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martes, 5 de julio de 2011

Fernando Vallejo - Sobre la Muerte de Juan Pablo II


Del escritor colombiano nacionalizado mejicano Fernando Vallejo (1942) hemos seleccionado un fragmento de su libro de 2007 "La Puta de Babilonia" (expresión tomada de Apocalipsis cap. 17), ensayo histórico dedicado íntegramente a la inefable Iglesia Universal, que no cayó muy bien en círculos afectos a ella por su lenguaje atrevido y desenfadado más bien que por los contundentes argumentos históricos que el señor Vallejo aporta. Nosotros ciertamente no concordamos con todo lo que plantea ni con todos sus juicios, pero nos parece que su pluma es suficientemente buena, audaz y coherente como para merecer una cita. Los párrafos que hemos seleccionado (de un libro que no está dividido en capítulos ni aduce fuentes bibliográficas) tratan sobre algunos aspectos del pontificado romano anterior (ahora que se lo quiere santificar), pasando revista a muchas de sus acciones, y de la asunción de su sucesor, el actual señor Ratzinger. No cuestionaremos ciertas costumbres privadas del autor pero sí diremos que podrían explicar algunas expresiones de mal gusto que usa y temáticas a las que alude. No obstante, el grueso de la crítica en este libro sí lo compartimos. Puede revisarse el artículo http://es.wikipedia.org/wiki/La_puta_de_Babilonia para una mayor referencia.






     El sábado 2 de Abril de 2005, tras veintiséis años, diez meses y diecisiete días de pontificado durante los cuales ayudó como nadie a sumarle a la población mundial dos mil millones y casi revienta el santoral con los cuatrocientos ochenta y dos nuevos santos y los mil trescientos treinta y ocho nuevos beatos en espera de canonización que como por la magia de Aladino produjo su mano suelta, por fin murió Wojtyla, el papa más dañino, pérfido y malo que haya parido en sus putos días la puta tierra. Mentía en once lenguas además del polaco en que lo amamantó la Mentira. No bien se montó al solio de Pedro por un golpe de la suerte tras el fugaz pontificado de Albino Luciani (que Dios sabrá si no murió asesinado) y puso a funcionar todo el aparato vaticano al servicio de su vanidad que no conocía más límites que los del universo. Quería que lo vieran, lo oyeran, lo aplaudieran, ser el centro de todos y de todo, todo el tiempo. ¿Y qué decía? Estupideces. Era homofóbico sin irle ni venirle, salvo que hubiera sido una mariquita de clóset, que bien puede ser. La idea del semen per angostam viam lo enloquecía como al Doctor Angélico y a la Inquisición. En cambio le importaba un carajo que acuchillaran en los mataderos a las vacas. Ni un solo niño o perro abandonado recogió. ¡Y cuántos niños no nacieron con sida en África mientras él predicaba contra la interrupción del embarazo y el condón!. De los setecientos millones de espermatozoides que se pierden, por lo bajito, en cada eyaculación, y de las incontables eyaculaciones que se pierden en el curso de la vida de cada hombre nada decía este truhán tonsurado. Vivía en palacios entre comodidades y criados y más protegido que el tesoro de Tutankamón. Viajaba en jet privado, salía en televisión día y noche e inundaba con su santurrona efigie el planeta. Impúdicamente disfrutaba de los logros de la ciencia atea que la Puta que él encarnaba combatió y obstaculizó por siglos, opuesta siempre a todo progreso e investigación. A la Puta la manejó como un autócrata y nunca permitió la más mínima disensión. Viajó siempre en jet privado y en su impúdica agonía de meses ocupó un piso entero del Hospital Gemelli como si fuera príncipe saudita y no el más humilde entre los humildes que pretendía ser.

