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viernes, 23 de marzo de 2012

Revilo P. Oliver - Nuevas Patrañas Reemplazando a las Antiguas


     Presentamos ahora la traducción de un artículo (New Hoaxes for Old) del escritor e intelectual estadounidense Revilo P. Oliver (1908-1994), que fue en Illinois profesor universitario de Filología clásica, hispánica e italiana, versado en once lenguas, incluído el sánscrito. Durante la Segunda Guerra trabajó en Washington en la agencia de criptografía en el Departamento de Guerra (donde se enteró del último secreto de Pearl Harbor: de que el presidente Roosevelt había incitado a los japoneses a atacar). Adhirió después de estar en Europa a lo que se conoce como nacionalismo racial. Colaboró en innumerables publicaciones y revistas con sus interesantes análisis. El doctor Oliver alguna vez concluyó que la mayor debilidad de la civilización occidental era su religión, que desde el fin del Imperio romano había sido siempre alguna especie de cristianismo, al que caracterizó como una "sífilis espiritual" que "ha podrido las mentes de nuestra raza y ha introducido la parálisis de nuestra voluntad de vivir". Fue consejero editorial del Instituto para la Revisión Histórica (IHR). En sus años finales publicó sus escritos principalmente en la revista Liberty Bell, de donde ha sido tomado este artículo.


Nuevas Patrañas Reemplazando a las Antiguas
por Revilo P. Oliver
Noviembre de 1985





     En la edición de Abril de Liberty Bell (págs. 15-20), comentando sobre un artículo de L. F. de Boer, hablé brevemente de la actividad de los "Unitarios" al esparcir la superstición y la subversión para incitar la revolución que irreparablemente destruyó la República estadounidense en 1861. Que muchos Unitarios promovieron aquella agitación calamitosa y enloquecida es indudable. Es, por supuesto, más improbable que todos ellos lo hicieran. Y, hasta donde sé, no hay ninguna estadística para mostrar si los agitadores formaron una mayoría o una minoría en las iglesias Unitarias entonces.

     Varios lectores me han escrito sobre aquel pequeño artículo. Algunos observaron correctamente que la doctrina Unitaria, que niega que el Jesús del "Nuevo Testamento" fuera una parte del dios cristiano, estaba lejos de ser una herejía, como el señor de Boer supuso, sino que fue, en cambio, la creencia de las sectas cristianas más antiguas, de manera que es más auténticamente cristiana que los disparates Trinitarios. Eso, por supuesto, es completamente verdadero. Históricamente, la absurda noción de un dios tres-en-uno fue formulada por una recua de hombres santos, conducida por un agitador llamado Atanasio, que quería tener tanto a Yahvéh como a Jesús como dioses, pero que quería también ser capaz de afirmar que su culto era un monoteísmo. Requirió un siglo de maniática persecución y asesinatos apremiar a la mayoría de los cristianos a pretender creer algo tan absurdo como la doctrina indicada, en lo que es llamado el "Credo de Atanasio". (A ninguno que sepa algo sobre la historia del cristianismo se le tendrá que decir que el texto de aquel credo, tan comúnmente recitado en las iglesias hoy, no fue escrito por Atanasio; fue, naturalmente, una falsificación posterior realizada bajo su nombre, aunque incorpore, con algunas modificaciones, la insensatez Trinitaria que él defendió).

     No hay nada extraordinario en cuanto a una Trinidad de dioses. Cada uno piensa inmediatamente en la Trimurti hindú (Brahma, Vishnú, Siva), la Tríada Capitolina en Roma (originalmente Júpiter, Quirino y Marte; más tarde, Júpiter, Juno y Minerva), y los tres dioses que compartían el gran templo en Upsala (Odín, Thor, Frey). Un panteón encabezado por una Trinidad de dioses principales es la forma natural de una religión aria, y Georges Dumezil está sin duda en lo correcto al creer que tal panteón es el requerido por el pensamiento tripartito que es inherente en la mentalidad aria [1]. Así, una trinidad haría a una nueva religión atraer a los arios, satisfaciendo esta propensión subconsciente, y Jesús podría haber sido representado como un avatar del segundo de los tres dioses, tal como Krishna era un avatar de Vishnu [2].
 
