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jueves, 5 de enero de 2012

Robert Faurisson - Exhortación Sobre el Holocausto


     Hemos querido rescatar para nuestro archivo desde www.vho.org/aaargh/espa/fauris esta conferencia del profesor francés Robert Faurisson, de Marzo del año 2001, a la que hemos depurado de varias imperfecciones. Su asunto es capital cuando se trata de abordar un tema que para muchos se ha constituído en un auténtico mito contemporáneo (con lo que implica la vitalidad de un mito) que se ha pretendido imponer a la fuerza y con coacción legal sobre toda mentalidad occidental posible, para satisfacer oscuros objetivos. Estudios como éste justamente van en la dirección contraria, rumbo a desbancar tan descarada mentira, porque ella es la que debe probar que es verdadera, y afortunadamente, como no lo ha podido ni ya podrá jamás, empieza a resplandecer ante la luz del Sol toda su miserable podredumbre.


Los Dirigentes de los Estados Musulmanes

Deberían Romper el Silencio

 Sobre la Impostura del "Holocausto"

por Robert Faurisson



Cinco apuntes preliminares:

1. He dicho "los dirigentes", que no es lo mismo que "los intelectuales, los universitarios, los periodistas", pues éstos ya se han expresado sobre el tema en algunos casos;

2. La palabra "Holocausto" (que se debe colocar siempre entre comillas) designa el triple mito del supuesto genocidio de los judíos, de las supuestas cámaras de gas nazis, y de los supuestos seis millones de víctimas judías de la Segunda Guerra Mundial. A lo largo de una historia llena de furor, sangre y fuego, la Humanidad ha padecido cientos de holocaustos, es decir, espantosas bajas humanas o sangrientas catástrofes (presentadas, en el origen de la palabra, como ofrendas exigidas por fuerzas superiores); pero nuestros contemporáneos han sido condicionados para recordar solamente un holocausto, el de los judíos; éste se escribe hoy con mayúscula, se ha vuelto único y ni siquiera hace falta añadir "de los judíos". Ningún holocausto anterior ha dado lugar a indemnizaciones, reparaciones o compensaciones financieras análogas a las que han reclamado y obtenido los judíos por una catástrofe o "shoah", que describen como fenómeno único y sin precedentes, y lo sería, exactamente, si sus tres componentes (genocidio, cámaras de gas y seis millones) hubiesen sido reales.

3. La impostura es una mentira impuesta; se trata aquí de una mentira histórica, lo cual quiere decir que, una vez forjada por mentirosos o mitómanos, después ha sido adoptada al pasar los años por una infinidad creciente de gente que, de buena o mala fe, la han ido difundiendo; en este caso, estamos ante un número ínfimo de mentirosos, y un sinnúmero de pregoneros;

4. Lo contrario de la mentira, fabricada o difundida, es la verdad de los hechos. Ahora bien, como la palabra verdad es imprecisa y está gastada, prefiero la palabra exactitud. El revisionismo consiste en intentar revisar y corregir lo que es la realidad de un hecho, el valor de una cifra, la autenticidad, veracidad y el alcance de un texto o de un documento;

5. El sionismo es una ideología mientras que el revisionismo es un método. En tanto revisionista, no me dedcaré a enjuiciar el sionismo tal como existe al despuntar el siglo XXI, sino el uso que hace el sionismo de la impostura del "Holocausto".


     Si los dirigentes de los Estados musulmanes contemplaran la posibilidad de salir del silencio sobre dicha impostura, y si, al hacerlo, desafiaran al lobby judío y sionista, sería preciso
—a) que tomaran la medida justa del adversario, para
—b) decidir luego una estrategia adecuada y por fin,
—c) fijar el lugar preciso donde concentrar sus ataques. Para tratar estos tres puntos, dividiré mi ponencia en tres partes.

     En una primera parte, para que no haya confusión sobre el adversario y para que se le mida con acierto, expondré cuáles son, en mi opinión, primero los aparentes puntos débiles de los judíos y sionistas, y luego sus verdaderos puntos débiles. En una segunda parte, en lo que corresponde a la estrategia a escoger, resumiré una parte de las conclusiones a las que he llegado, en Noviembre de 2000, en Teherán, en presencia de representantes del Centro de Estudios Estratégicos de la República Islámica de Irán. Por fin, en una tercera parte, designaré el blanco preciso al que hay que apuntar: la "mágica cámara de gas" nazi (la fórmula es de Louis-Ferdinand Céline).


I. El adversario judío y sionista

     Un adversario engañoso puede ostentar temores que no siente verdaderamente. Expone a la vista de todos unos puntos débiles que no son tales, y trata de disimular lo que le preocupa verdaderamente. Así, se le atacará donde no le importa, y se le dejará en paz en los puntos que realmente lo atormentarían. Aquí el adversario es casi indiferentemente judío o sionista. Los judíos son indiscutiblemente muy diversos ("dos judíos, tres sinagogas", afirma el refrán yiddish) y políticamente nunca han formado un bloque, ni siquiera frente a Hitler; pero, sin judíos, no hay sionismo ("el sionismo es al judío lo que el martillo es al carpintero", piensa Ahmed Rami) y, con muy pocas excepciones, el judío se sentirá solidario del sionista y el sionista del judío si los dos comprueban que su mito común, el del "Holocausto", está en peligro; por eso es que la distinción que conviene hacer generalmente entre judío y sionista no tiene cabida aquí.

