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martes, 22 de noviembre de 2011

Joseph Massad - Verdades, Hechos y Hechos de Facto


     Ponemos en castellano otro artículo (Truths, Facts and Facts on the Ground) del académico de origen palestino Joseph Massad (1963), profesor de Política Árabe Moderna e Historia Intelectual en la Universidad de Columbia en EE.UU. Aquí se alude a la política de hechos consumados, a los hechos fabricados que luego se quiere hacer pasar como naturales, a las realidades forzadas que de por sí no son necesariamente verdades, etc., aludiéndose a los mensajes que en la pasada asamblea de la ONU han mostrado su delgado traje retórico dentro de la temática del drama palestino. El artículo original está en www.informationclearinghouse.info en la fecha señalada.



 
Verdades, Hechos y Hechos de facto
por Joseph Massad
7 de Noviembre de 2011


Mucho del apoyo internacional que Israel recibe está basado
sobre varias mentiras que éste cuenta una y otra vez como "hechos".



     En 1991 comenzaron negociaciones oficiales y no-oficiales entre la Organización para la Liberación de Palestina (y los palestinos asociados a ella) y el gobierno israelí. En ese entonces, Israel había ocupado la Cisjordania (incluída Jerusalén Oriental) y la Franja de Gaza desde hacía 24 años.

     Hoy, 20 años más tarde, Israel y el presidente Obama insisten en que el único modo de lograr la paz, y probablemente poner fin a la Ocupación, es continuar con las negociaciones. No está claro si lo que Obama e Israel afirman es que Israel necesita 24 años más de negociaciones para terminar con su ocupación de 24 años de la tierra palestina, de modo que para el tiempo en que la ocupación finalice ésta habrá durado 48 años.

     Ésta por supuesto es la lectura optimista de las posiciones israelí y estadounidense; la realidad de las negociaciones y lo que ellos pretenden conseguir, sin embargo, es mucho más capciosa.

     Las negociaciones han estado basadas sobre objetivos específicos para poner fin a ciertos aspectos de la relación israelí con los palestinos, a saber, algunas partes introducidas desde la guerra y ocupación de 1967, y el comienzo del asentamiento colonizador exclusivamente judío de estos territorios. Pero lo que siempre permanece fuera del ámbito de las negociaciones es el mismo núcleo de la relación palestino-israelí, que a los palestinos se les dice que no puede ser parte de ninguna negociación.

     Estos vedados asuntos esenciales incluyen lo que ha sucedido desde 1947-1948, incluyendo la expulsión de 760.000 palestinos, la destrucción de sus ciudades y pueblos, la confiscación y destrucción de sus propiedades, la introducción de leyes discriminatorias que legalizan los privilegios raciales, coloniales y religiosos judíos, y niegan a los ciudadanos palestinos de Israel la igualdad de derechos y rechazan el derecho de los refugiados expulsados a retornar.

     Pero este asunto medular, que los israelíes resumen como el derecho de Israel a la existencia y a ser reconocido como un Estado "judío", es lo que siempre es invocado por los israelíes mismos como central para comenzar y finalizar las negociaciones con éxito y del cual los palestinos —insisten los israelíes— rechazan hablar. Pero los aspectos centrales de la relación entre palestinos e israelíes siempre han estado basados en las tensas reclamaciones históricas, geográficas y políticas del pueblo palestino y el movimiento sionista.

     Mientras los palestinos siempre han basado sus reclamaciones en hechos verificables y verdades que la comunidad internacional ha concordado y reconocido, Israel siempre ha basado sus pretensiones sobre hechos de facto que han sido creados por la fuerza y que las partes de la comunidad internacional sólo reconocerían como "legítimos" de manera retroactiva.

     ¿Cómo entonces debe uno discriminar entre estas nociones contrapuestas de verdades y hechos, por una parte, y hechos de facto, por la otra?.

     Las cuestiones principales de la agenda estadounidense-israelí fueron mejor articuladas en los discursos entregados por Obama y el Primer Ministro israelí Netanyahu en Naciones Unidas el mes pasado en respuesta a la propuesta de la OLP hecha ahí para la existencia de un Estado palestino. Fue allí donde tanto Netanyahu como Obama invocaron lo que ellos llamaron "verdades" y "hechos" para hacer valer los hechos israelíes de facto. Como mostraré, su estrategia está tramada para convertir los hechos israelíes de facto de ser antónimos de verdades y hechos a ser sus sinónimos.

EL PRIMER "HECHO"

     Déjeme comenzar con lo que los sionistas y EE.UU. han definido como el primer "hecho", que por definición no está abierto a ninguna duda o cuestionamiento. Obama insiste: "Estos hechos no pueden ser negados. El pueblo judío ha forjado un Estado exitoso en su patria histórica".

     Netanyahu se hace eco de Obama catalogando este primer "hecho" como la primera "verdad", o mejor dicho asegurándose de que "la luz de la verdad brillará" en Naciones Unidas mediante sus palabras: "Fue aquí en 1975 que el histórico anhelo de mi pueblo para restaurar nuestra vida nacional en nuestra antigua patria bíblica... fue... etiquetada... vergonzosamente, como racismo" [se refiere al Sionismo cuando fue catalogado como racismo por la ONU]. Él añadió más tarde: "y sabremos que (los palestinos están) listos para el compromiso y para la paz... cuando ellos dejen de negar nuestra conexión histórica con nuestra antigua patria".

     Ahora, esta insistencia en el primer hecho —no la primera verdad— de que PALESTINA ES LA PATRIA HISTÓRICA DE LOS MODERNOS JUDÍOS QUE RESIDIERON EN EUROPA Y NO DEL PUEBLO PALESTINO QUE HA VIVIDO EN ELLA DURANTE MILENIOS, resulta no ser ni objetiva ni verídica, aunque ella en efecto se mantenga como el primer y elemental reclamo hecho por el sionismo y el anti-semitismo.

     La reclamación descansa en nociones anti-semíticas propagadas inicialmente por la Reforma Protestante en el siglo XVI y más tarde por el antisemitismo secular, que insistieron ambos en que los judíos europeos modernos eran descendientes sanguíneos y genéticos de los antiguos hebreos respectivamente, que es exactamente cómo la referencia de la filología europea del siglo XVIII de los judíos como "semitas" sería transformada pronto mediante el antisemitismo político y racial antes de finales del siglo XIX desde una categoría "lingüística" en una "racial" y biológica.

     Es en base a estas afirmaciones antisemíticas que los Protestantes milenaristas, los antisemitas seculares y los sionistas pidieron la "restauración" de los judíos europeos a la supuesta patria de sus supuestos antepasados.

     Los incontrovertidos hechos académicos e históricos de que LOS JUDÍOS EUROPEOS SON DESCENDIENTES DE EUROPEOS QUE SE CONVIRTIERON AL JUDAÍSMO siglos antes de que el cristianismo fuera adoptado como la religión del Imperio romano en el siglo IV son axiomas incuestionables en la erudición académica, incluso entre historiadores sionistas.

     Ningún respetado historiador de la judería europea ha sostenido alguna vez que los judíos europeos, o en el caso de los judíos marroquíes, o iraquíes o yemeníes, fueran descendientes de los antiguos hebreos. Todos los eruditos respetados los reconocen como descendientes de convertidos al judaísmo.

     Pero aun si las fantasías genéticas más descabelladas de antisemitas y sionistas en cuanto a los judíos como una "raza" fueran "probadas", ¿convertiría esto a la antigua Palestina, donde los antiguos hebreos cohabitaron con otros pueblos antiguos, en la tierra histórica de los judíos europeos modernos?.

     E incluso si uno se confiara de la ciencia-ficción de la arqueología bíblica cristiana que acompañó al colonialismo europeo en el siglo XIX y sobre la cual la arqueología israelí sigue basándose, ¿significaría que los judíos modernos, ahora postulados como descendientes genéticos y biológicos directos de los antiguos hebreos, podrían reclamar la tierra donde éstos vivieron con los cananeos —entre otros innumerables grupos— como su exclusiva esfera nacional propia y quitársela a sus habitantes que han vivido en ella durante milenios?.

