congregación para Asuntos de la Fe, que junto con el arzobispo Galveston Houston habían encubierto los sucesos en los años '90. Y el abogado de una de las víctimas» —así dice el periódico— «se refiere para ello a una carta de Ratzinger del año 2001, en la que menciona que todos los delitos graves, como el abuso de menores, debían ser tratados por la Congregación de Ratzinger».


Miles y miles de abusos de niños por parte de sacerdotes: crímenes sexuales, violaciones con graves consecuencias de por vida para las víctimas.

     Nos hemos movido ahora desde el pasado al presente. El comportamiento inmoral de los funcionarios eclesiásticos no es entonces un hecho histórico sino que, sobrepasando el pasado, es un hecho vigente. De lo que hoy se trata es del «abuso de niños». Esto suena relativamente inofensivo. Pero si se lo expresa claramente y sin el adorno de la Iglesia católica, se trata de crímenes sexuales de funcionarios eclesiásticos contra menores de edad y menores dependientes, o de violación de niños.

     Ocupémonos a continuación con esta extendida «tradición» dentro de la Iglesia católica, para aclarar la dimensión de estos crímenes y de forma breve las consecuencias que dichos crímenes tienen para las víctimas inocentes


El Vaticano exhorta a ocultar los delitos. «Mantener el secreto con extremo sigilo»; de lo contrario, excomunión.

     Se sabe que aquí no se trata de casos aislados, sino que son miles los sacerdotes que se han hecho culpables de haber abusado sexualmente de niños. En la página de Internet de una prestigiosa revista alemana, «Spiegel online», del 17.02.2004, puede leerse que un dictamen oficial, pedido por la Conferencia Estadounidense de Obispos, ha constatado que tan sólo en Estados Unidos casi 4.500 sacerdotes han abusado de niños entre los años 1950 y 2002. En este periodo de tiempo a las 195 diócesis llegaron 10.667 acusaciones. Es de suponer que esta cifra es muy inferior a la realidad, pues la mayoría de estos casos de abuso no salen a la luz pública.

     Antes hemos hablado de los intentos por encubrir las cosas. Precisamente en Estados Unidos ha habido un cardenal que ha sobresalido mucho en este sentido, Bernhard Law. Durante años tuvo conocimiento de los abusos sexuales sin hacer nada contra los autores. Por ejemplo, contra uno de los autores se venían haciendo acusaciones desde los años '80; sin embargo, tan sólo fue trasladado una y otra vez de parroquia en parroquia. También esta noticia puede leerse en «Spiegel online». ¿Y qué ha sido de este cardenal que ha encubierto a los autores?. Bernhard Law hizo carrera. En Mayo de 2004 fue nombrado arcipreste de la basílica romana Santa María Maggiore y se trasladó a Roma. El 11 de Abril de 2005 celebró en la Basílica de san Pedro una misa funeraria por el Papa fallecido. También fue uno de los 115 cardenales que una semana más tarde se congregaron para la elección del actual Papa. Y el Papa recién elegido, Benedicto XVI, hizo una visita a este cardenal ya el 7 de Mayo. Y es que este cardenal se ha comportado tal y como precisamente lo ordena la silla de san Pedro. Pues como se ha dicho, quien haga públicos los casos de abusos sexuales —así está escrito en un documento oficial del Vaticano— será castigado con la excomunión. Y como sabemos, excomunión significa ser expulsado de la Iglesia, y de acuerdo con las doctrina católica esto trae también consigo la condenación eterna.

     Acerca de esta práctica de ocultar los casos de abusos cometidos por religiosos católicos, el periódico alemán Süddeutsche Zeitung el 19.08.2003 escribió: «Iglesia Católica. Sacerdotes Deben Ocultar Abuso Sexual. Según un informe de un periódico británico, el Vaticano ordenó de forma oficial en los años '60 que no se dieran a conocer a la opinión pública los casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Sólo hace dos años la dirección de la Iglesia católica confirmó esta disposición. Los obispos de todo el mundo fueron instruídos en 1962, en un documento del Vaticano altamente secreto, a perseguir dentro de la Iglesia tales desmanes "manteniendo con sumo cuidado el secreto", informó el periódico londinense "The Observer". También las víctimas de los abusos debían comprometerse a callar bajo amenaza de ser excomulgadas. Ellas tenían, no obstante, que dar a conocer el abuso dentro del ámbito de la Iglesia. Sobre esto el Vaticano no ha querido pronunciarse». Algunas líneas más abajo se podía leer después: «El cardenal alemán Ratzinger» —ahora Papa Benedicto XVI— «ha subrayado en una nueva circular del año 2001, que el documento sigue siendo válido», escribió The Observer.

