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miércoles, 15 de febrero de 2012

Mahdi D. Nazemroaya - Sobre Irán y el Petróleo en el Golfo Pérsico


     Desde globalresearch.ca traemos este artículo publicado y al que hemos revisado su traducción, que aborda un tema que también expuso, en un artículo que reprodujimos (11 de Dic. de 2010, http://editorial-streicher.blogspot.com/2010/12/michael-salla-el-sacrificio-de-la-5ta.html), Michael Salla en Noviembre de 2007 ("¿Sacrificará la Casa Blanca a su Quinta Flota?"). Además el señor Nazemroaya se refiere a ciertos planes sobre oleoductos de los países de la región que evitarían el uso del Golfo Pérsico y el tener que encarar directamente a Irán.



¿Podría Irán derrotar a la Marina
de EE.UU. en el Golfo Pérsico?
por Mahdi Darius Nazemroaya
8 de Enero de 2012



     Tras años de amenazas por parte de EE.UU., Irán está adoptando una serie de medidas que sugieren que está dispuesto a cerrar el Estrecho de Ormuz y que puede hacerlo. El 24 de Diciembre de 2011 Irán inició sus maniobras militares Velayat-90 en el Estrecho de Ormuz y sus alrededores, extendiéndose desde el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán (Mar de Omán) al Golfo de Adén y el Mar Arábigo.
     Desde que esas maniobras tuvieron lugar, ha habido una escalada bélica verbal entre Washington y Teherán. Sin embargo, nada de lo que la Administración Obama o el Pentágono han dicho o hecho hasta ahora ha impedido que Teherán continúe con sus ejercicios navales.

La Naturaleza Geopolítica del Estrecho de Ormuz

     Además del hecho de que es un punto vital de tránsito de los recursos energéticos globales y un cuello de botella estratégico, es preciso tener en cuenta dos aspectos más respecto al Estrecho de Ormuz y a su relación con Irán. El primero se refiere a la geografía del Estrecho. El segundo tiene que ver con el papel de Irán en la co-administración del estratégico estrecho en virtud del derecho internacional y de sus derechos nacionales de soberanía.

     El tráfico marítimo que atraviesa el Estrecho de Ormuz ha estado siempre en contacto con las fuerzas navales iraníes, compuestas mayoritariamente por las fuerzas regulares de la Marina y el sector de la Marina de la Guardia Revolucionaria de Irán. De hecho, las fuerzas navales iraníes controlan y vigilan el Estrecho de Ormuz junto con el Sultanato de Omán a través del enclave omaní de Musandam. Y lo que es más importante aún, todo el tráfico marítimo que atraviesa el Estrecho de Ormuz, incluida la Marina de EE.UU., debe navegar por aguas territoriales iraníes. Casi todas las entradas al Golfo Pérsico se hacen a través de las aguas iraníes y casi todas las salidas a través de aguas omaníes.

     Irán permite que todos los barcos extranjeros utilicen sus aguas territoriales con buena fe y en base a la Parte III sobre disposiciones de tránsito marítimo de la Convención de Naciones Unidas del Derecho Marítimo, que estipula que los navíos son libres de navegar a través del Estrecho de Ormuz y otras similares formaciones de agua si realizan una navegación rápida y continua entre un puerto abierto y alta mar. Aunque Teherán sigue normalmente las prácticas de navegación recogidas en el Derecho del Mar, no está legalmente vinculado a ellas. Al igual que Washington, Teherán firmó este tratado internacional, pero no lo ratificó nunca.


Tensiones iraníes-estadounidenses en el Golfo Pérsico

     En recientes desarrollos, el Majlis (parlamento) iraní está reevaluando el uso de las aguas iraníes en el Estrecho de Ormuz que hacen los navíos extranjeros.

     Se está proponiendo una legislación que podría impedir que cualquier barco extranjero de guerra pueda utilizar, sin el permiso iraní, las aguas territoriales iraníes para navegar a través del Estrecho de Ormuz. El Comité de Seguridad Nacional y Política Exterior del parlamento iraní está actualmente estudiando una legislación que establecería una postura oficial, que vincularía los intereses estratégicos con la seguridad nacional de Irán.

     El 30 de Diciembre de 2011 el portaaviones estadounidense USS John C. Stennis pasó a través de la zona donde Irán realizaba sus maniobras navales. El comandante de las fuerzas regulares iraníes, general de división Ataolá Salehi, aconsejó al mencionado portaaviones y a otros navíos de la marina estadounidense, que no volvieran al Golfo Pérsico mientras Irán realizaba sus ejercicios, añadiendo que Irán no acostumbra a repetir una advertencia dos veces. Poco después del severo aviso iraní a Washington, el secretario de prensa del Pentágono respondió a través de un comunicado diciendo: "Nadie en este gobierno busca una confrontación [con Irán] acerca del Estrecho de Ormuz. Es importante bajar la temperatura".