      ¿Podría alguien hoy, excepto los racistas genocidas, vincular las poblaciones germánicas a un origen ario que comenzó en la India del norte y, basado en aquel vínculo, sostener que la India del norte es la antigua patria de toda la gente de habla alemana a la cual ellos deben retornar y desalojar a los actuales habitantes de la tierra como si éstos fueran intrusos recientes en la tierra de los arios Blancos?.

     Estos escenarios fantásticos son precisamente lo que Obama y Netanyahu nos dicen que son hechos y verdades indiscutibles.

     En efecto, ambos insisten en ellos, siendo este primer hecho, el mismo primer indudable principio del sionismo, el que ellos quieren imponer a la comunidad internacional y a los palestinos.

EL SEGUNDO "HECHO"

     El segundo hecho según Obama es afirmado con una frivolidad retórica: "Seamos honestos: Israel está rodeado por vecinos que han emprendido repetidas guerras contra él... Estos hechos no pueden ser negados".

     Pero éstos tampoco constituyen hechos en absoluto. Ni siquiera los historiadores israelíes de las guerras de Israel están de acuerdo con ellos. Pero los políticos y los ideólogos israelíes por supuesto sí lo están. En su discurso ante Naciones Unidas, Netanyahu mismo repite las palabras de Obama diciéndonos que Israel está amenazado por sus vecinos, que está "rodeado por gente que ha jurado su destrucción y armada hasta los dientes por Irán" y le ordena probablemente a la parte estadounidense de su auditorio que al menos "no olvide que la gente que vive en Brooklyn y Nueva Jersey es bastante más agradable que algunos vecinos de Israel".

     Dejando aparte estas insinuaciones racistas, el registro académico e histórico nos muestra sin embargo que fueron las fuerzas sionistas quienes han emprendido la guerra contra los palestinos como consecuencia del Plan de Partición de 1947 que comienzó el 30 de Noviembre de ese año.

     El 14 de Mayo de 1948, cuando Israel se declaró a sí mismo como un Estado, había expulsado a 400.000 palestinos de sus casas y estaba capturando sus tierras y territorios, que habían sido asignados al Estado árabe. Cuando tres (¡no cinco!) ejércitos árabes invadieron la Palestina capturada por los sionistas el 15 de Mayo de 1948, ellos estaban interviniendo para detener la expulsión del pueblo palestino y evitar que las fuerzas sionistas tomaran posesión de sus tierras. Al final de la guerra, ellos fallaron miserablemente en su tarea. Israel fue capaz de expulsar a otros 360.000 palestinos y capturar la mitad los territorios del Estado árabe añadiéndolos al Estado judío.

•     En 1956 Israel invadió Egipto junto con Gran Bretaña y Francia. Esto ocurrió juntamente con incursiones fronterizas intermitentes pero continuas en Cisjordania, Jordania, Siria, Líbano y la Gaza mantenida por los egipcios durante las décadas siguientes.
•     En 1967 Israel invadió Egipto, Siria y Jordania, y ocupó sus territorios y todas las tierras restantes de Palestina.
•     En 1973 Egipto y Siria invadieron sus propios territorios (Península de Sinaí y los Altos del Golán), que Israel había ocupado antes, en una tentativa de reclamarlos, pero fallaron. Ellos no invadieron Israel mismo.
•    En 1978, en 1982 y en 2006, Israel invadió el Líbano, asesinando a decenas de miles de personas.
•     En 2008-2009, Israel invadió Gaza [y masacró a su población].

     Éstos son los hechos indesmentibles que la comunidad internacional y los historiadores y el registro documental actual demuestran. Como tal, Israel nunca fue invadido por sus vecinos, excepto en 1948, que fue una tentativa para detener la invasión por Israel del territorio palestino y la expulsión de palestinos.

     Que Israel ganara la mayoría de estas guerras no puede cambiar los hechos de que él los inició y que ha sido el agresor de sus vecinos incluso desde antes de su establecimiento en 1947. En efecto, Israel lanzaría incursiones sobre Iraq en 1981 y sobre Túnez en 1985, ninguno de los cuales era un vecino inmediato y sin la provocación militar más leve tampoco.

     Que Israel y el movimiento sionista ha sido el agresor en la región durante el siglo pasado es el hecho indiscutible.

