BUSCAR en este Blog

viernes, 30 de diciembre de 2011

Mircea Eliade - Sobre la Religión de los Germanos


     Del libro "Historia de las Creencias y de las Ideas Religiosas" (París, 1978, 1ª ed. en castellano, 1979) del célebre filósofo e historiador rumano Mircea Eliade (1907-1986), de su capítulo XXI hemos seleccionado los cinco parágrafos que se refieren a la mitología germánica, considerando que constituyen una buena introducción al tema para quien no esté familiarizado con él. Recomendamos la lectura de esta obra (en 4 volúmenes) que ha sido puesta a disposición universal, así como en general los otros escritos del profesor Eliade, a quien tantos han considerado. En este agobiante mediodía no está mal descansar un rato a la sombra con esta mitología.


Ilustración de Ralph Horsley


YGGDRASIL Y LA COSMOGONÍA DE LOS ANTIGUOS GERMANOS

     Aunque disponen de una documentación mucho más rica que los estudiosos del mundo celta, los investigadores de la religión germánica insisten en la dificultad de su tarea. Las fuentes son de naturaleza distinta y de valor desigual: restos arqueológicos, escritos de época romana (y, en primer lugar, la Germania de Tácito), descripciones de los misioneros cristianos y sobre todo los poemas de los skaldas islandeses, completados gracias a un valioso manual compilado por Snorri Sturluson en el siglo Xlll. Por otra parte, únicamente en Islandia, cristianizada en época muy tardía (hacia el año 1000), se conservó una tradición oral lo bastante coherente como para que podamos reconstruír en sus grandes líneas la mitología y el culto. Esto significa que, a falta de pruebas complementarias, no podemos considerar las noticias referentes a los emigrados noruegos a Islandia como válidas para el conjunto de las tribus germánicas.

     Sin embargo, y a pesar de estas graves lagunas (carecemos en absoluto de noticias sobre los godos y los burgundios), de la heterogeneidad de las creencias (resultado de las diversas influencias: célticas, romanas, orientales, norasiáticas, cristianas) experimentadas por las distintas tribus durante su dispersión a través de media Europa, no se puede dudar de una cierta unidad fundamental de la religión de los germanos. En primer lugar, aún es posible reconocer ciertos elementos específicos del legado indoeuropeo en las tradiciones de diversas tribus (en primer lugar, la tripartición divina, la pareja antagónica y complementaria de dioses soberanos, la escatología). Por otra parte, los nombres de los días indican que todos los pueblos germánicos veneraban a los mismos grandes dioses. Cuando en el siglo IV los germanos adoptaron la semana de siete días, sustituyeron los nombres de las divinidades romanas por los de las suyas. Así, por ejemplo, «miércoles», dies Mercurii, fue sustituído por el «día de Odín-Wotán»: Wuotanestac en viejo alemán, wednesday en inglés, woensdag en holandés, Odhinsdagr en viejo escandinavo. Ello prueba que Mercurio fue identificado con un dios conocido en todo el mundo germánico por el mismo nombre: Odín-Wotán.

     Se ha observado que la última fase de la religión germánica estuvo imbuída de un interés apasionado por el mito del fin del mundo. Se trata en realidad de un fenómeno general, atestiguado a partir del siglo II a.C. en el Próximo Oriente, en Irán, Palestina, el Mediterráneo y, un siglo más tarde, en el Imperio romano. Pero lo propio de la religión germánica es que el fin del mundo está ya anunciado en la cosmogonía.

     Snorri nos ha transmitido el relato más completo de la creación [Gylfagmning, 4-9]. Su fuente principal es un admirable poema, Völuspá («Predicción de la volva», es decir, «la vidente»), compuesto hacia el final de la época pagana. Según estas «predicciones» [Ibíd., estrofa 3], al principio no había «ni tierra ni bóveda celeste»; sólo existía un «abismo gigante», Ginnungagap [1]. Esta imagen, bien conocida en las cosmogonías orientales, aparece en otros textos [2]. Snorri precisa que hacia el norte se extendía una región fría y brumosa, Niflheimr, identificada como el mundo de los muertos, donde brotaba una fuente que daba origen a once ríos; al sur había un país abrasado, Muspell, guardado por el gigante Surtr (el «negro»). Al juntarse el hielo y el fuego, nació un ser antropomorfo, Ymir, en la zona intermedia. Mientras dormía, nacieron bajo su brazo y de su sudor un hombre y una mujer, mientras que uno de sus pies engendró con el otro un hijo. Del hielo fundido nació una vaca, Audhumbla, que alimentó a Ymir con su leche. Lamiendo el hielo salado, Audhumbla le fue dando la forma de un hombre, Buri, que tomó por esposa a la hija de un gigante y de ella tuvo tres hijos: Odín, Vili y Vé. Los tres hermanos decidieron dar muerte a Ymir; la sangre, al brotar, anegó a todos los gigantes, menos a uno que se salvó misteriosamente con su mujer. Los hermanos pusieron luego a Ymir en medio del gran abismo y, desmembrándolo, produjeron el mundo a partir de su cuerpo: la tierra se formó de la carne; de los huesos, las rocas; de la sangre, el mar; de los cabellos, las nubes; del cráneo, el cielo.

