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lunes, 17 de octubre de 2011

F. William Engdahl - La Falsa Guerra en Afganistán


     Desde www.engdahl.oilgeopolitics.net, sitio del autor, hemos traducido este artículo de hace dos años, donde resumidamente hace un análisis de las fraudulentas razones que se siguen esgrimiendo para haber invadido un país que como tal no ha sido culpable de nada contra los intereses de los imperialistas que rigen en América del Norte (exceptuado el delito de existir). Cada vez resulta más obvio que la razón para permanecer allí es resguardar aquellas plantas que tanto le gustan a la Reina y que tanto dinero le rinden. Además este mes se cumplen diez años ya desde que empezara la ridículamente llamada Operación "Libertad Duradera", destinada a derribar al gobierno talibán y a dar curso a la cacería de Osama, recientemente fallecido este año 2001, como dicen.



La Geopolítica Tras la Falsa Guerra
de EE.UU. en Afganistán
por F. William Engdahl
21 de Octubre de 2009



     Uno de los aspectos más notorios de la agenda presidencial de Obama es cuán poco se ha cuestionado en Estados Unidos, en los medios de difusión o en otros sitios, la razón del compromiso del Pentágono con la ocupación militar de Afganistán. Existen para ello dos razones fundamentales, y ninguna de ellas puede ser admitida abiertamente ante el gran público.

     Detrás de todo el engañoso debate oficial sobre la cantidad de soldados que se necesita para «ganar» la guerra en Afganistán —si basta con 30.000 hombres más o si se requieren por lo menos 200.000—, el verdadero objetivo de la presencia militar de Estados Unidos en ese estratégico país de Asia central no es para nada claro.

     Aun durante su campaña presidencial de 2008, el candidato Obama argumentó que era en Afganistán y no en Iraq donde Estados Unidos estaba obligado a hacer la guerra. ¿Su razón?: Porque él afirmó que era allí donde la organización Al-Qaeda estaba atrincherada, la cual constituía la «verdadera» amenaza para la seguridad nacional estadounidense. Las razones de la implicación estadounidense en Afganistán son en realidad muy diferentes.

     El ejército estadounidense está en Afganistán por 2 razones: Primero, para restablecer y controlar la principal fuente mundial de opio para los mercados internacionales de heroína, y para utilizar la droga como un arma geopolítica contra sus adversarios, especialmente contra Rusia. El control del mercado de la droga afgana es esencial para garantizar la liquidez de la corrupta mafia financiera en bancarrota de Wall Street.

GEOPOLÍTICA DEL OPIO AFGANO

     Según un informe oficial de la ONU, la producción de opio en Afganistán ha aumentado de forma dramática desde el derrocamiento del régimen talibán en 2001. Los datos de la Agencia de Drogas y Crímenes de las Naciones Unidas (UNODC) muestran que en cada una de las cuatro últimas estaciones de crecimiento (2004-2007) hubo más cultivos de adormidera que en todo un año bajo el régimen talibán. En Afganistán hay ahora más tierra dedicada a la producción de opio que al cultivo de coca en toda América Latina. En 2007 el 93% de los opiáceos del mercado mundial venían de Afganistán. Y esto no es algo fortuito.

     Se ha demostrado que Washington seleccionó cuidadosamente al controvertido (Presidente de Afganistán) Hamid Karzai, un señor de la guerra de origen pashtún, de la tribu popalzai, durante mucho tiempo al servicio de la CIA, llevado de vuelta desde su exilio en Estados Unidos, a quien se le fabricó toda una mitología hollywoodense sobre su «valiente liderazgo sobre su pueblo». Según fuentes afganas, Karzai es actualmente el «Padrino» del opio en Afganistán. No por casualidad Karzai ha sido, y sigue siendo hoy en día, el hombre preferido de Washington en Kabul. A pesar de la masiva compra de votos, del fraude y de la intimidación, los días de Karzai como Presidente pudieran estar finalizando.

     La segunda razón por la cual el ejército de EE.UU. permanece en Afganistán mucho tiempo después de que el mundo casi se ha olvidado de quién es el misterioso Osama bin Laden y su supuesta organización terrorista Al-Qaeda o se pregunta incluso si acaso existen, parece más bien un pretexto para crear una permanente fuerza militar de choque con una serie de bases aéreas permanentes en Afganistán. El objetivo de dichas bases no es acabar con los grupos de Al-Qaeda que puedan haber sobrevivido en las cuevas de Tora Bora ni acabar con un mítico «talibán» que, según informes de testigos oculares, se compone actualmente en su mayoría de pobladores afganos comunes y corrientes peleando por librar su tierra una vez más de ejércitos ocupantes, como lo hicieron en los años '80 contra los soviéticos.