     Que Obama quiera afirmar que los israelíes fueron víctimas de sus vecinos no es sino tratar de imponer un hecho como fundamento mediante pura retórica y poder político estadounidense sin relación con los verdaderos acontecimientos. La invocación de Obama a la honestidad aquí resulta no ser sino una llamada a la falsedad absoluta.

     Pero este "hecho" para Obama se deriva del "primer hecho", a saber, si los judíos europeos tienen el derecho de colonizar Palestina, expulsar a los palestinos, confiscar sus tierras, ocuparlas y discriminar contra ellos en virtud del primer hecho de su falsa reclamación histórica, de modo que cualquier resistencia palestina o árabe a las salvajes campañas de los sionistas no es sino una agresión contra los judíos.

     Obama procede a contarnos otros "hechos", incluso que "los ciudadanos de Israel han sido muertos por cohetes disparados contra sus casas y por bombas suicidas en sus autobuses. Los niños de Israel crecen sabiendo que en todas partes de la región a otros niños se les enseña a odiarlos".

     Mientras un puñado de israelíes han sido muertos durante estos años por fuego de cohetes, decenas de miles de palestinos, libaneses, egipcios, jordanos y sirios, ha sido muertos por fuego de cohetes israelíes durante tiempos de guerra y de paz. Quizás el ejemplo más reciente pueda arrojar un poco de luz sobre esto.

     Durante la invasión por Israel de Gaza [Diciembre 2008 – Enero 2009], los cohetes israelíes mataron a más de 1.400 palestinos, mientras los cohetes de Hamás contra Israel no mataron a un solo israelí, aunque varios israelíes quedaran traumatizados y requirieran de orientación psicológica. En cuanto al asesinato de miles de niños árabes desde 1948 y en la invasión a Gaza, Israel ha asesinado a una proporción de miles de niños árabes por cada niño judío en ataques vengativos contra Israel.

     De este modo, mientras Obama en efecto no miente en cuanto a cohetes que han sido disparados sobre Israel y que históricamente niños judíos israelíes han sido muertos por ataques, él lo saca del contexto de la destrucción mucho más grande y matanzas en que Israel se ha involucrado en contra de sus vecinos desde que fuera establecido, lo que está después de todo basado en el primer hecho.

     Las medias verdades de Obama, así como sus presuntos hechos detallados, terminan por estar otra vez tramados para imponer los hechos israelíes de facto, ya que estas afirmaciones están siendo hechas para afirmar la necesidad de Israel de su "seguridad", que tiene una importancia suprema, y que es la razón por la cual tanto Obama como Netanyahu afirman que las negociaciones han fallado.

     Déjeme citar varias de las referencias de Obama a la seguridad de Israel en su discurso ante Naciones Unidas: "El compromiso de EE.UU. con la seguridad de Israel es firme"; "los israelíes deben saber que cualquier acuerdo proporcionará garantías para su seguridad"; "cualquier paz durable debe reconocer las verdaderas preocupaciones de seguridad que Israel enfrenta cada día".

     Así es cómo en esencia Israel ha conseguido invadir a los palestinos y a todos sus vecinos soberanos, a algunos repetidamente, durante las pasadas seis décadas, y continúa ocupando sus territorios e invadiendo sus espacios aéreos y oprimiendo a las poblaciones ocupadas y colonizando sus tierras. Sin embargo, para que las negociaciones sean exitosas, Israel quiere asegurarse de que su seguridad sea salvaguardada de cualquier resistencia ante los ataques israelíes, de cualquier resistencia a su colonización y ocupación por parte de aquellos a los que sigue atacando, colonizando y ocupando. Y esto se puede exigir basándose en el primer hecho.

     Obama —debería ser notado— nunca mencionó las preocupaciones de seguridad de los vecinos de Israel que han sido el objetivo de los ataques de Israel durante más de seis décadas. Él hizo mención sin embargo a la seguridad de los niños palestinos sólo una vez entre sus varias menciones de niños israelíes, a pesar de la proporción de victimización de uno-contra-varios-miles entre ellos: "La medida de nuestras acciones siempre debe ser si ellas promocionan el derecho de los niños israelíes y palestinos a vivir en paz y seguridad, con dignidad y oportunidad".

