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lunes, 27 de junio de 2011

Arthur Topham - ¿Y Después Qué? ¿Negación del Sionismo?


     En The New Sturmer hemos encontrado este breve artículo que servirá como carta de presentación y como introducción a la ardua cuestión que se está planteando en Canadá con respecto a la legislación y su aplicación sobre el capital asunto de la libertad de expresión, amenazado ¿se adivina por quién?. Hace más de tres años el señor Arthur Topham, editor del sitio radicalpress.com, ha sido él y su sitio demandado ante un tribunal de derechos humanos canadiense por la logia masónica judía más prominente de América del Norte, asunto que aún no se resuelve y que ha implicado variadas acciones y reacciones, puesto que lo que está en juego es el sacro derecho a pensar y a expresar lo que uno razonablemente quiera sin que constituya delito. Daremos después más noticias del valiente señor Topham, que está llevando una lucha más allá de lo meramente patriótico, así como de su interesante sitio, pleno de artículos valorables.
     Este texto que encontramos en el sitio dicho al comienzo, extrañamente no lo hemos podido hallar en el sitio canadiense, pero eso da lo mismo porque se ajusta a la más plena verdad según lo hemos comprobado.


¿Y Después Qué?,
 ¿"Negación del Sionismo"?
por Arthur Topham
4 de Marzo de 2009




     El reciente aherrojamiento y encarcelación de Horst Mahler en Alemania por cargos del "Negación del Holocausto” son el último ejemplo del grado de incoherencia al cual esta tendencia de las fuerzas sionistas está conduciendo a la humanidad.

     Está ocurriendo ahora, por todo el mundo, una guerra ideológica (vagamente enmascarada como "religiosa") entre las fuerzas de la oscuridad y el engaño y las fuerzas de la luz y la verdad. Es tan simple (y a la vez, tan complejo) como esto.

     Pisándole los talones al otro absurdo de esta naturaleza, el caso del Obispo Richard Williamson y el espesor y grado del ataque sobre su nombre y su posición dentro de la jerarquía católica, asediada por los rabinos sionistas fanáticos y sus lacayos cuya razón de ser descansa sobre una profesada creencia fundacional en su falso Mesías –el dios Holocausto–, el mito de la Estupidez es así llevado al enésimo grado de la frivolidad.

     El hecho de que los judíos sionistas en todas partes están ahora, al unísono, gritando sus proverbiales cánticos Moloquianos pidiendo la sangre del Obispo Williamson y pidiendo que no sólo se retracte de sus anteriores comentarios acerca del "Gran Seis” [los seis millones], sino más aún demandando que él jure obediencia incondicional y creencia en su descarado ídolo de cenizas, es otra ilustración alarmante del hecho de que estos Sombrereros Locos de Holocaustasia no se detendrán ante nada salvo la reverencia absoluta al objeto de su amargura y adoración perpetuas.

     Observando esta reciente tendencia de los judíos sionistas a atacar los desafíos intelectuales introducidos por los apóstoles del sentido común que tienen la audacia y el coraje para cuestionar sus postulados autoelegidos considerando al "Holocausto" con una andanada legislativa legalmente restrictiva específicamente diseñada para frustrar no sólo a la razón sino a la justicia misma, uno sólo puede hacer la pregunta más obvia: ¿y después qué?.

     La respuesta a esta pregunta simple y natural –un resultado de atestiguar los ejemplos históricos de James Keegstra, y Doug Collins y Malcolm Ross y Ernst Zundel en Canadá, del profesor Robert Faurisson en Francia, Germar Rudolf de EE.UU., Sylvia Stolz, Jürgen Graf, Gerd Honsik y Horst Mahler de Alemania, del historiador David Irving de Inglaterra y del doctor Fredrick Toben del Adelaide Institute de Australia (por nombrar sólo algunas de las figuras más notables)– debe ser encontrada en la actual batalla que ahora se está desplegando en Canadá entre yo mismo, Arthur Topham, y mi sitio web RadicalPress.com, y la organización del lobby judío sionista conocida como la Liga para los Derechos Humanos [League for Human Rights] de [la logia] B'nai Brith de Canadá.

     Estoy siendo inculpado por la B’nai Brith de Canadá bajo la sección 13 del Acta Canadiense de Derechos Humanos [Canadian Human Rights Act] –un trozo vil y artificioso de atropello Orwelliano si alguna vez lo hubo– que usa las leyes de "delitos de odio" de Canadá para suprimir y vilipendiar a cualquiera que cuestione cualquier aspecto del judaísmo, de la ideología política del sionismo o de las políticas del Estado extranjero de Israel.

     Tan loco e ilógico como podría aparecer a primera vista, la efectiva redacción de la acusación hecha contra mí y mi sitio web es la prueba viviente de que los sionistas están determinados a establecer ahora en esta querella de "derechos humanos" ante el Tribunal de Derechos Humanos canadiense, un precedente nuevo y único que vaya incluso más allá de la magnitud de la acción ilegal medieval que se halla en su legislación de "negación del Holocausto".

     Este precedente nuevo debe ser encontrado en la redacción específica de la misma queja que la Comisión de Derechos Humanos canadiense (CHRC), en su sabiduría infinita, juzgó admisible y digna de sostenerse en un Tribunal de audiencia. Usando la sección 13 (1) y su interpretación (2) del Acta, la B’nai Brith de Canadá declaró en su queja a la CHRC:
     "La premisa de esta queja es la aseveración de que Arthur Topham y Radicalpress.com buscan la forma de promover el odio en curso que afecta a personas identificables como judíos y/o como ciudadanos de Israel".

     Si esta "queja" alcanza su objetivo planeado, se establecerá firmemente como ley, en la alguna vez nación libre conocida como Canadá, el que ningún ciudadano del país dicho será capaz de escribir nada en Internet que sea crítico hacia el Estado de Israel (recordando por supuesto que Israel es un país extranjero) sin arriesgarse a ser acusado de cometer un "delito de odio” conforme al Acta federal de Derechos Humanos canadiense.

     Como el mundo ya sabe, la esencia de Israel, su impulso vital, descansa sobre la ideología conocida como el sionismo político. Sin los principios fundamentales del sionismo ese Estado no existiría, no podría existir como lo hace en su forma presente. La lógica, así, lo conduce a uno a la conclusión obvia. Si llega a haber un "delito de odio” en Canadá por criticar a Israel, entonces se hace de facto del mismo orden que la "negación del Holocausto”, sólo que en este nuevo caso tendríamos que referirnos a ello como "negación del sionismo”.

     No necesito agobiar a los lectores con los infinitos caminos que conducen a la sinrazón que tal precedente pondría, no sólo para Canadá, sino para cada nación en la cual la influencia judía sionista ha ganado actualidad.

     Aquellos de nosotros los Canucks [en lenguaje informal = canadiense] aquí en las trincheras que luchamos para detener la censura en Internet y la represión de la libertad de expresión, estamos bien conscientes de que Canadá es el caldo de cultivo experimental para la legislación sionista que inevitablemente restringe el debate serio de todas las cuestiones políticas relevantes relacionadas con la influencia judía sionista en la cultura occidental y su marco institucional subyacente.

     Una vez que ellos sean capaces de entrar a los libros de Derecho, el precedente de la B'nai Brith de Canadá contra RadicalPress.com abrirá una multitud de casos pandémicos, pusilánimes y golpeados por la pestilencia cuyos ejemplares harán parecer una niñería a la Caja de Pandora.

     Y como todos los programas venenosos diseñados para controlar nuestros pensamientos y nuestros medios de expresarlos, este actual caso, de resultar ser otra victoria sionista, seguirá pronto su camino hacia el sur hasta el corazón de EE.UU., para desafiar entonces aquel baluarte final de la libertad de expresión contenida en la Constitución estadounidense, la Segunda Enmienda.

     El tiempo para contener esta corriente de miseria Orwelliana que actualmente levanta cabeza en Canadá es AHORA. El lugar, CANADÁ. ¿El método? Matar esta serpiente de la censura que se esconde dentro de la sección 13 del Acta de Derechos Humanos canadiense, cortando su cabeza antes de que todavía otro falso dios, en este caso uno llamado “negación del sionismo”, nazca de las profundidades oscuras de Mordor y gire sus colmillos feroces hacia los portadores de la luz con venganza aumentada y odio.

     La luz nunca será vencida por la oscuridad, pero sólo si la gente abre sus ojos al claro y presente peligro que el sionismo plantea a todos aquellos que aman la libertad.


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