[1] J. de Vries interpreta el término ginnunga como que expresa la idea de engaño por magia, y de ahí «sortilegio, magia»; véase «Ginnungagap», págs. 41 y sigs.
[2] Según la Plegaria de Wessobrunn, poema de origen cristiano escrito durante el siglo IX en Alemania meridional, «no había ni tierra ni bóveda celeste, ni árbol ni montaña (...) el sol no brillaba ni la luna alumbraba. El mar glorioso no existía».

     La cosmogonía fundada sobre la muerte y el desmembramiento de un ser antropomorfo recuerda los mitos de Tiamat, de Purusha y de P'an-ku. La creación del mundo es, por consiguiente, resultado de un sacrificio cruento, idea religiosa arcaica y abundantemente difundida, que entre los germanos, al igual que en otros pueblos, justifica el sacrificio humano. En efecto, este sacrificio, repetición del acto divino primordial, asegura la renovación del mundo, la regeneración de la vida, la coherencia de la sociedad. Ymir era un ser bisexuado [3]: engendró sin concurso ajeno una pareja humana. La bisexualidad constituye, como es sabido, la expresión por excelencia de la totalidad. Entre los antiguos germanos, la idea de la totalidad primordial aparece reforzada por otras tradiciones mitológicas, según las cuales Ymir, antepasado de los dioses, engendró también a los gigantes demoníacos que amenazarán al cosmos hasta la catástrofe final.

[3] El nombre de Ymir ha sido relacionado con el sánscrito Yima, «bisexuado». Según Tácito, Germania, II, el antepasado mítico de los germanos era Tuisto. Este nombre, por otra parte, se relaciona con el viejo sueco tvistra, «separado», que designa, como «Ymir», a un ser andrógino.

     Los tres hermanos prosiguen su obra cosmogónica y crean las estrellas y los cuerpos celestes a partir de las centellas lanzadas desde el Muspell y regulan sus movimientos, fijando de este modo el ciclo cotidiano (día y noche) y la sucesión de las estaciones. La tierra, de forma circular, quedó rodeada en su exterior por el gran océano, en cuyas costas establecieron los dioses la morada de los gigantes. En el interior formaron Midhgardh (literalmente «morada de en medio»), el mundo de los hombres, defendido por una cerca hecha de las pestañas de Ymir. Con la ayuda de Hoenir, el dios taciturno, y de Lodhur, figura de la que apenas sabemos nada, Odín creó la primera pareja humana a partir de dos árboles, Askr y Embla [4], que halló en la playa, dándoles un alma; Hoenir los dotó de inteligencia y Lodhur les dio los sentidos y la forma humana. Otro mito habla de dos seres humanos que emergieron del árbol cósmico, Yggdrasil, y poblaron el mundo. Durante el gran invierno del ragnarök hallaron refugio en el tronco de Yggdrasil, nutriéndose del rocío y de sus ramas. Según Snorri, esta pareja, abrigada en el árbol cósmico, sobrevivió a la destrucción del mundo y repoblaría la nueva tierra que habría de surgir después.

[4] Askr recuerda al Fresno cósmico; Embla equivaldría quizá al elmla, «olmo». La antropogonía a partir de árboles constituye un tema muy difundido en las mitologías arcaicas, que está asimismo atestiguado entre los indoeuropeos; véase G. Bonfante, «Microcosmos y Macrocosmos en el Mito Indoeuropeo», págs. 1 y sigs.

     El árbol Yggdrasil, situado en el «centro», simboliza y al mismo tiempo constituye el universo. Su cima toca el cielo y sus ramas abarcan el mundo. Una de sus raíces se hunde en el país de los muertos (Hel), la otra llega al país de los gigantes, y la tercera al mundo de los hombres [5]. Desde que brotó, es decir, desde que el mundo fue ordenado por los dioses, Yggdrasil estuvo amenazado por la ruina, pues un águila comenzó a devorar su follaje, su tronco empezó a pudrirse y la serpiente Niddhog se puso a roerle las raíces. Un día no muy lejano Yggdrasil caerá, y entonces sobrevendrá el fin del mundo (ragnarök).

[5] Según Snorri, cada una de las tres raíces se hunde en un pozo; los más célebres eran el pozo del más sabio de los dioses, Mimir, en el que Odín depositó como prenda su ojo, y el del destino (Urdharbrunnr). Pero es probable que la tradición primitiva hablara de una sola fuente subterránea.

     Se trata evidentemente de la imagen ya conocida del árbol universal situado en el centro del mundo y que une los tres niveles cósmicos: cielo, tierra e infierno [6]. En diversas ocasiones hemos señalado el arcaísmo y la difusión considerable de este simbolismo cosmológico. Ciertas concepciones orientales y norasiáticas han influído verosímilmente en la imagen y en el mito de Yggdrasil. Pero conviene subrayar los rasgos específicamente germánicos: el árbol —es decir, el cosmos— anuncia ya por su misma aparición la decadencia y la ruina final; el destino, Urdhr, está oculto en el pozo subterráneo en que se hunden las raíces de Yggdrasill, dicho de otro modo: en el centro mismo del universo. Según la Völuspá [estrofa 20], la diosa del destino determina la suerte de todo ser viviente, no sólo de los hombres, sino también de los dioses y de los gigantes. Podríamos decir que Yggdrasil encarna el destino ejemplar y universal de la existencia; todo modo de existir —el mundo, los dioses, la vida, los hombres— es perecedero, pero susceptible, sin embargo, de resurgir al comienzo de un nuevo ciclo cósmico.