     En un escenario real de conflicto militar con Irán, es muy probable que los portaaviones de EE.UU. actuarían desde el exterior del Golfo Pérsico y desde el sur del Golfo de Omán y el Mar Arábigo. A menos que el sistema de misiles que Washington está desarrollando en los petro-reinos del sur del Golfo Pérsico no resulte operativo, no es probable que haya un despliegue de grandes buques de guerra estadounidenses en el Golfo Pérsico. Y las razones tienen que ver con las realidades geográficas y las capacidades defensivas de Irán.

La geografía actúa en contra del Pentágono: la fuerza naval estadounidense tiene límites en el Golfo Pérsico.

     La fuerza naval estadounidense, que incluye tanto a la Marina como a la Guardia Costera de EE.UU., tiene primacía por sobre todas las otras Marinas y fuerzas marítimas del mundo. Sus capacidades en mares profundos u océanos no tienen parangón con ninguna otra potencia naval. Pero primacía no significa invencibilidad. Las fuerzas navales estadounidenses en el Estrecho de Ormuz y en el Golfo Pérsico son a pesar de todo vulnerables.

     A pesar de su poderío y fuerza material, la geografía trabaja literalmente contra el poder naval de EE.UU. en el Estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico. La relativa estrechez del Golfo Pérsico lo convierte casi en un canal, al menos en un contexto estratégico y militar. Hablando en sentido figurado, los portaviones y buques de guerra de EE.UU. están confinados en aguas estrechas o encerrados dentro de las aguas costeras del Golfo Pérsico [véase mapa arriba].

     Ahí es donde las capacidades de los misiles avanzados del ejército iraní entran en juego. El arsenal de torpedos y misiles iraníes harían un trabajo rápido con los recursos navales estadounidenses en las aguas del Golfo Pérsico donde sus buques están limitados. Por esta razón es que EE.UU. ha estado muy ocupado en los últimos años creando un sistema de escudo anti-misiles en el Golfo Pérsico en los países del Consejo de Cooperación del Golfo.

     En el Golfo Pérsico, incluso las pequeñas lanchas patrulleras iraníes, que parecen lastimosas e insignificantes frente a un portaviones o un destructor estadounidense, suponen una amenaza para los buques de guerra de EE.UU. Las apariencias pueden engañar; esas lanchas patrulleras pueden fácilmente lanzar una descarga de misiles que podrían dañar gravemente y efectivamente hundir a grandes buques de guerra estadounidenses. Las pequeñas lanchas patrulleras son difícilmente detectables y es difícil acertarles.

     Las fuerzas iraníes podrían también atacar las capacidades navales estadounidenses simplemente lanzando ataques de misiles desde territorio iraní en la costa norte del Golfo Pérsico. Incuso en 2008, el Instituto Washington para la Política de Oriente Próximo reconoció la amenaza de las baterías móviles costeras de misiles de Irán, de los misiles anti-buque y de los barcos pequeños armados con misiles. Otros recursos navales iraníes, como aviones teledirigidos (drones), hidrodeslizadores, minas, equipos de buzos y mini-submarinos podrían también utilizarse en una guerra naval asimétrica contra la 5ª Flota de EE.UU.

     Incluso los propios simulacros de guerra del Pentágono han mostrado que una guerra con Irán en el Golfo Pérsico podría suponer un desastre para EE.UU. y su ejército. Un ejemplo clave fue el ejercicio de guerra Millennium Challenge 2002 (MC02) en el Golfo Pérsico, que se estuvo realizando desde el 24 de Julio al 15 de Agosto de 2002 y que tomó casi dos años preparar. Este gigantesco ejercicio fue uno de los más grandes y más caros juegos de guerra desplegados por el Pentágono. El Millennium Challenge 2002 se celebró poco después de que el Pentágono decidiera continuar el impulso de la guerra emprendida en Afganistán atacando a Iraq, Somalia, Sudán, Libia, el Líbano y Siria, para finalizar con el gran premio que es Irán, en una amplia campaña bélica para asegurar la primacía estadounidense en el nuevo milenio.

     Una vez terminado el Millennium Challenge 2002, el juego bélico fue presentado "oficialmente" como un simulacro de guerra contra Iraq bajo el gobierno del presidente Sadam Husein, pero en realidad esos juegos bélicos se referían a Irán. Estados Unidos ya había hecho sus estimaciones para la inminente invasión anglo-estadounidense de Iraq. Además, Iraq no tenía capacidades navales que merecieran la utilización a tan gran escala de la Marina de EE.UU.