a) Falsos temores y aparentes puntos débiles del adversario:

1. A pesar del miedo que aparentan ante un ataque militar contra el Estado de Israel, los sionistas que dirigen ese Estado y los judíos de la diáspora que los sostiene no temen tanto la fuerza militar del enemigo, pues saben que el ejército israelí los superará por la tecnología y el dinero, especialmente el de los estadounidenses y alemanes;

2. No temen verdaderamente la variante del anti-judaísmo llamado antisemitismo; al contrario, se nutren de ello; necesitan poder vociferar con el tema del antisemitismo, aunque sólo sea para colectar más fondos entre la diáspora; de una manera general, quejarse les resulta una necesidad vital: "mientras más lloro, más me llevo, y cuanto más me llevo, más lloro";

3. Judíos y sionistas no temen tanto las denuncias judías del "Shoah business" y de la "industria del Holocausto" que hacen los Peter Novick, Tim Cole o Norman Finkelstein, pues se trata de alguna manera de denuncias más o menos kosher donde todos tienen cuidado de hacer clara su reverencia infinita por "el holocausto en sí". Además se puede observar que si la explotación industrial o comercial del sufrimiento real o supuesto de los judíos constituye una rica veta de oro, la crítica de esta explotación se está convirtiendo desde hace algunos años en otra veta más; ahora bien, estos dos veneros, y más aún el segundo, resultan estrictamente reservados a los judíos. Se encuentran "vedados", y un no-judío que se atreviese a imitar a N. Finkelstein en su denuncia de la mafia del "Holocausto" sería cazado inmediatamente por la jauría de los guardianes del tesoro.

4. No temen verdaderamente el anti-sionismo como tal; incluso autorizan a veces que se exprese.

5. En particular, no tienen por qué preocuparse de un anti-sionismo ya común y corriente, que consiste en denunciar todos los mitos fundadores de Israel, salvo el que se ha convertido en el esencial : el del "Holocausto".

6. No tienen por qué preocuparse por las acusaciones de racismo, imperialismo y judeo-nazismo, ya que estas acusaciones, aún si son a veces fundadas, se parecen a consignas rituales, mecánicas y acuñadas como tales en una jerga anticuada. Comparar a los judíos con Hitler, y afirmar que los sionistas prosiguen, como los nazis, una política de "genocidio", no puede molestar completamente a los judíos y sionistas, pues esto sirve para reforzar la imagen que ellos mismos han logrado fabricar acerca de Hitler y de los nazis a la vez; esto les ayuda a afianzar en la mente colectiva la ilusión de que hubo, al principio de todo, un "genocidio" de los judíos. En realidad, Hitler no era más monstruoso, como pretenden sus enemigos judíos, que Napoleón, al que la propaganda inglesa tachaba de "ogro". Aunque racista y hostil a los judíos internacionalistas (pero no a los judíos sionistas), Hitler nunca ordenó ni admitió que nadie fuera muerto por motivo de su raza o su religión; además, sus tribunales militares o cortes marciales en ciertos casos condenaron, a veces con pena de muerte, a soldados, oficiales o funcionarios que se habían hecho culpables del asesinato de un solo judío o una sola judía (incluso durante la guerra, en Polonia, en Rusia o en Hungría). Se trata de un punto de la Historia ocultado por los historiadores exterminacionistas y lamentablemente dejado de lado por los autores revisionistas. Si Hitler hubiera sido el monstruoso racista que nos cuentan, jamás una prestigiosa personalidad árabe-musulmana como el Gran Mufti de Jerusalén (el palestino Hadj Amín al-Husseini) hubiera aceptado ser su aliado hasta el final. A pesar del episodio del pacto germano-soviético (Agosto 1939 — Junio 1941), Hitler era esencialmente hostil al estalinismo y a lo que él llamaba, con motivo de la contribución decisiva de los judíos al bolchevismo, el "judeobolchevismo". El soldado alemán así como los voluntarios europeos, rusos, asiáticos o musulmanes que luchaban con él no tenían más enemigo esencial que el comunismo moscovita.

7. Aunque pretenden lo contrario, judíos y sionistas se ríen, no sin razón, de los que hablan de "complot judío" o de "conspiración de Auschwitz", ya que no hay "complot judío" (ni tampoco hay complots masónico, jesuítico, papal, estadounidense o comunista) sino un poder judío o una influencia judía; de la misma manera, no hay "conspiración de Auschwitz" sino una mentira de Auschwitz; en realidad, las ideas de complot o conspiración, muy preciadas por la tradición judía, deberían permanecer privativas de esta última; erraríamos si hiciéramos uso de ellas.

b) Los verdaderos temores y los verdaderos puntos débiles del adversario:

1. En Israel-Palestina, judíos y sionistas temen las armas de los pobres (las piedras que arrojan los niños, sus hondas como la de David contra el gigante Goliat, los ataques suicidas) y todo lo que puede provocar inseguridad de las personas o del comercio; temen la degradación de su imagen; temen tener que escoger un día entre la maleta y el cajón.

2. Pero lo que les asusta más que todo es la "bomba atómica del pobre", es decir la desintegración, por el revisionismo histórico, de la mentira que combina las cámaras de gas, el genocidio y los seis millones; le temen a esta arma que no mata a nadie pero que haría estallar su gran mentira como un globo inflado de viento.

3. Tienen miedo de ver revelado ante la faz del mundo que es la impostura del "Holocausto" lo que permitió, al día siguiente de la Segunda Guerra Mundial, la creación, en tierra de Palestina, de una colonia judía llamada Israel, y esto en el instante mismo en que, en el resto del mundo, salvo en el imperio comunista, se iniciaba un gigantesco movimiento de descolonización.

4. Saben que perder el "Holocausto" es perder la espada y el escudo de Israel, así como un formidable instrumento de chantaje político y financiero. Yad Vashem, que, en Jerusalén es a la vez un memorial y un museo del Holocausto (en camino de ser ampliado) les resulta más precioso aún que el Muro de los Lamentos: toda personalidad extranjera de paso en Israel para gestionar asuntos políticos o financieros está obligada a visitar antes que nada este museo de horrores para que se impregne de un sentimiento de culpa que la hará más moldeable. A veces se dispensa de esta excursión a los representantes de las pocas naciones a las cuales los judíos y sionistas no pueden reprochar una participación activa o pasiva en el supuesto "Holocausto"; es gracioso observar entonces que los responsables israelíes se quejan de la dificultad que tienen para negociar con interlocutores que no han sido convenientemente condicionados.

5. Tienen conciencia de que "si se mostrara que el Holocausto es una estafa, el arma número uno del arsenal de la propaganda israelí desaparece" (carta de W.D. Rubinstein, profesor en la universidad Deakin, de Melbourne, en Nation Review, 21 de Junio de 1979, p. 639).

6. Bien conocen «el hecho de que, si se muestra que el Holocausto es un "mito sionista", el arma más fuerte de todo el arsenal de la propaganda de Israel se derrumba» (el mismo universitario, en "The Left, the Right and the Jews", Quadrant, Septiembre de 1979, p. 27).

7. Pueden sentir vértigo ante la idea de que el gran público se enteraría por fin de la cantidad de iniquidades que representan todas estas purgas, todos estos procesos al estilo de la mascarada judicial de Nuremberg, estas confesiones extorsionadas acerca de cámaras de gas o camiones de gas que jamás han existido, o de esas confesiones acerca de inverosímiles matanzas imputadas a los Einsatzgruppen, estas cacerías de ancianos hasta en los asilos de la tercera edad, más de medio siglo después de sus supuestos crímenes, este adoctrinamiento de todas las mentes, desde la escuela hasta la universidad, en los libros, la prensa, por radio, por televisión, en todos los continentes, mañana, tarde, noche y madrugada: todo lo cual viene acompañado de una represión feroz contra los revisionistas, que se ejerce principalmente en Alemania, aún sometida a sus vencedores (y con la cual todavía no se ha firmado ningún tratado de paz). Dichos revisionistas han cometido el crimen de reclamar simplemente el derecho de confrontar unas aplastantes acusaciones sin pruebas, o testimonios que fueron recibidos como fidedignos sin el menor interrogatorio ni contrainterrogatorio sobre la materialidad de los hechos alegados y sin un solo peritaje previo acerca del arma supuesta de un supuesto crimen.

8. En resumen, la pesadilla de estos judíos y de estos sionistas sería el tener que oír repetir dondequiera cierta frasecilla de sesenta palabras que pronunció, hace más de veinte años, en las ondas de Radio Europa N·1, ante el periodista Ivan LevaÏ, un revisionista francés, discípulo de Paul Rassinier. Esta es la frase que en aquella época me ocasionó en París una ominosa condena judicial:

"Las pretendidas cámaras de gas hitlerianas y el pretendido genocidio de los judíos forman una sola mentira histórica, que ha permitido una gigantesca estafa político-financiera, cuyos principales beneficiarios son el Estado de Israel y el sionismo internacional, y cuyas principales víctimas son el pueblo alemán, mas no sus dirigentes, y el pueblo palestino entero".
 

II. ¿Cómo llevar el combate para salir de este silencio?

1. En Noviembre de 2000 he permanecido en Irán por invitación del Centro de Estudios Estratégicos, oficina directamente comunicada con el Presidente de la República, Sr. Mohamed Jatami. No he tenido ningún contacto con la prensa, la radio o la televisión del país, sino solamente con algunas personalidades bien informadas del revisionismo. No he pronunciado ninguna conferencia pública, pero sí pude tener un intercambio de algunas horas con el responsable del Institute for Scientific Political Research, el profesor Soroush-Nejad, y algunos de sus colegas. Una vez más, me llamó la atención el conocimiento que tienen del revisionismo algunos iraníes. Entonces se apareció el revisionista suizo Jurgen Graf en Irán, y me alegro de que, algunos meses más tarde, gracias a su intensa actividad y gracias a los contactos que, por mi lado, después de regresar a Francia, había conservado con las autoridades iraníes, el Tehran Times emprendía la publicación de una serie de artículos revisionistas de los cuales el primero llevaría precisamente la firma del profesor Soroush-Nejad.

