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martes, 21 de junio de 2011

Año Nuevo en el Hemisferio Sur


AÑO NUEVO EN EL HEMISFERIO SUR


     Me pregunto, y lo he hecho muchas veces hasta hace unos años, si en verdad debiésemos continuar siendo tan estúpidos como para no ver lo que resulta evidente de acuerdo a las leyes mitológicas y de la Naturaleza. Si nosotros fuésemos parte de una colonia humana asentada en Júpiter (por poner un caso), ¿qué sentido tendría ahora para nosotros todo el simbolismo de las cuatro estaciones, dado que dicho fenómeno no ocurre, no ha ocurrido ni va a ocurrir en el hábitat jupiteriano?. Radical y absolutamente ninguno. Quienes se refiriesen a ello sólo demostrarían una nostalgia imaginaria, fantasiosa, decadente y delirante, con la que podrían engañar a cuanto incauto "comprase" sus quiméricas alteraciones de estado.



     Nosotros, aquí en el hemisferio Sur del planeta que nos cobija, ¿qué hacemos "celebrando" el llamado Año Nuevo a finales de Diciembre, en la mitad del verano, cuando justamente el Sol empieza su camino inverso y de ahí en adelante comienza a alejarse cada vez más de nosotros hasta llegar a su nadir en el invierno? Pues no hacemos sino un soberano ridículo, o más bien manifestamos a las claras toda nuestra dependencia cultural de quienes se impusieron en estas tierras. Celebrar el Año Nuevo en el hemisferio Sur a fines de Diciembre es dar a entender todo el "yanaconismo" de que se es capaz por ignorancia o abyecta sumisión.

     ¿Qué nos importa a nosotros que en nuestro tórrido o cálido verano en otras latitudes estén los ríos congelados y los lagos, que la vegetación esté durmiendo, que las gentes estén encendiendo leños para calentarse, mientras nosotros sólo deseamos un lugar a la sombra vestidos con ropas ligeras y llenos de vitalidad, saboreando muchas frutas en plena sazón?. Nuestra realidad es absolutamente otra en esas fechas.

     Seguramente los amos de muchos les hicieron entender a sus sirvientes que debían celebrar cada fiesta que ellos a su vez celebrasen, con su nostalgia de las tierras de donde procedían. Nosotros, y ahora lo digo por quienes no nos sometemos a esas imposiciones ridículas, abyectas y de mal gusto (que llegan al extremo de simular en falsos árboles una falsa nieve con algodones y toda esa repugnante parafernalia cultural de estos pueblos ignorantes y sometidos a más no poder), nosotros, digo, hacemos caso omiso, respeto cero, de tales sinsentidos culturales, porque no estamos dispuestos a colaborar con el invasor extranjero ni a reír necesariamente con sus alegrías. Sabemos, y siempre lo hemos sabido, que en la mitad del invierno, es decir ahora, en nuestro solsticio de invierno, aproximadamente entre el 21 y el 24 de Junio de cada año, el Sol llega a su punto más lejano en su huída hacia el Norte, para detenerse (los tres días en su sepulcro) y después "resucitar" y comenzar nuevamente a retornar hacia nosotros aquí en el Sur que habitamos. Es ahora que tenemos frente a nosotros al niño-Sol en su pesebre invernal. Es ahora cuando en muchas de nuestras regiones verdaderamente los árboles están atiborrados de nieve, etcétera, etcétera.

     ¿Acaso nadie lo ve?. ¿Cómo ha ocurrido tal adormecimiento durante tanto tiempo sin que una potente, maciza y masiva voz se hubiera alzado para señalar que el emperador iba completamente en pelotas y no vestido como se nos quería hacer creer?.

     Los araucanos y otros pueblos chilenos antiguos y también argentinos sí lo han sabido siempre, y consecuentemente celebran en estas fechas el Año Nuevo que es el verdaderamente real y no el del emigrante europeo o de donde fuese pero del otro hemisferio. Los incas y otros pueblos altiplánicos andinos también lo han sabido siempre (los ratones de biblioteca pueden consultar, por ejemplo, al Inca Garcilaso, que los ilustrará al respecto), y por ello han estado celebrando desde antiguo el Año Nuevo también en estas fechas.