     El objetivo de las bases estadounidenses en Afganistán es mantener en la mira y tener la posibilidad de golpear a las dos naciones que constituyen hoy la única amenaza combinada en el mundo para el imperio global estadounidense o, como lo llama el Pentágono, el predominio estadounidense de todo el espectro (America's full spectrum dominance).

EL PERDIDO «MANDATO DEL CIELO»

     El problema para las élites que detentan el poder en Wall Street y en Washington reside en el hecho de que se encuentran hoy en la más profunda crisis financiera de toda su historia. Esa crisis es un hecho irrefutable para el mundo entero, y el mundo está actuando en pos de salvarse a sí mismo. Las élites estadounidenses han perdido lo que en la historia de la China imperial se conoce como el Mandato del Cielo. Se trata del mandato concedido a un gobernante o a una élite reinante bajo el supuesto de que han de regir a su pueblo con justicia y equidad. Cuando los que gobiernan lo hacen de forma tiránica y como un déspota, oprimiendo al pueblo y abusando de él, ellos pierden aquel Mandato del Cielo.

     Si las poderosas y multimillonarias élites privadas que han controlado las esenciales políticas financiera y exterior durante la mayor parte del siglo pasado o más aún, tuvieron alguna vez en sus manos un "mandato del Cielo", ellas claramente lo han perdido. La evolución interna hacia la creación de un Estado policiaco abusivo, con ciudadanos que se ven privados de sus derechos constitucionales, el ejercicio arbitrario del poder por directivos no-electos, como el ex-Secretario estadounidense del Tesoro Henry Paulson y el actual Tim Geithner, que roban billones de dólares de los contribuyentes sin su consentimiento para rescatar de la bancarrota a los más grandes bancos de Wall Street, bancos considerados «demasiado grandes para fracasar», demuestra al mundo que esas élites han perdido dicho mandato.

     Ante tal situación, las élites estadounidenses del poder se desesperan cada vez más por mantener su control sobre un imperio mundial parasitario, llamado engañadoramente por su maquinaria mediática como «globalización». Para mantener ese predominio es esencial que ellos sean capaces de destruír toda forma de cooperación emergente, sea económica, energética o militar, entre las dos grandes potencias de Eurasia que supuestamente pudieran representar un desafío para el futuro control de la única superpotencia estadounidense: China en combinación con Rusia.

     Ambas potencias euroasiáticas ponen en el tapete aportes esenciales. China tiene la economía más fuerte del mundo, una gran fuerza de trabajo joven y dinámica y una clase media educada. Rusia, cuya economía no se ha recuperado aún del destructivo final de la época soviética y del descarado saqueo que caracterizó la época de Yeltsin, aún conserva bienes esenciales para una asociación. La fuerza nuclear de Rusia y sus fuerzas armadas representan la única amenaza en el mundo actualmente para el predominio militar estadounidense, aún cuando fuere un residuo de la Guerra Fría. Las élites del ejército ruso nunca han renunciado a ese potencial.

     Rusia posee también la mayor reserva mundial de gas natural así como inmensas reservas petrolíferas, necesitadas urgentemente por China. Estas dos potencias están convergiendo cada vez más mediante una nueva organización que crearon en 2001, conocida como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS). Ésta incluye, además de China y Rusia, a los Estados más grandes de Asia central: Kazajstán, Kirguiztán, Tayikistán y Uzbekistán.

     El propósito de la supuesta guerra estadounidense contra los talibanes y Al-Qaeda, consiste en realidad en instalar su fuerza militar directamente en Asia Central, en medio del espacio geográfico de esta naciente OCS. Irán no es más que una distracción. La principal meta u objetivo es Rusia y China.

     Oficialmente, por supuesto, Washington afirma que ha establecido su presencia militar en Afganistán desde 2002 para proteger la «frágil» democracia afgana. Es un curioso argumento dada la realidad de la presencia militar estadounidense allí.

     En Diciembre de 2004, durante una visita a Kabul, el Secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld finalizó los planes para construír nueve nuevas bases militares en Afganistán, en las provincias de Helmand, Herat, Nimruz, Balkh, Jost y Paktia. Las nueve bases se agregan a las tres bases militares principales ya instaladas al comenzar la ocupación de Afganistán en el invierno (boreal) de 2001-2002, supuestamente para aislar y eliminar la amenaza terrorista de Osama bin Laden.

     El Pentágono construyó sus tres primeras bases militares en el campo aéreo de Bagram, al norte de Kabul, su principal centro logístico militar; en Kandahar, en el sur de Afganistán; y en el campo aéreo de Shindand, en la provincia occidental de Herat. Shindand, la mayor base militar estadounidense en Afganistán, fue construída a sólo 100 kilómetros de la frontera con Irán, y a una conveniente distancia de ataque de Rusia y China.

     Afganistán ha sido históricamente la zona central del Gran Juego Ruso-Británico, la lucha por el control de Asia Central durante el siglo XIX y principios del XX. La estrategia británica consistió entonces en impedir a cualquier precio que Rusia controlara Afganistán, amenazando por lo tanto la joya de la corona imperial británica: la India.

     Afganistán es considerado de manera similar por los estrategas del Pentágono, como altamente estratégico. Es una plataforma desde la cual el poder militar estadounidense podría amenazar directamente a Rusia y China, así como a Irán y otras tierras del Medio Oriente ricas en petróleo. Poco ha cambiado geopolíticamente en más de un siglo de guerras.

     Afganistán es un punto extremadamente vital, a horcajadas entre el sur de Asia, Asia Central y el Medio Oriente. Afganistán también se encuentra en la ruta de un proyectado oleoducto desde los campos petrolíferos del Mar Caspio al Océano Índico, donde la compañía petrolera estadounidense Unocal, junto con Enron y Halliburton (de Dick Cheney), han estado en negociaciones para conseguir los derechos exclusivos de las tuberías que llevarían el gas natural de Turkmenistán a través de Afganistán y Pakistán hacia la enorme planta generadora de energía a gas natural de la Enron en Dabhol, cerca de Bombay. Karzai, antes de convertirse en presidente de Afganistán, títere de Estados Unidos, había sido cabildero (lobbyist) de Unocal.

AL-QAEDA NO EXISTE COMO AMENAZA

     La verdad sobre todo este engaño acerca del verdadero objetivo en Afganistán llega a ser clara cuando se analiza más atentamente la supuesta amenaza de «Al-Qaeda» en ese país. Según el autor Erik Margolis, antes de los ataques del 11 de Septiembre de 2001, la Inteligencia estadounidense estaba dando ayuda y apoyo tanto a los talibanes como a Al-Qaeda. Margolis afirma que «La CIA estaba planeando usar a Al-Qaeda de Osama bin Laden para azuzar a los uigures musulmanes contra la dominación china y a los talibanes contra los aliados de Rusia en Asia Central».

     Estados Unidos claramente encontró otros medios para incitar a los uigures musulmanes contra Pekín en Julio pasado, mediante su apoyo al Congreso Mundial Uigur. Pero la «amenaza» de Al-Qaeda sigue siendo el punto central de la justificación estadounidense de Obama para la intensificación de su guerra afgana.

     Ahora, sin embargo, el Consejero de Seguridad Nacional del Presidente Obama, el ex-Almirante James Jones ha hecho una declaración, oportunamente enterrada por los amables medios de comunicación estadounidenses, acerca de la magnitud estimada del peligro actual de Al-Qaeda en Afganistán. Jones declaró al Congreso: «La presencia de Al-Qaeda está muy disminuída. El máximo estimado es menos de 100 miembros en el país; no tiene bases ni capacidad para lanzar ataques contra nosotros o nuestros aliados».

     Eso significa que Al Qaeda, para propósitos prácticos, no existe en Afganistán.

     Incluso en el vecino Paquistán, los remanentes de Al-Qaeda difícilmente pueden ser hallados. El Wall Street Journal señala: «Perseguidos por los aviones sin piloto (drones) estadounidenses, asediados por problemas de dinero y con más dificultades para atraer a jóvenes árabes a las desoladas montañas de Paquistán, Al-Qaeda está viendo reducirse su rol allí y en Afganistán, según informes de Inteligencia y de oficiales paquistaníes y estadounidenses. Para los jóvenes árabes, que son los principales reclutas de Al-Qaeda, “no resulta romántico pasar frío y hambre y tener que esconderse”, declaró un alto responsable estadounidense en el sur de Asia».

     Si seguimos la declaración hasta su consecuencia lógica, debemos concluír entonces que la razón por la cual soldados alemanes están muriendo junto con otros jóvenes de la OTAN en las montañas de Afganistán no tiene nada que ver con «ganar la guerra contra el terrorismo». Muy oportunamente la mayoría de los medios de comunicación prefiere olvidar el hecho de que Al-Qaeda, al grado en que existió alguna vez, fue una creación de la CIA en los años '80, que reclutó y entrenó a musulmanes radicales de todo el mundo islámico para emprender la guerra contra las tropas rusas en Afganistán como parte de una estrategia desarrollada por Bill Casey, jefe de la CIA bajo Reagan, y otros, para crear un «nuevo Vietnam» para la Unión Soviética, lo que conduciría a una humillante derrota para el Ejército Rojo y el colapso final de la Unión Soviética.

     Ahora James Jones, jefe del estadounidense National Security Council, reconoce que esencialmente no hay más Al Qaeda en Afganistán. Tal vez es tiempo para un debate más honesto de nuestros líderes políticos acerca del verdadero propósito de enviar más jóvenes a morir protegiendo las cosechas de opio de Afganistán.


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