2. A cambio de las informaciones que he podido proporcionarle, he pedido a mi principal interlocutor en el seno de dicho centro (explicar) por qué, hasta el presente, el revisionismo no parecía haber suscitado muchas repercusiones en los países árabe-musulmanes. Aceptó enumerar ocho razones. Algunas de éstas, a la luz de los acontecimientos más recientes en Palestina, nos parecieron vencidas ya, tanto al uno como al otro; algunas más nos parecieron debidas a malentendidos; otras, por fin, conservan desgraciadamente toda su fuerza, y en particular la siguiente razón: en los países occidentales, que deberían predicar con el ejemplo antes de quejarse del silencio de los demás, el número de los revisionistas que se han comprometido resueltamente, adentrándose en el camino abierto por Paul Rassinier, sigue siendo irrisorio, quiero decir, bajo su nombre propio, sin reservas ni maniobras supuestamente listas.

3. Intenté explicar que este lamentable estado de cosas se debe en gran medida a lo que hay que llamar el miedo (metus Judaeorum) que inspira donde quiera el judío quejumbroso y amenazante (miedo que ya experimentó Cicerón en 59 a.C.). He añadido que todo responsable político de hoy, aunque sea iraní, libanés, chino o japonés, no puede menos que sentir ese mismo miedo ante una comunidad tan rica y poderosa en el mundo occidental, cuyos dirigentes están en condiciones de invadir los medios de información con sus recriminaciones y súplicas en cualquier momento para exigir, a fin de cuentas, el boicot económico de la nación culpable cuyos dirigentes no se apresuraren a hacer acto de "arrepentimiento" o se resistieren a las exigencias judías.

4. Entonces enumeré las razones por las cuales los dirigentes de los Estados musulmanes debían salir del silencio, a pesar de todo, en buena política, y cómo, en mi opinión, podían hacerlo. No expondré aquí esas razones pero resumiré en estos términos mis sentimientos sobre el camino a seguir: conviene que uno o varios de estos dirigentes crucen el Rubicón con paso resuelto y sobre todo sin contemplar ninguna marcha atrás. Mi larga experiencia de los judíos o de los sionistas en este campo me convenció de que los mistificadores se desconciertan por la osadía del que se atreve a enfrentarse a ellos a plena luz. De la misma manera que al testigo falso hay que buscarle la mirada para interrogarlo clavándole la vista en sus ojos, de la misma forma a los tales Edgar Bronfman, Elie Wiesel, Simón Wiesenthal (estos dos últimos se odian y se envidan more Judaico [al estilo judío]), o también a los rabinos de Los Angeles Marvin Hier y Abraham Cooper se les debe desafiar en proporción a sus amenazas habituales.

5. He puesto en guardia a mis huéspedes contra la tentación de acudir, ni siquiera en un primer momento, a una forma de revisionismo bastardo; ahí también la experiencia me ha demostrado que el revisionismo acobardado acarrea las palizas. Pero para afianzarse en una posición firmemente revisionista, hace falta conocer bien la argumentación física, química, documental e histórica del revisionismo. Les recordé, por ejemplo, que el mito de las supuestas cámaras de gas nazis ya había muerto el 21 de Febrero de 1979 cuando en el diario Le Monde, treinta y cuatro historiadores franceses se habían mostrado incapaces de aceptar el desafío que les planteé en cuanto a las imposibilidades técnicas de estos absurdos mataderos químicos. El gran público desconoce este acontecimiento como desconoce la sucesión de derrotas y debacles padecidas desde 1985 (fecha del primer proceso de E. Zündel en Toronto) por el conjunto de los historiadores holocáusticos. Les pertenece ahora a los dirigentes de los Estados musulmanes llevar a plena luz estas noticias que todavía se mantienen secretas.

6. En distintos países, a unos institutos de Historia, sociología o estudios políticos, se les debería dotar de una sección especializada en el revisionismo histórico. Unos fondos de investigación y archivos permitirían reunirse a investigadores del mundo entero, expulsados de las universidades, de los centros de investigaciones o de las bibliotecas de sus países respectivos por motivo de sus opiniones o tendencias revisionistas, para trabajar con sus colegas de los países musulmanes. Los distintos Ministerios de educación, investigación científica, cultura, asuntos extranjeros e información, colaborarían en esta obra de alcance internacional.

7. Teniendo en cuenta que los religionarios del "Holocausto" cultivan no sólo la mentira sino también el odio, sería oportuno fundar en el plano internacional un «Movimiento contra la impostura del "Holocausto" y por la amistad entre los pueblos».

8. Convendría reequilibrar la relación de fuerzas en las relaciones internacionales, invitando a la modestia al personal político o diplomático de las grandes potencias que, siempre dadivosos para regalar lecciones moralizantes, deberían recibir recordaciones sobre la facilidad con la que doblan el espinazo ante una mafia internacional especializada en la mentira, la extorsión y el desprecio a los derechos humanos. La mal llamada "comunidad internacional", que no para de invocar esos derechos, debería restablecerlos en el caso de los revisionistas antes de reprochar a los países árabes o musulmanes la intolerancia y el oscurantismo. Semejantes acusaciones se podrían devolver contra los Estados que, al no tolerar que se cuestione una leyenda convertida en historia oficial y protegida por leyes especiales, prohiben que se haga la luz sobre ciertos temas históricos.

