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lunes, 9 de mayo de 2011

Sinead O'Connor - Disculpa Papal Carece de Significado


     El 28 de Marzo de 2010, la cantante irlandesa Sinéad O'Connor (Dublín, 1966) publicó un artículo de opinión en la edición dominical del periódico estadounidense Washington Post, donde se refiere a los publicitados escándalos de abuso sexual en que se han involucrado sacerdotes de la prostituída iglesia de Roma. Aquí presentamos ese artículo en castellano.
     También alude allí al incidente en que participó el 3 de octubre de 1992, cuando apareció en el programa televisivo Saturday Night Live como invitada musical. Ella cantó a capella la canción "War" de Bob Marley, que pretendía ser una protesta por los abusos sexuales de sacerdotes de la Iglesia Católica Romana, cambiando la letra "racism" (racismo) por "child abuse" (abuso de menores). Luego presentó una foto del Papa Juan Pablo II a la cámara mientras cantaba la palabra "evil" (maldad); después de romper la foto en trozos, pronunció la frase "fight the real enemy" ("Combate al verdadero enemigo") y arrojó los pedazos hacia la cámara. En los medios de comunicación se causó una conmoción, siendo Sinéad posteriormente abucheada numerosas veces para que se retirara de escenarios. También hubo numerosas quemas y destrucciones públicas de sus discos, así como muchas estaciones de radio que se negaron a transmitir sus canciones. Como una disculpa para los televidentes, durante el monólogo de apertura de la siguiente semana, el [viril e independiente] actor Joe Pesci mostró una foto del Papa, diciendo que la había pegado con cinta adhesiva. También explicó que, si hubiera ocurrido en su show, "I would have gave her such a smack" ("Le habría dado una gran bofetada").
     En una entrevista en 2005 Sinead O'Connor, actual madre de cuatro hijos, informó que su misión es "rescatar a Dios de la religión".



LA DISCULPA DEL PAPA POR LOS ABUSOS SEXUALES
COMETIDOS EN IRLANDA PARECE CARENTE DE SIGNIFICADO
por Sinead O'Connor


     Cuando yo era niña, Irlanda era una teocracia católica.
     Si un Obispo iba caminando por la calle, la gente se hacía a un lado para abrirle camino. Si un Obispo asistía a un espectáculo deportivo nacional, el equipo se arrodillaba para besar su anillo.
     Si alguien cometía un error, en vez del refrán "Nadie es perfecto", decíamos "Ah, seguro, eso le podría pasar incluso a un Obispo".
     La expresión era más exacta de lo que sabíamos.

     Este mes [Marzo de 2010], el Papa Benedicto XVI escribió una carta pastoral de disculpa –sólo parcial– a Irlanda como arrepentimiento por décadas de abuso sexual a menores por sacerdotes en los cuales se suponía que aquellos niños debían confiar. Para muchas personas en mi patria, la carta del Papa es un insulto no sólo a nuestra inteligencia, sino a nuestra fe y a nuestro país.

     Para entender por qué, hay que comprender que nosotros los irlandeses hemos tenido que soportar un estigma brutal del catolicismo que ha girado en torno a la humillación de niños.
      Experimenté esto personalmente.

     Cuando yo era una muchacha joven, mi madre –abusiva y muy lejos de ser perfecta– me animó a robar en tiendas.
     Por haber sido detenida demasiadas veces, estuve 18 meses en un Centro de Capacitación An Grianán [An Grianán Training Centre], una institución en Dublín para muchachas con problemas de conducta, con la recomendación de un trabajador social.

     An Grianán fue una de las ahora infames "lavanderías Magdalena" ["Magdalene laundries"] apadrinadas por la Iglesia, que daban cobijo a adolescentes embarazadas y jóvenes mujeres antisociales. Nosotras trabajábamos en el sótano, lavando ropas de sacerdotes en lavaderos con agua fría y barras de jabón. Estudiábamos matemáticas y mecanografía [typing]. Teníamos limitado contacto con nuestras familias. No recibíamos ningún salario. Una de las monjas por lo menos fue gentil conmigo y me regaló mi primera guitarra.

     An Grianán era un producto de la relación entre el gobierno de Irlanda y el Vaticano: la Iglesia tenía una "situación especial" codificada en nuestra Constitución hasta 1972. Hasta tan recientemente como 2007, el 98% de las escuelas irlandesas estaba administrado por la Iglesia Católica.

     Pero las escuelas para los jóvenes con problemas han sido abundantes en castigos corporales bárbaros, abuso psicológico y abuso sexual.

     En Octubre de 2005, un informe patrocinado por el gobierno irlandés identificó más de 100 acusaciones de abuso sexual por sacerdotes en Ferns, una pequeña ciudad 70 millas al sur de Dublín, entre 1962 y 2002. Los sacerdotes acusados no fueron investigados por la policía; se juzgó que ellos sufrían un problema "moral".

     En 2009, un informe similar implicó a Arzobispos de Dublín en el ocultamiento de escándalos de abuso sexual entre 1975 y 2004.
     ¿Por qué fue tolerado ese comportamiento criminal?.
     "El muy prominente papel que la Iglesia ha jugado en la vida irlandesa es la gran razón por la que se permitió que abusos cometidos por una minoría de sus miembros no fueran comprobados", decía el informe de 2009.

     A pesar del largo enredo de la Iglesia con el gobierno irlandés, la así llamada 'disculpa' del Papa Benedicto no asume ninguna responsabilidad por las transgresiones de sacerdotes irlandeses.

     Su carta declara que "la Iglesia en Irlanda debe primero reconocer delante del Señor y ante los demás los graves pecados cometidos contra niños indefensos".

     ¿Y qué hay acerca de la complicidad del Vaticano en aquellos pecados?.

     La disculpa de Benedicto da la impresión de que él oyó sobre los abusos sólo recientemente, y esto lo presenta a él igualmente como una víctima:
     "Sólo puedo compartir la consternación y el sentido de traición que tantos de ustedes han experimentado al conocer estas acciones pecaminosas y delictivas y el modo en que las autoridades de la Iglesia en Irlanda las manejaron".

     Pero la infame carta de 2001 de Benedicto a los obispos de todo el mundo les ordenó que mantuvieran en secreto las acusaciones de abuso sexual, bajo amenaza de excomunión, actualizando una nociva política de la Iglesia, expresada en un documento de 1962, que establecía que tanto los sacerdotes acusados de delitos sexuales como sus víctimas debían "observar el más estricto secreto" y ser "restringidos por un silencio perpetuo".

     Benedicto, conocido entonces como Joseph Ratzinger, era un Cardenal cuando él escribió aquella carta.
     Ahora él se sienta en la silla de San Pedro.

* ¿Debemos creer que su posición ha cambiado?.
* ¿Y debemos sentirnos tranquilos con las revelaciones de la semana pasada, de que en 1996 él rehusó quitarle la investidura a un sacerdote que pudo haber vejado sexualmente a no menos de 200 muchachos sordos en Wisconsin?.

     La disculpa de Benedicto declara que su preocupación es "sobre todo, llevar la curación a las víctimas".
     Pero él les niega la única cosa que podría llevarles la curación: una confesión total del Vaticano de que éste ha encubierto los abusos y de que está ahora tratando ahora de encubrir el encubrimiento.

     Asombrosamente, él invita a los católicos a "ofrecer vuestro ayuno, vuestra oración, vuestra lectura de la Escritura y vuestras obras piadosas, a fin de obtener la gracia de la curación y la renovación para la Iglesia en Irlanda."

     Incluso más asombroso aún, él sugiere que las víctimas de Irlanda puedan encontrar curación haciéndose más cercanas a la Iglesia –la misma iglesia que ha exigido juramentos de silencio de niños sexualmente vejados, como ocurrió en 1975 en el caso de Brendan Smyth, un sacerdote irlandés posteriormente encarcelado por ofensas sexuales reiteradas.

     Después de que paramos de reírnos, muchos de nosotros en Irlanda reconocimos que la idea de que necesitamos a la Iglesia para hacernos más cercanos a Jesús, es una blasfemia.

     Para los católicos irlandeses, la deducción de Benedicto –el abuso sexual irlandés es un problema irlandés– es tan arrogante como blasfema. El Vaticano está actuando como si no creyera en un Dios que todo lo está observando. La misma gente que dice ser la encargada del Espíritu Santo está pisoteando por todas partes todo lo que el Espíritu Santo realmente es.

     Benedicto falsifica de manera criminal al Dios que adoramos. Sabemos en nuestros huesos que el Espíritu Santo es la verdad. Es por eso que podemos decir que Cristo no está con esta gente que tan frecuentemente lo invoca.

     Los católicos irlandeses están en una relación disfuncional con una organización abusiva. El Papa debe asumir la responsabilidad por las acciones de sus subordinados. Si los sacerdotes católicos están abusando de niños, es Roma y no Dublín quien debe responder por ello con una confesión total y con una investigación criminal.

      Hasta que lo haga, todos los buenos católicos –incluso las pequeñas ancianas que van a la iglesia cada Domingo, y no tan sólo cantantes de protesta como yo a quien el Vaticano puede fácilmente ignorar– deberían evitar la misa. En Irlanda, es tiempo de que separemos a nuestro Dios de nuestra religión, y nuestra fe de sus presuntos líderes.

     Hace casi 18 años [Octubre de 1992], rompí una fotografía del Papa Juan Pablo II en un episodio de "Saturday Night Live".
     Muchas personas no entendieron la protesta. La semana siguiente fue invitado a ese programa el actor Joe Pesci, quien comentó que, de haber estado allí la semana anterior, "tendría que haberle dado a ella una bofetada".

     Yo sabía que mi acción causaría problemas, pero quería forzar una conversación, por cuanto había una necesidad para ello; esto es parte del ser de un artista.

     Todo que lamenté era que la gente asumió que yo no creía en Dios. Este no es el caso en absoluto. Yo soy católica de nacimiento y por cultura, y sería la primera en estar en la puerta de la iglesia si el Vaticano ofreciera una reconciliación sincera.

     Como Irlanda rechaza la ofensiva disculpa de Roma, mientras un obispo irlandés dimite, pido a los norteamericanos que traten de comprender por qué una mujer católica irlandesa que sobrevivió al abuso infantil querría rasgar una fotografía del Papa.
     Y si los católicos irlandeses, porque no nos atrevemos a decir "nosotros merecemos algo mejor", deberíamos ser tratados como si mereciéramos menos.


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