     En esos veintiséis años, diez meses y diecisiete días en que representó la farsa de la santidad visitó ciento treinta países, doscientas sesenta y nueve ciudades italianas y doscientas setenta y cuatro de las trescientas veintiocho parroquias de la diócesis de Roma, recorriendo en total un millón trescientos mil kilómetros, el equivalente a más de tres viajes de la tierra a la luna. Promulgó trece encíclicas, trece exhortaciones apostólicas, cuarenta y una cartas papales, diez constituciones apostólicas y diecinueve motu proprios; convocó ocho consistorios y quince sínodos; escribió más de cien documentos, cartas o constituciones; recibió a más de catorce millones de fieles en ochocientas setenta y siete audiencias semanales a las que hay que sumar quinientas ochenta y cuatro visitas oficiales de Jefes de Estado y ochenta y dos de primeros ministros; pronunció dos mil cuatrocientos discursos o sermones o como los quieran llamar; nombró ciento cincuenta y siete nuevos cardenales. En sus nueve viajes apostólicos al África visitó treinta y dos países. Dignas de recordar son sus visitas al epicentro del sida: el Congo, Zaire y Sudáfrica, donde anduvo satanizando el condón y diciéndoles a los niños negros sin porvenir ni padres que "bienvenidos al banquete de la vida". En su obtusa testa de santurrón no le cabía el que la immissio penis in vaginam es la fuente de todos los infortunios del mundo. Devoto de la Virgen María, varias veces fue a sus santuarios de Knock en Irlanda, Fátima en Portugal, Lourdes en Francia y la Basílica de Guadalupe en México a supervisar los inagotables chorros de dinero que de ellos fluye hacia las incolmables arcas de la Puta. El 15 de Mayo de 1995 ofició una misa en Manila ante la más grande concentración de bípedos gregarios que registre la Historia: entre cuatro y ocho millones. El 27 de Octubre de 1986 reunió en Asís a ciento veinte representantes de todas las sectas cristianas y de las demás religiones para pasarse un día entero con ellos orando y ayunando, quitándole así el récord de ayuno al ex presidente de México el gran bandido Carlos Salinas de Gortari que ayunó desde el desayuno hasta la comida de medio día en protesta por lo poco que le dejaron robar.

    Wojtyla fue el primer papa en visitar una sinagoga, la de Roma, el 13 de Abril de 1986. Y en marzo del 2000 fue a visitar el monumento nacional israelí del holocausto, el Yad Vashem, y a hacer historia en Jerusalén tocando con su mano bendecidora el Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado de los judíos, a los que les pidió perdón por las atrocidades cometidas contra ellos por la Puta desde que mataron a Cristo. Tras la muerte de la cotorra mentirosa la Asociación Judía Antidifamación (Anti Defamation League) emitió un comunicado declarando que Juan Pablo II había revolucionado las relaciones entre católicos y judíos, y que a él se le debía "más cambio para bien en sus veintiséis años de pontificado que en los casi dos mil años que lo precedieron". ¿Qué quiere decir esta estúpida declaración? ¿Que la visita a una sinagoga y el hecho de tocar un muro y de pronunciar unas palabras melosas borran dos mil años de persecución, tortura, deportaciones y asesinatos cometidos en nombre de Cristo contra los judíos? Si así fuera, ¿por qué no reinstalamos entonces el Tercer Reich que sólo los persiguió diez años?. En mayo de 1999 fue a Rumania invitado por el patriarca Teoctist de la Puta Ortodoxa Rumana, convirtiéndose en el primer papa que visitara un país predominantemente ortodoxo desde el gran cisma de 1054. Se diría que el impúdico Wojtyla se había propuesto batir en desvergüenza a todos sus predecesores para arrasar por partida múltiple en los récords Guinness. Su gran sueño era visitar a Rusia en busca de nuevos súbditos pero no lo logró. Llegó hasta devolverles el icono de Nuestra Señora de Kazán a ver si lo invitaban. "El asunto de la visita del papa a Rusia –contestó Vsevolod Chaplin en nombre de la Puta Ortodoxa Rusa– está relacionado con los problemas entre las dos Iglesias, hoy imposibles de resolver, y no tiene nada que ver, como creen los periodistas, con el simple hecho de devolver uno de entre los muchos objetos sagrados que se robaron y sacaron ilegalmente de Rusia".

