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miércoles, 29 de junio de 2011

La Situación Actual en Islandia (Junio 2011)


     Iniciamos esta revista con un artículo que tradujimos de Bill Wilson de este 21 de Junio donde expone un original punto de vista sobre la actual realidad económica y política de Islandia. Como requerimos mayores datos que enmarcaran lo que se estaba diciendo, hemos optado por insertar diferentes informes de prensa que van de Marzo a Junio de este año, los que si bien contienen repetición de datos, todos van matizando la información entregada. Tampoco quisimos hacer un compendio de todos ellos porque la idea aquí era mostrar una baraja contextual. Hemos además notado en diversos sitios que muchos se alejan del enfoque que ha hecho el señor Wilson, que nos parece bastante razonable, y más bien comentan que poco menos que los islandeses en general han tenido la culpa de la crisis, alejándose con eso del núcleo del problema. Esperemos que toda esta información sirva de algo, puesto que el asunto islandés aún no se despeja, y menos por causa de las cenizas volcánicas.



Islandia Declara su Independencia
de los Bancos Internacionales
por Bill Wilson
21 de Junio de 2011
www.informationclearinghouse.info/article28391.htm



     Islandia es libre. Y permanecerá así mientras su gente desee permanecer autónoma de la dominación extranjera de sus supuestos amos –en este caso, los banqueros internacionales.

     El 9 de abril, la gente ferozmente independiente de la nación de la isla ganó un referéndum que habría sacado de apuros al Reino Unido y a los Países Bajos, quienes habían cubierto los depósitos de inversionistas británicos y holandeses que habían perdido fondos en el banco Icesave en 2008.

     En el momento de la quiebra del banco, Islandia rechazó cubrir las pérdidas. Pero el Reino Unido y los Países Bajos sin embargo han exigido que Islandia los reembolse por el "préstamo" como una condición para la admisión en la Unión Europea.

     En respuesta, el pueblo Islandés ha dicho a Europa que se fuera a moler arena... El voto final fue de 103.207 contra 69.462, o sea, el 58.9% contra el 39.7%. “Los contribuyentes no deberían ser responsables de pagar las deudas de una institución privada”, dijo Sigriur Andersen, una portavoz del grupo Consejo, que se opuso a la operación de rescate.

     Un referéndum similar en 2009 sobre el asunto, aunque en términos más duros, encontró al 93.2% del electorado islandés rechazando una propuesta para garantizar los depósitos de inversionistas extranjeros que tenían fondos en el banco islandés. El referéndum fue convocado cuando el Presidente Olafur Ragnur Grimmson vetó la legislación que el Althingi, el parlamento de Islandia, había aprobado para devolver el préstamo a los británicos y holandeses.

     Bajo los términos del acuerdo, Islandia habría tenido que pagar 2,35 mil millones de libras esterlinas al Reino Unido, y 1,32 mil millones de euros a los Países Bajos hasta el año 2046 con una tasa de interés del 3%. El rechazo de Islandia por segunda vez es un testimonio para su propia gente, que siente que ellos no deberían cargar con ninguna responsabilidad por las pérdidas sufridas por extranjeros en la crisis financiera.

     Aquella oposición a "operaciones de rescate" condujo a la decisión de Islandia que dejó fracasar al banco en 2008; no que los contribuyentes allí pudieran haberse permitido hacerlo. Como fue señalado por Bloomberg News, al momento de la crisis en 2008, “los bancos tenían deudas iguales a 10 veces el PIB de Islandia, 12 mil millones de dólares”.

     “Éstos eran bancos privados y no bombeamos dinero hacia ellos para mantenerlos funcionando; el Estado no tomaría en sus hombros la responsabilidad de los bancos privados fracasados”, dijo el Presidente de Islandia Olafur Grimsson a Bloomberg Television.

     El rechazo de los votantes ocurrió a pesar de las amenazas de aislar a Islandia de la obtención de recursos en las instituciones financieras internacionales. La deuda pública de Islandia ya había sido bajada de puesto por las agencias de clasificación crediticia, y ahora aquellas mismas agencias han prometido hacerlo de nuevo como castigo por desafiar la voluntad de los banqueros internacionales.

     Esto es sólo lo último en el largo drama desde 2008 de las instituciones globales que rechazan asumir las pérdidas en la crisis financiera. Las amenazas de una depresión económica global y las afirmaciones de ser “demasiado grande para fracasar” se han comparado con un arma cargada que apunta a las cabezas de los gobiernos representativos en Estados Unidos y Europa. El caso de Islandia es de particular interés porque no sacó de apuros a sus bancos como Irlanda lo hizo, o los extranjeros como Estados Unidos lo hicieron.

     Si aquel fervor se contagia entre los contribuyentes por todo el mundo, como lo tiene en Islandia y con el movimiento Tea Party [1] en EE.UU., los bancos tendrían algo que temer; es decir, la inhabilidad para extraer cantidades ilimitadas de financiación desde crédulos funcionarios de gobierno y de los bancos centrales. Parece que la causa primordial son las garantías gubernamentales, explícitas o implícitas, en la toma de riesgos por los bancos.
[1. http://es.wikipedia.org/wiki/Tea_Party_Movement]

     Por último, tales garantías no son necesarias para mantener el pleno empleo ni para apoyar una economía con el crecimiento, sino que ellas están simplemente diseñadas para permitir a estas instituciones internacionales sobremultiplicar y aumentar sus márgenes de ganancia en los tiempos buenos –y evitar pérdidas catastróficas en tiempos malos.