     Piénsese en lo que está sucediendo aquí: los crímenes han de ser mantenidos en secreto, no han de salir a la luz pública, y la Iglesia traslada simplemente de parroquia a los sacerdotes culpables. ¡Hay que imaginarse lo que esto debe suponer para los niños, así como para los padres!. Dicho claramente, el que la Iglesia no actúe enérgicamente contra estos crímenes es una monstruosidad. A continuación damos a conocer una declaración del teólogo y psicoterapeuta Wunibald Müller, quien en parte trata a sacerdotes pedófilos. Wunibald Müller fue entrevistado en el año 2002 por la revista Spiegel y allí él imputa la responsabilidad por lo sucedido a los padres de los niños: «Los padres deberían ver a quién confían sus hijos. ¿Es el sacerdote un hombre maduro o tiene un comportamiento infantil?. ¿Tiene amigos o pasa su tiempo libre e incluso las vacaciones con jóvenes?. En este caso en mí sonaría en seguida la alarma».

     O sea que este hombre de Iglesia dice que los padres deberían tener en cuenta si se trata de un sacerdote que tal vez está en peligro de abusar de niños. ¡Esto es increíble!. Por eso el conocido crítico alemán de la Iglesia y ex-profesor de teología, el doctor Hubertus Mynarek, aconseja que: «Los niños no deberían tener ningún contacto con sacerdotes, pues es una exigencia demasiado grande pedir a los padres que juzguen si el sacerdote posiblemente es pedófilo o no».

     ¿Cómo es la realidad?. Al respecto veamos un informe de Irlanda, donde se dice que un sacerdote católico de un pueblo pequeño abusó de un muchacho de 16 años. Éste se lo contó a su madre y le dijo: «Él no es ningún sacerdote, pues hace lo que un hombre no debería hacer a otro hombre». Así quiso expresar en el lenguaje de un joven lo que se le había hecho. La madre se enfureció mucho y no le creyó. En la noche siguiente el chico trató de suicidarse y sólo sobrevivió porque su primo lo encontró a tiempo. Su primo fue también víctima de abuso por el mismo sacerdote, y más tarde este joven se quitó efectivamente la vida. Este informe ilustra entre otras cosas cómo proceden dichos curas. Por ejemplo, el sacerdote le dijo al chico que en él estaba vivo el mal y que él, es decir, el cura, se lo podía expulsar y volverlo a conducir a Dios; pero sobre esto el joven había de guardar silencio. De este modo es como se pudo leer en el periódico Süddeutsche Zeitung del 17.01.2004.

     A otro chico le dijo el sacerdote: «Hay dos posibilidades, o se lo digo a tus padres o bien tú vienes otra vez conmigo». De una forma tan refinada proceden entonces los sacerdotes para atar a sí a muchachos jóvenes y evitar que ellos cuenten en casa sobre el abuso sexual. Cuando estos jóvenes lo cuentan en casa, en muchos casos no se les cree. El joven involucrado de entonces es hoy un hombre adulto. La idea de que hubiese un sacerdote indecente, dice él, era en aquel entonces para él tan absurda «como dos lunas en el cielo o una persona con cinco brazos». Así fue en aquel entonces. ¿Y hoy?.

     Al respecto tenemos ejemplos de Alemania, como el siguiente que procede del obispado de Würzburg. Allí el padre de un monaguillo del que se abusó sexualmente se presentó ante su comunidad y dijo: «Este sacerdote ha abusado de mi hijo», con el resultado de que después de esto ¡se ejerció en el pueblo una presión masiva sobre su familia!. Así son los hechos hoy en día.
¿Y cómo les va después a esas personas?: La víctima de Irlanda, de la que acabamos de hablar, está hoy prácticamente imposibilitada para trabajar, no ha podido mantenerse en ninguna profesión durante mucho tiempo y vive hoy de la ayuda social del Estado. Muchas de las personas que han sido objeto de abusos por parte de sacerdotes, padecen de alteraciones de concentración, insomnio y enormes problemas síquicos.