     Recibió en audiencia privada en el Vaticano al terrorista Yasser Arafat cuatro veces; una al criminal nazi Kurt Waldheim, presidente de Austria; y otra a Fidel Castro, a quien le retribuyó su visita viajando un año después a Cuba a legitimar con su presencia allá la continuidad del tirano. ¿A dónde no fue, dónde no habló, con qué tirano o granuja con poder no se entrevistó?. Un poco más y alcanza a abrazar al genocida de Saddam Hussein, al que ya le tenía puesto el ojo. A Angelo Sodano, amigo de Pinochet y alcahueta de sus crímenes durante los once años que fue Nuncio Apostólico en Chile, lo nombró Secretario de Estado, el más alto puesto de la burocracia vaticana después del suyo. Al tartufo cazador de herencias y estafador de viudas José María Escrivá de Balaguer, fundador de la secta franquista del Opus Dei y más perverso y tenebroso él solo que toda la Compañía de Jesús junta, lo canonizó. A su nuncio en Argentina Pio Laghi, en pago por su apoyo a la guerra sucia en ese país donde solía jugar tenis con el dictador criminal Jorge Rafael Videla, lo nombró pronuncio en Estados Unidos, jefe de la Congregación para la Educación Católica, luego lo hizo cardenal y finalmente cardenal protodiácono. En Nicaragua satanizó lo que llamaba "la Iglesia popular" y en El Salvador condenó al cardenal Oscar Romero, cuyas denuncias de los escuadrones de la muerte de su país le habrían de costar la vida: un francotirador lo mató de un tiro en el corazón mientras celebraba una misa en el hospital de La Divina Providencia y en el preciso momento de la eucaristía. El rosario de las bellaquerías de Wojtyla no tiene cuento.

     Al final, para seguirse haciendo ver, le dio por pedir perdón y se disculpó por un centenar de los incontables crímenes cometidos por la Puta en los mil seiscientos años que disfrutó de un omnímodo poder. Y así el 31 de Octubre de 1992 pidió perdón por la persecución en 1633 a Galileo; el 9 de Agosto de 1993, por la participación de la Puta en el comercio de esclavos en África; en Mayo de 1995 y en la República Checa, por los que quemó la Puta en la hoguera y por las guerras de religión que desencadenó tras la Reforma protestante; el 10 de Julio de 1995 y en una carta a "todas las mujeres", por las injusticias cometidas contra ellas en nombre de Cristo, por la violación de sus derechos y por la misoginia empecinada de la Puta; el 16 de Marzo de 1998, por el silencio cómplice del catolicismo ante el holocausto; el 18 de Diciembre de 1999 en Praga, por la ejecución de Jan Hus en la hoguera en 1415: que "independientemente de las convicciones teológicas que defendió Hus no se puede negar por más tiempo su integridad personal ni su empeño por elevarle el nivel moral a su nación", dijo el desvergonzado. El 12 de Marzo de 2000, durante una de las misas del perdón que se inventó, lloró "por los pecados de los católicos cometidos a lo largo de los siglos contra los grupos étnicos, por la violación de sus derechos y el desprecio a sus culturas y tradiciones religiosas". El 4 de Mayo de 2001 le pidió perdón al patriarca de Constantinopla por los pecados de los cruzados cuando devastaron a esa ciudad cristiana en 1204. El 22 de Noviembre de 2001 y por internet, pidió perdón por los abusos de los misioneros contra los pueblos aborígenes del Pacífico Sur. Y un largo etcétera. Pero lo que más me gusta de toda esta bellaquería de nuevo cuño es la visita del impúdico el 6 de Mayo de 2001 a la mezquita de los Omeyas en Damasco a la que entró a orar y a perorar y donde dijo en su perorata: "Por todas las veces que los musulmanes y los cristianos se han ofendido pidámosle perdón al Altísimo y perdonémonos mutuamente". Y acto seguido el caradura besó el Corán. Por un beso de éstos al Corán en la España de los Reyes Católicos o en la Roma de San Pío V lo habrían quemado vivo en la hoguera por apóstata. Son los signos de los tiempos. ¿Y qué papa habrá de pedir perdón en el futuro por la homofobia de Wojtyla y por la infinidad de niños que nacieron para ser abandonados o con sida por su obtusa oposición a las píldoras interruptoras del embarazo y al condón en un mundo superpoblado? ¿O por los infinitos crímenes de la Puta carnívora y bimilenaria contra nuestro otro prójimo, los animales?.