9. Un medio de información, novedoso y poderoso, internet, permite una difusión acelerada del revisionismo (véanse, en particular, los sitios atribuídos a Ahmed Rami, con sus secciones en lengua árabe). Hay una posibilidad para los intelectuales árabe-musulmanes, demasiado influenciados por la ideología dominante de las universidades occidentales donde en muchos casos fueron formados, de desintoxicarse de la droga holocáustica.

10. En resumidas cuentas, la fuerte inquietud que manifiestan los dirigentes judíos y sionistas tanto ante la Intifada de jóvenes palestinos que viven en la indigencia, como ante las actividades de los revisionistas desprovistos de recursos económicos o financieros comparables a las de la Gran Mafia Holocáustica, hace pensar en el miedo ancestral que sienten tanto los ricos ante los pobres como los colonizadores ante los colonizados y los amos ante la vista de sus esclavos. Los dirigentes judíos y sionistas gimen, amenazan y golpean. Se ven ricos (nunca lo suficientemente, por supuesto), disponen de armas de todo tipo (las de la fuerza bruta y las del chantaje y la extorsión) y saben hacerse temer de todos los dirigentes de las naciones más favorecidas; en particular tienen conciencia de que los dirigentes alemanes están a sus plantas, dispuestos a sangrarse para seguir ofreciendo soldados alemanes contra los enemigos de Israel y prestos a reforzar de manera aún más despiadada su represión del revisionismo. Y sin embargo, judíos y sionistas viven en el terror de tener que enfrentar la valentía de los que ya no tienen nada que perder en la doble Intifada, palestina o revisionista. Los ricos y los poderosos están rabiosos cuando ven que se les puede desafiar, como es el caso para los palestinos, a manos limpias, a pedradas, y en el caso de los revisionistas, empuñando la pluma sola.


III. El blanco principal : "la mágica cámara de gas" (Céline)

     Aprendamos a apuntar. No dispersemos nuestros esfuerzos. Entrenémonos a centrar nuestra atención en el centro del dispositivo del adversario. El centro del vasto edificio de imposturas que constituye la religión del "Holocausto" no es más que la mentira de Auschwitz. Y el corazón de la mentira de Auschwitz lo constituye a su vez la prodigiosa "cámara de gas". Ése es el punto al que hay que disparar. Unos carteles llevados por manifestantes árabes o palestinos y con el letrero "El Holocausto de los judíos es una mentira" o bien "Los seis millones son mentira" seguramente preocuparían a los "extor-sionistas", pero estas formulaciones son aún demasiado imprecisas; nunca acertarán tanto como la fórmula: "las cámaras de gas son mentira" .

     Nadie es capaz de enseñarnos, en Auschwitz ni en ninguna otra parte, un solo ejemplar de estos mataderos químicos. Nadie está en condiciones de describirnos la forma exacta y el funcionamiento de una sola de ellas. No se hallan ni vestigios ni señal alguna de que hayan existido. Ni un documento, ni un estudio, ni un dibujo. Nada. Nada fuera de algunas lamentables "pruebas" que, cual espejismos, se esfuman en cuanto uno se acerca y que los historiadores judíos mismos, en estos últimos años, se han visto al fin obligados a desechar. A veces, como en Auschwitz, se les hace visitar a los turistas una supuesta cámara de gas "reconstituída", pero los historiadores, así como las autoridades del museo de Auschwitz, saben perfectamente que, según la palabra del historiador francés anti-revisionista Eric Conan, "allí todo es falso" ("Auschwitz, la Memoria del Mal", en L'Express, 19-25 Enero 1995, p. 68). No obstante, los judíos tienen suerte. Se les cree cualquier cosa. Casi nadie pide ver este prodigio tecnológico que hubiera sido la cámara de gas nazi, verdadero matadero químico a gran escala. Imagine usted que le dijeran que en algún lado existe un avión capaz de transportar dos mil o tres mil personas en media hora de París a Nueva York (según la vulgata exterminacionista, en una sola supuesta cámara de gas en Auschwitz, se podía matar una hornada de dos mil o tres mil judíos en media hora).

     ¿Quién no exigiría, para empezar a creer, que le enseñen al menos una imagen de lo que resultaría un salto tecnológico descomunal, inédito en la historia de la ciencia?. ¿Acaso no es éste el tiempo de las ciencias exactas y las audiovisuales?. ¿Por qué esta repentina timidez cuando se trata de nuestra cámara de gas?. Los propaladores están de lo más tranquilos. Te enseñan el equivalente de tu garaje, o de tu cuarto de baño y te dicen: "Éste es el lugar donde los alemanes gaseaban a los judíos por paquetes de cien o mil". Y tú te lo tragas. Te restregan en las narices unos cabellos iguales a los que se pueden recoger en una peluquería y te afirman, sin sombra de prueba, que son pelos de gaseados. Te proponen zapatos y les ponen el cuño de "calzado de gaseados". Te exponen fotografías de muertos, y tú crees ver asesinados. Te dan escalofríos con la visión de hornos crematorios que no son más que algo común y corriente.