     La lección en este caso es instructiva al otro lado del Atlántico, pero es escalofriante. Si Estados Unidos –o alguien autónomo en esa materia– intenta reestructurar sus deudas, u obligar a los inversionistas privados a asumir las pérdidas por sus propias jugadas tontas, estas instituciones internacionales han prometido el equivalente de una guerra económica como respuesta. Sin embargo, la alternativa para los gobiernos representativos es el sacrificar su independencia a un grupo de banqueros anónimos que no tienen ninguna lealtad hacia ninguna nación.

     Éste es el conflicto que ya ha definido el comienzo del siglo veintiuno. La pregunta es si los pueblos libres decidirán permanecer libres, como Islandia lo ha hecho, o rendirse.


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ISLANDIA, EL PAÍS QUE CASTIGA
A LOS BANQUEROS CULPABLES DE LA CRISIS
20 de Marzo de 2011
www.elconfidencial.com

     La gran mayoría de la población occidental sueña desde 2008 con decir “no” a los bancos, pero nadie se ha atrevido a hacerlo. Nadie, salvo los islandeses, que han llevado a cabo una revolución pacífica que ha conseguido no sólo tumbar un gobierno y redactar una nueva constitución, sino encarcelar a los responsables de la debacle económica del país. 
     La semana pasada fueron detenidas 9 personas en Londres y en Reikiavik (capital de Islandia) por sus responsabilidad en el colapso financiero de Islandia en 2008, una profunda crisis que devino en una reacción ciudadana sin precedentes que cambió el rumbo del país.
     Ha sido la revolución sin armas de Islandia, el país que acoge a la democracia más antigua del mundo (desde el año 930), y cuyos ciudadanos han logrado cambiar a base de manifestaciones y cacerolazos. ¿Y por qué el resto de los países occidentales ni siquiera se ha enterado?.
     La presión ciudadana islandesa ha conseguido no sólo tumbar un gobierno, sino redactar una nueva constitución (en proceso) y meter en la cárcel a los banqueros responsables de la crisis del país.
     Este silencioso proceso revolucionario tiene su origen en 2008, cuando el gobierno islandés decidió nacionalizar los tres principales bancos, el  Landsbanki, el Kaupthing y el Glitnir, cuyos clientes eran principalmente ingleses, holandeses y estadounidenses.
    Tras la entrada del Estado en el capital, la moneda oficial (krona) se desplomaba y la bolsa suspendía su actividad tras un hundimiento del 76%. Islandia entraba en bancarrota y para salvar la situación, el Fondo Monetario Internacional (FMI) inyectaba 2.100 millones de dólares y los países nórdicos ayudaban con otros 2.500 millones.

     Mientras bancos y autoridades locales y extranjeras buscaban a la desesperada soluciones económicas, el pueblo islandés salió a las calles, y con sus insistentes manifestaciones diarias frente al parlamento de Reikiavik provocó la dimisión del Primer Ministro, el conservador Geir  H. Haarden, y de todo su gobierno en bloque.
     Los ciudadanos exigían, además, que se convocaran elecciones anticipadas, y lo consiguieron. En Abril de 2009 salió elegido por votación un gobierno de coalición formado por la Alianza Social-demócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, encabezado por una nueva Primera Ministra, Jóhanna Sigurðardóttir.
     Durante todo el 2009 la economía islandesa continuó en situación precaria (cerraría el año con una caída del 7% del PIB) pero pese a ello el Parlamento propuso la devolución de la deuda  a Gran Bretaña y Holanda mediante el pago de 3.500 millones de euros, una suma que debían pagar todas las familias islandesas mensualmente durante 15 años al 5,5% de interés.
     La medida provocó de nuevo la ira de los islandeses, que volvieron a tomar las calles exigiendo que, al menos, esa decisión fuera sometida a referéndum. Otra nueva pequeña gran victoria de las protestas callejeras: en Marzo de 2010 se celebraba esa votación y un aplastante 93% de la población se negaba a devolver la deuda, al menos en esas condiciones.
     Con ello consiguieron que los acreedores repensaran el acuerdo y lo mejoraran, ofreciendo los intereses al 3% y el pago a 37 años. Ni siquiera eso ha sido suficiente. El presidente actual, al ver que el Parlamento aprobaba este acuerdo por un margen muy estrecho, decidió el mes pasado (Febrero de 2011) no sancionarlo y llamar de nuevo a los islandeses a votar en referéndum para que sean ellos los que tengan la última palabra. 