     El sábado 2 de Abril de 2005 y tras una enfermedad de meses que puso a cagar fuego al Vaticano y mantuvo en vilo al planeta, por fin murió Wojtyla, el papa de la paridera. Al día siguiente, domingo 3, Joseph Ratzinger le ofició su buena misa de cuerpo presente. Y el viernes 8 el mismo Ratzinger le presidió la misa de difuntos en San Pedro, concelebrándola con el Colegio de Cardenales en pleno, ciento sesenta y cuatro purpurados, y con los patriarcas y arzobispos de las diversas sectas orientales católicas. Esta misa concelebrada, que precedió al entierro propiamente tal, congregó a varios millones de ovejas carnívoras en Roma y al más grande número de jefes de Estado que conozca la Historia, superando los del entierro de Winston Churchill, y dos mil millones la vieron por televisión: más que los que vieron el entierro de la entelerida princesa Diana. El entierro de Wojtyla se convertía así en el más suntuoso que haya disfrutado cadáver de homo sapiens en proceso de putrefacción (alguno). Pantallas digitales gigantes desplegadas en varios puntos de Roma, como el Circo Máximo, transmitían la ceremonia para los millones de peregrinos que se volcaron sobre la ciudad a ver si les alcanzaba a llegar una partícula siquiera del olor del cadáver de quien muriera en olor de santidad y emprendía ahora su último viaje rumbo al agujero negro de Dios. Todo un circo.

     Delegaciones oficiales y no oficiales asistieron al entierro: presidentes, vicepresidentes, ex presidentes, primeros ministros, primeras damas, cancilleres, embajadores, líderes de la oposición, grandes duques, emires, príncipes, reyes, reinas, caballeros de la Orden de Malta, delegaciones de catorce países musulmanes y del Estado de Israel, representantes de la Liga Árabe, de la ONU, la OTAN, la UE, la OSCE, la ILO, la FAO, la UNESCO y hasta de la Oficina de Drogas y Crimen de la ONU ¡como si el criminal no estuviera ya empaquetado en su ataúd y hubiera que agarrarlo!. Veíamos allí, entre la más alta granujería del planeta, a Bush, a Clinton, a Blair, a Chirac, truhanes archiconocidos que no necesitan presentación; al cazador de osos Juan Carlos Barbón, vergüenza de España; al cazador de zorros Carlos príncipe de Gales, vergüenza de Inglaterra; al rebuznador Fox, vergüenza de México; al presidente de la República Democrática del Congo (¿democrática? ¡vaya!), el criminal Joseph Kabila y su vicepresidente Jean Pierre Bemba, hoy enfrentados a muerte; al segundo lacayo de Castro, Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional de Cuba (siendo el primero Felipe Pérez Roque, el hombre de las permanentes rodilleras); al lameculos del ayatola Mohammad Katami, presidente de Irán; al tirano Bashar al Assad, presidente de Siria; al genocida Robert Mugabe, presidente de Zimbawe; al pavo real Hamid Karzai, presidente de Afganistán; a Charles Murigande, Ministro de Relaciones Exteriores del país más genocida del planeta, Ruanda, con ochocientos mil tutsis masacrados en sólo tres meses por los hutus; al presidente de Nigeria Olusegun Obasango, el genocida de Odi y Benue, anabaptista fuera de tiempo y lugar. Y toda esa ralea, la crème de la crème del homo sapiens mendax, concentrada en unos cuantos metros cuadrados y al alcance todos y entre sí de sus excelsas emanaciones intestinales. Y termino con quien he debido empezar, la mosca carroñera Kofi Annan que en su paso de diez años por la ONU no se perdió boda de puta ni capada de marrano.