     Netanyahu retoma donde Obama acabó: "Nuestro principal aeropuerto internacional está a unos pocos kilómetros de la Cisjordania. Sin paz, ¿llegarán nuestros aviones a convertirse en objetivos para misiles antiaéreos colocados en el Estado palestino adyacente?".

     Lo que es más interesante en esta afirmación es el hecho de que el aeropuerto de Israel nunca ha sido atacado por cohetes, lo que no quiere decir que Israel no haya atacado los aeropuertos de sus vecinos. Y esto ha sido hecho con aplomo. En 1968 Israel bombardeó el aeropuerto internacional de Beirut destruyendo 13 aviones de pasajeros civiles en la pista. Luego atacaría el aeropuerto de Beirut otra vez en 2006, bombardeando las pistas de aterrizaje.

     En cuanto a los secuestros de aviones, Israel fue un pionero en Oriente Medio, cuando su primer secuestro fue llevado a cabo en 1954. La fuerza aérea israelí a menudo capturaría aviones de pasajeros civiles en cielos internacionales y los desviaría a Israel, sometiendo a los pasajeros a inspección, interrogación, así como a encarcelamiento.

     En efecto, Israel permanece como el único país de Oriente Medio que hizo explotar un avión de pasajeros, cuando derribó un avión civil libio en 1973, matando a 108 pasajeros a bordo.

NEGOCIACIONES Y MÁS NEGOCIACIONES

     Esto nos lleva de regreso a lo que Obama cree que son y sobre qué deberían ser las negociaciones, a saber: "Son los israelíes y los palestinos —no nosotros— quienes deben alcanzar un acuerdo en las cuestiones que los dividen: las fronteras y la seguridad, los refugiados y Jerusalén".

     Las negociaciones que comenzaron en 1991 en Madrid y siguieron de manera seria después del acuerdo de Oslo de 1993, sin embargo, estaban basadas en resoluciones de Naciones Unidas que estipulan que Israel debe retirarse de los territorios ocupados (resoluciones 242 y 338), lo que habría resuelto la cuestión de las fronteras si no hubiera sido por la respuesta negativa de Israel a cumplir con las resoluciones.

     Además, el asunto principal que ha terminado las negociaciones y en el cual ambos lados no concuerdan, ha sido la colonización judía israelí de la Cisjordania y de Jerusalén oriental.

     Quiso la suerte que tanto la comunidad internacional como la ley internacional hayan condenado los asentamientos colonizadores israelíes en los territorios de 1967, que son categóricamente considerados como ilegales y han sido declarados como tales innumerables veces por resoluciones de Naciones Unidas y declaraciones políticas.

     Es curioso que Obama nunca mencionó los asentamientos colonizadores en su discurso, aunque él hubiera intentado varias veces sin éxito en los dos últimos años intermediar con el gobierno israelí para detener, o al menos reducir, su construcción.

     En cuanto al asunto de las fronteras, el Plan de Partición de 1947 había especificado ya los límites de los dos Estados, y la resolución 242, sobre la cual las negociaciones están basadas, especificaba hacia dónde Israel debería retirarse después de la guerra de 1967, no obstante la casuística israelí en aquella materia.

     La posición negociadora palestina se hace eco de la ley internacional y de las resoluciones de Naciones Unidas, mientras la posición israelí las viola. Esto también está relacionado con el asunto de los refugiados, que también ha sido establecido por resoluciones de Naciones Unidas y la ley internacional, mientras Israel permanece firme en su rechazo a poner en práctica estas resoluciones, rechazando repatriarlos, y compensar y devolver la propiedad de los 760.000 palestinos que expulsó. Tampoco estará de acuerdo en compensar y devolver la propiedad del cuarto de millón de palestinos (refugiados internos y sus descendientes) que son ciudadanos israelíes que expulsó de una parte del país a otra.

     Pero las llamadas verdades históricas y el primer "hecho" que Netanyahu sitúa para apuntalar hechos de facto son interminables.