[6] El mismo simbolismo aparece en la columna Irminsul, que, según las creencias de los sajones, sustenta el cielo.


LOS ASES Y LOS VANES. ODÍN Y SUS PODERES «CHAMÁNICOS»

     Una vez establecida la pareja de los antepasados en el Midhgardh, los dioses edificaron su propia morada, Asgardh, también en el centro del mundo, pero en las alturas [7]. El panteón aparece repartido en dos grupos divinos: los Ases y los Vanes. Destacan entre los Ases Tyr, Odín y Thorr; los dos primeros corresponden al binomio de los dioses soberanos (Mitra y Varuna en la India védica), mientras que Thorr, el dios del martillo, enemigo por excelencia de los gigantes, recuerda el carácter marcial de Indra. Por su parte, los más destacados entre los Vanes —Njördhr, Freyr y Freya— se caracterizan por su riqueza y por sus relaciones con la fecundidad, el placer y la paz. Analizando la estructura mítica de la guerra entre los romanos y los sabinos, hemos aludido ya al conflicto que estalló entre los Ases y los Vanes. Esta guerra, prolongada, dura e indecisa, termina con una reconciliación definitiva. Las principales divinidades Vanes se establecen entre los Ases y completan, mediante la riqueza y la fecundidad que rigen, los poderes representados por la soberanía jurídica, la magia y la fuerza guerrera.

[7] Como es sabido, las indicaciones topográficas del centro del mundo reflejan una geografía mítica, construída conforme a una geometría imaginaria.

     Diversos investigadores se han esforzado por interpretar este episodio fabuloso como el recuerdo de un conflicto histórico entre los representantes de dos culturas distintas que compartían creencias religiosas diferentes: los agricultores autóctonos (para algunos, los Megalithenvölker) y sus conquistadores (los Streitaxtvölker o conquistadores ariófonos). Pero G. Dumézil ha demostrado que se trata de un tema mitológico indoeuropeo fuertemente historicizado en el relato de Snorri [8]. Ciertamente, las invasiones de los territorios habitados por las poblaciones agrícolas neolíticas, la sumisión de los autóctonos por los invasores militarmente superiores, seguida de la simbiosis entre estos dos tipos de sociedades, que representan a su vez dos etnias distintas, son hechos atestiguados por la arqueología, que por otra parte constituyen un fenómeno específico de la protohistoria europea, que en algunas zonas se prolongó hasta la Edad Media. Pero el tema mitológico de la guerra entre los Ases y los Vanes precede al proceso de germanización, pues forma parte integrante de la tradición indoeuropea. Verosímilmente, el mito sirvió de modelo y de justificación a numerosas guerras locales, que terminaron con la reconciliación de los adversarios y con su integración en una sociedad común.

[8] Véanse, en definitiva, Los Dioses de los Germanos, págs. 17 y sigs., 39 (bibliografía); id., Del Mito a la Novela, págs. 22 y sigs.

     Hemos de añadir, sin embargo, que si los principales Ases —Tyr, Odín y Thorr— conservan ciertos rasgos específicos de los dioses de las tres primeras funciones, la soberanía y la guerra, sus imágenes han experimentado fuertes modificaciones; se modelaron, por un lado, de acuerdo con el genio religioso germánico y, por otro, bajo el impacto de las influencias mediterráneas y norasiáticas. Odín-Wotán es el más importante de los dioses, su padre y soberano. Han sido puestas de relieve sus analogías con Varuna: los dos son soberanos por excelencia y señores de la magia, que «atan» y paralizan a sus adversarios, ávidos de sacrificios humanos [Dumézil, Los Dioses de los Germanos, págs. 62 y sigs.]. Sin embargo, como veremos enseguida, no menos notables resultan las diferencias.

     En un pasaje del poema Hávamál [«Palabras del Altísimo», estrofas 139-142] cuenta Odín cómo obtuvo las runas, símbolo de la sabiduría y del poder mágicos. Suspendido durante nueve noches del árbol Yggdrasil, «herido por la lanza y sacrificado a Odín, yo mismo sacrificado a mí mismo, sin alimento ni bebida, he aquí que, a mi llamada, se revelaron las runas». De este modo obtuvo la ciencia oculta y el don de la poesía. Se trata ciertamente de un rito de iniciación de estructura para-chamánica. Odín permanece suspendido del árbol cósmico [9]; por otra parte, yggdrasil significa «el caballo (drasil) de Ygg», uno de los nombres de Odín. El patíbulo es llamado el «caballo» del reo, y es sabido que las víctimas sacrificadas a Odín eran suspendidas de los árboles. Al herirse a sí mismo con la lanza, al abstenerse de agua y alimentos, el dios sufre la muerte ritual y adquiere la sabiduría secreta de tipo iniciático. El aspecto chamánico de Odín queda confirmado por su caballo de ocho patas, Sleipnir, y por los dos cuervos que le informan de cuanto ocurre en el mundo. AI igual que los chamanes, Odín puede cambiar de forma y enviar su espíritu bajo la apariencia de diversos animales; busca y obtiene entre los muertos los conocimientos secretos; declara en el Hávamál [estrofa 158] conocer un encantamiento capaz de obligar a un reo colgado a descender y conversar con él; es experto en el arte del seidhr, técnica oculta de tipo chamánico [10].