     Y ahora los líderes religiosos: Bartolomeo I, patriarca de Constantinopla; Cristódulo, arzobispo de Atenas; Anastasio, arzobispo de Tirana, Durres y Albania; Shear Yishuv Cohen, principal rabino de Haifa; Riccardo di Segni, principal rabino de Roma; Alison Elliot, moderador de la Asamblea General de la Puta de Escocia; Jovan, obispo metropolitano de Agreb y Lubliana y de la Puta Ortodoxa Serbia de Italia; Karekine II, jefe de la Puta Apostólica de Armenia; Kirill, obispo metropolitano de Smolensk y Kaliningrad; Lavrentije, obispo de Sabac y Valjevo, de la Puta Ortodoxa Serbia; Mesrob II, patriarca armenio de Istambul y Turquía; Jukka Paarma, arzobispo de Turku y cabeza de la Puta de Finlandia; Seraphim, obispo de Ottawa, de la Puta Ortodoxa de América; Abune Paulos, patriarca de la Puta Ortodoxa de Etiopía; Oded Viener, representante de los principales rabinos de Israel; Finn Wagle, obispo de Nidaros y Primus, de la Puta Luterana de Noruega... Rabinos, pastores, popes, convertidos en lameculos de cadáver de papa, orando, sollozando, llorando y secándose las lágrimas. Y para terminar, Rowan Williams, arzobispo de Canterbury y cabeza de la Puta Anglicana de Inglaterra: por primera vez desde los tiempos del Barba Azul Enrique VIII y su rompimiento con la Puta de Roma, un arzobispo de Canterbury mordía el polvo.

     De los dos mil millones de seres humanos que se le sumaron al planeta durante los veintiséis años del pontificado de Wojtyla, un poco menos de la tercera parte de la población actual, todos estos jefes civiles y religiosos son co-responsables con él pues ninguno levantó la voz para oponerse a su prédica insensata e hipócrita. Son sus solapadores. Si hoy el mundo es un planeta atestado de gente en que los polos se están derritiendo por el efecto invernadero, en que los ríos se han convertido en cloacas y el mar en un desaguadero de cloacas; si hoy están las calles y las carreteras embotelladas, los aeropuertos embotellados, el cielo embotellado, los teléfonos y el internet atascados; si ya se están acabando el petróleo y el agua; y si la vieja cría en el campo de los pollos, los cerdos y las vacas ha dado paso a las monstruosas fábricas de carne de hoy en que los animales viven y mueren encerrados en estrechas jaulas sobre el montón de sus propios excrementos y sin ver la luz del sol, a ese paporro inmoral se le debe y a sus cómplices los truhanes del poder que lo alcahuetearon. Nunca los animales fueron tan desventurados como hoy. Pero no olvidemos que detrás del papa y los ayatolas están Cristo y Mahoma que nunca tuvieron una palabra de compasión por ellos y a cuyas dos religiones infames hoy pertenece la mitad de la humanidad. ¡Cómo van a ser ese loco rabioso que ni existió y ese asesino sanguinario los paradigmas para el ser humano, los modelos de lo que debe ser justo y noble!. Hay que ser un ciego moral o un retardado mental para pensarlo. Del inconmensurable sufrimiento de los animales, Cristo y Mahoma son los primeros culpables.