       [1. Quizás la introducción más conveniente a la obra de Georges Dumezil es sus Dioses de los Antiguos Escandinavos, que dará razón bastante completa de muchos otros escritos de Dumezil. La forma tripartita del pensamiento ario aparece en todo, desde los cuentos de hadas, en los cuales es siempre la tercera tentativa la que es exitosa, hasta el modelo hegeliano de tesis, antítesis y síntesis. Cuando el cristianismo fue primeramente pregonado a los nórdicos, éstos estaban muy dispuestos a añadir otro dios en su panteón, y parecen haber admitido a Jesús en su trinidad en lugar de Frey (véase la Saga Eyrbyggja, que, hasta donde sé, no ha sido traducida; hay una edición de Einar Sveinsson en "Fornrit" islandés). A propósito, déjeme señalar aquí que cuando hablamos del primer dios en la Trinidad hindú, siempre deberíamos pronunciar su nombre como Brahman (masculino) para distinguirlo de Brahma (género neutro), la fuerza impersonal que es el origen del cosmos y todo lo que incluye].
 
     [2. Como es bien sabido, bastantes detalles del mito de Jesús fueron tomados de la historia de Krishna, y no es coincidencia que la larga interpolación en el Mahabharata llamada el Bhagavadgita, una conferencia dada por Krishna, sea la obra de la literatura sánscrita que más fuertemente apela a los lectores modernos que pueden no saber nada del resto de aquella literatura. A ellos les parece "cristiana", aunque sea, por supuesto, mucho más antigua que las historias del "Nuevo Testamento"].
 

       Los trapaceros Padres de la Iglesia, sin embargo, tuvieron realmente un problema bastante difícil en la formulación de su doctrina. Su tarea más urgente era exterminar las numerosas sectas cristianas, incluídos los Marcionitas (probablemente la más grande de todas las sectas cristianas entonces), que rechazaban al feroz dios de los judíos, y que consideraban realmente a Jesús como el avatar de un dios mucho mayor y más noble. Entonces los Padres tuvieron que canonizar el libro judío como un "Antiguo Testamento" para incluír a Yahvéh, pero ellos no podían describir a Jesús como sólo un avatar, porque eso era lo que decían los cristianos que ellos iban a matar tan pronto como tuvieran en sus manos los poderes del gobierno. Y una trinidad podría ser llenada con la inclusión de aquella figura vaporosa de la leyenda, el Espíritu Santo, a quien ellos decidieron considerar como masculino en vez de femenino, como unas cuantas sectas cristianas creían que era. Pero no sería una simple Trinidad, porque los judíos habían tenido en ese tiempo la brillante idea de robarse el Estoicismo greco-romano afirmando que era monoteísta también. La solución de los Padres fue amalgamar a los tres dioses en uno, aunque aún así ellos no pudieran hacer completamente del culto un monoteísmo, porque ellos necesitaban un anti-dios, llamado Satán, para explicar sus mitos preferidos.

     Lo que hace que la tentativa de los Padres tenga ambos caminos, al mismo tiempo tan insultante para los hombres racionales, es la afirmación de que los tres dioses son uno y el mismo, existentes desde toda la eternidad como partes de un todo, pero que un tercio del compuesto, Yahvéh, se convirtió en el papá de otro tercio, Jesús, representativamente (!), enviando a la tercera parte de sí mismo, el Espíritu Santo, para seducir e impregnar a una virgen humana. Eso, por supuesto, es simplemente incomprensible, pero, como aquel turbio viejo leguleyo, Tertuliano, descaradamente se jactaba, los cristianos deben creer tales necedades precisamente porque son absurdas e imposibles. Los buenos cristianos deberían tener cerebros de pájaro —como ellos fueron instruídos por Jesús que debían tener, en la monserga que Perier adecuadamente llama el Babeo del Monte— y sólo dejar de pensar. Si uno puede suspender el pensamiento para creer el "Misterio Divino", también podría creer la historia de que Jack subió por el tallo de frijol hasta el castillo del ogro en las nubes, pero el pobre Jack no cuenta con enjambres de chamanes para estimular la fe en aquel Misterio. (Si el tallo de frijol es un impedimento, podría ser ventajosamente sustituído por una de las escaleras por las cuales, como a todos los cristianos les enseña su "inerrante" Libro Santo, los ángeles bajan a la tierra para combates de lucha libre) [3].
 