     Volviendo a la tensa situación de 2010, mientras los islandeses se negaban a pagar una deuda que habían contraído los tiburones financieros sin preguntarles, el Gobierno de coalición  había iniciado una investigación para dirimir jurídicamente las responsabilidades de la fatal crisis económica y ya se había detenido a varios banqueros y altos ejecutivos estrechamente relacionados con las operaciones de riesgo.
     La Interpol, por su lado, había dictado una orden internacional de arresto contra el ex-presidente del Parlamento, Sigurdur  Einarsson. Esta situación hizo que banqueros y ejecutivos, atemorizados, abandonaran el país en masa.
     En este contexto de crisis, se eligió una asamblea para redactar una nueva Constitución que recogiera las lecciones aprendidas y que sustituyera a la actual, inspirada en la Constitución danesa.
     Entre otras novedades, esta Constitución está llamada a proteger como ninguna otra las libertades de información y de expresión con la llamada Iniciativa Islandesa Moderna para Medios de Comunicación, un proyecto de ley que pretende hacer del país un refugio seguro para el periodismo de investigación y la libertad de información, donde se protejan  fuentes, periodistas y proveedores de Internet que alojen información periodística.


ISLANDIA ENJAULA A SUS BANQUEROS
3 de Abril de 2011
www.elpais.com


     El libro más leído hoy en Islandia consta de nueve volúmenes y 2.400 páginas, y es una especie de saga delirante sobre los desmanes que puede llegar a perpetrar la industria financiera cuando está totalmente fuera de control. Nueve volúmenes: prácticamente unos episodios nacionales en los que se demuestra que nada de eso fue un accidente. Islandia fue saqueada por no más de 20 o 30 personas. Una docena de banqueros, unos pocos empresarios y un puñado de políticos formaron un grupo salvaje que llevó al país entero a la ruina: 10 de los 63 parlamentarios islandeses, incluídos los dos líderes del partido que ha gobernado casi ininterrumpidamente desde 1944, tenían concedidos préstamos personales por un valor de casi 10 millones de euros por cabeza. Está por demostrar que eso sea delito (aunque parece que parte de ese dinero servía para comprar acciones de los propios bancos: para hinchar las cotizaciones), pero al menos es un escándalo mayúsculo.

     Islandia venía de ser el país más pobre de Europa a principios del siglo XX. En los años ochenta, el Gobierno privatizó la pesca: la dividió en cuotas e hizo millonarios a unos cuantos pescadores. A partir de ahí, bajo el influjo de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, el país se convirtió en la quintaesencia del modelo liberal, con una política económica de bajos impuestos, privatizaciones, desregulaciones y demás: la sombra de Milton Friedman, que viajó durante esa época a Reikiavik, es alargada. Aquello funcionó. La renta per cápita se situó entre las más altas del mundo, el paro se estabilizó en el 1% y el país invirtió en energía verde, plantas de aluminio y tecnología. El culmen llegó con el nuevo siglo: el Estado privatizó la banca y los banqueros iniciaron una carrera desaforada por la expansión dentro y fuera del país, ayudados por las manos libres que les dejaba la falta de regulación y por una tasa de interés en torno al 15% que atraían los ahorros de los dentistas austriacos, los jubilados alemanes y los comerciantes holandeses. Una economía sana, asentada sobre sólidas bases, se convirtió en una mesa de casino de juegos.
     La fiesta se desbocó: los activos de los bancos llegaron a multiplicar por 12 el PIB. Solo Irlanda, otro ejemplo de modelo liberal, se acerca a esas cifras. Hasta que de la noche a la mañana –con el colapso de Lehman Brothers y el petardazo financiero mundial– todo se desmoronó, en lo que ha sido "el shock más brutal y fulminante de la crisis internacional", como asegura Jon Danielsson, de la London School of Economics.
     La magnitud de la catástrofe fue espectacular. La inflación se desbocó, la corona se desplomó, la cesantía creció a toda velocidad, el PIB cayó un 15%, los bancos perdieron unos 100.000 millones de dólares (pasará mucho tiempo antes de que haya cifras definitivas) y los islandeses siguieron siendo ricos, más o menos: la mita de ricos que antes. ¿De quién fue la culpa? De los bancos y los banqueros, por supuesto. De sus excesos, de aquella barra libre de crédito, de su desmesurada codicia. Los bancos son el monstruo, la culpa es de ellos y, en todo caso, de los políticos, que les permitieron todo eso.
     La crisis ha dejado una cicatriz enorme que sigue bien visible: hay controles de capitales, un eufemismo para lo que en Argentina suele llamarse corralito. La cesantía sigue por encima del 8%, tasas desconocidas por estos lugares. El desplome de la corona ha empobrecido a todo el país, excepto a las empresas exportadoras. Cuatro de cada diez hogares se endeudaron en divisas o con créditos vinculados a la inflación, lo que ha dejado un agujero considerable en el bolsillo de la gente. Tras dejar quebrar el sistema bancario, el Estado lo nacionalizó y acabó inyectando montones de dinero –el equivalente a una cuarta parte del PIB– para que la banca no dejara de funcionar, y ahora empieza a reprivatizarlo: la vida, de algún modo, sigue igual.