     El Millenniun Challenge 2002 se llevó a cabo como un simulacro de guerra contra Irán, que recibió el nombre en clave de "Red", refiriéndose a él como un desconocido Estado enemigo villano del Oriente Medio en el Golfo Pérsico. Ningún otro país que no fuera Irán podía cumplir los contornos y características de "Red" y sus fuerzas militares, desde las lanchas patrulleras a las unidades de motocicletas. El simulacro de guerra se produjo porque Washington estaba planeando atacar a Irán muy luego después de invadir Iraq en 2003.

     El escenario del juego bélico de 2002 partió con EE.UU., cuyo nombre en código era "Blue", dándole a Irán un ultimátum de un día para que se rindiera en el año 2007. La fecha de 2007 del juego de guerra correspondería cronológicamente con los planes estadounidenses de atacar Irán después del ataque israelí al Líbano en 2006, que se extendería, según los planes militares, a una guerra más amplia contra Siria. Sin embargo, la guerra contra el Líbano no resultó según lo planeado, y EE.UU. e Israel comprendieron que si Hezbolá podía desafiarlos en el Líbano, por ende una guerra extendida a Siria e Irán sería un desastre.

     En el escenario bélico del Millennium Challenge 2002, Irán reaccionaría a la agresión estadounidense lanzando una descarga masiva de misiles que apabullaría a EE.UU. y destruiría dieciséis de sus buques: un portaviones, diez cruceros y cinco barcos-anfibio. Se estimó que de haber sucedido esto en el contexto de un escenario de guerra real, más de 20.000 soldados estadounidenses hubieran resultado muertos en el primer día siguiente al ataque.

     A continuación, Irán enviaría a sus pequeñas lanchas patrulleras —esas que parecen insignificantes en comparación con el USS John C. Stennis y otros grandes buques de guerra estadounidenses— a aplastar lo que quedara de las fuerzas navales del Pentágono en el Golfo Pérsico, lo que ocasionaría el daño y hundimiento de la mayor parte de la 5ª Flota y la derrota de EE.UU. Tras la derrota estadounidense, los simulacros de guerra empezarían de nuevo, pero "Red" (Irán) tendría que actuar asumiendo sus desventajas y deficiencias para que a las fuerzas estadounidenses les fuera permitido salir victoriosas de las maniobras. Este resultado de los juegos de guerra obviaba el hecho de que EE.UU. habría sido apabullado en el contexto de una guerra convencional real con Irán en el Golfo Pérsico.

     Por consiguiente, el formidable poderío naval de Washington queda muy en desventaja a causa tanto de la geografía como por las capacidades militares iraníes en lo que se refiere a combatir en el Golfo Pérsico o incluso en gran parte del Golfo de Omán. Al no poder disponer de aguas abiertas, como en el Océano Índico o el Océano Pacífico, EE.UU. tendrá que combatir con unos tiempos de respuesta significativamente reducidos y, lo que es más importante, no podrá combatir desde una gran distancia (militarmente segura). Así, equipos enteros de herramientas de los sistemas defensivos navales de EE.UU., diseñados para combatir en mares abiertos utilizando distantes campos de acción, se vuelven inútiles en el Golfo Pérsico.

¿No influye el Estrecho de Ormuz si se quiere debilitar a Irán?

     El mundo entero conoce la importancia del Estrecho de Ormuz, y Washington y sus aliados están muy conscientes de que los iraníes pueden cerrarlo militarmente durante un período de tiempo importante. Por esta razón es que EE.UU. ha estado trabajando con los países del CCG —Arabia Saudí, Qatar, Bahrein, Kuwait, Omán y los Emiratos Árabes Unidos— para crear una nueva ruta para su petróleo mediante oleoductos que eviten el Estrecho de Ormuz y canalicen directamente el petróleo de dichos países hacia el Océano Índico, el Mar Rojo o el Mediterráneo. Washington también ha estado presionando a Iraq para que busque rutas alternativas en sus conversaciones con Turquía, Jordania y Arabia Saudí.

     Tanto Israel como Turquía se han mostrado también muy interesados por este proyecto estratégico. Ankara ha tenido conversaciones con Qatar para construír una terminal petrolífera que llegaría a Turquía a través de Iraq. El gobierno turco ha tratado de conseguir que Iraq vincule sus campos petrolíferos en el sur con las rutas de tránsito que pasan a través de Turquía, como los yacimientos del norte de Iraq. Todo esto está ligado al objetivo turco de convertirse en un corredor energético y un importante punto de tránsito.

