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jueves, 21 de julio de 2011

Robert A. Hall - El Engaño de la Frase "El Holocausto"


   Desde el Instituto para la Revisión Histórica (IHR) llega esta nota aclaratoria sobre la implicación lingüística contenida en el uso de cierta denominación. Aunque es de ya hace algunos años, no pierde su vigencia, pues el proceso de sustitución semántica continúa en curso, al punto de que el intento más reciente de traducción o versión bíblica en lengua inglesa propone eliminar la palabra "holocausto" tan corrientemente contenida en el Antiguo Testamento, pues su significado, dicen los editores, está inextricablemente unido al retorcido mito del siglo veinte (http://www.ihr.org/jhr/v07/v07p495_Hall.html).



Estructuras Lingüísticas Engañosas
en la Frase "el Holocausto"
por Robert A. Hall Jr.



     Actualmente, la frase "el Holocausto" es casi universalmente usada para referirse a varios aspectos de la situación en la cual los judíos se encontraron bajo el régimen Nacionalsocialista desde 1933 hasta 1945, en Alemania y en los territorios ocupados por ésta. En este uso hay varios rasgos lingüísticos, grafémicos, y estructuras semánticas que imponen sobre el oyente promedio la creencia en la realidad del "Holocausto" (normalmente completamente fuera del umbral de su conciencia) y al mismo tiempo dejan su referencia confusamente inaclarada. Estos rasgos incluyen 1) el sentido del artículo definido "el" (sentido de realidad), 2) el número singular y el hecho de escribirlo con mayúscula (sentido de exclusividad), y 3) los efectos (confusión y ambigüedad) de la referencia de esta expresión.


     1). El artículo definido "el" es a menudo pensado como una palabra insignificante, no acentuada y de poca o ninguna importancia, en contraste con palabras que son totalmente acentuadas, como sustantivos, adjetivos y verbos. Pero el artículo definido tiene un sentido específico y una función semántica propia. Impone a un oyente o un lector la creencia en la realidad a la que se refiere mediante el sustantivo al cual modifica, y establece una presuposición tácita para el resto del discurso, que es que esta realidad ha sido establecida. Considere el siguiente chiste, en el cual alguien dice: "si el perro atrapara tan sólo un conejo, podríamos tener guiso de conejo para la cena... claro, si tuviéramos un perro". El humor de esta declaración consiste en la contradicción que hay entre lo que somos inducidos a creer al principio de la oración –es decir, que el hablante tiene un perro realmente existente– y la información dada al final, a saber, que él no tiene un perro. [1]

     En el caso de "el Holocausto" el uso del artículo definido tiene un efecto similar. Una vez que hablamos de "el Holocausto" se establece la presuposición de que nos estamos refiriendo a una realidad, de modo que el discurso ulterior en el tema está necesariamente comprometido en la aceptación de aquella realidad. ¿Cómo podría uno siquiera poner en duda la existencia de todo a lo que se refiere esa frase?. Por ende, "negar la realidad del Holocausto" ha venido a ser un lema standard, usado contra cualquiera que ponga en duda cualquier aspecto de lo que es aseverado acerca de las experiencias de los judíos bajo el nazismo, o tan sólo (como sé por experiencia personal) informar sobre lo que los otros han dicho. Es como si uno estuviera negando la realidad del sol o la luna o la tierra.

    [1] Otro caso que a menudo es citado en conexión con esto, implica las cinco primeras líneas del poema de Samuel Taylor Coleridge "La Cúpula de Recreo de Kublai Khan" [The Pleasure Dome of Kubla Khan]: "En Xanadu hizo Kublai Khan / una majestuosa cúpula de recreo por decreto, / donde Alph, el río sagrado, corría / por cavernas inconmensurables para el hombre / hacia abajo a un mar sin sol". La palabra más importante en estas cinco líneas está el en el tercer verso, porque impone la creencia del lector en la existencia de Alph, y por lo tanto de toda la situación.


     2). El sentido del número singular de un sustantivo es, por supuesto, que sólo un miembro de los fenómenos referidos existe o es relevante para la situación. Por escrito, enfatizamos la unicidad de un objeto o fenómeno al escribir con mayúscula el sustantivo, dándole así el status de un nombre propio. Existen, por ejemplo, varias "lagunas de agua" en las montañas de Pensilvania, pero alrededor de Stroudsburg uno se refiere a la laguna de agua de Delaware simplemente como la Laguna. De manera similar ocurre con los acontecimientos históricos, como la Crucifixión. Muchos miles de pobres desgraciados sufrieron angustiosas muertes en cruces, pero para los cristianos había un solo tal objeto, la Cruz, y un solo acontecimiento, la Crucifixión.