El caso Icesave

     Landsbanki, uno de los tres grandes bancos islandeses, abrió una filial por Internet con una cuenta de ahorro a altos tipos de interés, Icesave, que hizo furor entre británicos y holandeses. Cuando las cosas empezaron a torcerse y el Gobierno británico detectó que el banco estaba repatriando capitales, le aplicó la ley antiterrorista para congelar sus fondos. Ese fue el detonante de toda la crisis: provocó la quiebra en cadena de toda la banca. Y sigue dando tremendos dolores de cabeza a Islandia.
     Holanda y Reino Unido devolvieron a sus ciudadanos el 100% de los depósitos y ahora exigen ese dinero: 4.000 millones de euros, un tercio del PIB islandés, nada menos. El Gobierno llegó a un acuerdo para que los ciudadanos pagaran en 15 años y al 5,5% de interés: la gente se organizó para echarlo abajo en un referéndum, tras el veto del presidente. Así llegó un segundo pacto, más ventajoso (interés del 3%, a pagar en 37 años), que la gente decidirá en Abril en referéndum si paga o no por los desmanes de sus bancos. Agni Asgeirsson, ex-ejecutivo que fue despedido de Kaupthing es tajante al respecto: "El primer acuerdo era claramente un fraude. Éste es más discutible. No queremos pagar, pero eso añadiría incertidumbre legal sobre el futuro del país. Pero lo interesante es cómo ha reaccionado la gente". Ése es quizá el mayor atractivo de la respuesta islandesa: en un país que se consideraba a sí mismo un milagro neoliberal, y donde se había perdido gradualmente todo interés por la política, ahora la gente quiere tener su destino en sus propias manos.


ISLANDIA VUELVE A DECIR "NO"
10 de Abril de 2011
www.guerraeterna.com

     En la primera consulta en marzo de 2010, las condiciones para la devolución del dinero eran tan onerosas que fueron rechazadas por el 93% de los votantes. Obligaban a devolver el dinero en 15 años con un tipo de interés del 5,5%. Después se mejoraron al convencer el Gobierno islandés a Londres y Amsterdam de que de otra manera era imposible que ganara el "sí". El plazo se alargó hasta 30 años, hasta 2046, y la tasa se redujo al 3,3% en el caso del Reino Unido, y al 3% en el de Holanda.
     El acuerdo contaba con el apoyo del Gobierno socialista y de la oposición conservadora, pero la furia popular por el colapso de la industria financiera aún no había remitido. Y 4.000 millones de euros no es una cantidad pequeña. Supone la tercera parte del PIB de Islandia, un país de unos 320.000 habitantes. No sirvió de nada que el Gobierno afirmara que la cantidad final será menor, porque habría que descontar la venta de los activos que aún quedan de Landsbanki.
    Al desencadenarse la crisis financiera, los extranjeros quedaron expuestos a perderlo todo. El Gobierno de Gordon Brown reaccionó de forma desproporcionada para salvar a sus avariciosos compatriotas. Utilizó la legislación antiterrorista para congelar los activos de los bancos islandeses en el país e impedir que pudieran ser recuperados por Islandia. Al final, Gran Bretaña y Holanda compensaron a sus ciudadanos y pasaron la factura al Gobierno de Reykjavik.
     Ahora, los gobiernos británico y holandés llevarán el caso probablemente al organismo que regula las relaciones de Islandia con la UE. Puede ocurrir que el veredicto sea aún peor que las condiciones pactadas y rechazadas en la consulta. En ese caso, con la obligación de pagar impuesta por un tribunal es de suponer que el Gobierno vuelva a negociar con británicos y holandeses, esta vez sin la opción de pedir la opinión a los ciudadanos.
     El Gobierno islandés sostenía que la existencia de la deuda perjudica la recuperación y el acceso a los mercados financieros. Si no se cerraba ese capítulo, no se podía poner fin al control en la importación y exportación de capitales en vigor desde el inicio de la crisis. De forma inmediata, el mayor peligro es que las agencias de calificación reduzcan la categoría de los bonos islandeses.
     Al final, los islandeses pagarán pero sólo si les obligan a hacerlo. Lo que no aceptan es que por un acuerdo entre gobiernos tengan que asumir el legado de la avaricia institucionalizada, también llamada sistema financiero.


12 de Abril de 2011
www.elcorreo.com


     El pasado sábado se celebró en Islandia un referéndum con el que se pretendía cerrar el ciclo iniciado con la crisis financiera de 2008 que llevó a la ruina al país y en cuyo proceso los ciudadanos han demostrado lo que se puede hacer frente a la especulación financiera desregulada. Pero ¿lo han hecho realmente? Y si es así ¿por qué no están inundados los medios de comunicación de noticias relativas al antiguo reino de Thule?. ¿Es que acaso no interesa mostrar un camino que se aleja de las autopistas controladas por el FMI y el BM?. Lo que nadie podrá negar es que los islandeses han sido capaces de mostrar una alternativa a las decisiones unánimes que los gobiernos de los principales países del mundo han adoptado para enfrentarse a las consecuencias de la crisis y al papel culpable que se asigna a los ciudadanos de a pie en esta trágica pantomima.