[9] Sobre la función del árbol cósmico en las iniciaciones de los chamanes norasiáticos, véase nuestro El Chamanismo, págs. 49 y sigs., 145 y sigs., 163 y sigs.
[10] Es difícil precisar el «origen» de los elementos chamánicos que hallamos en la religión de los antiguos germanos, especialmente en el culto y la mitología de Odin-Wotán. Algunos se remontan a la herencia indoeuropea, pero no deben excluírse las influencias norasiáticas. De todos modos, la importancia atribuída a las técnicas extáticas y a las creencias de estructura chamánica aproximan la religión de los germanos al chamanismo asiático.

     En otros mitos se narran las estratagemas a que recurre Odín y el precio que acepta pagar para obtener la sabiduría, la omnisciencia y la inspiración poética. Había un gigante, Mimir, famoso por su ciencia oculta. Los dioses lo decapitaron y enviaron su cabeza a Odín, que la conservó con ayuda de ciertas plantas para consultarla cuando deseara averiguar algún secreto [11]. Según Snori [Gylfaginmng, 8], Mimir era el guardián de la fuente de la sabiduría, que se hallaba al pie de Yggdrasil. Odín no obtuvo el derecho a beber de ella sino después de haber sacrificado un ojo, que hubo de esconder en la fuente [Völuspa, estrofa 25].

[11] Los chamanes yugakir consultan los cráneos de sus antepasados chamanes; véase M. Eliade, El Chamanismo, pág. 201.

     Un importante mito relata el origen de la «bebida de la poesía y la sabiduría»: en el momento en que se estableció la paz entre los Ases y los Vanes, todos los dioses escupieron en un recipiente; de ahí surge un ser extraordinariamente sabio, llamado Kvasir [12]. Dos enanos le dan muerte, mezclan su sangre con miel y de este modo fabrican la hidromiel. Quien la bebe se hace poeta o sabio. La bebida está oculta en el otro mundo, en un lugar difícil de hallar, pero Odín logra apoderarse de ella, y desde entonces es accesible a todos los dioses. Los skaldas llaman a la inspiración poética «la copa de Ygg», «la hidromiel de Ygg», pero también «hidromiel de los enanos», «sangre de Kvasir», etc. [13]. Para concluír, después de su iniciación (que le permite obtener las runas), del sacrificio de su ojo (que le confiere el derecho a beber del pozo de Mimir) y del robo de la hidromiel, Odín se convierte en dueño indiscutible de la sabiduría y de todas las ciencias ocultas. Es a la vez dios de los poetas y de los sabios, de los extáticos y de los guerreros.

[12] Se trata de la personificación de una bebida intoxicante que sirve para sellar el acuerdo entre los dos grupos sociales. G. Dumézil ha llamado la atención sobre un paralelo indio; véase Loki, págs. 102 y sigs.; véase id., Los Dioses de los Germanos, págs. 31 y sigs.
[13] Se citan las fuentes en E. O. G. Turville-Petre, Myth and Religion of the North, pág. 38.


LA GUERRA, EL ÉXTASIS Y LA MUERTE

     A diferencia de Varuna, Odín-Wotán es un dios de la guerra; en efecto, como escribe Dumézil, «en la ideología y en la práctica de los germanos, la guerra lo llena todo y da colorido a todo» [G. Dumézil, Los Dioses de los Germanos, pág. 65]. Pero en las sociedades tradicionales, y sobre todo entre los antiguos germanos, la guerra constituye un ritual, justificado por una teología. Tenemos ante todo la asimilación del combate al sacrificio: tanto el vencedor como la víctima aportan al dios una oblación cruenta, y de ahí que la muerte heroica se considere una experiencia religiosa privilegiada. Por otra parte, la naturaleza extática de la muerte hace que se asemejen el guerrero y el poeta inspirado, el chamán, el profeta y el sabio visionario. Odín-Wotán adquiere su carácter específico precisamente en virtud de esta exaltación de la guerra, del éxtasis y de la muerte.

     El nombre de Wotán deriva del término wut, que significa literalmente «furor». Se trata de la experiencia característica de los jóvenes guerreros, que transmutaba su humanidad por un acceso de furia agresiva y terrorífica, asimilándolos a carnívoros enfurecidos. Según un poema [Ynglinga-Saga, cap. VI], los compañeros de Odín «marchaban sin coraza, salvajes como perros o lobos, mordían sus escudos y eran fuertes como osos o toros. Daban muerte a los hombres y ni el fuego ni el acero podían nada contra ellos. A esto se llamaba furor de los bersekir (literalmente, "los guerreros con envoltura, serkr, de oso")». También eran conocidos por el nombre de ûlfhêdhnar, «hombre con piel de lobo».

     Para hacerse berserkr había que librar previamente un combate iniciático. Así, entre los chatti, escribe Tácito [Germania, 31], el postulante no se cortaba los cabellos o la barba hasta haber dado muerte a un enemigo. Entre los taifali, el joven tenía que abatir un jabalí o un oso, mientras que entre los heruli había que combatir sin armas [14]. A través de estas pruebas se apropiaba el postulante de la manera de ser propia de las fieras; se convertía en guerrero temible conforme a la medida en que lograba comportarse como un carnívoro. Las creencias relacionadas con la licantropía, que se obtenía ritualmente revistiendo una piel de lobo, se popularizaron en la Edad Media; en las regiones septentrionales se prolongaron hasta el siglo XIX.