     [3. Según la versión del cuento en Génesis 32:24-30, fue al viejo Yahvéh mismo a quien Jacob trató de aplicarle una llave de lucha, y Yahvéh ganó el combate mediante una falta, tratando de lesionar a su contrincante. Yahvéh habría sido automáticamente declarado perdedor y descalificado para concursos posteriores por un árbitro moderno y un comité de jueces, pero las reglas del deporte no habían sido codificadas en aquella temprana época. Si Yahvéh descendió por la escalera o bajó por una ruta diferente no está registrado, de modo que los Verdaderos Creyentes deben contentarse con otro Misterio en ese punto].
 

     Huelga decir que siempre ha habido cristianos que no apagan sus mentes, como se les ordenó hacer; ellos no podrían soportar la pamplina trinitaria de Atanasio y sus sucesores, y como ellos no fueron intimidados por la amenaza ortodoxa de fuego y espada, mantuvieron a verdugos y a veces a ejércitos ocupados durante la Oscura Edad Media, cuando el establishment tuvo que suprimir herejía tras herejía. Los Arrianos y muchos otros podrían ser llamados "Unitarios", pero es mejor reservar ese nombre para el movimiento teológico que comenzó en Polonia con los disidentes hombres piadosos que identificaron su doctrina llamándose a sí mismos Unitarii y acuñando así el nombre por el cual su posición teológica ha sido conocida posteriormente en un culto que más o menos directamente desciende de sus escritos [4].
 
     [4. El término Unitarii apareció primero en una colección de tratados de Crellius, Socinus y bastantes otros "Unitarios" en Polonia, publicada en Amsterdam como la Bibliotheca fratrum Polonorum quos Unitarios vocant, en 8 volúmenes, 1665-1669. En la confusión que siguió al gran cisma de Lutero, un considerable número de opiniones teológicas fue provisoria y precariamente posible en Polonia, gracias al poder de la nobleza y a la debilidad del gobierno central, hasta que las intrigas de los jesuítas le pusieron un freno. Las personas interesadas en aquel período harían bien en leer el De republica y otros escritos de Andreas Fricius Modrevius, cuyas obras completas fueron coleccionadas y reimpresas por la Academia Polaca en Varsovia, 1954-1958. Ellas son particularmente instructivas porque Fricius no era ni un eclesiástico ni un derviche aficionado; él era un señor hacendado, cuyo principal interés estaba en la ideación de alguna clase de compromiso que terminaría o al menos disminuiría las interminables logomaquias y furiosas disputas de muchos individuos cuyas imaginaciones les habían revelado respectivamente lo que el viejo Yahvéh realmente tenía en mente. Puede ser significativo que el Unitarianismo parece haber sido provocado por el tratado De operibus Dei (Argentorati, 1527), escrito por Cellarius pero a menudo supuesto como representante de la abstrusa enseñanza de su maestro, Johann Reuchlin (Johannes Caponio o Capnio Phorcensis), el eminente humanista que desafortunadamente se relacionó con Giovanni Pico della Mirandola, cuyo pesado monedero había sido alivianado y cuyo cerebro había sido desconcertado por la colonia judía de Florencia. Reuchlin fue infectado por Pico con la creencia en el hechizo kabalístico, y fue a través de Reuchlin que la Kabalá ejerció tan grande influencia en teólogos y clérigos Protestantes. Deberíamos recordar que sin Reuchlin, la Reforma de Lutero hubiera sido probablemente aplastada sin demora. La despiadada persecución de los dominicanos hacia Reuchlin despertó a su admirador y agradecido alumno Ulrich von Hutten, que probablemente se preocupaba mucho más por la dicción ciceroniana que por las fantasías teológicas, y fue para defender a Reuchlin que von Hutten no sólo escribió una gran parte de las Epistolae obscurorum virorum, sino que usó su posición como consejero militar para conducir a Franz von Sickingen y a toda la clase caballeresca hacia el lado Protestante. Los argumentos bonitos están bien, pero los combatientes de primera fila son mejores].
 