     Sabemos perfectamente que el 25 de Diciembre y el subsecuente Año Nuevo del hemisferio Norte fueron desde siempre celebraciones agrícolas, estacionales, hasta antes de que la Iglesia ramera metiera su putrefacta cola en tales asuntos, para tocar su parte en la festividad, o justamente para corromper la sana y natural ritualidad de los pueblos. Bueno; así mismo es aquí en el hemisferio Sur.

      ¿Por qué tienen que llenarnos en estas fechas con toda una sarta de supersticiones de pueblos con los que no tenemos nada que ver?. ¿Qué nos importa a nosotros que gente de otras latitudes diga que en esta fecha "florece la higuera" (absurdo total) siendo que aquí ya luego en verdad va a florecer el ciruelo, e incluso se ha visto dar su primer brote el membrillo, por ejemplo?. Sobras de la mesa de pueblos a los que la podrida y manchada organización les proveyó de simbolismos que inevitablemente conducen a Roma o a Babilonia (¿o acaso no les encajó en la mitad de su verano la fiesta de san Juan Bautista?).

     Cuánta basura hay almacenada en lo que los cara de cordero o de paloma fomentan, para que luego surja en las páginas de sus adulterados libros como propia del "saber popular". Mixtificación en estado puro. La culpa, porque esto es una gran culpa, de hacer vivir una realidad ficticia a los pueblos, es de y está patrocinada por las "autoridades" que rigen todo el sistema político. Si estando acá echan de menos la patria de sus abuelos y por eso conmemoran las fiestas que debieran estar conmemorando sus parientes en tales mismas fechas, celébrenlo en privado, pero no hagan creer a los pueblos que son de aquí (uno mismo ya es de aquí por haber nacido y tener sus antepasados aquí y estar sujeto por esta mágica tierra), no les hagan creer que en la mitad del verano comienza un nuevo año.

     Pero, alguien dirá, ¿cómo ir en contra del enorme monstruo en que se convierte toda gran tradición?, ¿y qué sentido tendría ir contra la fuerte corriente?, y sobre todo ¿para qué?. Esa misma pregunta ya delata al de espíritu colonizado, al esclavo cultural, al "yanacona", al "cipayo", al que está inconsciente de la realidad natural (porque esta es una celebración de la Naturaleza). Si la vida vence a la muerte, como lo enseña el Sol cada año en Junio aquí en nuestro hemisferio Sur, pues entonces se debe tomar ejemplo del Sol y vencer a quienes nos quieren matar a la realidad entregándonos otra falsificada. No hay cosa más patética que ver aquí a algún imbécil (o un muy necesitado de "empleo") disfrazado de un ser mitológico del polo Norte, envuelto en abrigadores trajes, con un ridículo gorro, sudando a mares en nuestro pleno verano (Diciembre), rodeado de unos renos de cartón (animales que nadie ha visto jamás por acá), etcétera, etcétera. Pero qué basura han puesto en nuestra alma, como cantan Los Tres.

     No, diez veces no, y para nunca más, volver a celebrar un falso Año Nuevo que no nos corresponde. Es cosa de honestidad, veracidad, y, en último término, virilidad. En estas fechas el Sol pareciera que muere para nosotros, y también ahora es cuando seremos testigos de su resurrección, sin que tengan parte alguna en todo esto las mentiras de la Iglesia ramera. Un saludo a los pueblos bravos (al menos en este aspecto) que supieron mantener la sabiduría de la Naturaleza y el sentido común. Basta de negar lo que hasta los ciegos perciben, según su piel les indica el frío o el calor. Que no se niegue en la "educación" lo que es nuestro, o mejor dicho, las condiciones que aquí tienen la autoridad. Que renazca el nuevo Sol y vuelva limpio de todos los seres de porquería que todo lo han querido manchar. Que nazca de nuevo el Sol invicto a quien ningún ser de la oscuridad podrá jamás siquiera osar ofender con su funesta vida. Salve, Sol.




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