     Acabada la misa de difuntos empezó el desfile de tonsurados católicos y ortodoxos que en una orgía de incensarios y de hisopos de agua bendita iban pasando ante el féretro diciéndole al difunto sus conjuros mágicos. Ayudado por el padre Nello Luongo, un diácono del Seminario Pontificio de Roma, Ratzinger le echó las últimas bocanadas de incienso al féretro, rogó por última vez por el papa muerto y dio por terminada la misa. En las altas bóvedas de la gran basílica cuya construcción financiada con indulgencias le costó la división en dos a la Puta de Occidente, resonó el Oficio de Difuntos de la liturgia bizantina cantado en griego y en árabe, en tanto afuera, en la plaza de San Pedro, las ovejas estúpidas, el rebaño inmoral y carnívoro balaba clamando al cielo: ¡Santo subito!. Acto seguido toda la clerigalla travestida cantó al unísono: "Que los ángeles te acompañen al cielo, que los mártires te reciban cuando llegues y te guíen a la Santa Jerusalén". E Ite missa est, indio comido indio ido, adiós turbamulta bellaca. Entonces, por fuera de la curiosidad de las cámaras y la chusma, empezó el entierro propiamente dicho: los Caballeros Pontificios se llevaron el ataúd rumbo a la Puerta de la Muerte que da entrada a las oscuridades subterráneas de San Pedro. Ya sin cámaras que lo vieran, Ratzinger le confió la ceremonia del entierro al cardenal Martínez Somalo, uno de los más distinguidos lacayos del difunto.

     En una cripta subterránea en las entrañas de San Pedro lo enterraron. Vestido de sotana blanca, alba blanca, mitra blanca, zapatillas rojas, estola, palio, casulla y en la mano un rosario por si le hiciera falta, lo embalaron rumbo a la eternidad en un ataúd de ciprés metido dentro de un ataúd de zinc metido dentro de un ataúd de nogal que bajaron al hueco abierto en la desnuda tierra y taparon con una gran plancha de piedra, no se les fuera a salir, como Cristo, el paporro a seguir azuzando la paridera y canonizando santos de pacotilla a la buena de Dios, a la diabla. "Señor –exclamó el cardenal Martínez Somalo para ponerle punto final al asunto–, dale el eterno descanso y que la luz perpetua brille sobre él". ¡Ah cabrón igualado! Tuteando al Padre Eterno...

     Siguieron los novendiales o nueve días de duelo en que se celebran otras tantas misas por el difunto, que en este caso tuvieron lugar en la Basílica de San Pedro y fueron cantadas por nueve cardenales que escogió Ratzinger, escogiéndose él para la primera. La del lunes 11 la ofició Bernard Francis Law, el ex arzobispo de Boston que en esos momentos ya era Cardenal Archipreste de la Basílica de Santa Maria Maggiore, premio que le dio Wojtyla en pago a la protección que les brindó a los curas pederastas de aquella diócesis norteamericana y que no censuro, quede muy claro, sino que por el contrario alabo, bendigo y apruebo pues ¿qué pecado puede haber en que un curita le haga la paja a un niño que de todos modos se la va a hacer solito en su casa?. Pecado no es masturbar al prójimo ni sodomizarlo ni darle mantenimiento sexual por la vía que sea: pecado es acuchillar a una vaca. Representantes de la llamada "Survivors Network of those Abused by Priest" conducidos por su fundadora Barbara Baline, volaron a Roma desde los puritanos Estados Unidos de Bush a avergonzar a los católicos romanos con la tal pederastia de los curas bostonianos alcahueteada por Bemard Law. ¡Cuáles sobrevivientes, santurrona, carní-vora, cabrona, gringa, hipócrita!. ¡De qué sobrevivieron tus "abusados"! ¿De una paja?.