     Existe un medio muy sencillo de demostrarnos que se nos engaña con los rendimientos de los crematorios alemanes de los años '40: oponerles, por comparación, el rendimiento actual de los crematorios más modernos de nuestras ciudades. También conozco un medio imparable de demostrar que las pretendidas cámaras de gas para matar judíos con ácido cianhídrico jamás han podido existir: basta con visitar hoy, como lo hice personalmente en 1979, la cámara de gas de una penitenciaría estadounidense o informarse sobre su naturaleza tan complicada, su estructura tan impresionante, así como el procedimiento tan draconianco de una ejecución por gaseamiento, en los años '40 o '50, en Carson City (Nevada), en Baltimore (Maryland) o en Parchmann (Mississippi); precisamente allí las ejecuciones se siguen haciendo con ácido cianhídrico. Son tan temiblemente peligrosas para los ejecutantes, que la ejecución de una sola persona exige precauciones drásticas y una tecnología complicadísima (haciendo abstracción de recientes sofisticaciones debidas al progreso científico) con lujo de precauciones.

     Sobre este tema, escuchemos a... ¡Céline!

     Considero a Louis-Ferdinand Céline (1894-1961) como el más alto genio de las letras francesas en el siglo XX. Su fuerza, su fineza, su clarividencia eran incomparables. Su existencia, desgraciadamente, fue más que nada un calvario. Desde el día, en 1937, en que empezó a manifestar el temor de ver estallar una segunda Guerra Mundial, firmó su condena. En la Primera Guerra Mundial había sufrido heridas graves, y se le espantaban el cuerpo y el alma al divisar que se acercaba otra carnicería. A los judíos no les convenía ese toque de alarma. La mayor parte de sus responsables reclamaba a gritos una cruzada contra Hitler. Lógicamente, Céline había estigmatizado esta gana afiebrada de castigar a Alemania y ese frenético belicismo. Había anunciado la catástrofe, y, como Gran Bretaña y Francia tomaban la iniciativa de entrar en guerra contra Alemania, sólo le había quedado la necesidad de comprobar en qué "camisa de once varas" se había metido Francia. En 1944, se salvó apenas de una justicia expeditiva animada, muy especialmente, por judíos y comunistas. Se refugió en la Alemania agonizante de los últimos meses de la guerra, y después en Dinamarca, país en el que, durante casi un año y medio, se le encarceló en las peores condiciones. Cuando al fin pudo volver a Francia, fue para conocer una existencia de réprobo. Francia es un país especialmente cruel para con sus grandes escritores. Lo cierto es que hoy en día, sesenta años después de publicadas respectivamente en 1937, 1938 y 1941, tres de sus obras, magistrales sátiras aborrecidas de los judíos, siguen prohibidas de hecho. Ninguna ley impide en principio que se reediten, pero todo el mundo sabe que las organizaciones judías emprenderían la danza del bisturí en caso de que la viuda de Céline, que está viva todavía, autorizara estas publicaciones. Ésta es la ley, no escrita, del moderno Talmud.

     Se conocen muchos ejemplos más de este privilegio judío: es así cómo, por tomar solamente el ejemplo de un universitario culpable de haber escrito un día una frase revisionista, el economista Bernard Notin desde 1990 no ha sido autorizado nunca más a impartir clases en su universidad de Lyon. Ninguna ley, ninguna decisión judicial o administrativa ha mediado para significarle tal prohibición. Hoy le toca, en la misma universidad, al profesor Jean-Paul Allard encontrarse marcado con el signo de Caín por haber presidido una defensa de una tesis revisionista. Una verdadera cacería humana se ha organizado en contra de él. Antes, cuando se les hacía notar a los judíos que perseguían a los revisionistas como aves de caza, solían protestar. Osaban pretender que no era así. Pero los tiempos han cambiado. Los judíos ya no se ocultan y se ufanan de sus acciones violentas. El 1º de Marzo de 2001 el semanario Actualidad Judía titulaba "La Caza de Jean-Paul Allard Está Abierta", y el contenido del artículo equivalía a un llamado al asesinato. Las organizaciones prentenden cínicamente darse a temer, e impera hoy, más que nunca, el ancestral "metus regnat Judaeorum" [miedo reinante a los judíos]. En el caso de J. P. Allard parece que están llegando a sus fines: recientemente este profesor, extenuado por el toque de acoso, ha sido hospitalizado por un grave accidente vascular cerebral y ha perdido el uso normal de la palabra. Además, los judíos y sus amigos han conseguido que se eche del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) a un sociólogo e historiador valioso, el revisionista Serge Thion, y esto según un procedimiento tan arbitrario que el más arrogante de los patronos no podría utilizarlo con el menor empleado sin correr el riesgo de una pesada condena judicial. Y no estoy hablando del calvario que padecen los revisionistas que han peleado sin tapujos, siendo el más admirable, en mi opinión, tanto por la inteligencia como por el corazón, el alemán Ernst Zündel. Establecido en Canadá desde hace cuarenta años, entabló un combate titánico contra el lobby internacional del "Holocausto" y para que se le haga justicia a su difamada patria. Sin él el revisionismo hubiera seguido en una semi-oscuridad. Pero no se puede remontar la corriente del Niágara a nado, y, frente a una todopoderosa coalición de fuerzas políticas, financieras y judiciales, no le ha quedado más remedio, a pesar de deslumbrantes victorias, que salir de Canadá. En su nuevo exilio, sigue, con ayuda de su esposa germano-estadounidense, Ingrid Rimland, luchando por una justa causa.