Peligroso y elevado número de sacerdotes pedófilos y criminales. Quien les confía a sus hijos...

     A una persona que piensa de manera normal, el término neutral y algo descolorido de «abuso» no le dice tal vez mucho. Pero sobre los perjuicios que realmente se producen con esto, los daños psicológicos que quedan en las víctimas para toda su vida, es a lo que acaba de hacerse alusión. Alguna cifras más dan a conocer la dimensión de estos delitos. Casi 11.000 víctimas de abusos hay tan sólo en Estados Unidos, y prácticamente son 4.500 sacerdotes los que han aparecido como causantes de delitos sexuales. En este sentido hay que considerar que EE.UU. es un país mayoritariamente protestante. La proporción de sacerdotes pedófilos o criminales en relación con la población es por este motivo extremadamente alta.

     El experto antes citado, que se ocupa de atender siquiátricamente a los sacerdotes pedófilos, tiene en principio razón: Quien a pesar de estos indicios lleva de todas maneras a su hijo a un sacerdote, pone conscientemente a su hijo en peligro. Y al fin y al cabo no habría sino que aceptar el reproche de este psicoterapeuta de que los padres mismos son los culpables. Dado que ahora se tiene conocimiento del peligro existente, a todo adulto que confía su hijo a esa casta con un número tan elevado de sacerdotes pedófilos y criminales se le debería en realidad hacer responsable por ello.

     No obstante, no se debería dar la impresión de que todo esto tiene lugar en su mayor parte sólo en Estados Unidos o en países de habla inglesa. En Alemania es igual. Pero antes de que tratemos algunos casos de Alemania, habría que recordar cómo es el estudio y la preparación de los sacerdotes en los seminarios católicos. Posiblemente muchas personas tengan aún en la memoria el nombre de «San Pölten». Lo ocurrido allí arroja una luz esclarecedora de cómo los futuros sacerdotes son preparados para su tarea.

     En el seminario de sacerdotes de san Pölten, en Austria, se puso en evidencia que tanto el director del seminario como también su subdirector tenían relaciones eróticas con los alumnos del internado. Visto de manera general, la homosexualidad es algo que actualmente no está penado por la ley, y esto con razón, pues cada uno puede decidir por sí mismo lo que hace. Pero aquí se trató de una relación con personas dependientes. Un alumno de este seminario, que no deseaba ser nombrado por temor a las consecuencias para él, declaró ante la televisión que la dirección del seminario aprovechó la oportunidad para recibir —dicho textualmente— «carne fresca». Esto significa que personas que en su carrera profesional eran dependientes de los que dirigían el seminario, que tenían que ser calificados por ellos, que querían estudiar allí una carrera, estudiar una profesión, fueron seducidas para tener relaciones homosexuales con los dos dirigentes de seminarios y no se atrevieron a oponerse a ello.

     Cuando todo salió a la luz, el seminario fue cerrado. No obstante, también se dio a conocer que el obispo encargado, de nombre Krenn, hacía ya tiempo que sabía de todo y que indudablemente había reprimido y ocultado los hechos. Toda la magnitud de lo que sucedió en este seminario podemos verla en una noticia del periódico alemán «Die Welt» del miércoles 14 de Julio de 2004: «La justicia austriaca abrió investigaciones por posibles delitos sexuales. Entretanto las autoridades han encontrado por lo menos otras 40.000 fotos en poder de los seminaristas, en las que en su mayor parte se pueden ver igualmente motivos sexuales. Entre algunas se muestra también pornografía extrema de seminaristas de san Pölten en parte con sus superiores, como informa la revista "Profil"». Habría que añadir una información de la estación alemana de televisión N24 del 18 de Junio de 2005, que decía: «Indicios de un nuevo escándalo de pornografía en san Pölten. Estudiantes de teología del seminario de sacerdotes de la diócesis austriaca de san Pölten, después de un año del escándalo en aquella institución a raíz de pornografía infantil, han vuelto a subir a Internet y grabar páginas de contenido pornográfico». Según esto, parece que la diócesis todavía no tiene bajo control los peligrosos y en parte criminales excesos de los seminaristas.