     Él añade: "En mi oficina en Jerusalén, hay... un antiguo sello. Es un anillo con un sello de un funcionario judío de la época de la Biblia. El sello fue encontrado justo al lado del Muro Occidental, y se remonta 2.700 años, al tiempo del rey Ezequías. Ahora, hay un nombre en hebreo del funcionario judío inscrito en el anillo. Su nombre era Netanyahu. Es mi apellido...". "...Mi nombre, Benjamin, se remonta mil años antes a Benjamin –Binyamin– el hijo de Jacob, que también era conocido como Israel. Jacob y sus 12 hijos vagaron por estas mismas colinas de Judea y Samaria hace 4.000 años, y ha habido una presencia judía continua en la tierra desde entonces".

     Netanyahu (un apellido que Benjamin Netanyahu adoptó cuando él vivía en Estados Unidos en vez de Ben Nitay, supuestamente porque era más fácil de pronunciar para los estadounidenses) es un nombre sionista inventado, que, como todos los otros nombres sionistas, comenzó a conferir a los judíos europeos un linaje hebreo antiguo.

     Efectivamente el padre de Netanyahu, Benzion Mileikowsky, era hijo de judíos polacos convertidos al sionismo, que llamaron a su hijo Benzion basados en sus compromisos ideológicos, y que cambiaron sus nombres a "Netanyahu" después de que emigraron para colonizar Palestina en 1920.

     Los nombres del padre y la madre de Benzion (abuelos de Benjamin Netanyahu) eran Nathan Mileikowsky y Sara Lurie, nombres comunes de judíos europeos pre-sionistas.

     Para Benjamin Mileikowsky (Netanyahu), un descendiente de colonos judíos polacos, reclamar la antigua Jerusalén como su origen ancestral, sería visto como una curiosa patraña ideológica y mítica durante una conversación de sobremesa, pero afirmarlo como un reclamo basado en hechos político y territorial de la tierra de los palestinos en Naciones Unidas, hace una burla de la ley internacional, que es la base de las resoluciones de Naciones Unidas que condenan la ocupación de Israel y la colonización de Jerusalén.

     Mientras Israel hoy mantiene al menos 30 leyes que conceden a los judíos privilegios raciales, religiosos y colonizadores sobre los ciudadanos palestinos de Israel —incluída la ley temporal de 2002 que prohíbe el matrimonio entre israelíes y palestinos de los Territorios Ocupados— y más aún contra los palestinos no-ciudadanos que viven bajo la ocupación israelí, Netanyahu afirma, contra estos hechos documentados, que "el Estado judío de Israel siempre protegerá los derechos de todas sus minorías, incluído el más de millón de ciudadanos árabes de Israel".

     Él agrega una curiosa declaración referida a los colonos judíos ilegales en los territorios palestinos ocupados, afirmando que "desearía poder decir la misma cosa sobre un futuro Estado palestino, ya que, como funcionarios palestinos lo aclararon el otro día —de hecho, pienso que ellos lo hicieron aquí mismo en Nueva York—, ellos dijeron que el Estado palestino no permitirá a ningún judío en él. Ellos estarán libres de judíos (Judenrein). Esto es limpieza étnica. Hay leyes hoy en Ramala que hacen la venta de tierra a judíos castigable con la muerte. Esto es racismo. Y usted sabe qué leyes esto evoca".

     Mientras ningún funcionario palestino desde que las negociaciones comenzaron se ha atrevido nunca a declarar inequívocamente que los colonos judíos deben ser devueltos a Israel de acuerdo con la ley internacional, esta afirmación no verificable de Netanyahu, aunque fuera verdadera, no sería racista o discriminatoria, sino más bien anti-colonial, rechazando permitir a los judíos israelíes colonizar tierras palestinas contra la ley internacional en virtud de algún privilegio judío que invoca el "primer hecho".

     Son las leyes israelíes las que restringen el acceso a las tierras de Israel a sus ciudadanos palestinos no-judíos, aunque el 90 por ciento de aquella tierra fuera confiscada al pueblo palestino. Son también las ciudades israelíes las que permanecen libres de árabes; en efecto, como muchos observadores lo han notado, Tel-Aviv es la única ciudad occidental que no tiene ningún habitante árabe o musulmán.

     Si alguna ley racista está siendo evocada aquí, es por las propias leyes y prácticas racistas de Israel, no por la resistencia anti-colonial palestina.

