BUSCAR en este Blog

lunes, 13 de junio de 2011

Robert Faurisson - La Religión Secular del Holocausto


     Desde el sitio www.codoh.com hemos recibido este artículo del año 2008 del profesor historiador señor Robert Faurisson (n. en 1929), donde analiza lo que se ha dado en llamar una nueva especie de religión, desde el punto de vista de sus componentes mercadotécnicos. El artículo contiene la siguiente nota del autor: "Ya en 1980, en mi libro Mémoire en défense contre ceux qui m’accusent de falsifier l’histoire (La Vieille Taupe, Paris), traté acerca de "la nueva religión" del "Holocausto” (p. 261-263). En 2006 escribí dos artículos sobre la materia: "La ‘Mémoire juive’ contre l’Histoire ou l’aversion juive pour toute recherche approfondie sur la Shoah” y "Le prétendu ‘Holocauste’ des juifs se révèle de plus en plus dangereux”. Ambos artículos han sido recientemente publicados en Estudios Revisionistas, vol. 5 (págs.61-71, y 86-90). Professor Robert Faurisson". Lo hemos trasvasijado a la lengua castellana para la comprensión de nuestro lectores, que debiesen inquirir permanentemente sobre las concretas pruebas científicas, más allá de los mentirosos testimonios orales, que den asidero a lo que muchos consideran uno de los fraudes más grotescos y escandalosos de nuestros tiempos, que requiere en muchos países del brazo armado secular para ser sostenido y enfrentar a quien cuestione la Historia de la que pretenden vanamente apoderarse.


La Religion Secular del "Holocausto”,
un Producto Adulterado de la Sociedad de Consumo
por Robert Faurisson
7 de Agosto de 2008



     La religión del "Holocausto” es una religión secular: pertenece al mundo laico; es profana. En la actualidad tiene a su disposición el brazo secular, que es una autoridad temporal con un poder temido. Tiene su dogma, sus mandamientos, sus decretos, sus profetas y sus sumos sacerdotes. Como un revisionista ha observado, tiene su círculo de santos, masculinos y femeninos, entre los cuales están, por ejemplo, Santa Ana (Frank), San Simón (Wiesenthal) y San Elie (Wiesel). Tiene sus sitios sagrados, sus rituales y sus peregrinaciones. Tiene sus sagrados (y macabros) edificios y sus reliquias (en la forma de pastillas de jabón, zapatos, cepillos de dientes, etc.). Tiene sus mártires, sus héroes, sus milagros y sus sobrevivientes milagrosos (por millones), su leyenda dorada y sus justos. Auschwitz es su Gólgota. Para ella, Dios se llama Yahweh, el protector de su pueblo elegido, que, como dice en uno de los salmos de David (el número 120), recientemente invocado por una fiscal, Anne de Fontette, durante el proceso en París en contra de un revisionista francés, castiga “los labios mentirosos” (mediante, dicho sea de paso, el envío de “agudas flechas del valiente, con brasas de enebro”). Para esta religión, Satán es llamado Hitler, condenado, como Jesús en el Talmud, a hervir por la eternidad en excremento. Esta religión no conoce la piedad, ni el perdón, ni la clemencia, sino sólo el deber de la venganza. Acumula fortunas por medio del chantaje y la extorsión, y adquiere inaudito privilegios. Dicta su ley a las naciones. Su corazón palpita en Jerusalén, en el monumento Yad Vashem, en una tierra expropiada a sus habitantes naturales. Al abrigo de una pared de 8 metros de alto construída para proteger a un pueblo que es la sal de la tierra, los miembros de la fe del "Holocausto" gobiernan sobre el goy [el no-judío] con un sistema que es la expresión más pura del militarismo, el racismo y el colonialismo.