     Si al final de esta conferencia he evocado la alta figura del autor del Viaje al Fin de la Noche, es porque Céline, por uno de esos relámpagos de genialidad que acostumbraba, sospechaba ya, cinco años después de la guerra, que la supuesta exterminación de los judíos podía no ser más que una fábula, una estafa. Hay que decir que a partir de 1945 raudales de judíos de Europa central, de los que se creía que habían sido exterminados, habían empezado a abalanzarse sobre Francia, así como sobre otros países occidentales o Palestina; en Francia, se habían venido agregando a una comunidad judía de la cual las cuatro quintas partes se habían salvado de la deportación. En Noviembre de 1950, bajo el impacto de la lectura de la primera gran obra de P. Rassinier, La Mentira de Ulises, Céline le escribía a su amigo Albert Paraz:

     "Rassinier seguramente es un hombre honesto [...] su libro, admirable, va a sonar ¡aún cuando tiende a despertar sospechas acerca de la mágica cámara de gas!. ¡Y esto no es poco!. ¡Un mundo de odios va a empezar a aullarle al iconoclasta!. ¡Todo descansaba en la cámara de gas!. ¡Lo autorizaba todo!"

     Nos toca ahora a nosotros admirar esta lúcida y fulgurante visión de las cosas, tan premonitoria.

     Sí, la cámara de gas es verdaderamente "mágica". Como ya lo he dicho, nadie, a fin de cuentas, se ha mostrado capz de mostrarnos una o siquiera de dibujarnos una en respuesta a mi desafío: "Show me or draw me a Nazi gas chamber!". Nadie ha podido explicarnos el funcionamiento de ella. Nadie ha podido decirnos cómo en Auschwitz los alemanes habrían podido derramar granulados de Zyklon B, poderoso insecticida a base de ácido cianhídrico, por unos supuestos agujeros abiertos en el techo de la "cámara de gas", ya que tal pretendida cámara de gas (en realidad, un cuarto frío para la conservación de los cadáveres en espera de ser cremados) no ha tenido jamás, lo cual puede ser observado por una mirada atenta entre las ruinas, el más mínimo agujero de éstos, lo que me llevó a concluír en cuatro palabras: "No holes, no Holocaust".

     Nadie nos ha revelado por qué misterio unos equipos de judíos hubieran podido, bajo órdenes de los alemanes, penetrar impunemente, apenas concluída la supuesta matanza, en esta amplia cámara de gas para sacar, día tras día, hornadas y más hornadas de varios miles de cadáveres amontonados. El ácido cianhídrico es largo y difícil de ventilar: se incrusta en el yeso, el ladrillo, el cemento, la madera, la pintura, y, sobre todo, en la piel y las mucosas, de modo que uno no puede pues entrar, moverse y trabajar, en un océano de veneno mortal y tocar allí unos cuerpos que, impregnados de ese veneno, hubieran contaminado a los manipuladores. Es harto conocido además por los especialistas de la desinfección (o desinfestación) que es imperativo, en semejante atmósfera, evitar el esfuerzo físico, pues, cuando semejante esfuerzo se le pide al cuerpo, la respiración se acelera y el filtro de la máscara de gas deja entonces entrar el veneno, que habrá de matar al que lleve la máscara. Por fin, nadie ha podido darnos a conocer cómo esos asombrosos judíos del Sonderkommando, arrastradores de los cadáveres de sus correligionarios, podían realizar tales hazañas sin dejar de comer y fumar (versión de la "confesión" atribuída a Rudolf Höss, el más famosos de los comandantes sucesivos de Auschwitz); pues, si bien hemos entendido bien, no llevaban siquiera una máscara y fumaban en medio de los vapores mortíferos de un gas explosivo. Esto recuerda la flor imaginaria con la cual soñaba el poeta Mallarmé y a la que llamaba "la ausente de todo ramillete"; la cámara de gas nazi, capaz de proezas delirantes, es la "ausente de toda realidad"; sigue siendo verdaderamente mágica, pero portadora de una magia siniestra y maloliente; no es más que una pesadilla que habita cerebros judíos mientras que, por su parte, los sacerdotes mayores de la "religión del Holocausto" se las arreglan para que esta macabra quimera siga asustando al mundo entero, de modo de mantenerlo en estado de intimidación. Lo que pasa es que para ellos se trata de ganarse el pan con eso...

     Céline sigue teniendo la razón cuando añadía acerca de la mágica cámara de gas que "¡no es poco!". En realidad, como lo dice más adelante, es todo y lo permite todo. Sin ella, el edificio holocáustico se derrumbaría en su totalidad. Pierre Vidal-Naquet, triste pregonero de la lucha anti-revisionista, lo reconoció él mismo cuando, al comprobar que algunos de sus amigos, ya hartos, estaban a punto de tirar por la borda estas engorrosas cámaras de gas, les suplicó que no lo hicieran y lanzó este grito de alarma : "que me perdonen, pero esto es entregar las armas en plena campaña" ("Le Secret Partagé", Le Nouvel Observateur, 21 de Septembre de 1984, p. 80). La cámara de gas nazi sería la única prueba tangible, pero en realidad imposible de encontrar, de una exterminación física que no tuvo lugar jamás y que se nos describe descaradamente como algo concertado, planificado, de naturaleza monstruosamente industrial y con rendimientos dignos de verdaderas "fábricas de muerte".