     Los primeros Unitarios afirmaron —no sé cuán sinceramente— estar exponiendo el verdadero sentido del Santo Mandamiento, la infalible palabra de Dios, y objetaron (como lo hizo Socinus) el tipo de respeto religioso que debería ser mostrado a Jesús; pero los arios cuyo sentido moral no ha sido anestesiado son naturalmente repelidos por la ética judía del "Antiguo Testamento", por ejemplo, por la chocante historia de cuando los israelitas estaban arrancando de Egipto, cargados con todo el botín que ellos habían obtenido hurtando y estafando a los estúpidos egipcios que habían confiado en ellos, y su cómplice arriba en el firmamento no sólo separó milagrosamente las aguas del Mar Rojo e instantáneamente secó el barro de su fondo para ayudar a escapar a sus mascotas, sino que usó su milagro como una trampa para ahogar a todos los perseguidores egipcios, que trataban de recuperar su propiedad robada, proporcionando así una lección para los goyim que están tan llenos de prejuicios que no aprecian el honor de ser robados por los judíos. Un dios tan depravado es inaceptable para nuestros estándares morales, y los Unitarios pronto derivaron a una posición deísta, reteniendo un tenue vínculo con el cristianismo mediante el otorgamiento a ciertas narraciones especiales del Libro Santo del valor de historias morales que comunican lecciones y ejemplos éticos. Esto es obviamente lo que Thomas Jefferson entendió que era el Unitarianismo.

     No sé si sería posible remontar exactamente el desarrollo de la doctrina Unitaria desde una exégesis bíblica hacia un deísmo completo, modificado sólo por una estimación más bien sentimental para las partes moralmente aceptables de las declaraciones atribuídas al protagonista del "Nuevo Testamento". Los Unitarios ingleses se movieron más rápidamente hacia el deísmo, pero evitando la persecución legal y social; y una tendencia constantemente creciente de dejar a la doctrina depender de la conciencia y la razón de los individuos, hace difícil asegurar cuán lejos del deísmo absoluto está un individuo dado.

     Desde Inglaterra, el Unitarianismo se esparció rápidamente a los Puritanos de Nueva Inglaterra con el decaimiento de su Calvinismo y la pérdida de la fe en la predestinación estricta. Hacia 1810, los Unitarios, nominalmente Puritanos, controlaban casi todas las iglesias en Boston y los estudios teológicos en Harvard. Un Unitario célebre, que se dice que tuvo una gran influencia, fue el "doctor" Theodore Parker, el famoso conspirador y patrocinador del muy admirado maníaco homicida John Brown. Parker nunca declaró su doctrina religiosa explícitamente, cuando él pudo haberlo hecho en una frase: "Hay sólo un dios, el que sabiamente ha dado su representación legal a Theodore Parker".

     En suma, desde que la tradición del cristianismo Occidental hizo de Jesús un dios, el señor de Boer está completamente en lo cierto al considerar a los Unitarios de Nueva Inglaterra como heréticos. Pero puesto que ellos rechazaron la autoridad del "Nuevo Testamento", ellos son eximidos de la culpa del engaño deliberado, de lo cual debemos culpar a todos los Abolicionistas que eran Protestantes y afirmaron basar sus doctrinas en el texto del "Nuevo Testamento", pero pretendieron mendazmente que su dios no había autorizado expresamente la esclavitud [5].
 
     [5. No puede haber ningún cuestionamiento sobre lo que el "Nuevo Testamento" dice sobre este punto. En el período antes de 1860 e incluso a partir de entonces, hubo muchos clérigos honestos que admitieron que el "Nuevo Testamento" respalda explícitamente la esclavitud como una institución, la que debe ser por lo tanto aprobada por todos los cristianos, pero en los Estados del Norte ellos fueron silenciados a gritos por los agitadores revolucionarios, que mintieron descaradamente cuando afirmaron contar con la aprobación religiosa para su subversión de la República].
 