     En el caso de "el Holocausto", igualmente, el uso del singular y poner con mayúscula el sustantivo sirve para enfatizar a cualquier oyente (y más aún, a cualquier lector) su singularidad. Varios comentaristas, como Michael A. Hoffman y Joseph Sobran, han estado a la vanguardia en la expresión de una conciencia creciente de que la experiencia judía bajo los Nazis fue sólo una de muchas –no importa cómo la definamos– que muchos grupos han padecido desde la antigüedad [2]. Pero la insistencia en la exclusividad de "el Holocausto" ha conducido incluso a excesos como la respuesta negativa de permitir la fundación de un convento católico en Auschwitz (Oswiecim), porque aquel lugar es considerado por algunos como exclusivamente sagrado para la memoria de las víctimas específicamente judías de "el Holocausto" [3]. Por el bien del argumento, supongamos por el momento que un número dado de no-judíos fue martirizado allí. ¿Por qué ha de ser su sufrimiento considerado menos importante que el de cualquiera víctima judía que pueda haber habido?. ¿Por qué no deberían los no-judíos, también, ser conmemorados allí?.

    [2] Cf., más recientemente, Michael A. Hoffman III, «Psicología y Epistemología de la "Neolengua" del Holocausto», IHR vol.6, Nº 3 (Invierno 1985-86), pps 467-478, y observaciones de Mark Weber en "Joseph Sobran y el Revisionismo Histórico", IHR Vol.7, Nº 3 (Invierno 1986-87), págs. 373-374.
    [3] Como está extensamente relatado en los medios de noticias a finales de Enero de 1986, p.ej. en New York Times, 31 de Enero, I, p. 4.


     3). La palabra "holocausto" es un préstamo del latín tardío "holocaustum" = "una ofrenda quemada", que a su vez fue tomada prestada del "holokauston" griego = "algo totalmente quemado". Además de estos significados, la palabra ha adquirido los sentidos adicionales de "consumo completo por el fuego; destrucción completa, especialmente de un gran número de personas; una gran matanza, una masacre" [4]. Es con este último significado que ha venido usándose la frase "el Holocausto", pero se la ha sometido a una extensión adicional no justificada por su historia anterior. Su uso ahora cubre una amplia variedad de sentidos, desde referirse a la supuesta ejecución masiva de judíos en cámaras de gas u otras instalaciones, hasta la denotación de la vivencia entera de todos los judíos en Alemania y en los territorios ocupados por las tropas alemanas, desde el acceso del partido Nacionalsocialista al poder en 1933 hasta el final de la guerra en 1945. Esto es lo que posibilita que una persona que cuestione cualquier argumentación dada referente a los campos de concentración o a las cámaras de gas, sea acusada de negar que los judíos sufrieron una persecución o que no sufrieron en absoluto. Este tipo de alteración no reconocida del significado es conocida como falseamiento semántico (semantic wrenching) , y la expropiación de un término para un uso especial a menudo es llamada secuestro de la palabra (word-shanghaiing o word-kidnapping)[5].

    [4] Cf. el Diccionario de Inglés de Oxford 5.344, s.v. holocausto.
    [5] Si no estoy equivocado, fui el primero en usar las expresiones semantic wrenching y word-shanghaiing, en mi reseña de Maurizio Dardano, Il Linguaggio dei Giornali Italiani, en Language 31, 211-215 (1975).


     Conferencistas inescrupulosos, usando estos rasgos lingüísticos, han inducido a oyentes ingenuos o confiados y a los lectores a creer en la realidad y exclusividad de lo que es llamado "el Holocausto", y han al mismo tiempo falseado su significado y han hecho su referencia vaga e imprecisa. Ellos han eliminado así la discusión objetiva y la han sustituído por la obnubilación y la confusión. De esta manera, el uso de la frase "el Holocausto", sin salvedades adicionales, prejuzga la cuestión. Aquí, como en tantos otros casos de la "neolengua" propagandística, debemos estar en guardia siempre que oigamos, leamos o usemos esta frase. Debemos ser totalmente conscientes de sus usos diversos y distorsionados, si queremos comprender lo que lingüísticamente está sucediendo y así evitar ser engañados.


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