     Sólo los islandeses y su revolución pacífica han sido capaces de derribar un Gobierno en 2009 (el del conservador Haarden), redactar una nueva Constitución y encarcelar a muchos de los responsables de la debacle económica del país, consolidando la democracia más antigua del mundo. ¿Cómo lo han conseguido? De una forma muy sencilla: negándose a asumir las deudas contraídas por los bancos privados y aprovechando el caudal que da la democracia para participar en todas las decisiones importantes que se han adoptado en el país desde 2008. De las mismas caben destacar las elecciones anticipadas de Abril de 2009 de las que salió el Gobierno de coalición formado por la Alianza Social-demócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, encabezado por la primera ministra Jóhanna Sigurdardóttir; el referéndum del 7 de Marzo de 2010 rechazando las negociaciones con los gobiernos holandés y británico para devolver los 3.700 millones de euros de la quiebra de Icesave (filial del Landsbanki) y bloqueando el pago de la deuda; el rechazo del acuerdo aprobado en el Parlamento islandés de 17 de Febrero de 2011, ante las presiones de los organismos financieros internacionales, que luego vetó Ólafur Ragnar Grímsson y que dio lugar al referéndum; la Iniciativa Islandesa Moderna para Medios de Comunicación, proyecto de ley que pretende crear un marco jurídico destinado a la protección de la libertad de información y de expresión; y, finalmente, una ambiciosa reforma constitucional que, por primera vez en la historia, nacerá de un proceso de democracia directa y en la que trabajan, desde mediados de Febrero, 31 ciudadanos sin filiación política (el denominado Parlamento Constituyente Asesor) para elaborar un nuevo texto que sustituirá al de 1944.

     El silencioso "proceso revolucionario" islandés se inició en 2008, cuando su Gobierno decidió nacionalizar los tres principales bancos que estaban en quiebra técnica, el Glitnir Bank HF, el Kaupthing y el Landsbanki Islands HF, y cuyos clientes eran principalmente holandeses, británicos y estadounidenses, bancos que, al abrigo del prepotente y ufano neoliberalismo, se lanzaron a comprar activos y productos fuera de sus fronteras que eran sólo basura. A pesar de la resistencia ciudadana a pagar los platos rotos, los islandeses padecen las consecuencias de la avaricia neoliberal en forma de recortes económicos en la sanidad, la educación y otros sectores públicos; del aumento del desempleo; de las reducciones salariales o de la congelación de los sueldos; del incremento de los precios; del pago del préstamo de 2.100 millones de dólares del FMI; etcétera.
     La trascendencia de lo acaecido en Islandia rebasa el pago o no pago de su deuda. En el país nórdico se han debatido y cuestionado los valores que llevaron al boom especulativo, y la incompetencia y deslealtad de los dirigentes públicos y privados sobre los que debe fundarse una sociedad; se ha recuperado el papel de la ciudadanía en la democracia y en la construcción social; se ha recordado que la política y quienes la ejercen deben estar al servicio de los ciudadanos; se ha demostrado que hay otras formas de enfrentarse a la crisis y, finalmente, se ha caminado de la democracia representativa liberal hacia la democracia participativa directa. Islandia se ha convertido en una luz fulgurante en el erial de las democracias modernas. Islandia sí es una revolución.

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REIKIAVIK, ISLANDIA (Reuters) 13 de Abril de 2011 — Las calificaciones crediticias de Islandia podrían ser rebajadas al nivel de "deuda basura" luego de que sus votantes rechazaran un acuerdo para pagar a Gran Bretaña y Holanda por las pérdidas de una crisis bancaria, dijo el miércoles Standard & Poor's.
     En un referendo del fin de semana, los islandeses rechazaron un acuerdo que ofrece una garantía estatal para el repago de más de 5.000 millones de dólares a los británicos y holandeses por el dinero gastado para compensar a los ahorristas que perdieron su dinero cuando colapsó el grupo bancario Landsbanki en el 2008.
La primera ministra, Johanna Sigurdardottir, que enfrenta un voto de censura en el Parlamento tras la derrota plebiscitaria, resaltó los riesgos que enfrenta el país por tener que esperar e ir a tribunales para hallar un acuerdo sobre la materia.
     "El electorado islandés se presentó ante dos demonios el pasado sábado: asumir una responsabilidad que creen que no es de ellos o arriesgar un veredicto que podría ser duro de enfrentar", dijo la Primera Ministra en un comunicado.
     Sigurdardottir había planteado antes que Islandia debía alcanzar un acuerdo con sus acreedores y cerrar el tema. Pero cambió de enfoque diciendo que había algo de ambigüedad en lo que Islandia debía responsabilizarse. "El Gobierno de Islandia siempre ha dicho que honrará sus obligaciones internacionales, pero hay un gran grado de incertidumbre sobre lo que implican estas 'obligaciones internacionales' exigidas en la realidad. La opinión y la interpretación de la directiva europea en cuestión es altamente discutible", agregó.
     S&P dijo que puso a Islandia en su lista de posibles degradaciones debido a los mayores riesgos económicos por el "no" del referendo.
     El problema podría ser visto ahora por una corte de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), un resultado que según algunos analistas podría ser más costoso para Islandia que el acuerdo desechado por los votantes.