     Dos de las personas que me escribieron estaban particularmente interesadas en el status de los Unitarios hoy. Ellos visitaron iglesias Unitarias locales y pidieron a sus amigos en otras partes del país hacer lo mismo. Los informes están de acuerdo en que las congregaciones son pequeñas y probablemente cada vez más débiles; que sus miembros representan un nivel de educación y decoro social marcadamente más alto que el que podría encontrarse en otras iglesias; que no hay nada del proselitismo que hace a otros cultos tan a menudo ofensivos; y que el clero son hombres civilizados que intencionadamente se abstienen del fanatismo y la vulgaridad como la de los hombres piadosos que están constantemente alborotando en favor de la publicidad gratis de sus negocios en las escuelas ("rezos"). No hay ninguna conversación sobre dioses y otros espectros santos; y en las ceremonias de bodas, por ejemplo, no pretenden que algún ser sobrenatural está autorizando el matrimonio. Los himnos están basados en los tradicionales, siendo reescritos los textos para eliminar "las tonterías habituales". Los ministros eran generalmente elogiados como "un caballero", "un erudito extremadamente instruído", "un hombre excelente", etc. El énfasis de los sermones estaba notoriamente puesto en la hermandad, el "amor" y las buenas relaciones entre la gente. La evolución biológica era generalmente aceptada, y nunca hubo una alusión a la payasada llamada "ciencia de la creación". Y a pesar de la noción predominante sobre la "hermandad", un clérigo desaprobó la actividad de los rufianes de púlpito que están cometiendo traición al reanimar los "trenes subterráneos" de los conspiradores Abolicionistas y usándolos para importar enemigos extranjeros y darles un "santuario" mediante la fraudulenta pretensión de que ellos están reviviendo las prácticas del catolicismo medieval.

     Un informe era muy interesante, y he mencionado aquí al Unitarianismo contemporáneo como una introducción a su consideración. El reporte viene de un hombre que obviamente nunca había oído acerca de Liberty Bell y probablemente nunca había visto ninguna publicación de lo que es llamada "la derecha". Él era, sin embargo, un hombre de inteligencia natural.

     Él estaba muy complacido por la enseñanza y la civilidad del ministro Unitario, a quien él encontró antes de asistir a un servicio en la iglesia, y por la certeza de que él no oiría nada sobre Dios, Jesús, o tonterías similares. Pero cuando él asistió al servicio el domingo, "resultó ser alguna suerte de aniversario o algo así de lo que los judíos han llamado el Holocausto, cuando Hitler asesinó a aproximadamente seis millones de ellos". En consecuencia, "el ministro predicó un sermón sobre la inhumanidad de los nazis y las torturas infligidas a los judíos. Él tenía a prácticamente todos en lágrimas cuando él describió las atrocidades. Al final, cada uno estaba simplemente rezumando compasión y simpatía por la pobre raza perseguida. A la vista de ello, eso fue lógico y natural, y yo fui comprensivo y comprendí, como siempre lo he hecho, que aquella no era una forma de comportarse para los nazis, en nombre de la decencia común y la humanidad".