UNA RELIGIÓN COMPLETAMENTE RECIENTE CUYO CRECIMIENTO HA SIDO METEÓRICO

     Aunque es en gran parte un avatar de la religión hebraica, la nueva religión es absolutamente reciente y ha exhibido un crecimiento meteórico. Para el historiador, el fenómeno es excepcional. Frecuentemente una religión de alcance universal tiene sus orígenes en tiempos remotos y obscuros, un hecho que hace la tarea de los historiadores de las ideas e instituciones religiosas bastante ardua. Sin embargo, como si la suerte acompañara a aquel tipo de historiador, en el espacio de escasos cincuenta años (1945-2000), justo delante de nuestros ojos, una nueva religión, la del "Holocausto”, ha nacido de repente y ha procedido a desarrollarse con una velocidad asombrosa, extendiéndose casi por todas partes. Ha conquistado el Occidente e intenta imponerse en el resto del mundo. Cualquier investigador interesado en el fenómeno histórico constituído por el nacimiento, vida y muerte de las religiones, debería por lo tanto no dejar escapar la ocasión ofrecida, que no se la esperaba, para estudiar de cerca el nacimiento y la vida de esta nueva religión, luego calcular sus posibilidades de supervivencia y la posibilidad de su muerte. Cualquier especialista de la guerra que esté atento a los indicios de una conflagración venidera, debería él mismo examinar los riesgos de una cruzada bélica como aquella en la cual esta religión conquistadora puede engancharnos.

UNA RELIGIÓN QUE ABRAZA EL CONSUMISMO

     Por regla general, la sociedad de consumo pone a las religiones e ideologías en dificultad o peligro. Cada año, el crecimiento tanto de la producción industrial como de la actividad económica crea en las mentes de los pueblos nuevas necesidades y deseos, realmente concretos algunos, disminuyendo su sed por lo absoluto o sus aspiraciones hacia un ideal, factores de los cuales las religiones y las ideologías se alimentan. Además, el progreso del pensamiento científico hace a la gente cada vez más escéptica en cuanto a la verdad de las historias de la religión y las promesas que ésta les da. Paradójicamente, la única religión que prospera hoy es la religión del "Holocausto", reinado –por decirlo así– supremo, que tiene a aquellos escépticos que son abiertamente activos, expulsados del resto de humanidad: los etiqueta como “negadores”, mientras que ellos se llaman a sí mismos "revisionistas".

     En estos días, las ideas de patria, nacionalismo o raza, así como aquellas de comunismo o incluso socialismo, están en crisis o acaso en camino a la extinción. Igualmente en crisis están las religiones del mundo occidental, incluída la religión judía, y a su vez, pero en una manera menos visible, también las religiones no-occidentales, ellas mismas enfrentadas a la fuerza de atracción del consumismo; independientemente de lo que uno pueda pensar, la religión musulmana no es la excepción: el bazar atrae muchedumbres más grandes que la mezquita y, en ciertos reinos ricos en petróleo, el consumismo en sus formas más extravagantes plantea un desafío cada vez más insolente a las reglas de vida impuestas por el Islam.

     El catolicismo romano, por su parte, está golpeado por la anemia: para usar la frase de Céline, se ha convertido en “cristianémico”. Entre los católicos a quienes Benedicto XVI se dirige, ¿cuántos todavía creen en la virginidad de María, en los milagros de Jesús, en la resurrección física de los muertos, en la vida eterna, en el cielo, el purgatorio y el infierno?. El discurso de los clérigos está por lo general limitado a sacar a relucir la frase de que “Dios es amor”. Las religiones Protestantes y aquellas que les son afines están diluídas, junto con sus doctrinas, en una infinidad de sectas y variantes. La religión judía ve a sus miembros, cada vez menos dispuestos a observar tantas reglas peculiares y prohibiciones, abandonando la sinagoga y, en cantidades cada vez mayores, casándose fuera de la comunidad.

     Pero mientras que las creencias o convicciones occidentales han perdido la mayor parte de su sustancia, la fe en el "Holocausto” se ha reforzado; esto ha terminado por crear una ligazón –una religión, según la etimología estándar por lo menos, es una ligazón (religat, religio)– que permite a conjuntos dispares de comunidades y naciones compartir una fe común. En conjunto, cristianos y judíos cooperan hoy cordialmente en la propagación de la fe holocáustica. Incluso un considerable número de agnósticos o ateos puede ser visto formado en orden con entusiasmo bajo la bandera del "Holocausto". "Auschwitz" consigue la unión de todos.

     El hecho es que esta nueva religión, nacida en la época en que el consumismo se expandió tan rápidamente, lleva todas las marcas distintivas de éste. Tiene su vigor, su inteligencia e inventiva. Explota todos los recursos del mercadeo [marketing] y la comunicación. Los productos más viles del Shoah Business [Industria del Holocausto] son sólo los efectos secundarios de una religión que, intrínsecamente, es una completa fabricación. De unos pocos retazos de una realidad histórica dada, cosas que fueron, después de todo, un lugar común [cliché] en tiempos de guerra (como el internamiento de una parte buena de los judíos europeos en ghettos o campos), sus promotores han construído una impostura histórica gigantesca: la impostura, todo a la vez, de la presunta exterminación de los judíos de Europa, de campos supuestamente equipados con homicidas cámaras de gas y, finalmente, de unos presuntos seis millones de víctimas judías.