17 de Abril de 2010
www.lanacion.com.ar
   
     Afectados en 2008 por el bloqueo económico de sus vecinos por el default, los islandeses hacen bromas de las pérdidas millonarias que causa su volcán
     Los islandeses, más precisamente los de Reykjavik, su capital, sonríen y no ocultan su satisfacción por el hecho de que un volcán ubicado en su país haya provocado esta semana un caos en el tráfico aéreo de Europa y millones de dólares de pérdidas en varios de los países vecinos que los aislaron económicamente, no les permitieron entrar en su Comunidad y finalmente los sometieron a un ajuste cuando cayeron en default.
     En octubre de ese año (2008), el gobierno británico pareció declararle una guerra a Islandia, cuando ordenó el congelamiento –y eventual incautación– de todos los fondos de empresas e instituciones islandesas depositados en la City londinense.
     La drástica medida ocurrió tras la pérdida de dinero que supuso el quiebre de la economía islandesa a unos 350.000 ahorristas británicos, centenar de gobiernos regionales y municipales de Gran Bretaña, 15 fuerzas policiales –incluída Scotland Yard– y hasta la empresa de transporte de Londres, que habían depositados sus fondos en el paraíso que suponía ser Islandia.
     El Primer Ministro británico, Gordon Brown, en su momento alegó que el manejo de las cuentas por parte de las autoridades islandesas había sido "ilegal" y "completamente inaceptable".
     Hoy, Islandia se ríe del daño que un volcán en su país está provocando a toda Europa, y los ciudadanos de su capital, Reykjavik, hacen bromas: "Querían nuestro dinero (cash) y ahora tienen nuestra ceniza (ash)".

www.elperiodico.com/es
22 de Mayo de 2011

     El país que ocupó el primer lugar en el informe de la ONU del Índice de Desarrollo Humano del 2007 fue capaz a base de cacerolazos de hacer dimitir en bloque al Gobierno. Se nacionalizaron los principales bancos, se decidió no pagar la deuda contraída con Gran Bretaña y Holanda y se creó una asamblea popular para reescribir la Constitución y blindar los derechos civiles. Una revolución sin ruido de sables.
     ¿Puede ser la revolución islandesa una tercera vía para otros países europeos? El mismo gobernador del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, adivirtió hace pocos días: ''Nuestros pueblos no permitirían por segunda vez que los gobiernos movilicen el 27% del PIB de los pagadores de impuestos a ambos lados del Atlántico para evitar el colapso del sistema financiero''. Trichet miraba de reojo a Islandia y avanzaba sin saberlo las revueltas populares en Europa.
     A finales del 2008, fue nacionalizado en Islandia el banco Landsbanki, una entidad hasta entonces puntera del país. Ante la alarma internacional, el Gobierno británico decidió congelar todos los activos de la filial de la entidad IceSave, con 300.000 clientes británicos y 910 millones de euros invertidos por administraciones locales y entidades públicas del Reino Unido. Otros bancos tuvieron que ser intervenidos (Kaupthing, Glitnir), éstos con intereses también en Holanda.
     La economía islandesa, al margen de su potente industria pesquera, se había convertido en un enclave financiero de primer orden, un gigante con pies de barro y un endeudamiento externo desaforado. En ese 2008, la deuda bancaria de Islandia era varias veces superior a su PIB. El país de precios prohibitivos y moneda aristocrática, por su elevada cotización, descubrió que su realidad era la de una isla del Atlántico norte y sus ciudadanos no deberían sentirse tan ricos. La moneda se desplomó y la bolsa suspendió su actividad tras un hundimiento del 76%. Un país en bancarrota.
     Las protestas ciudadanas frente al parlamento en Reykjavik previas a unas elecciones tomaron protagonismo. La amenaza se convirtió en la dimisión del Primer Ministro, el conservador Haarden, y todo su Gobierno, incapaz de tomar decisiones en contra del clamor popular. El 25 de Abril de 2009 se celebraron elecciones generales de las que salió elegido un Gobierno de coalición formado por la Alianza Social-demócrata y el Movimiento de Izquierda Verde, encabezado por la nueva Primera Ministra Jóhanna Sigurðardóttir.

     Tras un año de empeoramiento de la situación económica del país, en 2009 la obligación de devolver la deuda externa del país se traduce en algo más que palabras. La factura a devolver a los bancos británicos y holandeses amenaza, según los ciudadanos, con condenar a una costosa hipoteca colectiva durante los 15 próximos años. Una media de 50.000 euros por familia. Los cacerolazos se reproducen. La población se pregunta por qué el país debe asumir las deudas contraídas por una mala gestión de los bancos y solicita someter la devolución de esa deuda a referendo.
     En Enero de 2010 el Presidente, Ólafur Ragnar Grímsson, se niega a tomar una decisión sobre el asunto y anuncia que convocará una consulta popular. El 93% de los votos se oponen al pago de la deuda internacional. Ante esta situación, el FMI decide congelar las ayudas económicas a Islandia. Paralelamente, la Justicia islandesa impulsa las detenciones de varios banqueros y altos ejecutivos.

Una asamblea popular redacta una nueva Constitución. Son 25 ciudadanos sin filiación política de los 522 que se han presentado voluntarios. El Parlamento debe aprobar el texto. La Icelandic Modern Media Initiative diseña otro de los elementos para dibujar la nueva democracia de Islandia, un proyecto de ley para blindar la libertad de información y de expresión.

El objetivo es evitar la socialización de las pérdidas generadas por la crisis financiera internacional.