     Pero esta declaración clarifica dónde se ubica Netanyahu en el asunto de la colonización judía de Cisjordania y Jerusalén oriental. No es la colonización judía de la tierra de los palestinos la que es racista, como Naciones Unidas lo definió en 1975, sino mejor dicho la aplicación de la ley internacional impidiendo a los judíos colonizar la tierra de los palestinos la que es racista.

     Para el sionismo y para Obama, cualquier tentativa de rechazar el "primer hecho" sionista es una prueba inmediata de anti-semitismo. Éste es sólo otro ejemplo de cómo los hechos de facto son transformados por Israel y sus partidarios estadounidenses en "verdades" y "hechos".

     En efecto, Netanyahu (¿o es Mileikowsky, o Nitay?) afirma: "Vine aquí para hablar la verdad. La verdad es... que Israel quiere la paz. La verdad es que quiero la paz. La verdad es que en Oriente Medio siempre, pero sobre todo durante estos días turbulentos, la paz debe estar anclada en la seguridad. La verdad es que no podemos conseguir la paz mediante resoluciones de Naciones Unidas, sino sólo por negociaciones directas entre las partes. La verdad es que hasta ahora los palestinos han rechazado negociar. La verdad es que Israel quiere la paz con un Estado palestino, pero los palestinos quieren un Estado sin la paz. Y la verdad es que ustedes no deberían permitir que eso suceda".

     Para Netanyahu y los israelíes, sin embargo, la paz sólo puede ser conseguida si los palestinos reconocen los derechos de los judíos a ocupar su propia tierra, colonizar sus tierras y discriminar contra ellos. Para hacer así, los israelíes ofrecen una fórmula simple, que Obama también ha respaldado y sobre la cual insiste, a saber, que los palestinos deben reconocer el derecho de Israel de ser un estado judío.

     Netanyahu no modera sus palabras cuando afirma que: "este año en el Knesset [Parlamento judío] y en el Congreso estadounidense, presenté mi visión para la paz en la cual un Estado palestino desmilitarizado reconoce al Estado judío. Sí, el Estado judío. Después de todo, éste es el organismo que reconoció hace 64 años al Estado judío. Ahora, ¿no piensan ustedes que ya es tiempo de que los palestinos hagan lo mismo?... Israel no tiene ninguna intención en absoluto para cambiar el carácter democrático de nuestro Estado. Sólo no queremos que los palestinos traten de cambiar el carácter judío de nuestro Estado. Queremos... que ellos abandonen la fantasía de Israel inundándose con millones de palestinos".

     El desafío a Naciones Unidas y a la ley internacional, que ha pedido a Israel que permita a los palestinos que expulsó retornar a sus casas, es identificado como una "inundación" que socavará la razón de ser de Israel como un Estado que amplía los privilegios raciales y colonizadores a los judíos, lo que realmente es.

     Donde Netanyahu se equivoca es cuando él afirma que cuando la Asamblea General de Naciones Unidas pidió el establecimiento de un Estado judío en 1947, esto tácitamente reconocía el derecho del Estado judío a expulsar al pueblo palestino, colonizar sus tierras y confiscar su propiedad para el uso exclusivo de judíos y discriminar contra ellos mediante la ley.

     No sólo el Plan de Partición de Naciones Unidas no otorgó tales derechos al Estado judío, sino que explícitamente declaró que el establecimiento de tal Estado judío significa que este Estado no puede expulsar a su población no-judía, y que "ninguna discriminación de ningún tipo será hecha entre los habitantes por motivos de raza, religión, lengua o sexo" (capítulo 2, artículo 2) y que "ninguna expropiación de tierra poseída por un árabe en el Estado judío... será permitida excepto para propósitos públicos. En todos los casos de expropiación, una total compensación como está fijada por la Corte Suprema, será expresada antes de la expropiación" (capítulo 2, Artículo 8).

     Ficciones y mentiras sobre el reconocimiento de Naciones Unidas están siendo afirmadas por Netanyahu al mismo cuerpo internacional que publicó el Plan de Partición, y están presentadas en su cara como verdades, cuando todas ellas no son sino hechos de facto establecidos por Israel, condenados por Naciones Unidas y defendidos por Estados Unidos.