UNA RELIGIÓN QUE PARECE HABER ENCONTRADO LA SOLUCIÓN A LA CUESTIÓN JUDÍA

     A través de los milenios, los judíos, al principio generalmente bien recibidos en las tierras que los han acogido, han terminado por despertar un fenómeno de rechazo que conduce a su expulsión, pero, muy a menudo, después de salir por una puerta, ellos han entrado de nuevo por otra puerta. En varias naciones de Europa continental, a finales del s.XIX y a principios del XX, el fenómeno reapareció otra vez. La "cuestión judía” se dio sobre todo en Rusia, Polonia, Rumania, Austria-Hungría, Alemania y Francia. Todos, comenzando con los judíos mismos, se pusieron a buscar una "solución” a la “cuestión judía”. Para los sionistas, durante mucho tiempo una minoría entre su correligionarios, la solución sólo podría ser territorial. Lo que había que hacer era encontrar, con el acuerdo de los poderes imperiales, un territorio donde los colonos judíos pudieran establecerse. Esta colonia podría estar localizada, por ejemplo, en Palestina, Madagascar, Uganda, Sudamérica, Siberia, u otras partes. Polonia y Francia concibieron la solución de Madagascar, mientras la Unión Soviética creó en Siberia del sur la provincia judía autónoma de Birobijan. En cuanto a la Alemania Nacionalsocialista, ésta estaba estudiando la posibilidad de asentar a los judíos en Palestina, pero terminó por comprender, a partir de 1937, la naturaleza poco realista de la idea y el gran mal que tal proyecto implicaría para los palestinos. Posteriormente el 3er Reich quiso crear una colonia judía en una parte de Polonia (el Judenreservat de Nisko, al sur de Lublin), pero luego a su vez, en 1940, consideró seriamente crear una colonia en Madagascar (el Madagascar Projekt). Dos años más tarde, acosada por las necesidades de una guerra sostenida en tierra, mar y aire, y ocupada con las cada vez más angustiantes preocupaciones de tener que salvar a las ciudades alemanas de un diluvio del fuego, para salvaguardar la vida misma de su gente, y para mantener la economía de todo el continente funcionando, un continente tan pobre en materias primas, el Canciller Hitler hizo saber a sus cercanos, especialmente en presencia del ministro del Reich y jefe de la cancillería del Reich Hans-Heinrich Lammers, que él tenía la intención de "aplazar la resolución de la cuestión judía hasta después de la guerra”. Constituyendo dentro de ella una población necesariamente hostil a una Alemania en guerra, los judíos –en cualquier caso una gran parte de ellos– tuvieron que ser deportados e internados. A aquellos capaces de trabajar se les hizo hacer así, y los demás fueron confinados en campos de concentración o campos de tránsito. Nunca Hitler deseó ni autorizó la masacre de judíos, y sus tribunales marciales llegaron incluso a ordenar la pena de muerte, aun en territorio soviético, para los soldados encontrados culpables de excesos contra los judíos. Nunca el Estado alemán planeó algo más, en lo que concierne a los judíos, que “una solución territorial final de la cuestión judía” (eine territoriale Endlösung der Judenfrage), y esto afecta a toda la deshonestidad de nuestros historiadores ortodoxos por evocar incesantemente “la solución final de la cuestión judía” y deliberadamente evadir el adjetivo “territorial”, tan importante aquí. Hasta el final de la guerra, Alemania siguió ofreciendo entregar a los judíos internados a los Aliados occidentales, pero con la condición de que ellos entonces se quedaran en Gran Bretaña, por ejemplo, y no se fueran e invadieran Palestina atormentando al "noble y valiente pueblo árabe”. No había nada excepcional en cuanto al destino de los judíos de Europa en el fragor general de la guerra. Así, esto hubiera merecido sólo una simple mención en el gran libro de la historia de la Segunda Guerra Mundial. Uno puede por lo tanto estar muy justamente sorprendido de que hoy el destino de los judíos deba ser considerado el rasgo esencial de aquella guerra.