     Se ve por tanto que ya al comienzo de la carrera de los funcionarios católicos, éstos son guiados a menudo en una dirección determinada, la que, no obstante, está diametralmente opuesta a la moralidad que esta institución proclama públicamente, cual es la de ser apóstol de la moral de las naciones. Y si se considera la cantidad de los crímenes cometidos, cuya dimensión está saliendo ahora poco a poco a la luz, es sorprendente cómo se ha podido mantener en la opinión pública durante tanto tiempo una imagen tan errónea de un sacerdote.

     Sería para muchas personas algo muy instructivo el que observaran atentamente las noticias. También en la católica «Radio Vaticano» (en Internet) pueden leerse casi a diario informaciones sobre pagos de indemnizaciones a causa de nuevos delitos de abusos de niños. La verdad es que uno sólo puede medir la envergadura de tales sucesos cuando lee y escucha cada día sobre los nuevos escándalos de abusos que han sucedido y llegado a conocimiento de la opinión pública, o sobre las nuevas decisiones de los tribunales que obligan a la Iglesia a pagar sumas que ascienden a millones por concepto de indemnizaciones. Además, uno debe hacerse consciente de que aquello de lo que nos enteramos por la prensa es tan sólo la punta del iceberg, porque en la mayoría de los casos delictivos la Iglesia compra el silencio de los afectados pagando enormes sumas de dinero que ascienden a millones. También esto se puede leer en el periódico alemán Süddeutsche Zeitung del 22.03.2002: «La mayoría de las veces jamás se llegó a llevar a cabo un proceso. La mayor parte de las veces se compró sencillamente el silencio de los niños vejados y el de sus padres. Desde mediados de los años '80 son por lo menos 1.000 casos» —aquí se habla de los escándalos en EE.UU.— «y acuerdos extrajudiciales, según los abogados de la Iglesia. A menudo los acusadores fueron indemnizados con un par de miles de dólares, a veces también con millones. En total, como informa en estos días el periódico "New York Times", la Iglesia en Estados Unidos ha gastado en indemnizaciones y compras de silencio la increíble suma de mil millones de dólares».

     Sólo podemos intuír lo que hay debajo de la punta del iceberg y cuántos escándalos quedan aún sin destapar: se trata posiblemente de miles y miles. Y cuando a pesar de todo estos escándalos salen a la luz y la Iglesia tiene que pagar, ella no se avergüenza en absoluto de exigir a las compañías de seguro que le reintegren el dinero que ella ha pagado por las indemnizaciones, como se pudo leer en una información del Servicio de Prensa Evangélico-Protestante del 20.08.2004. En ésta se decía: «El obispado católico de Rótterdam ha iniciado un proceso contra la compañía de seguros Aegon porque esta se niega a pagar una indemnización por abuso sexual a la víctima de un sacerdote. También los daños por abusos sexuales deberían estar cubiertos por el seguro contra terceros», afirmó el portavoz del obispado, Jan Willem Wits. Sin embargo, la compañía de seguros denegó el pago. Un portavoz de la misma declaró: «No pagamos en caso de crímenes». Se ve que los representantes de las aseguradoras que todavía piensan con normalidad: denominan y califican de crímenes a los crímenes. Por el contrario, el obispado correspondiente parte del hecho de que los delitos con niños se trata de un riesgo normal en el ejercicio de la profesión católica.