     Mientras las negociaciones en las cuales la Autoridad Palestina y los israelíes se han involucrado han impedido a los palestinos poner sobre la mesa los crímenes de 1947/1948 del Estado israelí (y aquellos cometidos en las décadas siguientes) porque ellos realmente volverían dudoso el "primer hecho", Netanyahu y Obama plantean estos delitos como un principio sacrosanto de la judeidad del Estado, y con mayor razón del mismo "primer hecho" que ellos afirmaron.

     Por cierto Netanyahu hace lo mismo con los crímenes israelíes posteriores a 1967, incluyendo la colonización de la Cisjordania y de Jerusalén oriental.

     Finalmente, Netanyahu concluye con un llamado para expulsar al 1,6 millón de palestinos que son ciudadanos israelíes. Él instruye al presidente de la Autoridad Palestina para que: "reconozca al Estado judío, y haga la paz con nosotros. En una paz tan genuina, Israel está listo para hacer compromisos dolorosos. Creemos que los palestinos no deberían ser ni ciudadanos de Israel ni sus súbditos. Ellos deberían vivir en un Estado libre, de su propiedad. Pero ellos deberían estar listos, como nosotros, para el compromiso".

     Netanyahu ofrece su llamado a una nueva expulsión de ciudadanos palestinos de Israel como un compromiso que los palestinos deberían aceptar. Ofreciendo aquello, su lógica es impecable. Si los palestinos reconocen el "primer hecho", a saber, el derecho de Israel de ser un Estado judío basado en reclamaciones históricas fabricadas, y que esto debería garantizar el privilegio racial y colonizador judío, de aquí se sigue que ellos deben aceptar otra expulsión de palestinos de aquel Estado para asegurar que el privilegio judío siga funcionando.

     Ésta es la fórmula de paz que los israelíes ofrecen a los palestinos y que los palestinos, incluso la colaborativa Autoridad Palestina, no pueden aceptar.

     Cuando Obama afirma que "la paz depende del compromiso entre pueblos que deben vivir juntos mucho después de que nuestros discursos hayan terminado y de que nuestros votos hayan sido contados", él está siendo al menos modesto, pues la paz que Israel busca, como lo deja en claro el llamado de Netanyahu a la expulsión de ciudadanos palestinos, convirtiendo a Israel finalmente en un Estado libre de árabes, causará que palestinos e israelíes no vivan juntos en absoluto.

EL PALE OF SETTLEMENT PALESTINO

     La paz que Israel está proponiendo a los palestinos de hecho evoca otro recuerdo, de cómo otro país trató con el asentamiento judío, a saber, el Imperio ruso bajo Catalina la Grande y la creación del Pale of Settlement (Zona de Asentamiento) a finales del siglo XVIII donde los judíos serían confinados, donde estuvieron en su mayor parte hasta inicios del siglo XX.

     Aquella Zona, como las Reservaciones palestinas [Bantustanes, en el original, como las zonas en Sudáfrica sólo para negros], era el único territorio donde a los judíos rusos se les permitía vivir por los zares anti-judíos, aunque los cristianos rusos también vivieran en él para asegurarse de que no había ninguna contigüidad territorial para los judíos. Las reservaciones palestinas serviría para una función similar.

     Mientras Israel se hará libre de árabes, las reservaciones palestinas, labradas de los territorios de Cisjordania y Jerusalén oriental, estarían entrecruzadas por caminos exclusivos para judíos y asentamientos coloniales y ciudades únicamente para judíos, y por el ejército israelí, que, como Netanyahu mismo lo ha propuesto, será estacionado indefinidamente en el Valle del Jordán.

      La Zona de Asentamiento palestina será llamada entonces un "Estado palestino" que los israelíes y los estadounidenses reconocerán inmediatamente como "soberano", aunque esto no tendría siquiera los accesorios formales de la soberanía. Es así que el Estado Palestino, cuya existencia no sería ni un hecho ni la verdad, será reconocido como una realidad de facto, en verdad el preciso último hecho que Israel y EE.UU. estarán aseverando.

     Para los palestinos, para sobrevivir al asalto sionista de más de un siglo en su sociedad y país, su única opción es resistir a esta impuesta "paz" israelí —y estadounidense—, y a todos los así llamados "hechos" que se le quieren imponer, desde el primer "hecho" hasta el último.



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