     La intención de desviar la ruta del petróleo lejos del Golfo Pérsico es eliminar un elemento importante de influencia estratégica del cual Irán dispone frente a Washington y sus aliados. Reduciría eficazmente la importancia del Estrecho de Ormuz. Podría muy bien convertirse en un requisito para los preparativos de guerra y de la guerra dirigida por EE.UU. contra Teherán y sus aliados.

     Es dentro de este contexto que los Emiratos Árabes Unidos están promoviendo el oleoducto de crudo de Abu Dhabi o el oleoducto Habshan-Fuyaira, para evitar la ruta marítima en el Golfo Pérsico que pasa a través del Estrecho de Ormuz. El diseño del proyecto se consolidó en 2006, el contrato se firmó en 2007 y la construcción empezó en 2008. Ese oleoducto va directamente desde Abu Dhabi al puerto de Fuyaira en la costa del Golfo de Omán en el Mar Arábigo.

     En otras palabras, dará a las exportaciones petroleras de los Emiratos un acceso directo al Océano Índico. Ha sido abiertamente presentado como un medio para asegurar la seguridad energética alejándose del Estrecho de Ormuz en un intento por evitar al ejército iraní. Además de la construcción de este oleoducto, se contempló también la construcción de una reserva petrolífera estratégica en Fujairá para poder mantener el flujo de petróleo hacia los mercados internacionales en caso de que se cerrara el Golfo Pérsico.

     Aparte del oleoducto saudí Este-Oeste, Arabia Saudí también ha estado buscando rutas de tránsito alternativas y examinando los puertos de Omán y Yemen, sus vecinos del sur de la Península Arábiga. El puerto yemení de Mukala en las costas del Golfo de Adén ha sido de particular interés para Ryad. En 2007 fuentes israelíes informaron con bastante publicidad que estaba gestándose un proyecto de oleoducto que conectaría los campos petrolíferos saudíes con Fuyaira en los Emiratos, con Masqat en Omán y, finalmente, con Mukala en Yemen. La reapertura del oleoducto Iraq-Arabia Saudí, que, irónicamente, fue construído por Sadam Husein para evitar el Estrecho de Ormuz y a Irán, ha sido también objeto de conversaciones entre los saudíes y el gobierno iraquí en Bagdad.

     Si Siria y el Líbano fueran convertidos en clientes de Washington, entonces podría también reactivarse el cerrado oleoducto trans-arábigo (Tapline) junto con otras rutas alternativas que irían desde la Península Arábiga a las costas del Mar Mediterráneo. Cronológicamente, esto también encajaría con los esfuerzos de Washington para invadir Líbano y Siria en un intento por aislar a Irán antes de cualquier posible enfrentamiento con éste.

     Las maniobras navales iraníes Velayat-90, que se celebraron en las proximidades de la entrada al Mar Rojo en el Golfo de Adén, fuera de las aguas territoriales de Yemen, también se extendieron por el Golfo de Omán frente a las costas de Omán y la zona costera oriental de los Emiratos. Entre otras cosas, los ejercicios Velayat-90 deberían interpretarse como una señal de que Teherán está preparado para actuar fuera del Golfo Pérsico y puede incluso atacar o bloquear los oleoductos que intentan evitar el Estrecho de Ormuz.

     La geografía nuevamente está del lado de Irán en este caso. El hecho de evitar el Estrecho de Ormuz no cambia la realidad de que la mayoría de los campos petrolíferos que pertenecen a los países del CCG están todos situados en el Golfo Pérsico o cercano a sus costas, lo que significa que están situados en una cercana proximidad de Irán, y por lo tanto dentro de la distancia de ataque iraní. Como en el caso del oleoducto Habshan-Fuyaira, los iraníes podrían fácilmente interrumpir el flujo de petróleo desde el mismo punto de origen. Teherán podría lanzar ataques de misiles y aéreos o desplegar sus fuerzas terrestres, navales, aéreas y anfibias también en esas zonas. No necesita necesariamente bloquear el Estrecho de Ormuz; después de todo, impedir el flujo energético es el principal objetivo de las amenazas iraníes.

La Guerra Fría estadounidense-iraní

     Washington ha estado en la ofensiva contra Irán utilizando todos los medios que tiene a su disposición. Las tensiones en el Estrecho de Ormuz y en el Golfo Pérsico constituyen solo un frente en una peligrosa guerra fría regional con múltiples frentes entre Teherán y Washington en el más amplio Oriente Medio. Desde 2001 el Pentágono ha estado reestructurando también su ejército para emprender guerras no-convencionales con enemigos como Irán. A pesar de todo, la geografía ha actuado siempre contra el Pentágono y EE.UU. no ha encontrado una solución para su dilema naval en el Golfo Pérsico. En vez de una guerra convencional, Washington ha tenido que recurrir a una guerra encubierta, económica y diplomática contra Irán.



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