     Como se ha dicho antes, el abuso sexual de niños por parte de clérigos no puede ser visto únicamente como un problema estadounidense. He aquí algunos casos que se han dado a conocer en Alemania: Un caso del año 1993: se investiga contra un cura católico de 65 años de edad del obispado de Augsburgo, en Baviera, por abusar durante años de una niña de 12 años que le había sido confiada. La fiscalía de la ciudad bávara de Coburgo procesó a un cura que abusó 13 veces de tres niños de entre 9 y 11 años de edad pertenecientes a su parroquia.
     En el obispado de Aquisgrán fue detenido un clérigo de 62 años. En el registro llevado a cabo en su casa parroquial, en la ciudad de Krefeld, se encontraron 58.000 fotos pornográficas de niños y 300 videocasetes. La mayor parte de las producciones fueron hechas durante años por el mismo cura, según informó la revista Spiegel del 15.07.2002.
     En Marzo de 1999 hubo un caso en la localidad bávara de Sigmarzsell, en las cercanías de Lindau, en el Lago de Constanza, y que pertenece a la diócesis de Augsburgo. Allí fue suspendido de sus funciones el sacerdote católico de 58 años y recluído en un monasterio en vez de en una prisión preventiva. Él confesó haber abusado sexualmente varias veces de un chico de 15 años. Está por saberse todavía si abusó de otros niños.
     En Abril de 1999 el ex-sacerdote católico de la localidad de Wald en la comarca de Sigmaringen del arzobispado de Friburgo fue condenado a tres años y medio de prisión. Entre Febrero de 1997 y mediados de 1998 había abusado sexualmente 27 veces de un niño que aún no tenía 12 años. Otro chico tenía 14 años cuando entre Julio y Noviembre de 1996 el cura abusó de él aproximadamente treinta veces. El sacerdote había abusado evidentemente también dos veces de la hermana del muchacho, de 12 años.


Tampoco en la Iglesia luterana los violadores de niños son casos aislados.

     Vemos entonces que también en Alemania están muy extendidos los delitos por abusos de niños llevados a cabo por sacerdotes. Y si ahora alguien cree que quienes abusan de niños lo hacen porque se convirtieron en "abusadores" debido al celibato católico —el que sin duda también juega un papel en ello—, una suposición semejante habría de ser restringida, puesto que también en la Iglesia luterana hay personas que abusan de niños. Al respecto un ejemplo: En la localidad de Bad Zwischenahn fue suspendido un vicario protestante a raíz de haber cometido abusos sexuales. La agencia protestante de noticias Idea informó al respecto el 17.07.2005: El superintendente del Consistorio Supremo de la Iglesia evangélica luterana de Oldenburgo suspendió a un pastor y vicario de sus funciones, por estar bajo sospecha de haber abusado sexualmente de una chica de 14 años. El vicario de la localidad de Rastede en Ammerland, que está casado, se denunció él mismo, a instancias de la madre de la chica de 14 años de la que él había abusado sexualmente.

     Que éste no es un caso único en el ámbito evangélico luterano lo muestra el ejemplo de un pastor de Schkeuditz, que fue acusado por abusos sexuales de jóvenes en 42 casos, tal y como informó el periódico populista Bild Zeitung del 7.2.2002. Ese pastor reunió en torno a sí sobre todo a chicas jóvenes de la vecindad, y parece que llevaba a cabo sesiones ocultistas con varitas mágicas y prácticas con el péndulo, con lo que conseguía que las jovencitas le fueran totalmente dóciles. Su compañero de labores sacerdotales de la región de Frisia oriental lo hacía con las chicas que él preparaba para el acto de la confirmación luterana. A una de ellas incluso le dijo, y citamos de nuevo del periódico Bild Zeitung, esta vez del 13.3.2002: «Deja que engendremos un héroe sobre el altar». El pastor salió bien parado de ello, con un año de libertad condicional.

     En el periódico de Hamburgo, Hamburger Abendblatt del 15.12.2004, se pudo leer: «Diácono abusó de siete chicos. Castigo condicional». «A causa de abuso sexual en siete casos, cometido contra menores en calidad de protegidos, el tribunal municipal de la localidad de Elmshorn condenó al diácono a un castigo de 18 meses de cárcel. La pena fue conmutada por un castigo condicional porque el acusado aceptó totalmente su culpa y con su declaración ahorró a sus víctimas que comparecieran ante el juzgado. Los investigadores hicieron algunos hallazgos chocantes en la sucia y destartalada vivienda. En fotos tomadas por los jóvenes, el diácono Jens R. posaba con juguetes sexuales. El disco duro de su ordenador estaba lleno de archivos pornográficos».