     Céline tuvo razón por fin al concluír: "¡Todo un mundo de odios se va a encontrar obligado a aullarle al iconoclasta!". Personalmente, yo añadriría, más de medio siglo después de ese pronóstico o profecía, que ese aullido que se hace cada día más ensordecedor, no ha cesado un instante contra los iconoclastas que son los revisionistas. Con un término bárbaro, estos últimos hoy son llamados "negacionistas", cuando en realidad no niegan nada sino que, al llegar al término de sus investigaciones, afirman que vivimos todos cercados por una gigantesca impostura histórica.


Conclusión

     Los revisionistas atormentan de día y de noche a los guardianes de la ley judía y del que Céline, una vez más nuestro Céline, llamaba "el trust de los mártires". Contra los revisionistas que buscan protegerse de él, dicho trust se muestra despiadado. Lleva al suicidio, hiere, desfigura, mata u obliga al exilio. Incendia las casas y quema los libros. Se vale de la policía, de los jueces, de la cárcel. Extorsiona, presiona y roba. Suelta contra nosotros a los perros de la prensa, nos saca de nuestros empleos, nos abruma con injurias. Por nuestra parte, ni uno solo de nosotros ha golpeado jamás a ninguno de estos perpetuos justicieros. El 25 de Abril de 1995, en Munich, un revisionista alemán terminó por darse muerte prendiéndose fuego. Quería protestar contra el "Niágara de mentiras" derramado sobre su pueblo. Según los términos de su último mensaje, esperaba que la llama que consumiría su cuerpo ardiese como un fanal para las generaciones venideras. La policía alemana procedió al arresto de las personas que habían venido a depositar unas flores precisamente allí donde acababa de inmolarse Reinhold Elstner. El 13 de Mayo de 2000, el alemán Werner Pfeiffenberger, profesor de ciencias políticas, terminó dándose muerte al cabo de una larga persecución judicial desencadenada por un periodista judío de Viena, Karl Pfeifer, quien, en un escrito del universitario, había detectado tufillos revisionistas (llamado por supuesto neo-nazismo).

     Los revisionistas viven un drama, y los palestinos una tragedia. Un gran número de niños palestinos están destinados a una suerte patética. Los matones israelíes, a una escala modesta, son los dignos sucesores de la US Air Force, el cuerpo de batalla que en toda la cruenta Historia humana ha contribuído a matar, mutilar, desfigurar o hambrear al mayor número de niños, primero en Alemania y en otras partes de Europa, después en Japón, Vietnam y otras tierras de Asia, más adelante en el Próximo y el Medio Oriente, y en muchos puntos más del mundo donde, cada vez, se le adjudica al soldado estadounidense la misión de perseguir a un "nuevo Hitler" e impedir un nuevo "genocidio".

     ¡Ojalá los dirigentes de los Estados musulmanes escuchen los llamados de los palestinos y revisionistas!. Nuestros tormentos se asemejan y nuestra intifada es idéntica.

     ¡Ojalá que estos dirigentes salgan al fin de su silencio acerca de la mayor impostura de los tiempos modernos, la del "Holocausto"!.

     ¡Ojalá denuncien especialmente la mentira de las supuestas cámaras de gas nazis!. Después de todo, por parte de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, ni uno solo de los grandes dirigentes aliados, a pesar del odio que le tenían a la Alemania hitleriana, se rebajó hasta pretender que las cámaras de gas habían existido. Durante esa guerra, en sus discursos, como después de la guerra, en sus memorias, ni Churchill, ni De Gaulle ni Eisenhower han mencionado ni por un momento este demoníaco engendro del cual bien podían ver que había sido trabajosamente regado durante la guerra por oficiales de propaganda. Hace un cuarto de siglo ya, en un libro magistral, el estadounidense Robert Butz llamaba a la gran impostura "The Hoax of the Twentieth Century", la mistificación del siglo XX. Este siglo ha concluído y su mistificación ha de desaparecer entre la chatarra de la Historia.

     La tragedia de los palestinos lo exige, el drama de los revisionistas lo impone, y la causa de la Humanidad entera nos imparte el mandamiento a la vez histórico, político y moral: la gran impostura debe ser denunciada. Es un fermento de odio y guerra. El interés de todos está en que los dirigentes de los Estados musulmanes salgan al fin de su silencio sobre la impostura del "Holocausto".



1 comentario:

  1. holocausto
    que tipo de verdad es esa,que precisa de una ley criminalizando su negacion??
    que tipo de verdad es esa ,que precisa de un ejercito de censores??
    que tipo de verdad es esa,que solo se mantiene en vilo,mediante amedrentaciones,amenazas,insultos,descalificaciones,agravios y todo tipo de violencias incluso carcel??
    que tipo de verdad es esa,que no permite un debate respetuoso y mucho menos una revision??
    que tipo de verdad es esa,que se ha convertido en una industria del fraude,y que se la utiliza como chantage para obtener posiciones de ventaja?
    cualquier similitud,con el nazismo,las bulas papales medievales,el oscurantismo,no es mera coincidencia y si el holocausto,tambien conocido en algunos medios academicos,como el holofraude,el holonegocio,el holocuento.
    si viviera galileo galilei,volveria a ser condenado por estos estafadores de la historia

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