     El lunes 18 de Abril en la mañana y a unas horas de que los 115 cardenales en edad de votar por ser menores de 80 años se encerraran en la Capilla Sixtina para el cónclave, tuvo lugar en la Basílica de San Pedro la misa tradicional por la elección de un nuevo papa Pro eligendo Romano Pontífice que ofició adivinen quién. El mismo que había oficiado la misa de difuntos del 3 de Abril; el mismo que había presidido la gran misa concelebrada del día 8 ante los dos mil millones que la vieron por televisión, compitiendo él con el cadáver de los cadáveres, el cadáver protagónico; y el mismo, en fin, que el día 9 había oficiado la primera de las misas novendiales por el difunto: el decano del Colegio de Cardenales, el alemán Joseph Ratzinger, en favor de quien el Espíritu Santo había empezado dieciocho meses atrás una campaña subrepticia para convertirlo de odiado inquisidor en amado papa. ¡Cuánto no le costó entonces al de las lenguas de fuego convencer a este hombre humilde ajeno a toda ambición para que aceptara ser el Vicario de Cristo, el sucesor de Pedro, el Pontífice Máximo! Que la decisión no era suya sino de Dios, le hacía ver una y otra vez el Paráclito. Hasta que por fin el prelado, humilde aunque alemán y educado por los nazis, aceptó agachando la cabeza. Un vaticanologista comentó que durante las dos semanas que siguieron a la muerte de Wojtyla, Ratzinger había sido el dueño del balón. Un partidario suyo dijo en cambio, palabras textuales: "Un fuego interior se le encendió en el pecho como si Dios lo hubiera escogido". Y sí pero no porque no fue Dios el que lo escogió sino el Espíritu Santo, que es muy distinto. Dios es el Padre, Cristo es el Hijo y el Espíritu Santo es el producto homosexual e incestuoso de ambos.

     El sermón que pronunció Ratzinger en su misa Pro eligendo Romano Pontifice el lunes 18 de Abril en la mañana, horas antes de que se iniciaran las votaciones del cónclave, es una obra maestra del cálculo y la perfidia, un modelo de oportunismo. Que él no iba a renunciar a sus ideales para ganar votos fue lo que dijo en resumidas cuentas. Él estaba por la cultura de la vida del difunto papa y contra el aborto y el condón, contra la ordenación de mujeres, contra la presencia del Islam en Europa, contra las nuevas sectas, contra el homosexualismo, contra el marxismo, contra el liberalismo, contra el modernismo, contra el individualismo, contra el colectivismo, contra el libertinismo, contra el materialismo, contra el relativismo. Y he aquí la palabra clave: relativismo. De pie ante un semicírculo de cardenales y ante la basílica atestada de fieles fervorosos preguntó: "¿Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en los diez últimos años? ¿Cuántas corrientes ideológicas? ¿Cuántas formas de pensar? A los que creemos firmemente en Dios y en los absolutos morales nos acusan de fundamentalismo, mientras que la única actitud socialmente aceptable pareciera ser que todo es relativo y nada es bueno o malo con certeza". La Puta Católica, Apostólica y Romana era la dueña de la verdad y por fuera de ella no había verdad posible. Al relativismo de los blandengues Ratzinger contraponía el absolutismo de los firmes. La verdad absoluta y punto. A lo cual a mi vez se me ocurre preguntar: y las cien peticiones de perdón que ofreció Juan Pablo II en sus últimos años de pontificado por los crímenes de la Puta, ¿ésas qué? ¿No nos estaba mostrando con ellas el relativismo de su verdad? No hay verdades eternas. La verdad cambia con los tiempos según vaya soplando el viento, y no es patrimonio colectivo sino espejismo del fuero íntimo de cada quien.