     Da que pensar cuando se escucha cómo son tratados tales casos en Alemania. Piénsese que si, por ejemplo, un hombre sin trabajo, empujado por la necesidad roba algo varias veces consecutivas, él puede estar seguro de que en caso de repetir el hecho no se le otorgará más la libertad condicional, sino que se le enviará a la cárcel por ello. Por el contrario, la escandalosa forma de comportarse de los sacerdotes parece ser tratada como una especie de delito de caballeros. Esto se desprende ya del inofensivo término de «abuso», que se utiliza en estos casos. Es preciso decir claramente una vez más que se trata de crímenes sexuales contra niños llevados a cabo por funcionarios de la Iglesia. Los autores son violadores de niños, y los niños son las víctimas.

     De que realmente se trata de quitarle importancia a lo sucedido lo demuestra también el hecho de que las víctimas necesitan a menudo muchísimos años para poder hablar por primera vez de estos abusos. De los informes psicológicos que se han ocupado de estos crímenes sexuales, se puede constatar repetidamente que las víctimas sólo después de 15, 20 o 25 años después de las vejaciones estuvieron en condiciones de romper el silencio y de hablar sobre ello. Reflexionemos un momento sobre estos hechos. Imaginémonos qué terrible tortura anímica han debido soportar los niños para después como adultos no estar durante tanto tiempo en condiciones de dar a conocer estos crímenes a la opinión pública.

     La Iglesia católica no se ocupa de las víctimas —a no ser, como en Estados Unidos, que la justicia ejerza presión sobre ella—, pero en todo caso sí lo hace en beneficio de los autores de los hechos. Para sacerdotes que tienen estas inclinaciones criminales tan repugnantes hay centros especiales de recuperación, como por ejemplo la Casa Recollectio en la localidad de Münster-Schwarzach, cerca de la ciudad de Würzburg, tal y como se puede leer en la revista Spiegel Nº 18/2002.


Víctimas traumatizadas y dañadas anímicamente se convierten a su vez a menudo en delincuentes. Una apelación a los padres a que no expongan a sus hijos a esos peligros

     Existe también el caso en que las víctimas mismas incurren en una pena delictiva porque, al estar gravemente traumatizadas y dañadas anímicamente, a raíz de su desamparado estado psíquico cometen a otros directamente lo que les pasó a ellas mismas. Por ejemplo, está el caso del asesino de niños Jürgen Bartsch, conocido en la ciudad bávara de Nüremberg como el «asesino de mediodía», un asesino en serie, un criminal acuciado por su sensualidad. En el libro «Eros y Clero», del teólogo y ex-catedrático católico Hubertus Mynarek, que abandonó la Iglesia, podemos leer en la página 144 que este asesino de niños tuvo una niñez muy difícil: «El asesino de muchachos Jürgen Bartsch fue llana y sencillamente el resultado de los primeros cinco o seis años de su terrible y patológica niñez, casi imposible de describir por lo infeliz que fue. También un sacerdote católico causó graves daños al joven Bartsch. En el proceso de revisión de Jürgen se dio a conocer que el cura católico, el padre P., había castigado sádicamente a Jürgen cuando éste era su alumno en un internado y había abusado también sexualmente de él».

     Puede que algún lector se pregunte ahora por qué nosotros cristianos originarios no hemos hecho la pregunta, como en nuestros programas anteriores, de ¿qué diría Jesús, el Cristo, sobre todo esto?. Pero después de todos los hechos que hemos resumido y dado a conocer y que, como se ha dicho, constituyen tan sólo la punta del iceberg, seguramente comprenderá que sobre todos estos crímenes Jesús, el Cristo, no puede decir nada. Se trata de actos de tan baja dignidad, que Jesús, el Cristo, probablemente ni siquiera pensó en ellos. Cuando Jesús habló del amor al prójimo, seguramente que tenía una imagen diferente al ejemplo que durante todos estos siglos nos vienen presentando los sacerdotes católicos, los pastores luteranos y los Papas en la silla de san Pedro.

     La única ayuda eficaz que se le puede ocurrir a una persona con buena capacidad analítica es el consejo que ya está en la Biblia: «Salid de ella pueblo mío, para que no os hagáis cómplices de sus pecados ni os alcancen sus plagas» (Apocalipsis 18:4). En este sentido, una apelación más a los padres: Si lo desean, ustedes pueden seguir siendo miembros de esa organización, pero, por favor, no expongan a sus hijos a tan graves peligros.



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