[14] Véanse M. Eliade, Naissances mystiques, pág. 175 y n. 4; id., «Les Daces et les loups», en De Zalmoxis a Gengis Jan, especialmente págs. 17 y sigs. Tácito describe a los harii (habitantes del curso superior del Vístula y del Oder), con sus escudos negros y los cuerpos pintados también de negro, como «un ejército de fantasmas» (exercitus feralis) al que ningún enemigo era capaz de mirar sin estremecerse; véase Germania, 43.

     Odín-Wotán, dios de la guerra, lo es también de los muertos. Protege con sus poderosos recursos mágicos a los grandes héroes, pero termina por traicionar y abatir a sus protegidos. La explicación de este comportamiento extraño y contradictorio consiste, al parecer, en la necesidad de rodearse de guerreros temibles con vistas a la batalla escatológica del ragnarök. En efecto, los guerreros notables, caídos en combate, eran conducidos por las valkirias al palacio celeste del Valhala [15], donde eran acogidos por Odín y pasaban su tiempo guerreando y preparándose para la batalla final.

[15] Valhöll, «sala de los caídos». Las valkirias, cuyo nombre significa «la que eligen los muertos en el campo de batalla», eran primitivamente espíritus tutelares de los muertos.

     Protector de las Männerbünde que, como toda sociedad extática y guerrera, aterrorizaban a las poblaciones, Odín-Wotán no podía ser la divinidad favorita de los aldeanos. Su culto, que incluía sacrificios humanos por suspensión, se celebraba especialmente en las familias de los reyes, los jefes militares y sus allegados. Se ha señalado, sin embargo, un buen número de topónimos que incluyen su nombre, e incluso designaciones compuestas con los términos que significan «campo» y «pradera». Esto no prueba el carácter agrario de Odín, sino su aspecto «imperialista», su tendencia a apropiarse las funciones y atributos de otras divinidades.

     La función capital que corresponde a Odín-Wotán en la vida religiosa de los germanos se explica por el prestigio múltiple que rodea a la soberanía mágica. Odín es el autor principal de la creación del mundo, de los dioses y del hombre. (De otros personajes divinos que intervienen en los tiempos míticos de los comienzos, la memoria colectiva ha retenido únicamente los nombres). También está llamado a desempeñar el papel más importante en la batalla final del ragnarök. Su condición de dios soberano y a la vez de dios de la guerra y de la muerte hace que se entienda mejor el carácter sagrado de la monarquía, así como la valoración religiosa de la muerte en el campo de batalla, concepciones que caracterizan la alta Edad Media germánica.


LOS ASES: TYR, THORR, BALDR

     El primero de los Ases, Tyr (Tiwaz, Ziu), es una divinidad mucho más pálida. Originalmente era un dios supremo [16], pues uno de los nombres con que son designados los dioses, tîwar, es el plural de tyr. La interpretatio romana lo identificaba con Marte, y de ahí que sea clasificado ordinariamente como un dios de la guerra. En efecto, Tyr representa un aspecto guerrero muy desarrollado, pero aún es notoria su vocación original de dios «jurista» (homólogo de Mitra). Tiene relaciones orgánicas con el thing, o asamblea del pueblo en la que se debatían los procesos. Es cierto que las asambleas en tiempo de paz recordaban a las del tiempo de guerra, pues en uno y otro caso acudían los hombres armados y aprobaban las decisiones agitando en el aire la espada o el hacha, o bien golpeando el escudo con la espada [17].

[16] Su nombre, Tiwaz, está emparentado con los restantes nombres indoeuropeos del (dios del) cielo: Dyaus, Zeus, Júpiter. Es verosímil que, al menos entre algunas tribus germánicas, el dios celeste siguiera recibiendo veneración bajo el nombre de Irmin-Hermin.
[17] Como observa J. de Vries, «desde el punto de vista germánico, no hay contradicción alguna entre el aspecto de "dios de las batallas" y el de "dios del derecho"»; véase Altgermanische Religionsgeschichte, II, pág. 13.

     El episodio mítico más importante, que caracteriza la fisonomía de Tyr, tuvo lugar en el comienzo de los tiempos. Los dioses sabían que el lobo Fenrir, concebido por una gigante tras unirse con Loki, habría de devorarlos. Convenciéndolo de que se trataba de un juego, lograron atarlo con una correa mágica, tan fina que resultaba invisible. Desconfiado, el joven lobo aceptó el juego a condición de que uno de los dioses metiera la mano en sus fauces, como prueba de que no se trataba de hacerle ningún daño. Sólo Tyr se atrevió a hacer este gesto, y cuando el lobo sintió que no podía soltarse, le cortó la mano [Gylfaginning, cap. 13,21]. Dumézil observa atinadamente que ese gesto, necesario para salvar el panteón, constituye una violación del juramento y, en consecuencia, indica la degradación del dios soberano-jurista [18].

[18] Véase Los Dioses de los Germanos, pág. 75: «Lo que la sociedad divina ganó de este modo en eficacia lo perdió en poder moral y místico, de modo que ya no es otra cosa que la proyección exacta de las bandas o los Estados terrenos, cuyo único interés es medrar y vencer. La vida de todos los grupos humanos, ciertamente, está hecha de violencia y astucia; la teología, al menos, describe un Orden divino en el que no todo es perfecto, pero en el que, Mitra o Fides, vela un garante, brilla un modelo divino».