     Después de la guerra fue en la tierra de Palestina, y en perjuicio de los palestinos, que los partidarios de la religión del "Holocausto" encontraron –o creyeron que habían encontrado– la solución territorial final a la cuestión judía.

UNA RELIGIÓN QUE, PREVIAMENTE, ANDUVO A TIENTAS CON SUS TÉCNICAS DE VENTA
(LA RETRACTACIÓN DE RAÚL HILBERG)

     Sugiero que los sociólogos se aboquen para trazar una historia de la nueva religión, examinando las técnicas extremadamente variadas de acuerdo con las cuales este "producto" fue creado, lanzado y vendido durante los años 1945-2000. Ellos pueden así medir la distancia entre los procedimientos iniciales, a menudo torpes, y la sofisticación, al final, de los embalajes [packagings] diseñados por nuestros actuales doctores de la persuasión (expertos comunistas deshonestos) para sus presentaciones del "Holocausto”, de aquí en adelante un producto kosher de consumo masivo obligatorio.

     En 1961, Raúl Hilberg, el primero de los historiadores del "Holocausto", el "Papa” de la ciencia exterminacionista, publicó la primera versión de su obra principal, La Destrucción de los Judíos Europeos. Él expresó en un estilo doctoral la siguiente tesis: Hitler había dado órdenes para una organizada masacre de los judíos, y todo fue explicado como algo que de una forma u otra se derivaba de aquellas órdenes. Este modo de exhibir la mercadería iba a terminar en un fiasco. Con los revisionistas pidiendo ver las órdenes de Hitler, Hilberg fue obligado a admitir que ellas nunca habían existido. A partir de 1982 hasta 1985, bajo la presión de los mismos revisionistas que sólo pedían ver, en la realidad técnica, a qué se parecían las mágicas y homicidas cámaras de gas, él se vio en la necesidad de revisar su presentación del producto holocáustico. En 1985, en la edición "revisada y definitiva" del mismo libro, en vez de tomar una postura asertiva y concisa con el lector-cliente, él procuró soslayarlo con toda suerte de frases complicadas, apelando a un supuesto gusto por los misterios de la parapsicología o lo paranormal. Él se explayó en la historia de la destrucción de los judíos europeos sin presentar la más mínima orden, de Hitler o de cualquier otro, para exterminar a dichos judíos. Él explicó todo por una especie de misterio diabólico mediante el cual, espontáneamente, los burócratas alemanes se dieron instrucciones para matar hasta el último judío. “Innumerables responsables de tomar decisiones en una máquina burocrática de gran alcance” participaron en la misión de exterminio en virtud de un "mecanismo", y lo hicieron así sin ningún “plan básico” (p.53); estos burócratas “crearon una atmósfera en la cual la palabra formal y escrita podía ser gradualmente obviada como un modus operandi” (p.54); hubo “acuerdos básicos de funcionarios que originaron decisiones que no requerían órdenes ni explicaciones”; “era un asunto de espíritu, de comprensión compartida, de consonancia y sincronización”; “ninguna agencia fue acusada de la operación completa”; “ninguna organización singular dirigió o coordinó el proceso entero” (p.55). En resumen, según Hilberg, esta exterminación concertada había ocurrido en verdad, pero no había ninguna posibilidad de demostrarlo realmente con la ayuda de documentos específicos. Dos años antes, en Febrero de 1983, durante una conferencia en el Avery Fischer Hall en Nueva York, él había presentado esta extraña y borrosa tesis como sigue: “Lo que comenzó en 1941 fue un proceso de destrucción no planeado de antemano, ni organizado centralmente por ninguna agencia. No había ningún proyecto y no había ningún presupuesto para las medidas destructivas. Éstas fueron tomadas paso a paso, un paso a la vez. Así ocurrió no tanto la realización de un plan, sino una increíble confluencia de mentes, una consensual adivinación del pensamiento por una burocracia de vasto alcance”. Para resumir, aquel enorme proyecto de destrucción fue ejecutado, mágicamente, por telepatía y por los funcionamientos diabólicos del genio burocrático “nazi”. Se puede decir que con Hilberg, la ciencia histórica se ha tornado así cabalística o religiosa.