     Hasta ahora, el escritor de la carta y el ministro están sobre los mismos cimientos. Obviamente, ninguno había oído alguna vez del concluyente libro El Engaño del Siglo XX del Profesor Butz, o de cualquiera de muchos otros libros y artículos que cuentan la verdad sobre lo que le pasó a los judíos durante el régimen nacionalsocialista en Alemania. Nada extraordinario. Los judíos están usando cada recurso del terrorismo abierto para su control de todos los medios de comunicación, para obligar a su ganado ario a creer su gran engaño. Y cada vez que haya alguna señal de que los estadounidenses Blancos podrían comenzar a usar sus cerebros, la información sale a los medios de comunicación, "Los cerdos se están inquietando. Accione las bombas y lance más lodo en las caras de las bestias mudas". Y los "sobrevivientes" bien entrenados aparecen por entre el maderamen para relatar a todos cómo ellos vieron a sus queridos papás y mamás y a su tan dulce hermanita y todos sus tan inocentes tíos y tías y queridos pequeños primos apiñados en los hornos por los horrorosos nazis, que, inexplicablemente, pasaron por alto al judío [sheeny] que "sobrevivió" y está ahora gimiendo en público. E incluso hay alemanes tan despreciables que actúan para los judíos en circuitos de conferencias bien pagadas y golpean sus pechos en el escenario cuando ellos admiten la culpa colectiva por haber matado a todos los seis millones de judíos que están ahora en Estados Unidos y pagándoles para mentir a los estúpidos goyim. En Canadá, los tribunales están ya siendo usados para enseñar a los miserables arios que ellos no deben presumir de tener pensamientos que no lleven la aprobación kosher, y el terrorismo pseudolegal ya está en marcha en Estados Unidos. La mayoría de los estadounidenses tienen la maloliente bazofia arrojada en sus caras cada día, y no es de extrañar que ellos crean al menos alguna parte de lo que a ellos no sólo se les dice, sino que se les muestra en películas producidas con toda la maestría técnica de Hollywood. Pocos incluso notan que los actores que se hacen pasar por los pobres, orgullosos y perseguidos judíos son arios, mientras que los actores que se hacen pasar por los repugnantes nazis son judíos [kikes] que sólo tienen que exhibir sus personalidades naturales para parecer repulsivos e inhumanos.

     Tanto el escritor del informe como el ministro creían que el Holocuento no sólo no era una ficción mugrienta, sino que era en cambio un relato veraz de lo que realmente había sucedido. Ninguno notó que la patraña describe acontecimientos que son física y químicamente imposibles; uno necesita un poco de conocimiento sobre gases tóxicos e incineración de cuerpos para verlo. Pero había una gran diferencia intelectual entre los dos hombres. En aquel punto, el ministro apagó su mente y comenzó a emocionarse. El otro hombre no lo hizo. «Yo no podría pensar», dijo él, «sino que Hitler debe de haber tenido alguna razón para lo que hizo. ¿Por qué lo hizo?. Entonces la respuesta me golpeó: los judíos son la última palabra en cuanto a exclusividad. Los judíos por lo general se casan entre ellos, hasta el grado de que hay algunas enfermedades específicas entre ellos debido a la endogamia. Todo lo demás siendo igual, un judío sólo hará negocios con otro judío. Todos los judíos sienten que ellos son primero judíos y sólo incidentalmente ciudadanos de su país. Pero si declaro algunas de estas cosas, instantáneamente me llenaré de gritos de "¡Racista!". Los judíos son una raza hambrienta por el poder y hambrienta por el dinero. Aquella clase de minoría no es buena para ningún país, y Hitler decidió hacer algo sobre ello. De la manera más enfática discrepo con sus métodos, pero aún puedo ver su razón prara ellos. Si consideramos o no a Hitler como un genio, un lunático, un malvado agressor, o lo que fuere, él ciertamente necesitaba una Alemania unida para alcanzar sus objetivos, y puedo ver claramente que él debe haber imaginado que con un clan como los judíos en el país, Alemania nunca podría estar unida, especialmente porque los judíos habían probablemente acaparado la mayor parte de la riqueza de Alemania y habrían intentado indudablemente monopolizar el resto en la confusión de una guerra. Es bien sabido que los judíos arrebataron enormes cantidades de riqueza en Europa Central durante los siglos».

     «Si seis millones de judíos fueron asesinados en Alemania, ¿Qué hay acerca de toda la otra buena gente que fue muerta en la locura de aquella guerra?. Varias naciones que participaron en la Segunda Guerra Mundial perdieron varios millones de personas cada una, además de grandes cantidades que fueron heridas y mutiladas, para quienes la vida apenas valía la pena vivirla a partir de entonces. Tal vez alguien debería recordarlos como habiendo dado sus dulces vidas por nada, en una guerra que no solucionó ningún problema sino que sólo dejó el mundo mucho peor que antes».