     Thorr (Donar) fue uno de los dioses más populares. Su nombre significa «trueno» y su arma es el martillo Mjöllnir («demoledor»), imagen mítica del rayo y análogo al vajra de Indra. Su barba roja y su apetito fabuloso lo aproximan al campeón védico. Thorr defiende a los Ases y su morada divina. Numerosos relatos lo presentan haciendo frente a los gigantes y aniquilándolos con su martillo [19]. Su principal adversario es la serpiente cósmica, Jörnungan, que tiene enlazado en sus anillos al mundo y amenaza a los dioses en el ragnarök. Numerosos textos y algunas figuras lo muestran sacando del mar al dragón.

[19] Las relaciones entre Thorr y el personaje que blande un hacha en los grabados rupestres escandinavos son difíciles de precisar.

     En muchos templos había efigies de Thorr, siempre representado con su martillo. Los testigos hablan de estas imágenes más que de las de los restantes dioses. Como señor de las tormentas, Thorr era popular entre los agricultores, y aunque no era una divinidad agraria, aseguraba las cosechas y protegía las aldeas contra los demonios. En su función como dios guerrero fue suplantado por Odín. El lado erótico, característico de Indra, aparece posiblemente en la función ritual del martillo con ocasión de los matrimonios. Se ha observado la «folklorización» de ciertos relatos mitológicos que destacan las figuras de Thorr, Mjöllnir y los gigantes; por ejemplo, el disfraz de novia que adopta Thorr para engañar al gigante que le había robado el martillo. Se olvidó la significación de los ritos subyacentes, y estos relatos mitológicos sobrevivieron gracias a sus calidades narrativas. Procesos semejantes explican la «originalidad» de numerosos temas literarios.

     Por su pureza y su nobleza, por su destino trágico, Baldr es el más interesante de los dioses. Hijo de Odín y de la diosa Frigg, es, según Snorri, «el mejor y todos le alaban. Su aspecto es tan bello y tan brillante que despide luz (...) Es el más sabio de los Ases, el más hábil en el hablar y el más clemente» [Gylfaginning, cap. II]. Sabemos muy poco sobre su culto, pero no cabe duda de que era universalmente amado. Sin embargo, Baldr reveló a través de su muerte la importancia que tenía en el drama del mundo. Por otra parte, su mito es el más conmovedor de toda la mitología germánica.

     Siempre según la versión de Snorri, Baldr tuvo sueños funestos, por lo que los dioses decidieron hacerle invulnerable. Su madre recogió el juramento de todas las cosas por el que éstas se comprometían a no causarle daño. Luego se reunieron en asamblea los Ases en el lugar del thing, alrededor de Baldr, y se pusieron a divertirse golpeándole con sus espadas y lanzándole toda clase de proyectiles. «Cuando Loki lo vio, sintió disgusto». Fue al encuentro de Frigg disfrazado de mujer y le preguntó si todos los seres habían jurado no causar daño a Baldr. Frigg respondió: «Hay una joven planta a la que llaman mistilteinn (muérdago), pero me ha parecido demasiado joven para pedirle un juramento». Loki corrió hacia el thing. Hödhr, el hermano de Baldr, era ciego y se mantenía apartado, pero Loki le entregó el ramo y le dijo: «Haz como los demás, atácale y yo te indicaré la dirección en que está». Guiado por Loki, Hödhr lanzó el brote de muérdago contra su hermano. «El golpe atravesó a Baldr, que cayó muerto en el suelo. Fue la mayor desgracia que haya ocurrido entre los dioses y entre los hombres». Sin embargo, por hallarse en lugar sagrado, nadie podía castigar a Loki [Gylfaginning, caps. 33-35].

     «Este drama, como se desprende claramente de la Völuspá, es la clave de toda la historia del mundo. Por su causa se ha vuelto irremediable la actual mediocridad del mundo. Ciertamente la bondad y la clemencia de Baldr habían resultado hasta entonces ineficaces, ya que, debido a una especie de mala suerte, ninguno de sus juicios valía, no se realizaba, pero al menos existía Baldr, y su existencia significaba un consuelo y una protesta» [G. Dumézil, Los Dioses de los Germanos, págs. 95-96].

     Por no haber caído en el campo de batalla, Baldr no pudo dirigirse al Valhalla, sino hacia los dominios de Hel. Odín envía un mensajero para pedir a Hel que libere a Baldr, pero recibe por respuesta que así se hará a condición de que «todas las cosas del mundo» lo lloren. Informados por los dioses, los hombres y los animales, las piedras y los árboles lo hacen así. Únicamente una hechicera se negó a llorar a Baldr, y «se supone que era Loki». Finalmente, Thorr atrapa a Loki y los dioses lo encadenan a una roca. Por encima de él suspenden una serpiente venenosa que deja caer su ponzoña sobre el rostro de Loki. Su mujer —escribe Snorri— se mantiene a su lado y sujeta un recipiente para recoger el veneno. Cuando el recipiente está lleno, marcha a vaciarlo, pero entre tanto Loki recibe el líquido venenoso en el rostro, se retuerce y entonces tiembla la tierra. Sin embargo, Loki logrará liberarse en el momento del ragnarök, cuando el mundo toque a su fin.