ISLANDIA: LA REBELIÓN DE LOS VIKINGOS
22 de Mayo de 2011
www.levante-emv.com

     Un pueblo decidido. La doble negativa de los islandeses –en 2009 y 2010– a pagar al Reino Unido y a Holanda la deuda generada por sus bancos privados con inversores de esos países le ha generado una aureola de "país rebelde", que ha llegado a convertirse en un símbolo para quienes desean que la crisis económica la paguen los especuladores.

     La mayor isla volcánica del mundo empezó en los años '90 un cambio rotundo en su sistema económico tradicional. Su territorio ofrecía en esa época condiciones inmejorables para experimentar con el capitalismo salvaje. Islandia perdió así, poco a poco, el interés por su importante flota pesquera –principal fuente de ingresos hasta entonces–, la venta de la lana de sus ovejas y sus caballos, y se lanzó a la la carrera especulativa. Fue un tiempo en el que los vikingos arrasaban. Lo compraban todo y conquistaban los mercados internacionales. Crecían sin límite. Y pronto presumieron de ser dueños de media Dinamarca, el país que los había dominado y del que no lograron independizarse hasta 1944.
     Los bancos nacionales pedían prestado a los extranjeros y el PIB y el nivel de vida subían como la espuma. Los banqueros islandeses se dedicaban a derrochar dentro y fuera del país y los ciudadanos compraban sin límite.
     Esta práctica parecía confirmar durante algún tiempo las tesis de una nueva generación de políticos neoliberales del conservador Partido de la Independencia, entre los que destacaban David Oddsson, ex-Primer Ministro entre 1991 y 2004 y gobernador del Banco de Islandia en el momento del "crack" financiero, y Geir Haarde, Primer Ministro en 2008 y 2009, cuando explotó la burbuja económica y se abrió la mayor crisis política del país desde su independencia. Sí, era posible hacer de este tradicional y lejano territorio, cuna de las sagas, el Estado más rico del mundo. En los índices de Naciones Unidas Islandia desbancó en ese tiempo a Noruega como el mejor país para vivir.

     Pero en eso llegó 2008, y tras la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers, la fiesta terminó en tragedia. La burbuja estalló y el Estado se vio obligado a intervenir los tres principales bancos nacionales y el país entró en quiebra. La deuda en ese momento con el Reino Unido y Holanda ascendía ya a 3.500 millones de euros –un tercio del PIB islandés–, ya que ambos países habían decidido hacerse cargo del problema generado en sus ciudadanos. Muchos británicos y holandeses que habían invertido en la popular cuenta "on line" Icesave, del Landsbanki, recuperaron su dinero gracias a las aportaciones de sus respectivos Estados, pero ahora éstos le reclaman a Islandia el abono de lo perdido. Sin embargo, en Islandia no hay sólo banqueros (de hecho algunos de ellos están en la cárcel) y los ciudadanos no parecen dispuestos a saldar esas cuentas.
     Tras la caída de los tres principales bancos de la isla y durante todo 2009, la economía islandesa agravó su situación: el año cerró con una caída del 7% del PIB. El Gobierno de centroderecha de Haarde dimitió y en los comicios de 2009 hubo un vuelco político: la Alianza Socialdemócrata desbancó al Partido de la Independencia y desde entonces gobierna en coalición con la Izquierda Verde
     Pese a ello, el Althing (Parlamento islandés, fundado en el año 930) propuso la devolución de la deuda a Londres y Amsterdam mediante el pago de esos 3.500 millones de euros, una suma que debían pagar todas las familias mes a mes durante 15 años al 5,5% de interés. El 90% de la población explotó y contra la postura del Gobierno "roji-verde" de la Primera Ministra socialdemócrata Johanna Sigurdardottir, y de la oposición conservadora y liberal, favorables a pagar, votó "no" a la devolución, y en Abril pasado, a pesar de que se habían renegociado las condiciones de la deuda, los ciudadanos volvieron a negarse a pagar la codicia de sus banqueros. Esta vez votó "no" el 60% de los poco más de 300.000 islandeses, pese a que eran conscientes de que se juegan su futuro en un largo y complicado proceso en los tribunales (que ya está en marcha), y de que se les complica la entrada en la UE.
     La enorme deuda que Islandia tiene con Londres y Amsterdam –unos 5.000 millones de euros– se gestó durante esos años de orgía económica. La situación actual no es fácil. Ningún experto sabe valorar qué pasa cuando el capitalismo salvaje fracasa. Es difícil saber cómo se enfrentará al futuro una sociedad con un índice del 10% de cesantía que hasta hace poco desconocía el desempleo. Y la pregunta clave: ¿cuánto tiempo requerirá el saneamiento de un Estado con una deuda del 200% de su PIB?. Pero los herederos de los vikingos son quizás los únicos en Occidente que, por ahora, están dispuestos a todo para que paguen los culpables de la crisis.
En la isla todos recuerdan que en 1973 se enfrentaron al Reino Unido por un conflicto pesquero bajo el lema "Dios proteja al bacalao". Hoy la premisa es más concreta: "Dios proteja a Islandia".