      Pero por lo menos Ratzinger era consecuente con sus dos décadas a la cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Otra cosa es que su congruencia la mandara al carajo no bien se montó en la silla de Pedro pues de inmediato empezó a adular a los musulmanes. Lo de Ratisbona fue un lapsus cálami que exhibió a la luz del día al mentiroso. Acaba de ir a Turquía a hacerse ver en el mejor estilo de su predecesor y a retractarse de lo que le dijo a Le Figaro en una entrevista pocos meses antes de subir al pontificado y cuando era tan sólo un cardenal entre muchos: "Turquía es un país que histórica y culturalmente tiene poco que ver con Europa. Por ello sería un gran error incorporarlo a la Unión Europea". Ya de papa cambió de opinión. Y no bien aterrizó en Ankara, al primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, quien muy a su pesar, con repugnancia, tuvo que ir al aeropuerto a recibirlo en busca de su apoyo para el ingreso de Turquía a la Unión Europea, le expresó que no sólo podía contar con él sino que se sumaba a la Alianza de Civilizaciones que Erdogán y el presidente del gobierno español habían venido proponiendo. ¿Y la Liga Santa cuyas capitulaciones firmó San Pío V con Felipe II y las repúblicas de Génova y Venecia dirigidas a la guerra total contra los turcos y que condujeron el 7 de Octubre de 1571 a la batalla naval de Lepanto en el golfo de Corinto en que murieron treinta y cinco mil hombres, ésa qué?. ¿Y la nueva Liga Santa contra los turcos formada por Inocencio XI con el emperador Leopoldo I y el rey Juan III Sobieski de Polonia que entre 1683 y 1688 liberó del yugo otomano a Viena, Belgrado y toda Hungría, ésa qué? ¿Fueron ésos enfrentamientos entre civilizaciones, o entre barbaries? ¿Fueron jihad o guerra santa? ¿Cómo los calificamos?. Pío V le atribuyó la victoria de Lepanto a la Virgen María y declaró el 7 de Octubre fiesta de Nuestra Señora de la Victoria. ¡Y después nos vienen a hablar contra "la dictadura del relativismo" y a afirmar que la verdad es absoluta y que su dueña ha sido, es y será la Puta católica!. Que se ponga primero esta ramera de acuerdo consigo misma antes de salir a mentir por el mundo. Ese sermón contra "la dictadura del relativismo", que sólo una Puta de dos mil años de refinamiento en la simulación puede concebir, catapultó a Ratzinger a la ansiada silla de Pedro.

     Horas después de pronunciado, en una sombría y solemne procesión ciento catorce cardenales de más de cincuenta países entraban con él a la Capilla Sixtina y en cuatro apuradas votaciones lo elegían como sucesor de Wojtyla. En la cuarta y última votación Ratzinger obtuvo noventa y cinco de los ciento quince votos. La casi totalidad de esos cardenales eran hechura del muerto, que fue el que los nombró. Los que venían de antes y que no segó en el curso de su pontificado Nuestra Señora Muerte Wojtyla los licenció por viejos. ¡Como si él fuera un mancebito! Fuentes bien informadas cercanas al Espíritu Santo han dejado saber que en plena desesperación los pocos cardenales liberales (¿liberales?) andaban proponiendo al cardenal argentino Jorge Bergoglio para oponérselo a Ratzinger, pero que los dos cardenales colombianos, Darío Castrillón Hoyos y Alfonso López Trujillo, amantes ambos del orden y el sexo fuerte, alinearon el bloque de los veinte cardenales latinoamericanos detrás de éste. Yo no creo. Pero si así hubiera sido, ¡qué honor para Colombia!. ¡Cómo me late el corazón de orgullo patrio! Más que un gol de la Selección de Colombia en el mundial de futbol que ya hemos ganado tres veces. Y termino esta crónica de simulaciones, bellaquerías, intrigas y ambiciones con el final del sermón de Ratzinger cuando la mencionada misa Pro eligendo Romano Pontifice: "En esta hora decisiva –dijo– le rogamos al Señor que después del gran don del papa Juan Pablo II que nos hizo, nos dé de nuevo un pastor del corazón, uno que nos guíe según la conciencia y el amor y en la verdadera alegría de Cristo". ¡Quién sino él! Varios de los cardenales asistentes aplaudieron, entre los cuales el poderoso Camillo Ruini, a quien Ratzinger le había puesto el ojo por si su candidatura fallara. ¡Qué iba a fallar, si contaba con el respaldo del Espíritu Santo!.




2 comentarios:

  1. PABLO VI, JUAN PABLO II Y BENEDICTO XVI:
    NACIDOS DE VIENTRE JUDIO. TODO CUADRA


    http://radiocristiandad.wordpress.com/2011/03/30/juan-pablo-ii-y-benedicto-xvi-nacidos-de-vientre-judio-todo-cuadra/

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  2. 'La puta de Babilonia' es una obra sensacional. ¡Qué grande es el maestro Vallejo!

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