LOS DIOSES VANES. LOKI. EL FIN DEL MUNDO

     Todos los Vanes están más o menos directamente relacionados con la fecundidad, la paz y la riqueza. Njördhr, el más viejo, tomó por esposa a su hermana, y sus hijos fueron los gemelos Freyr y Freya. Los antiguos germanos sentían horror por el incesto, por lo que esta tradición mitológica puede ser interpretada como un reflejo de las costumbres propias de las poblaciones aborígenes pre-indoeuropeas [20], o como una manera de subrrayar el carácter orgiástico de las divinidades de la fecundidad, en especial de la fecundidad agraria. Tácito [Germania, 40] habla de la diosa Nerthus, «es decir, la tierra madre»; su nombre coincide con el de Njördhr. La diosa circulaba entre las tribus sobre un carro tirado por una vaca; su culto se celebraba en un bosque sagrado que había en una isla «del Océano». Y añade el historiador romano: «Es el único momento en que se conoce y disfruta de paz y tranquilidad». Luego eran bañados el carro y la imagen de la diosa; los esclavos que ejecutaban el rito eran ahogados a continuación en el mismo lago. El relato de Tácito está probablemente influído por lo que el autor sabía acerca del rito de Cibeles en Roma. Sin embargo, un relato conservado en la saga del rey Olaf confirma la existencia de este tipo de culto [21].

[20] Snorri afirma que el matrimonio entre hermano y hermana era habitual entre los Vanes.
[21] Resumen de E. Davidson, Gods and Myths of Northern Europe, págs. 93 y sigs.

     En la última fase del paganismo escandinavo, Njördhr fue suplantado por Freyr, representado en su templo de Upsala por una imagen fálica; su culto incluía numerosos actos orgiásticos y sacrificios humanos. Pero su mitología carece de interés. En cuanto a Freya, al igual que Frigg (Frija) [22], que posiblemente no es sino un sobrenombre, era la diosa por excelencia del amor y de la procreación. Según Snorri, era la única divinidad venerada todavía por el pueblo cuando él estaba redactando su obra; el gran número de topónimos que incluyen el nombre de Freya confirma esta opinión. Snorri añade que Freya fue originalmente una sacerdotisa de los Vanes, la primera en enseñar a los Ases la técnica adivinatoria del seidhr. Tenía el poder de comunicarse con el otro mundo y adoptar la forma de un ave.

[22] Fue asimilada a Venus: dies Veneris, Freitag, friday.

     Loki es un dios enigmático y ambiguo. No está clara la etimología de su nombre. Ni recibía culto ni se le consagraban templos. Pertenecía a la clase de los Ases, pero trataba de perjudicar a los demás dioses, y en el fin del mundo combatirá contra ellos; finalmente matará a Heimdallr. Su comportamiento resulta desconcertante: por una parte es compañero de los dioses [23] y combate de buena gana a sus enemigos, los gigantes; hace que los enanos forjen determinados objetos mágicos, verdaderos atributos de los dioses (el anillo Draupnir para Odín, el martillo para Thorr, etc.). Por otra, resulta malvado, inmoral, criminal; es autor de la muerte de Baldr, y se ufana de ello. Su naturaleza demoníaca queda confirmada por su progenie: hijos suyos son el lobo Fenrir y la Gran Serpiente; hija suya es también Hel, la divinidad del triste país al que van los muertos que no tienen derecho a instalarse en el Valhalla.

[23] Junto con Thorr emprende un viaje al país de los demonios y los gigantes; acompaña a Odín y Hoenir y les ayuda a despojar al enano Andvari, etc.

     Son abundantes los mitos relacionados con Loki, pero se parecen muchas veces a los cuentos populares y a las farsas. Se pavonea de sus conquistas: dio un hijo a la esposa de Tyr, ocupó el lugar de Thorr junto a la esposa de éste, etc. Juega algún papel en casi todas las farsas y las historias en que aparecen en escena los dioses y los gigantes. Un poema célebre y terrible, Lokasenna, narra cómo, al introducirse en la sala donde los dioses celebraban una fiesta, Loki los insultó de manera muy insolente. Únicamente la aparición de Thorr logra poner fin a sus vituperios.

     Desde hace un siglo los investigadores han venido explicando la figura de Loki como un dios del fuego, un dios del trueno o de la muerte, un reflejo del diablo cristiano o un héroe civilizador comparable a Prometeo [24]. En 1933 J. de Vries lo comparaba con el «artero» (trikster), personaje ambivalente típico de las mitologías norteamericanas. Dumézil propuso una interpretación más plausible, en la que se tienen en cuenta a la vez a Loki, Hödhr, Baldr y el fin del mundo. El carácter de impostor que muestra Loki, su maldad y su presencia entre los enemigos de los dioses durante la batalla escatológica lo convierten en un homólogo del siniestro personaje del Mahābhārata, Duryodhana, encarnación por excelencia del demonio de nuestra edad. Según Dumézil, la amplitud y la regularidad de la armonía entre el Edda y el Mahābhārata demuestra la existencia de un gran mito escatológico en el que se relatan las relaciones entre el bien y el mal, así como la destrucción del mundo, mito constituído ya antes de la dispersión de los pueblos indoeuropeos [25].

[24] Véase el análisis de las distintas teorías propuestas hasta 1932 en J. de Vries, El Problema de Loki, págs. 10-22, y G. Dumézil, Loki, págs. 109 y sigs.
[25] Véanse G. Dumézil, Los Dioses de los Germanos, págs. 97 y sigs.; id., Mito y Epopeya, I, págs. 238 y sigs.

     Como ya hemos observado, los germanos se mostraron muy preocupados por la escatología durante el último período del paganismo. El fin del mundo se integraba en la cosmología, y al igual que en la India, Irán e Israel, se conocían el argumento y los principales actores del apocalipsis. La descripción más completa y dramática es la que ofrece el poema Völuspá, junto con la paráfrasis de Snorri. Aparecen los estereotipos ya conocidos en todas las literaturas apocalípticas: la moral decae y desaparece, los hombres se matan unos a otros, la tierra tiembla, el sol se oscurece, las estrellas caen; liberados de sus cadenas, los monstruos se abaten sobre la tierra; la Gran Serpiente emerge del Océano y provoca inundaciones catastróficas. Pero hallamos además detalles más específicos: un largo invierno de tres años (fimbulvetr); aparecerá una horda de gigantes a bordo de un navío construído con las uñas de los muertos; otros, conducidos por Surtr, avanzarán por tierra y saltarán sobre el arco iris para atacar y destruír el Asgardh, la morada de los dioses. Finalmente, el ejército de los dioses y los héroes se enfrentará al de los monstruos y los gigantes en una gran llanura para la batalla decisiva. Cada uno de los dioses atacará a un adversario. Thorr se enfrentará a la Serpiente cósmica y la abatirá, pero caerá enseguida envenenado por su ponzoña. Odín será devorado por Fenrir; su joven hijo, Vidar, dará muerte al Lobo, pero morirá poco después. Heimdallr atacará a Loki, y ambos se destruirán mutuamente. De hecho, todos los dioses y sus adversarios caerán en este combate escatológico, a excepción de Surtr; este último superviviente provocará el incendio cósmico y todo rastro de vida desaparecerá. Finalmente, la Tierra entera será tragada por el Océano y se hundirá el cielo.

     Pero todo esto no significa el fin. Surge una nueva tierra verde, bella, fértil como nunca lo fuera, purificada de todo dolor. Los hijos de los dioses muertos retornan al Asgardh; Baldr y Hödhr salen, ya reconciliados, del infierno. Un nuevo sol, más brillante que el anterior, inicia de nuevo su curso en el cielo, mientras que la pareja humana refugiada en Yggdrasil da origen a una nueva humanidad [26]. Algunos autores han creído posible identificar en el mito del ragnarök diversas influencias orientales (iranias, cristianas, maniqueas, etc.). Pero, como ha demostrado Dumézil, se trata de la versión escandinava del mito escatológico indoeuropeo; las eventuales influencias posteriores no han servido para otra cosa que para añadir imágenes más coloristas y algunos detalles patéticos.

[26] Este último detalle está en contradicción con el argumento que acabamos de resumir: el fin del mundo se consuma con la caída de Yggdrasil.

     A juzgar por los fragmentos conservados, la religión de los germanos era una de las más complejas y de las más originales de toda Europa. Lo que más nos llama la atención es su capacidad para enriquecer y renovar el legado indoeuropeo asimilando un buen número de ideas y técnicas religiosas alógenas, de origen mediterráneo, oriental o norasiático. En la síntesis hindú se ha advertido un proceso análogo, y lo mismo puede decirse de la formación de la religiosidad romana. Entre los germanos, sin embargo, la creatividad religiosa no se vio frenada por la conversión al cristianismo. Uno de los más bellos poemas épicos, Beowulf, compuesto en Inglaterra durante el siglo VIII, presenta la mitología heroica de manera más completa y profunda en comparación con las composiciones continentales semejantes, y ello gracias precisamente a la influencia de las ideas cristianas [27]. Una de las más impresionantes descripciones del ragnarök aparece esculpida sobre una cruz de piedra en Gosforth (Cumberland); en la otra cara del mismo monumento se representa la crucifixión [28]. De hecho, ciertas creaciones religiosas germánicas se desarrollarán durante la alta Edad Media, en simbiosis con el cristianismo o en oposición al mismo. El prestigio religioso de la monarquía medieval deriva en última instancia de la vieja concepción de los germanos, según la cual el rey es el representante del antepasado divino: la «potencia» del soberano depende de una fuerza sagrada supraterrestre, que es a la vez fundamento y garantía del orden universal [29]. En cuanto a la mitología heroica, se prolonga, enriquecida y revalorizada, en la institución de la caballería y en las leyendas de san Jorge, sir Galahad o Perceval.

[27] Véase A. M. Arent, «The Heroic Pattern», págs. 149, 164 y sigs. Por otra parte, la literatura hagiográfica imita el modelo de la vida heroica tal como era proclamada en los Heldensagen; véase ibíd., pág. 165.
[28] K. Berg, «The Gosforth Cross», págs. 27 y sigs.; E. Davidson, Gods and Myths, págs. 207 y sigs. En la misma iglesia ha sido hallada una piedra (verosímilmente, fragmento de otra cruz) en la que aparece Thorr pescando a la gran Serpiente.
[29] Véase O. Hófler, Germanische Sakralkdnigtum I, págs. xii y sigs., 350 y ss.




No hay comentarios:

Publicar un comentario