     El escritor continuó afirmando que él no odiaba a los judíos y mencionando a Einstein, Disraeli y otros como grandes hombres. Él incluso añadió: "Tengo varios buenos amigos judíos que están dispuestos a admitir que la actitud judía puede significar algún día el final de su raza, pero, otra vez, parece ser una de las cosas en que todos están de acuerdo en que está mal pero nadie hace nada al respecto".

     La anterior es una demostración práctica que debemos todos meditar. Es, de alguna manera, un ejemplo típico de nuestro dilema racial. Tenemos aquí a dos hombres de nuestra raza, igualmente desinformados, igualmente ignorantes de los hechos históricos, igualmente engañados por el intensivo lavado de cerebro al cual los judíos sujetan a los estadounidenses de la cuna a la sepultura.

     El ministro Unitario es un hombre inteligente. Él es demasiado inteligente para creer en los ridículos milagros de la mitología cristiana; demasiado inteligente para tomar en serio el gran engaño llamado el "Nuevo Testamento". Pero él crédulamente aceptó un engaño igualmente flagrante. Es verdad que él evidentemente no tenía el conocimiento elemental de química y física que le habría mostrado que los cuentos de los judíos sobre su "Holocausto" eran tan físicamente imposibles como la afirmación de que un hombre que había estado muerto durante tres días fue capaz de salir furtivamente de su tumba cuando nadie estaba mirando, pero él presumiblemente tenía el sentido común que impide a un hombre racional creer que Satán tomó a Jesús —una parte de Dios—, lo llevó a la cumbre de una montaña y lo tentó ofreciéndole mucho dinero y el puesto de un rey. Pero el sentido común del ministro no le advirtió que si Hitler trató realmente de librar a Alemania de los judíos, él, un hombre de logros grandes e indiscutibles, que presuponen un muy alto grado de prudencia y conocimiento práctico lindante con la genialidad, debe haber hecho así por motivos racionales y poderosamente convincentes, y no porque Satán lo inspiró para quitar la vida a una raza santa e irreprochable.

     El ministro debe haber encerrado su sentido común en un armario y haber cerrado con llave la puerta antes de que él comenzara a perorar para estimular las emociones ciegas de su auditorio cautivo. Él podría haberlos conmovido también con la retórica sobre cómo el Dios-Jesús se había matado él mismo de modo que él no castigaría a los hombres por los pecados que ellos iban a cometer después de que ellos nacieran, dos mil años más tarde. Un asunto es tan útil como otro para excitar emociones irreflexivas, y he visto a un vendedor ambulante de salvación reducir a las mujeres en su congregación a sollozos cuando él intoxicó la imaginación de ellas con astutas florituras retóricas de la tonta historia. Si hubiera sido el propósito del Unitario, él hubiera hecho mejor en atenerse al viejo sentimentalismo, pero dada la alta opinión de él expresada por un hombre inteligente, podemos asumir que el predicador era sincero y realmente creía que el Holocuento había ocurrido, contrariamente a toda la experiencia humana, y muy presumiblemente mediante algún factor sobrenatural.

     ¿Cómo explicaremos el asombroso contraste entre el predicador y el hombre que lo escuchó pero que no había dejado su propio sentido común en el congelador de su casa?. No es necesario decirlo, no podemos generalizar a partir de un solo caso, pero sugeriré una hipótesis provisional. El predicador se había emancipado de la mayoría de las supersticiones cristianas, pero había retenido una fe ciega e irreflexiva en la que puede ser la más perniciosa de todas ellas: la ilusión de una "hermandad" que niega los hechos biológicos de la raza e implica algo tan patentemente absurdo como la igualdad de las razas, e incluso la igualdad de los individuos, puesto que la gran diferencia entre los individuos es atribuída a lo que se les ha enseñado y no a cualidades genéticamente innatas. Y, como lo he remarcado a menudo, una persona que narcotiza su sentido común de modo que él pueda disfrutar tranquilo las consoladoras alucinaciones de que los seres humanos no están sujetos a las leyes de la biología, ha debilitado así su mente de manera que él también puede creer cualquier clase de basura para lo cual los astutos timadores aguzan su apetito.



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