ISLANDIA SE COBRA SUS DEUDAS
7 de Junio de 2011
www.lasextanoticias.com

     Islandia es ese país, esa isla en mitad del océano, que navega contra todas las corrientes de lo que se ha dado en llamar económicamente razonable. Es, de hecho, el primer país que va a sentar en el banquillo de un tribunal a un alto cargo político acusado de contribuir a la crisis.
     El ex primer ministro conservador Geeir H. Haarde se enfrenta a un proceso acusado de "negligencia grave" durante su liderazgo, momento en el que se produjo el colapso bancario del que hasta entonces era uno de los países más felices del mundo.
     A Haarde lo juzga un tribunal especial, el Landsdómur, que jamás ha actuado desde la independencia del país en 1944, y la puesta en marcha de su caso ha sido posible tras una votación parlamentaria ganada por 33 votos a favor y 30 en contra.
     El fiscal pide para Haarde una condena por violar la legislación sobre responsabilidad ministerial al hacer caso omiso de las advertencias sobre una crisis inminente en los principales bancos islandeses.
     Esta acusación ha sido posible gracias a la ciudadanía, que no se conformó con contemplar el hundimiento de su país. Los islandeses salieron a la calle, se negaron a rescatar a sus bancos, identicaron o creyeron identificar a sus culpables nacionales y les dieron caza, propiciando además un cambio radical de Gobierno.
     Islandia vivió un sueño de modernidad, riqueza y altos niveles educativos hasta que sus bancos se vinieron abajo y los ciudadanos desafiaron a la banca internacional, atreviéndose a negar el rescate financiero tantas veces pedido en tantos puntos del mundo. Pero además de este gesto de desafío los islandeses quieren dar una lección al mundo. Y no sólo haciendo rodar la cabeza de Haarde. Tienen identificados a varias decenas de responsables directos de haber cometido desvaríos financieros que colocaron al país al borde del abismo.
     Mientras, al otro lado, Estados Unidos y Europa rescatan a sus bancos, apoyan los recortes y se aprietan el cinturón pensando que, tarde o temprano, la realidad de la economía caerá sobre la isla vikinga.


ULTIMÁTUM A ISLANDIA PARA QUE PAGUE A HOLANDA Y REINO UNIDO
10 de Junio de 2011
ELPAIS.com

     La Asociación Europea de Libre Comercio amenaza con recurrir a la justicia si el país no abona los 4.000 millones por la bancarrota de uno de sus bancos
     Tres meses para pagar. Islandia tiene ese plazo límite para compensar a los Gobiernos británico y holandés con unos 4.000 millones de euros si no quiere ir a los juzgados. La asociación europea de libre comercio (EFTA, por sus siglas en inglés) anunció ayer por carta al Ejecutivo islandés que tomará medidas legales al final de ese periodo para poner fin al denominado caso Icesave, una filial de uno de los grandes bancos islandeses (Landsbanki) a cuyos clientes compensaron los fondos de garantía de depósitos holandés y británico tras la quiebra de la entidad. El Parlamento islandés ha llegado en dos ocasiones a acuerdos para hacer frente a ese pago. En ambos casos, la negativa del presidente Ólafur Grímsson a firmar la ley obligó a convocar sendos referéndums. Las dos veces los islandeses votaron no al pago de esa factura por los desmanes causados por una de sus entidades financieras.
     La EFTA (organismo encargado de velar por las normativas financieras entre la UE e Islandia, Liechetenstein y Noruega, para que estos países se integren en el espacio económico europeo) sostiene que Islandia está obligada por las leyes europeas a garantizar una compensación de 20.000 euros a los clientes de su filial Icesave, que captaba depósitos en Reino Unido y Holanda ofreciendo altas remuneraciones. Pero los islandeses sostienen que no están obligados a efectuar ese pago. Y aducen que fue el Gobierno británico el que precipitó la bancarrota de Islandia al aplicar las leyes antiterroristas a la banca del país del ártico para evitar la fuga de capitales. Cerca de 350.000 personas en Reino Unido y Holanda perdieron sus ahorros cuando eso sucedió, en Octubre de 2008, el fatídico mes de la quiebra de Lehman Brothers. Se trata del segundo aviso serio de la EFTA en poco más de un año. Islandia "debe asegurarse de pagar la compensación antes de que las condiciones prescriban", dijo Per Sanderud, el presidente de la EFTA.
     El caso islandés es excepcional en muchos sentidos. Islandia se vio obligada a dejar quebrar a sus bancos. Pidió ayuda al FMI y se vio lanzada a una grave crisis económica que supuso una fuerte devaluación de su moneda, una subida de impuestos y un fuerte recorte del gasto público. Inyectó miles de millones de euros en sus bancos para evitar un pánico financiero, y mantiene desde hace ya más de dos años un corralito que impide a los islandeses disponer libremente de sus ahorros. Pero Islandia también promueve un cambio en la Constitución. Los islandeses han votado por dos veces en contra de pagar por los desmanes del sector financiero, e incluso la fiscalía islandesa ha encausado a varios banqueros y al exprimer ministro, Geeir Haarde, por su gestión de la crisis. Paradójicamente, Islandia está saliendo de la crisis con más holgura que Irlanda, que garantizó el 100% de las deudas de sus bancos y se vio obligada a pedir un rescate a la UE y el FMI cuando el déficit público se disparó por ese motivo.



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