BUSCAR en este Blog

viernes, 26 de agosto de 2011

Saturno y el Código de Barras



     De un proyectado ensayo se toma esta resumida explicación y se la hace más que nada en términos visuales, gracias a las excelentes imágenes que están puestas a disposición de quien quisiere por las agencias espaciales y las estupendas naves que han transmitido tan valioso e impresionante material. En dicho ensayo, que entre cosas determina que ha habido un fraude histórico, fruto en parte por la ignorancia de los antiguos y también por el arribismo de los pueblos semitas que alegaron que sus dioses eran los de las potencias de la época, hubo un fraude, digo, en asimilar al viejo dios Kronos con el planeta Saturno y con el mismo dios Saturno, razón por la cual aquí se niega dicha igualdad de identidad, porque sus sentidos y sus funciones son muy diferentes.

     Sin duda el planeta Saturno, conocido con diversos nombres en la Antigüedad, fue objeto de adoración y especial estudio por muchísimos pueblos y culturas. Hay testimonio bíblico incluso de que los antiguos israelitas lo veneraron permanentemente a pesar del sacerdocio de Yahvé, y hay quien dice que dicho planeta en verdad es quien está detrás de la famosa estrella de ellos, la de seis puntas. El propio Tomás de Aquino calificó en una oportunidad al pueblo judío como saturnino, con lo que ello implica en términos de psicología colectiva: una aislación del entorno, un comportamiento maniaco-depresivo, como diríamos hoy, una tendencia atrabiliaria imposible de superar, etcétera.



     Puesto que han accedido, fruto de su centenaria conspiración para dicho fin, a posiciones dirigentes en el mundo moderno, resulta inevitable que vayan sembrando su simbolismo por doquier, como un sistema para identificarse entre ellos y hacer que los demás sin saber se vean obligados a usar de sus señales. Un caso evidentísimo y patético es su estrella inscrita en el signo más frecuente para el reciclaje de ciertos materiales, ése de las tres flechas curvas, famoso. Hay otros signos menos evidentes, de un simbolismo más o menos oculto, que siempre los estudiosos van descubriendo y analogando con otros. Pero en cuanto a ciertos aspectos del simbolismo de Saturno en la actualidad, acentuamos en esta ocasión el que tiene relación directa con el sistema del llamado código de barras.

     Dicho código fue masificado en 1973, mismo año de constitución de la sombría organización llamada Comisión Trilateral. Fue creado el UPC (Uniform Product Code) por el ingeniero neoyorkino de la IBM George J. Laurer. Dicho sistema codificado de información ha variado con el tiempo (actualmente se lo ha mejorado y contiene 13 cifras), pero el más comúnmente usado y conocido tiene la particularidad de que siempre lleva inscrita en clave la cifra 666, debido al código hexagesimal, se dice, que todo el mundo inmediatamente asocia con el Apocalipsis bíblico y la Bestia descrita en él (Apoc. 13:18). Dicha cifra está conformada por las tres líneas dobles que sobresalen hacia abajo de dichos códigos, al extremo izquierdo, al medio y al extremo derecho. El señor Laurer, consultado al respecto, dice que es efectivo que se contiene dicha cifra, pero que no tiene relación alguna con la referencia bíblica, y que es simplemente una coincidencia, y que tampoco tiene conexión con un código monetario internacional. Sólo un ingenuo como Laurer (cuyo apellido materno es Joseph), puede hablar de meras coincidencias cuando se juega con tales simbolismos que tocan tan de cerca a toda la cristiandad. Nosotros creemos que la cuestión en torno al 666 proviene de malas interpretaciones, y que quienes juegan a ser las víctimas y los victimarios en ese juego están todos presos de un delirio interpretativo.

     Lo que planteamos aquí es diferente. No sabemos desde cuándo se tienen con detalle las maravillosas fotografías del planeta Saturno. Sí que una empresa como IBM sin duda ha colaborado estrechamente con los programas espaciales. Y también que el inconsciente colectivo de algunos grupos ha trabajado por su cuenta hasta llegar a encontrarse con la evidencia física que lo materializa. Como primera imagen, contemplemos aquel hermoso planeta ya dicho, y vayámonos aproximando.


     En seguida hay que efectuar mayores acercamientos, enfocándose ya más bien en el anillo, compuesto de otros muchos, que rodea a Saturno, personaje, como todos sabemos, que fue un gran benefactor en Italia en tiempos muy remotos, llamándose su época de reinado justamente la Edad de Oro, tan similar a la descrita por el mitólogo Hesíodo.


     Y finalmente, contemplamos con detalle la estructura formal de sus anillos. Vemos las líneas de distintos grosores, y decimos: esto ya se ha visto en alguna parte... Claro: es igual al código de barras a los que estamos acostumbrados. Entonces uno dice: ¿es esto una coincidencia?. Maravillosa coincidencia. Que la apariencia de los anillos de Saturno sea igual a la apariencia del código universal de precios y otros datos es una sorprendente simultaneidad. A menos que... a menos que los que idearon dicha nomenclatura de informaciones hacia 1973 ya hubieran contemplado y estudiado con detalle dichas imágenes planetarias, y que desde los más profundos estratos, desde algún cerebro arcaico o alguna corteza cerebral sumergida, ascendiera hasta la conciencia o la semi-conciencia un recuerdo de haber adorado a Saturno, no el dios romano sino el planeta, conocido bajo quizás qué nombre semita y asociado quizás a qué terrible divinidad o mero ídolo. Resulta así sin querer (sabemos que queriéndolo) una especie de homenaje; pero también esto deviene en una señal y una advertencia. Porque podría ser que, como algunos dicen, en verdad Saturno está aprisionado dentro de su anillo (y quedaría preso el mundo mediante información codificada en forma de barras); o quizá es un adorno galano y de significado arcano. Y también la advertencia que permanece es a cuál de los diversos Saturnos se está aludiendo. No pareciera ser el benévolo dios romano, sino más bien algún oscuro y sanguinario demonio que, de verdad te lo digo, sólo existe en la mente de esos sacerdotes enloquecidos que de tanto aparearse entre ellos ya llevan siglos dando a entender sus psicopatías. Aún seguirán jugando por un rato con quienes ellos creen que duermen pero que tienen más fuerza y mejores juegos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario