BUSCAR en este Blog

sábado, 30 de julio de 2011

A. Dibert - Nuestra Religión Establecida


     Desde el Instituto para la Revisión Histórica (ihr.org) hemos tomado y traducido el artículo "Our Stablished Religion" firmado por A. Dibert, de EE.UU., no sabemos escrito cuándo aunque sí en los años '80 antes de la reunificación alemana, donde en un macizo análisis va exponiendo los argumentos que desembocan en la tesis que plantea el título, citando ejemplos y actitudes, hechos históricos, que van apuntalando la médula de su discurso, que es que ni tan solapadamente ha entrado por la ventana un convidado de piedra que ahora quiere alzarse como religión oficial cuando nadie le ha pedido su miserable opinión. Patético es ver a un mentiroso que al ser descubierto en sus engaños sólo apela al recurso de arremangarse la camisa para como mejor pudiere imponer su patraña. Siempre habrá, cuéntese con ello por ley natural, alguno de brazos más robustos que le hará frente.

Nuestra Religión Establecida
por A. Dibert


     «¿Qué quiere decir usted con "nuestra religión establecida"?. No tenemos ninguna religión establecida en este país. Nuestra Constitución prohíbe tal cosa. Mire usted, dice claramente en la Primera Enmienda, directamente al principio: "El Congreso no hará ninguna ley con respecto a establecer una religión, o prohibiendo el ejercicio libre de la religión". Es contrario a toda nuestra tradición de libertad de culto el tener algo como una religión establecida».

     Mi respuesta a esto tiene que ser "de jure [por ley], ciertamente no tenemos ninguna religión establecida, como la tienen en (dicen) Inglaterra, Japón o Israel, pero tenemos realmente una de facto [por fuerza], aunque no sea reconocida abiertamente. ¿Usted pregunta cuál es?: El sionismo, como una religión secular, que se ha convertido ya en un conjunto de creencias que nadie debe atreverse a cuestionar, y que por lo tanto califica como establecida, aunque no oficialmente. ¿Usted no lo cree?. Bien, miremos el asunto más detalladamente: en primer lugar, en lo que constituye una religión establecida, y luego cómo el sionismo tiene que ser considerado en cuanto reúne los criterios para ser considerado como una".



I. LA NATURALEZA DE UNA RELIGIÓN ESTABLECIDA

     Hay, por supuesto, muchísimas definiciones de la religión. Para nuestro propósito, la mejor definición sería algo como esto: una religión es un conjunto de creencias que no necesitan confirmación objetiva, pero que no tolera ninguna contradicción (dogmas). Aquellos que adhieren a una religión son sus fieles, sus creyentes verdaderos. La adhesión a las creencias comúnmente sostenidas por una religión es la ortodoxia; la variación no autorizada de ella es la herejía, y cualquier contradicción o la negación de los dogmas ortodoxos es la blasfemia. Los textos que exponen las bases de una religión son sus escrituras. Muchas religiones tienen sus fanáticos, que llegarán lejos para hacer valer sus creencias en todos, fieles o infieles.

     Una religión establecida tiene tres características principales:

1).  Apoyo gubernamental, tanto legal como financiero. En Inglaterra, por ejemplo, la Iglesia de Inglaterra es, según la ley, la religión oficial del país, con el monarca dirigente como su jefe. En España y (hasta hace poco) en Italia, la fe católica es la única religión reconocida por el Estado. En Japón el shintoísmo, con la adoración del Emperador como su superior, disfrutó de un estado similar hasta después de la (Segunda) guerra (Mundial).

     Estos ejemplos no son típicos del mundo moderno en su conjunto, ya que los países más modernos han seguido el ejemplo de Estados Unidos en cuanto a abolir la religión establecida. En tiempos más antiguos, para un país era la regla, más bien que la excepción, tener un monarca y una religión establecida de la cual él (o ella) y la población en general eran creyentes verdaderos. En los tiempos modernos, el único país que ha instaurado una religión establecida ha sido Israel, en el cual, después de las doctrinas del sionismo, la religión judía ha sido declarada en la Constitución como la fe oficial de la nación.

2).  Una obligación de los ciudadanos del país de adherirse a las creencia y dogmas de la religión establecida. Sobre todo en el siglo dieciséis y diecisiete, durante las controversias de la Reforma, el monarca dirigente fijaba la "línea oficial del partido" como era, la que sus súbditos estaban obligados a seguir. Este principio fue resumido en la expresión latina cuius regio, eius religio (quien gobierna el país pone su religión). Se espera que los ciudadanos asistan a cualquier servicio de adoración que la religión establecida pueda requerir, y que hagan contribuciones financieras como individuos en relación a su pertenencia a la iglesia u otro tipo de organización religiosa, y también por medio de los impuestos que ellos pagan al Estado, que son canalizados luego al cuerpo dirigente de la religión establecida.

3).  La disidencia está, en teoría, prohibida, y las sanciones pueden ser invocadas contra cualquiera que se atreva a expresar el desacuerdo con las doctrinas oficiales (los herejes y, en ocasiones, los adherentes de otras religiones). En tiempos más antiguos, los disidentes eran castigados con extrema severidad, que podía llegar incluso hasta la pena de muerte, a menudo infligida con especial crueldad. En algunos casos, el castigo para la blasfemia se extendía más allá del disidente individual, afectando a sus posesiones, su familia, e incluso parientes y descendientes. (Este procedimiento siempre ha sido repugnante al sentido de equidad y legalidad de los norteamericanos, de modo que nuestra Constitución expresamente prohíbe los "actos de privación de derechos civiles", por medio de los cuales el Gobierno impone una "mancha" de criminalidad sobre la familia de un delincuente y sus descendientes cuando éstos no han tenido parte en las acciones que hubieron atraído el castigo sobre aquél). En casi todos los países civilizados de los tiempos modernos, la represión del disenso en asuntos religiosos ha sido enormemente aflojada o casi eliminada. En Inglaterra, por ejemplo, los no-anglicanos no están sujetos ahora a ninguna inhabilidad por causa de sus creencias religiosas. En Israel, sin embargo, donde a ninguna otra religión además del judaísmo se le ha otorgado reconocimiento legal, sólo los adherentes de aquella fe están completamente libres de inhabilidades o restricciones.

     La censura a menudo es impuesta a los escritos de los herejes y los adherentes de alguna otra que no sea la religión oficial establecida. A este respecto, también, la práctica antigua y medieval era a menudo extremadamente salvaje, con incautación de libros legalmente autorizada y destrucción de escrituras, representaciones visuales (cuadros, estatuas) y otros por el estilo. En tiempos modernos, prácticamente todos los países civilizados han abolido cualquier censura oficial o crítica en asuntos religiosos, incluso donde hay todavía una iglesia institucionalizada. En esto, también, el Estado de Israel constituye una manifiesta excepción. Allí, por ejemplo, ninguna actividad misionera cristiana es permitida (ya que, desde el punto de vista judío ortodoxo, los cristianos son minim, "herejes"), y se prohíbe tener copias del Nuevo Testamento disponibles para el público en escuelas o bibliotecas.


II. EL SIONISMO, UNA RELIGIÓN SECULAR

     El sionismo califica como una religión en todos los puntos recién mencionados. Su tesis central es que todos los judíos tienen un derecho dado por Dios de considerar Palestina como su hogar, "la tierra en la que fluye leche y miel" que Yahvé prometió a los hebreos cuando ellos vagaban en el desierto después de su fuga de Egipto. No sólo es éste, según el sionismo estricto, un derecho que todos los judíos tienen en virtud de su (presunta) descendencia de los antiguos hebreos, sino que es un deber actual de ellos el adherirse a sus principios y favorecer sus objetivos. Si alguno se atreve a discrepar de sus supuestos fundamentales y su realización en el Estado moderno de Israel, tal persona debe ser considerada como un enemigo del pueblo judío. Un judío que no es un sionista es, para los fieles de esta religión, un traidor. Hay muchos sionistas para quienes el aspecto sobrenatural del judaísmo ya no es significativo; para ellos, el sionismo es una religión meramente secular, un sucedáneo del judaísmo, y (como el filósofo judío Will Herberg lo ha indicado) el Estado de Israel se ha convertido en un ídolo. El sionismo tiene a sus fanáticos, tanto judíos como no-judíos, quienes están listos para atacar a sus enemigos sin piedad.


III. LA SITUACIÓN DE FACTO

     En Estados Unidos y muchos otros países, sin embargo, incluso donde no hay ninguna religión establecida de jure, tenemos de facto tal "establishment", como la Constitución lo expresa. La gran mayoría del público está casi totalmente inconsciente de la situación, ya que hemos estado sujetos durante casi medio siglo a una deformación increíblemente enorme de los hechos de la situación, impuesta a nosotros mediante los medios noticiosos y del espectáculo. Echemos un rápido vistazo a las características de una religión establecida, que hemos expuesto en la sección I, como ellas se manifiestan en el status del sionismo en el mundo en general y en Estados Unidos en particular, en el presente.

A).  Estados Unidos ha dado un vasto apoyo financiero tanto al Estado de Israel como a los proyectos relacionados con los sionistas en este país y en el extranjero. Es bien sabido que Israel ha recibido con mucho la cantidad más grande de ayuda externa, sobre todo en suministro de aviones y recursos militares, de todos los países a los cuales Estados Unidos ha prestado ayuda.

     En asuntos domésticos, los objetivos de la propaganda sionista ha sido extensamente auxiliados por el financiamiento gubernamental, por ejemplo en la construcción y equipamiento de museos del "Holocausto", y en la extensa impartición de cursos en escuelas y colegios para extender la desinformación sionista acerca del presunto "Holocausto". Similar apoyo para proyectos educativos judíos fuera de Estados Unidos ha sido dado por subvenciones de los gobiernos. El más notorio de estos casos fue la propuesta, patrocinada por el Senador Daniel Inouye de Hawai, para una subvención de ocho millones de dólares para proveer de una "escuela parroquial" a una comunidad judía de África del Norte que estaba localizada en el sur de Francia. La protesta contra esta proposición fue tal que fue retirada, pero subvenciones similares fueron hechas sin publicidad ni oposición. No sólo recursos educativos sino también militares de Estados Unidos han sido puestos a disposición de grupos judíos, como los falashas de Etiopía, a quienes la Fuerza Aérea de EE.UU. proporcionó transporte aéreo desde aquel país a Israel. Puede haber sido un proyecto humanitario digno, pero no concernía a Estados Unidos en absoluto, y no había ninguna justificación para usar un servicio financiado con el dinero de los contribuyentes norteamericanos. También podríamos tener presente que esto fue hecho para beneficio de Israel, un país cuya fuerza aérea había atacado sin ningún pudor y había hundido el barco Liberty de la Marina estadounidense sin provocación, en el momento de la "Guerra de los Seis Días" entre aquella nación y Egipto.

B).  No sólo en asuntos financieros sino también legales Estados Unidos ha proporcionado apoyo a los objetivos israelíes y sionistas. La célebre "Enmienda Holtzman" autorizó la expulsión desde Estados Unidos de cualquiera que hubiera estado implicado en cualquier acción alemana contra los judíos durante el "período nazi" (un concepto indefinido) y el retiro de la ciudadanía norteamericana a cualquier inmigrante que hubiera venido a este país en el período de la posguerra y, por cualquier razón, hubiera ocultado su participación en el ejército alemán u otras organizaciones alemanas. Para poner estas disposiciones en práctica, una oficina fue establecida en el Ministerio de Justicia estadounidense, llamada "Oficina de Investigaciones Especiales" (OSI), que colaboró estrechamente con los dos servicios secretos más eficientes, brutales y despiadados del mundo moderno: el KGB soviético y el Mossad israelí. La OSI ha funcionado así como si fuera una rama del Mossad ensconced en el corazón de nuestro Ministerio de Justicia, dedicada a la persecución de personas que eran non gratae al Estado de Israel y a la URSS (cuyos deseos de venganza ilimitada para presuntos "crímenes de guerra" parecen no tener límites).

     Usando materiales (muchos de ellos manifiestamente falsificados) obtenidos del Mossad y el KGB, y aducidos para demostrar complicidad en "atrocidades" nazis anti-judías en los años '30 y '40, la OSI ha tomado medidas contra varias personas que habían venido a Estados Unidos después de 1945 y que se habían comportado con completa corrección a partir de entonces. Cuando estas acciones fueron emprendidas, los presuntos criminales de guerra eran ancianos, de sesenta o setenta años. Entre las víctimas de estas condenas apresuradas con cargos falsos estaban John Demjanjuk, ucraniano, el estonio Karl Linnas y el científico alemán Arthur Rudolph. Demjanjuk fue extraditado a Israel, violándose la ley norteamericana (que dispone que una persona acusada de un crimen sólo puede ser enviada al país donde el supuesto crimen fue cometido, en este caso Polonia). Él fue juzgado en Israel por un tribunal ad hoc [kangaroo-court] y fue condenado, sobre la base de documentos obviamente falsificados suministrados por el KGB, por haber enviado a un millón (!) de judíos a la muerte en Treblinka o Sobibor. Ha llegado ahora a ser un artículo de fe en Israel y entre los simpatizantes sionistas en Estados Unidos que él fue uno de los peores criminales de guerra del período nazi, peor aún que Adolf Eichmann. Cuestionar este dogma es blasfemia, como se hizo evidente cuando, en la campaña presidencial norteamericana de 1988, se le pidió a un hombre llamado Jerome Brentar que renunciara a formar parte del personal del comité de "nacionalidades" del candidato republicano George Bush [el viejo] porque él consideraba a Demjanjuk inocente. El "voto judío" era mucho más importante, tanto por su número como por su apoyo financiero, que el electorado ucraniano-norteamericano –o, en realidad, que cualquier consideración de imparcialidad o justicia.

     Un aborto similar de justicia, menos malo en cuanto a que no implicó privar a un hombre inocente de su vida, sino poner a Estados Unidos en entredicho en relación a su conducta en las relaciones internacionales, ocurrió cuando al Presidente de Austria, Kurt Waldheim, le fue negado el ingreso a Estados Unidos en 1986. Esta acción fue tomada por el Ministerio de Justicia estadounidense, claramente de acuerdo con los principios de la Enmienda Holtzman hecha cumplir por la OSI, a causa de que Waldheim había sido miembro del ejército alemán en los años '40 (Austria no era una nación separada entonces, por supuesto, habiendo sido anexionada a Alemania en 1938), y había participado a sabiendas en la perpetración de atrocidades anti-judías. Los documentos en los cuales estas acusaciones se basaban se demostró posteriormente que habían sido falsificados. Este hecho fue relatado en la revista alemana Der Spiegel, pero no fue comunicado al público en los medios noticiosos norteamericanos. Realmente, cualquier persona que hubiera estado en el ejército alemán a partir de 1939 hasta 1945 podría haber sido, técnicamente, acusada de "perpetrar atrocidades nazis", ya que la versión sionista es que todos los miembros de las fuerzas armadas alemanas eran totalmente culpables de lo que había sido hecho durante aquel período —un sentimiento que, como hemos observado, es totalmente ajeno a nuestra visión norteamericana de la responsabilidad individual y de la imparcialidad.

C).  La propaganda para la causa sionista se hace sin cesar en los medios noticiosos y de entretenimiento norteamericanos, que están extensamente bajo el control sionista. El grupo que determina la política total de los medios es en gran parte –aunque por supuesto no totalmente– judío, como es el caso de los principales periódicos que moldean la opinión pública, el New York Times y el Washington Post, así como varios importantes consorcios nacionales, y también de prácticamente todos los medios de entretenimiento (radio y televisión). Éstos están cayendo cada vez más bajo el control sionista en todo el mundo, como en los inmensos imperios de las comunicaciones de hombres como Robert Maxwell (originalmente un judío checo llamado Jan Ludwig Hoch) y Rupert Murdoch (un judío australiano). De esta manera, en cuanto a los aciertos y los errores de la base teórica del sionismo y la justificación para la existencia del Estado de Israel se refiere, sólo se muestra una parte del cuadro, y se da al público la idea totalmente falsa de que el "valeroso pequeño Israel" es el único Estado democrático en todo el Cercano y Medio Oriente, con una "relación especial" (de exactamente el tipo contra el cual George Washington advirtió hace doscientos años) con Estados Unidos. El maltrato dado a los palestinos por el gobierno israelí y sus tropas en los territorios ocupados es, en términos generales, minimizado y, en la medida de lo posible, presentado como el justificado castigo por los ataques ilegales contra los soldados israelíes. Desde este punto de vista, por ejemplo, es completamente permisible para un soldado israelí disparar y asesinar a un niño palestino de tres años que le haya lanzado una piedra; y éste es el único punto de vista normalmente presentado al público norteamericano. De vez en cuando, el excesivo salvajismo practicado por los israelíes ha sido mostrado en televisión, despertando protestas de judíos y no-judíos igualmente –con lo cual las autoridades israelíes han prohibido las futuras fotografías de tales escenas, y las cadenas de televisión norteamericanas se han abstenido amablemente de televisar algo por el estilo en adelante.

     El dominio absoluto que los sionistas tienen sobre las multimillonarias industrias de las comunicaciones ha hecho posible para ellos forjar una difundida creencia, carente de sentido crítico, en la validez de su causa y en la incuestionabilidad del gobierno israelí en Palestina. Ellos también han aprovechado la creencia de muchos fundamentalistas cristianos de que la segunda venida de Cristo debe ocurrir en Palestina entre los judíos, y que por lo tanto la existencia del Estado de Israel es un requisito necesario para ello. (Otros cristianos, menos centrados en la noción de que la segunda venida tiene que ocurrir entre judíos, consideran igualmente probable que Cristo podría aparecer en la Tierra como un barrendero de Bombay, o un campesino latinoamericano).

     Para fijar estas ideas todavía más firmemente en la mente del público, los escritores de novelas y los magnates de televisión y de la industria del cine han inundado el mercado con novelas y "docu-dramas" excesivamente inclinados en dirección al sionismo y a la judería en general. Ha habido un alud de ficción que pretende retratar el "Holocausto" con una cantidad increíble de énfasis sobre detalles imaginarios del supuesto maltrato hacia los judíos por los alemanes (quienes son retratados como demonios, totalmente inhumanos y carentes de cualquier decencia en absoluto). El sado-masoquismo de las marcas más baratas de la literatura del "Holocausto" ha sido de tal calaña que ha despertado el asco aún entre los sionistas más razonables. Una serie larguísima de representaciones ficticias de los acontecimientos del presunto "Holocausto" ha sido mostrada por televisión, incluso una con el título Auschwitz y otra acerca de los recuerdos de "sobrevivientes del Holocausto" titulada Shoah. Las secuencias con dramatizadas representaciones de judíos siendo juntados en manada en cámaras de gas han sido insertadas en tales evocaciones del conflicto de 1939-1945 como Guerra y Memoria.


IV. EL MITO DEL "HOLOCAUSTO"

     Prácticamente toda religión tiene un mito central, sobre el cual sus creencias y dogmas están basados. Para los judíos religiosos y los cristianos ultra-fundamentalistas, la historia bíblica de Yahvé prometiendo Palestina a los antiguos hebreos es suficiente. Para los judíos no-religiosos, sin embargo, una base para la adoración secular del Estado de Israel ha sido encontrada en el mito (en todos los sentidos de aquel término) de lo que es universalmente llamado "el Holocausto", un mito que hasta la fecha ha sido tan extensamente proclamado e impuesto sobre el público como para ser creído por prácticamente todos.

A).  La forma convencional del mito del "Holocausto" implica la aceptación, como un hecho histórico que es cien por ciento verdadero y que está más allá de todo cuestionamiento, de la historia de que durante el período cuando el partido Nacionalsocialista estuvo en el poder en Alemania (1933-1945) y sobre todo durante el tiempo de la guerra a partir de 1939 hasta 1945, los judíos fueron hechos objeto de persecución implacable, colocados en campos de concentración bajo inhumanos tratamientos y cercanos a la inanición, y que millones de judíos (la cifra standard es de seis millones, aunque numerosas otras cifras a menudo han sido dadas, desde veinticinco millones (!) a un millón y medio) fueron muertos de varios modos, pero en su mayor parte mediante cámaras de gas construídas para ese propósito o adaptadas a partir de crematorios. Sus cadáveres eran, se nos dice, sacados de las cámaras de gas inmediatamente después de sus muertes y quemados en los mismos crematorios o en enormes grupos al aire libre. En hebreo, la palabra Shoá ("ofrenda quemada, holocausto –masacre") ha venido a ser usada para referirse a esta secuencia de acontecimientos, y su traducción como Holocausto es usada de manera similar en otras lenguas. En el período inmediatamente posterior a 1945, se aseveró y fue ampliamente creído que hubo ejecuciones masivas, en general con cámaras de gas, en todas las regiones bajo control alemán. Más recientemente se ha mostrado, y admitido hasta por sionistas prominentes como Hannah Arendt y Simon Wiesenthal, que no hubo ningún campo de exterminio en absoluto en Alemania. Todo el peso de la historia del "Holocausto" ha sido así arrojado sobre Europa del Este, principalmente Polonia, donde, se afirma actualmente, hubo grandes instalaciones para el asesinato en sitios como Treblinka, Sobibor, y sobre todo Oswiecim (Auschwitz, incluído el "Campo" en Birkenau o "Auschwitz II).

     A la fecha, el topónimo Auschwitz ha venido a ser un símbolo universalmente aceptado para estas supuestas ejecuciones masivas realizadas conforme a órdenes secretas del Führer nazi Adolf Hitler. Las sagradas escrituras en las cuales la historia del "Holocausto" está basada son principalmente una hornada de declaraciones en favor propio atribuídas a "sobrevivientes" de varios campos de concentración (en realidad, en gran parte fabricadas por la industria de desinformación soviética para ser presentadas en los procesos de Nürnberg), y los testimonios, pasadas las décadas, de otros individuos, caracterizados por diversas discrepancias internas y contradicciones mutuas. La expresión universalmente usada "el Holocausto" contiene rasgos lingüísticos engañosos: el uso del artículo definido "el", que de antemano dice al oyente que, independientemente del sustantivo al cual modifique, se refiere a algo que existe o ha existido; el uso de la forma singular del sustantivo, implicando que se refiere al único fenómeno de su clase; y, al mismo tiempo, la vaguedad de la referencia del término Holocausto, que es usado con sentidos ampliamente variantes, para significar algo que va desde la persecución completa de judíos entre 1933 y 1945 (que nadie niega) hasta la existencia de cámaras de gas, sobre todo en Auschwitz. De aquí que "negar la realidad del Holocausto" se ha convertido en una frase estereotipada, usada para desacreditar a cualquiera que cuestione cualquier aspecto de la historia [Véase http://editorial-streicher.blogspot.com/2011/07/robert-hall-el-engano-de-la-frase-el.html].

B).  Herejías y Blasfemias. Las dudas en cuanto a la naturaleza y el grado del "Holocausto" surgieron muy pronto después de los procesos por "crímenes de guerra" llevados a cabo en Nürnberg en 1945-1946, que fueron inmediatamente percibidos por muchos observadores como siendo simplemente tribunales ad hoc establecidos por los vencedores para poner en ejecución una vendetta rusa y judía. Como la información ha sido gradualmente puesta a disposición a medida que transcurrieron las décadas, se ha hecho cada vez más claro que hay "vacíos" en todos los puntos de la versión standard de la historia del "Holocausto". Ha surgido un agudo conflicto entre aquellos que creen implícitamente que un número inmenso de judíos fue masacrado ("exterminacionistas") y aquellos que consideran que la historia tradicional es inexacta y tiene que ser revisada ("revisionistas"). Incluso entre el primer grupo ha surgido una herejía, entre los historiadores que consideran que, ya que no hay ninguna prueba de que Hitler alguna vez diera alguna orden para ejecuciones masivas, la iniciativa para tales masacres vino de los comandantes de campo individuales.

     La amenaza principal para la historia institucional del "Holocausto" ha venido, sin embargo, de aquellos que, al examinar la documentación disponible, rechazan aceptar la historia en absoluto, y la consideran un tejido de falsedades que ha sido elaborado a medida que transcurrieron las décadas. Los argumentos de los "revisionistas" están basados en varias consideraciones, sobre todo en las imposibilidades químicas y eléctricas inherentes en las descripciones de las cámaras de gases u otras instalaciones que se alega que fueron usadas para estas ejecuciones masivas; la no disponibilidad, en condiciones de guerra, de las inmensas cantidades de carbón o gasolina necesarias para quemar millones de cadáveres; y la carga imposible que el transporte de todos estos millones de personas a los "campos de la muerte" (ahora restringidos completamente a Polonia) habría impuesto a un sistema de ferrocarriles ya tremendamente sobrecargado. La prueba definitiva de que no hubo ninguna cámara de gas en absoluto en Auschwitz (incluso Birkenau) o Majdanek ha sido ahora proporcionada por un estudio de ingeniería química forense hecho in situ por un importante experto en ejecuciones mediante gas, Fred A. Leuchter. Actualmente, los argumentos y la documentación certificada presentada por los "revisionistas" son decididamente más persuasivos que aquellos de los "exterminacionistas".


V. EL APAGÓN

     Estas blasfemias no deben por supuesto, desde el punto de vista de los Fieles de esa religión, ser toleradas, porque si el mito del "Holocausto" es mostrado como siendo falso, el apoyo medular del sionismo no-religioso, y con ello la adoración del Estado de Israel como un ídolo secular, colapsa completamente. Como parte de la religión no-oficial del sionismo, establecida de facto, todo el disenso debe ser suprimido. Para ello varias medidas han sido y están siendo tomadas, en contravención de la ley de Estados Unidos y nuestro sentido norteamericano de honestidad e imparcialidad, y a pesar de todo, impunemente.

A).  La difamación es una práctica ampliamente usada para hacer callar a cualquiera que se atreva a adoptar o tan sólo informar sobre los argumentos de los "revisionistas" (como el escritor presente lo sabe por experiencia de primera mano). La ADL (Liga "Anti" Difamación) de la organización judía B'nai B'rith es especialmente activa en denunciar como "antisemita" (es decir, anti-judío) cualquier esfuerzo por revisar las opiniones oficiales de la sacrosanta historia del "Holocausto". Cualquiera que sugiera que no hubo seis millones (o alguna otra inmensa cantidad) de judíos muertos por el gobierno alemán durante el período 1933-1945, o que señale que ha sido demostrado ahora que no hubo ninguna cámara de gas en Auschwitz (que era en realidad un gran complejo industrial con unos pocos crematorios) es inmediatamente denunciado como un "neo-nazi", un "fascista", y acusado de admirar a Adolf Hitler y de querer reanimar sus doctrinas y quizás su partido. (Hay en efecto unas cuantas de esas personas, pero acusar a todos los "revisionistas" de tener tales ideas es lo que se conoce en lógica elemental como un tipo de falacia, un procedimiento enfermizo). Además de instituciones como el B'nai B'rith y la Fundación Simon Wiesenthal de Los Ángeles, hay siempre varios individuos fanáticos del "Holocausto" que están listos a colaborar en ayudar a difamar a cualquiera que blasfeme contra la Fe Verdadera.

B).  Los ataques contra personas y propiedades no son desconocidos. Los individuos conocidos por sus actividades "revisionistas" han sido golpeados, tiroteados, y hasta asesinados. El más celebre de tales ataque fue hecho en las oficinas y depósito de documentos del Instituto para la Revisión Histórica (IHR, Institute for Historical Review) en Torrance, California, el 4 de Julio de 1984, cuando la mayor parte de sus libros fue quemada en lo que fue un claro caso de incendio intencional.

C).  La demanda judicial no ha sido hasta ahora posible en Estados Unidos, pero ha sido acogida en otros países. En Israel, naturalmente, ninguna expresión de duda o contradicción es permitida, y la presión israelí ha tenido éxito en hacer algo de tipo ilegal en Alemania Occidental. Incluso en países donde uno podría esperar que prevaleciera el concepto anglosajón de la libertad de expresión y de prensa, como Canadá, "revisionistas" como Ernst Zündel y James Keegstra han sido arrastrados hacia el tribunal y procesados. Es ilegal en Canadá tener libros como el de Arthur Butz "El Engaño del Siglo Veinte" (The Hoax of the Twentieth Century), a causa de que está catalogado dentro de la categoría de libros que no pueden ser importados si ellos son traidores, sediciosos, inmorales u obscenos (!). Los esfuerzos para privar a los ciudadanos norteamericanos del derecho de publicar, leer o hablar del "Holocausto" no han tenido éxito todavía, pero no sabemos cuánto durará la actual situación.


VI. EL REMEDIO (SI ES QUE LO HAY)

     La pregunta que inevitablemente surge en este punto es: ¿Qué puede ser hecho para mejorar el asunto?. Específicamente, ¿cómo puede uno crear una situación en la cual pueda ser señalado que tenemos una religión establecida de facto, el sionismo, que ha contribuído decisivamente a hacer de Estados Unidos un estado vasallo de Israel, tanto en su política exterior como en la interior? (Si alguien duda de la validez de esta aseveración, considere la situación en las Naciones Unidas, donde la condena prácticamente unánime del salvajismo israelí anti-palestino es sistemáticamente vetada por Estados Unidos; y en nuestra política doméstica, en la cual los dos partidos principales compiten en sus esfuerzos para satisfacer al "voto judío").

     Mirando a corto plazo, parecería ser casi imposible combatir las enormes fuerzas políticas y sobre todo financieras que apoyan la "relación especial" de Estados Unidos con Israel y la actual saturación de nuestros medios noticiosos y de entretenimiento con el mito del "Holocausto". En estos tiempos es en efecto muy difícil luchar contra los recursos de miles de millones de dólares de los financistas y los magnates del licor. Nosotros debemos adoptar una estrategia básica y hacer todo lo posible para producir un mejor entendimiento de los hechos del caso y de los peligros que enfrentan, no sólo los no-judíos, sino los judíos en este país si los asuntos de repente toman un mal aspecto y los judíos son injustamente culpados por lo que, en la mayoría de los casos, no es su culpa. A todos nosotros, judíos y no-judíos por igual, se nos ha mentido durante el último medio siglo. Es tiempo para que la verdad sea conocida, aunque pueda tomar otro medio siglo o más para que ella prevalezca.



Fuente: Diario de Revisión Histórica (The Journal of Historical Review), vol.10, Nº 2, págs.211-222.

No hay comentarios:

Publicar un comentario