     Serge y Beate Klarsfeld, en su final, quisieron tomar el mismo camino de la ciencia farsante cuando ellos visitaron al farmacéutico francés Jean-Claude Pressac para que les ayudase. Durante varios años el pobre Pressac se esforzó por vender el producto adulterado en una forma pseudocientífica, pero, comprendiendo la impostura, en 1995 él se dio una vuelta completa y confesó que, considerando todas las cosas, el expediente del "Holocausto” era "putrefacto" y adecuado sólo “para el basurero de la historia”; tales fueron sus propias palabras. Las noticias de su cambio de opinión debían ser mantenidas en secreto durante cinco años, surgiendo sólo en 2000 al final de un enorme libro escrito por Valérie Igounet, otra vendedora ambulante de Shoah [Holocausto], titulado Historia del Negacionismo en Francia (Seuil, p.652).

UNA RELIGIÓN QUE HA DESCUBIERTO POR FIN LAS MODERNAS TÉCNICAS DE VENTA

     Fue entonces cuando los doctores de la persuasión [spin doctors] hicieron su aparición en escena. Con lo sospechoso que se estaba haciendo el producto y con los potenciales clientes comenzando a hacer preguntas, el manejo de la religión del "Holocausto" tuvo que tomar un curso totalmente diferente y renunciar a alabar la mercadería con argumentos aparentemente científicos: su nuevo enfoque sería uno decididamente "moderno". Se decidió hacer sólo el mínimo esfuerzo en la argumentación lógica y sustituír la investigación seria con apelaciones al sentimiento y la emoción; en otras palabras, hacerlo mediante el arte: cine, teatro, novelas históricas, espectáculos, narración de historias (el arte contemporáneo tanto de la presentación de una historia como de la formulación de un "testimonio"), el circo de los medios, diseño de escenas en museos, ceremonias públicas, peregrinaciones, adoración de (falsas) reliquias y (falsos) símbolos (cámaras de gas simbólicas, números simbólicos, testigos simbólicos), conjuros, música y hasta cursilería, todo el asunto asociado con diversos métodos para obligar a la gente a comprarlo, incluídas varias clases de amenazas. El cineasta Steven Spielberg, un especialista en la ficción desaliñada y extraterrestre, ha llegado a ser el principal iniciador de películas holocáusticas así como de la selección del elenco de 50.000 testigos. A fin de vender mejor su producto adulterado a largo plazo, nuestros falsos historiadores y verdaderos distribuidores de chatarra han buscado y han obtenido la "franquicia" de las escuelas primarias, con la cual ellos inculcan el gusto por el "Holocausto” en la clientela más joven, ya que es en los años más tempranos cuando se adquieren los gustos, y haciendo así, más tarde el cliente apenas necesita ser seducido: él querrá para sí lo que él disfrutó cuando niño, sea ello dulces o veneno. Así se ha llegado a la paradoja de que ningún interesado podría preocuparse menos por la historia: todo sirve a la única causa de una cierta Conmemoración, que es un revoltijo de leyendas y difamaciones que da al público el placer de sentirse bueno y justo, pronto a cantar las virtudes del pobre judío y a maldecir a los intrínsecamente malos “nazis”, a pedir la venganza y escupir en las tumbas de los derrotados. Al final sólo queda recolectar una avalancha de dinero contante y sonante y recibir nuevos privilegios.

