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sábado, 19 de noviembre de 2011

El Rapto de Libia


 

     Hace un mes la Secretaria de Estado de EE.UU. Hillary Clinton estaba de visita en Libia. Al día siguiente, tras enterarse del asesinato por linchamiento del coronel Gadafi —del cual había dicho que lo quería vivo o muerto, quebrantando la ley estadounidense al instar al asesinato de un jefe de Estado—, celebró la noticia patéticamente con un grito de adolescente histérica.

     La comitiva del coronel Gadafi aparentemente viajaba hacia Túnez con banderas blancas cuando fue bombardeada por la OTAN (y parece que se había llegado a tal acuerdo, o al menos la Clinton lo sabía), produciéndose por esto un crimen de guerra. También al parecer agentes en tierra de la misma organización hirieron al líder libio para dejarlo así en manos de las hordas de asesinos a sueldo.    

     Meses antes Gadafi les había dicho que si lo que querían era el petróleo, entonces eso se podía negociar, pero que no había para qué emprender la guerra. Pero no era sólo el petróleo ni el desafiante (para los tiranos) sistema financiero libio sin usura, ni la organización económica africana que el coronel planeaba, sino que era la vida misma del "rey de reyes de África" (título que le otorgaron todos los jefes de Estado de África años atrás).

     El rapto de Libia por el toro negro (negro de petróleo, negro de maldad), soltado y enviado por un orwelliano Premio Nóbel de la Paz, es la temática que había planteado inicialmente nuestro colaborador gráfico y editor, no el viejo Zeus metamorfoseado en toro que raptó a Europa en la mitología griega, sino quizá el toro que está en estatua frente a Wall Street. Y aunque las imágenes fueron derivando, se conservó el título. El resultado es el fotomontaje electrónico que se ofrece ahora. Que el alma del líder africano esté agradada con visiones beatíficas.

 

 

 

 

 

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