     Pierre Vidal-Naquet era sólo un aficionado: en 1979, él había mostrado desde el comienzo ser demasiado básico, demasiado tosco en su promoción del "Holocausto". Por ejemplo, cuando le fue pedido por los revisionistas que explicara cómo, después de una operación de gaseamiento con cianuro de hidrógeno (el ingrediente activo en el insecticida “Zyklon B”), una escuadrilla de judíos (Sonderkommando) podría entrar ilesa en una pieza todavía llena de aquel gas terrible y luego manipular y sacar unos cuantos miles de cadáveres impregnados con el veneno, él, junto a otros 33 académicos, contestó simplemente que él no tenía que proporcionar ninguna explicación. Spielberg, un hombre más hábil, debía mostrar en un drama de pantalla una "cámara de gas” en donde, por una vez, “por un milagro”, las duchas rociaron... agua y no gas. Posteriormente, a su vez, Vidal-Naquet había intentado muy torpemente contestar a los revisionistas en un nivel científico, pero sólo hizo el ridículo. Claude Lanzmann, por su parte, con la película Shoah buscó producir testimonios o confesiones, pero su resultado fue tan torpe, inepto y apenas convincente, que afirmó que al menos él había comprendido que el punto principal era “hacer películas” y ocupar el foro público. Hoy ya no hay ni tan sólo un "historiador" del "Holocausto” que haga su negocio para demostrar la realidad del "Holocausto” y sus mágicas cámaras de gas. Todos ellos hacen como Saúl Friedländer en su último libro (La Alemania Nazi y los Judíos / Los Años de Exterminio, Seuil, 2008): ellos dan por sentado que existió. Con ellos la historia se hace axiomática, aunque sus axiomas no están todavía listos. Estos nuevos historiadores proceden con tal confianza en sí mismos que el lector, tomado por sorpresa, no comprende el engaño de que está siendo objeto: los charlatanes de hablar suave continúan sin parar sobre un acontecimiento cuya realidad ellos no han establecido en primer lugar. Y así es como el cliente, creyendo que ha comprado algunos bienes, realmente ha comprado la suave conversación del que que le da los argumentos publicitarios. El actual campeón mundial del bluff holocáustico es un shabbos goy [el no-judío que realiza en el día de reposo de los judíos las labores que a éstos les están prohibidas], el sacerdote Patrick Dubois, un infierno de embaucador cuyas varias producciones dedicadas al "Holocausto por balas”, especialmente en Ucrania, parecen haber alcanzado la mayor frecuencia de bombardeo publicitario en los medios judeo-cristianos.

UNA EXITOSA HISTORIA DE LAS GRANDES POTENCIAS

     Una auténtica historia de éxito en el arte de la venta, la empresa holocáustica ha adquirido el status de un lobby internacional. Este lobby se ha mezclado con el lobby judío norteamericano (cuyo buque insignia es la organización AIPAC) que defiende con dientes y uñas los intereses del Estado de Israel, del cual el "Holocausto” es la espada y el escudo. Las naciones más poderosas en el mundo difícilmente pueden molestarse con tal red de grupos de presión que, bajo una apariencia religiosa, era al principio un asunto comercial sólo para hacerse más tarde militar y comercial, insistiendo constantemente en nuevas aventuras militares. Resulta que si otros países, llamados "emergentes", quieren contar con la buena voluntad de alguno más poderoso, entonces aquellos debieran estar bien advertidos de que deben plegarse a su deseo. Sin profesar necesariamente su fe en el "Holocausto”, ellos contribuirán, si es necesario, a la propagación del "Holocausto” y a la represión de aquellos que cuestionan su realidad. Los chinos, por ejemplo, aunque ellos mismos no tengan que usar para nada tales tonterías, se guardan muy bien de poner en duda el "Holocausto judío”; esto les permite presentarse como los "judíos" de los japoneses durante la última guerra y así hacer notar que ellos también han sido víctimas del genocidio, una fórmula que, piensan ellos, puede abrir el camino a reparaciones financieras y ventajas políticas, como se ha hecho con los judíos.

UNA RELIGIÓN PARTICULARMENTE MORTAL

     El problema futuro para la religión del "Holocausto” está en el hecho de que es demasiado secular. Bien puede uno aquí pensar en el Papado, que, en siglos pasados, derivó su fuerza política y militar de un poder temporal que, en el análisis final, terminó por causar su perdición. La nueva religión está en estrecha colaboración con, todos juntos, el Estado de Israel, Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN, Rusia, los grandes bancos (que, como en el caso de los bancos suizos, pueden ser forzados a doblegarse si ellos se muestran renuentes a pagar), el crimen organizado internacional y el lobby de los comerciantes de armas. Siendo éste el caso, ¿quién puede garantizarle una base sólida en el futuro?. Se ha hecho vulnerable al respaldar, de facto, las políticas de naciones o grupos con apetitos desordenados, cuyo espíritu de cruzada mundial, como puede ser particularmente notado en el Cercano y Medio Oriente, se ha hecho aventurero.

     Ha ocurrido que las religiones desaparecen junto con los Imperios donde ellas solían reinar. Esto es porque las religiones, como las civilizaciones, son mortales. La del "Holocausto” es doblemente mortal: incita a los países a llevar a cabo cruzadas bélicas y esto está precipitando su ruina. La precipita a su ruina aun cuando, en último instancia, el Estado judío desaparezca de la tierra de Palestina. Los judíos dispersados entonces por todo el mundo sólo tendrán un último recurso, el de la lamentación de este “Segundo Holocausto”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario