domingo, 22 de mayo de 2011

Hans Schmidt - Judíos, ¿Por Qué No Nos Dejan Solos?


     Por cuanto el próximo 30 de Mayo se cumple un año de la desaparición en esta tierra del activista alemán-estadounidense Hans Schmidt, Editorial Streicher está contenta por publicar ahora un extracto de un libro suyo que hemos traducido desde el sitio The New Sturmer, que lo publicó en 2009 con el nombre de "Jews, why don’t you leave us alone?". En revisionists.com aparece la siguiente reseña del señor Schmidt: Hans Schmidt (1927-2010) fue un activista alemán-norteamericano enérgico y prolífico que durante años defendió rotundamente la herencia de Alemania, respondiendo directamente a las mentiras y la deformación de la historia europea del siglo veinte. Él fue también autor de varios libros. Durante la Segunda Guerra Mundial él sirvió como un soldado en las Waffen SS. Él nació en Alemania occidental en Abril de 1927, el segundo de siete hermanos. En 1944 se ofreció para el servicio en la famosa División acorazada de las SS Leibstandarte Adolf Hitler. Durante los meses finales de la guerra participó en enfrentamientos sangrientos en Hungría, y finalmente en batallas desesperadas en Austria. Él terminó la guerra como un cabo de 18 años herido dos veces y líder de escuadrilla.
     Después de rendirse ante las tropas estadounidenses sólo dos días antes del final de la guerra en Europa, él fue mantenido –junto con muchas decenas de miles de otros prisioneros de guerra alemanes– en condiciones brutales en prisiones militares primarias sin ningún tipo de cobijo. Gracias a la bondad de soldados norteamericanos individuales, le fue evitada la transferencia a las siniestras prisiones soviéticas. Después emigró a Estados Unidos, donde llegó a ser un exitoso hombre de negocios y un ciudadano estadounidense naturalizado. Él se casó y fue padre de dos hijas.
     En 1983 él fundó el Comité Nacional de Acción Política Alemán-Norteamericano (GANPAC), que se dedicó a contestar a la tendencia anti-alemana de los medios. Durante años él dirigió GANPAC, primero en California del sur y luego en Florida. Él escribió y publicó dos boletines de noticias GANPAC, uno en inglés y el otro en alemán. En Junio de 1985 la oficina GANPAC en Santa Mónica, California, fue incendiada. El ataque fue realizado por la Liga de Defensa Judía, un grupo sionista terrorista, aparentemente debido al escepticismo de Schmidt sobre el llamado Holocausto. Schmidt fue autor de varios libros, incluído "SS Panzergrenadier: Una Historia Verdadera de la Segunda Guerra Mundial" (publicado a finales de 2001), "Muchachos de Hitler en Norteamérica: Reeducación Expuesta", y "Encarcelado en la Democrática Alemania".
     En su memoria SS Panzergrenadier él contó por qué se ofreció, siendo adolescente, para el servicio militar durante los finales meses desesperados de la guerra. Escrito desde un punto de vista de no-disculpa alemán, él proporcionó una franca explicación "políticamente incorrecta" del encanto del régimen de Tercer Reich y la realidad de la Juventud Hitleriana y de las Waffen SS.
     En Agosto de 1995, Schmidt, de 68 años, fue detenido en Frankfurt, Alemania, durante una visita a su tierra natal para encontrarse con su envejecida madre. Él fue acusado de "incitación popular" ("Volksverhetzung") por comentarios hechos en su boletín de noticias en EE.UU y en unas pocas cartas privadas a individuos en Alemania. Los acusadores estatales citaron sus referencias al control judío de los medios, a los partidos políticos alemanes "plagados de judíos y masones", a referencias despectivas hacia políticos alemanes, y a la mención de los "cuentos del Holocausto". Después de cinco meses en prisión, fue liberado bajo fianza en Enero de 1996. En vez de aparecer para el juicio, él retornó inmediatamente a EE.UU. Hans Schmidt murió el 30 de Mayo de 2010 a los 83 años en Carolina del Norte, donde había estado viviendo con su esposa.
     The New Sturmer no indica el nombre del escrito de donde este texto fue sacado, aunque sí señala que es de 1999 y que corresponde a las páginas desde la número 8 hasta la 21. Esperamos que los lectores aprecien la claridad conceptual y el sólido fundamento de los hechos que el señor Schmidt expone.
     

Judíos, ¿Por Qué No Nos Dejan Solos?
por Hans Schmidt



     No los necesitamos a ustedes para crear una vida de felicidad y prosperidad para nosotros. Hemos vivido muy bien sin ustedes dondequiera que hayamos poblado este planeta. El último lugar sólo Blanco en la tierra, la pequeña Islandia, está bien ordenada, la criminalidad está prácticamente refrenada en una sociedad que nuestros pueblos arios crean, si es que ningún judío está injertado en posiciones importantes. La mayor parte de otras naciones Blancas del globo están en constante decadencia, debido a que los judíos locales ocupan posiciones a las cuales ellos no tienen ningún derecho, ya sea debido a su raza, religión y cultura o debido a sus talentos negativos o su carácter.

     No necesitamos a vuestros políticos ni vuestro sistema político que ustedes han ideado a fin de promover sus propios intereses, los cuales son ajenos a nosotros hasta la médula, porque está basado en mentiras y engaño, corrupción, terror e hipocresía. Durante siglos innumerables, nuestros antepasados lo hicieron muy bien sin ustedes. Ellos se gobernaron a sí mismos por una forma de gobierno que correspondía a sus necesidades, deseos y preferencias.

     No necesitamos a vuestros agitadores del tipo de Walter Lippman, Samuel Untermyer, el rabino Stephen S. Wise, Ilja Ehrenburg y toda su cohorte, que tenían que inventar una histeria de guerra anti-alemana entre norteamericanos, rusos y otras naciones, toda vez que esto satisfacía sus objetivos. Tengan por seguro que a nuestras naciones arias les habría ido mejor si ellas hubieran conocido la simple imparcialidad de la verdad, pues sólo la verdad habría hecho posible una paz duradera; pero la verdad no está en vuestros intereses, ¿o lo ha estado alguna vez?.

     No necesitamos a vuestros innumerables "expertos" en la prensa, televisión y medios de radio para comunicarnos los acontecimientos del mundo desde un punto de vista judío, ni para instruírnos sobre cómo podemos hacer nuestras vidas más felices. Antes de que ustedes anidaran en gran cantidad entre nosotros, nuestros pueblos eran religiosos, alegres y mucho más satisfechos de lo que ellos lo son hoy. Ni tampoco necesitamos vuestra raza que mezcla a apóstoles, fanáticos multiculturales, "liberales", propagandistas de la integración, pseudohumanistas socialistas, y predicadores itinerantes de la "diversidad".

     No necesitamos a vuestros magnates financieros. La mayor parte de los humanos estaría en una situación más próspera si no hubiera ningún Baruch, Schiff, Greenspan, Rubin, Milkens, Soros y otros financieros capitalistas judíos, cuyo objetivo principal obviamente consiste en desnatar las riquezas creadas por otros. Imaginen cuánto más felices las masas de Asia y de la antigua Unión Soviética serían hoy, no teniendo a Georg Soros, quien, indudablemente con la ayuda activa de sus hermanos tribales, sintió una avaricia por tesoros aún más grandes, y llevó las divisas de Asia y Rusia a un colapso. Para él, que había robado mil millones, era la cosa más fácil donar cien millones y actuar como un filántropo.  

     No necesitamos a los santones judíos de nuestros tiempos, ni a Albert Einstein, ni a Siegmund Freud, ni a Karl Marx. El daño que ellos han causado a la Humanidad –sobre todo con el apoyo entusiasta de toda la judería– es difícilmente comprensible. Nosotros también tenemos a nuestros propios grandes, como Lutero, Kant, Schopenhauer, Nietzsche o Heidegger, por mencionar sólo a algunos de los más importantes, entre otros miles.

     No necesitamos a vuestros ministros para gobernarnos, ni a vuestros embajadores para representarnos, ni a vuestros anónimos oficiales administrativos para darnos instrucciones sobre cómo tenemos que comportarnos en una tierra principalmente cultivada y desarrollada por anglosajones y alemanes. 

     No necesitamos a vuestros traficantes de arte, expertos de arte y críticos de arte, que están todos muy impacientes para conseguir corromper la percepción de nuestras masas nacionales, destruyendo su saludable e instintiva capacidad para distinguir entre lo que es la belleza y lo que es feo. Sin vuestros hermanos de tribu en los asuntos artísticos, los artistas arios verdaderamente grandes podrían tener nuevamente la posibilidad de crear obras maestras que existirán durante siglos, incluso milenios.

     No necesitamos vuestra música, ni tampoco necesitamos a Schönberg, ni a Mahler, ni a Bernstein, y podemos hacerla sin la propaganda inculcada en vuestro “Violinista en el Tejado”.

     Mucho menos necesitamos la denominada basura [trash], que ustedes aplican con fuerza sobre nuestra juventud en estos días, ni la "música" que es sólo un ruido terrible y embrutecedor [soul-destroying], como el rap o el hard rock. Escuchen Tannhäuser de Wagner, la novena Sinfonía de Beethoven, Así Habló Zaratustra de Richard Strauss, o las melodías de Mozart, y ustedes entenderán de qué estoy hablando. Ningún judío sería capaz de crear nada ni remotamente equivalente, ni incluso Mendelssohn, quien era uno de vuestros mejores.

     No necesitamos a vuestros escultores, pintores y arquitectos. Miren los malditos disparates que vuestros figurones producen y propagan durante corto tiempo –si es que ustedes pueden soportar aquello. Sobre todo miren vuestro enfermizo "arte" basado en el Holocausto. Entonces comparen esa basura con los trabajos de los viejos griegos y romanos, con Miguel Ángel, Rembrandt, Durero, Tiziano, Breker, Wren, Schinkel, y muchos otros artistas realmente grandes de nuestra raza.

     No necesitamos vuestros tiburones prestamistas, gangsters, dueños de garitos, alcahuetes, reyes de la pornografía, receptores de bienes robados y traficantes de drogas. Aún hay zonas en algunos países arios donde estos "negocios" son ilegales, y todos saben que sus índices de criminalidad son bajos. De buena gana concordamos con que sin el crimen organizado habrá menos trabajo para los jueces judíos, abogados y profesores de jurisprudencia, los que ya no enseñan la verdad y la justicia. Lo podemos hacer muy bien sin ellos.
   
     Antes de que ustedes comenzaran a vagar entre nosotros, Nuremberg, Ausburgo, Leipzig, Venecia y Milán eran florecientes centros comerciales. No tuvimos que necesitar a vuestros "comerciantes mayoristas" judíos ejerciendo fuerza sobre nosotros. El trigo de Polonia y Ucrania alcanzó toda Europa Occidental por un largo, largo tiempo sin los distribuidores de grano judíos que obtenían ganancias injustas. El whisky escocés fue transportado a cada esquina del mundo, antes de que alguno hubiera siquiera escuchado hablar de los Bronfmann.

     No necesitamos a vuestros inventores ni sus invenciones. Todos los grandes inventos que básicamente han cambiado nuestras vidas diarias –automóviles, aviones, televisión, cohetes, computadores, microscopio electrónico, sólo por mencionar algunos ejemplos– son debidos a gente aria. La invención judía de consecuencias más significativas es la bomba atómica, que será probablemente vuestro destino final.

     No necesitamos vuestro Hollywood y todo lo que eso significa. No necesitamos a vuestros escritores, ni a vuestras estrellas de cine para memorizar vuestra propaganda. El daño que ustedes han causado en las almas arias con el diluvio de sus películas y programas televisivos producidos al estilo de Hollywood es monstruoso. El designio nefasto que estas producciones significan para nuestras jóvenes generaciones es bien conocido por ustedes, de modo que ¿por qué, por otra parte, declararían ustedes esta cuestión como tabú, mientras tantos niños y jóvenes asesinan a sus compañeros de clase y a sus profesores?.

     No necesitamos a vuestros rabinos para predicarnos la fraternidad, la tolerancia y la comprensión de la diversidad, mientras que ellos mismos –y ustedes– son la gente más fanática e intolerante en este mundo. ¿A cuántos goyim ustedes toleran bajo la batuta del ADL [Liga Anti-Difamación], el Congreso Judío Norteamericano, el Centro Wiesenthal o alguna otra organización judía?; ¿a ninguno?. ¿Dónde queda con esto su fraternidad, su tolerancia y su comprensión de la diversidad?.

     No necesitamos a vuestro ejército de profesores y maestros, que lavan el cerebro a nuestros niños tan intensivamente que ellos no conocen nada de nuestro grandioso pasado y en cambio desarrollan una predilección por la inmoralidad, la arrogancia, la falsedad y la crueldad. Con vuestras fuerzas unidas ustedes han tenido éxito para confundir a nuestra gente joven, tanto, que ellos incluso piensan que la falsedad de estas acusaciones es obvia. No necesitamos vuestras enseñanzas de que no hay ninguna diferencia entre razas, naciones, tribus e individuos –con la excepción naturalmente de la super-raza de los judíos–, ni la enseñanza majadera de que vosotros sois el pueblo elegido de Dios, lo cual es realmente creído por la inocente gente mal aconsejada, porque los judíos no tolerarán ninguna contradicción contra esta arrogante pretensión.

     No necesitamos vuestros "doctores" abortivos. ¿Cuántos inocentes niños blancos han sido llevados a la muerte por vuestro "holocausto en el vientre"?. Un solo “doctor” judío en Canadá, el doctor Morgenthaler –¡encima de todo un "sobreviviente del Holocausto"!– admitió en Octubre de 1998 haber practicado hasta esa fecha no menos de 65.000 abortos, y sin duda la mayor parte de esas "pacientes" habían sido mujeres arias. ¿Qué conduce a vuestros médicos en manada a este vergonzoso negocio?. ¿Sólo los motiva la perspectiva de un dinero rápido, o quizás ellos verdaderamente disfrutan del asesinato de cada feto ario, lo que de alguna manera es evitar que otro futuro adulto se desarrolle merecedor del odio por parte de los judíos?.

     No necesitamos a vuestros "sobrevivientes profesionales del Holocausto", Elie Wiesel y Simón Wiesenthal, que han creado ya por casi un siglo un fraude. Para usar las palabras del profesor Arthur Butz: "La insidiosa mezcla de hechos y de ficción ha conducido al desarrollo de una fábula que será clasificada en los siglos por venir como el ejemplo más impresionante, aunque sólo durante un corto tiempo, del más exitoso golpe propagandístico de proporciones mundiales".

     No necesitamos vuestras leyes del Talmud. Muchas de ellas están en contradicción grosera con las leyes naturales. Vuestra aplicación libre y fácil de leyes decretadas como retroactivas y vuestra indiferencia del principio probado de la limitación son totalmente detestables para nosotros, aunque ustedes disfracen estas maquinaciones como presuntos esfuerzos para la justicia. Antes de que ustedes tuvieran éxito en influír en la administración de justicia en otros países de la sociedad occidental, en tiempos de guerras, nunca la gente había sido perseguida por acciones de guerra cometidas hace más de 50 años.

     Vuestra OSI [Office of Special Investigations], una organización fundada por la ocurrencia de judíos para la persecución de presuntos "criminales nazis", constituye uno de los ejemplos más malvados para esta aplicación injusta de sus leyes pérfidas, que propiamente y únicamente sirven a las exigencias de venganza de un grupo muy específico de gente que cree que ellos son superiores. No necesitamos a vuestros juristas, no importa si ellos trabajan para personas privadas, compañías, o el gobierno de una nación, para infligir tan grandes daños como los del judío (o no-judíos, pero adoctrinados con la visión mundial talmúdica) sobre la gente inocente.

     Un solo grupo de juristas profesionales en Estados Unidos se ha apoderado de Harvard, fortaleza judía de hoy que fue una universidad superior e inigualada, antes de que fuera inundada con estudiantes y profesorado judíos. Hubiera sido mejor haber introducido un "numerus clausus” [cuota límite de personas permitidas] para este último.

     No necesitamos a vuestros científicos. Surge la pregunta de cuántos potencialmente grandes descubridores e inventores de nuestros pueblos nunca estuvieron en posición de desarrollar sus capacidades, porque demasiados judíos en demasiadas universidades han ocupado estos sitios para estudiar, por los que los nuestros tenían una legítima demanda.

     No necesitamos vuestros militares, aunque fueran fuertes. Ustedes no poseen una gran tradición militar y ningún comandante como Federico el Grande, Napoleón, Wellington, Hitler, Nelson, Robert E. Lees, Nimitz, etc. Vuestra demanda de que las mujeres jóvenes sean reclutadas para la guerra junto con los hombres jóvenes, y vuestra instrucción de que la homosexualidad sea tolerada en el ejército como una "orientación sexual alternativa“, está arruinando nuestras fuerzas.

     No necesitamos a vuestros psiquiatras, psicólogos, consejeros escolares y consoladores de corazones solitarios. Nuestros pueblos eran mucho más felices y más sanos en sus almas sin vuestros sórdidos consejos. Ustedes han minado los sanos valores de nuestro pueblo con su radio y televisión inmorales, carentes de ética y nihilistas, con sus "programas educacionales“ y sus medios propagandísticos, y con ello han desintegrado a la familia como el componente fundamental de la sociedad.

     No necesitamos a vuestros Spielberg, Katzenberg, Eisner y similares. Ninguno de vuestros productores de películas sobrepasan a los nuestros, como David W. Griffith, Walt Disney o Leni Riefenstahl en capacidad artística y talento.

     No necesitamos vuestras modas, las que ustedes quieren hacer tan clandestinamente gustosas para nosotros. ¿Están ustedes orgullosos del hecho de que hoy, como producto de vuestro lavado de cerebro hábilmente trabajado, cientos de millones ahora llevan puestas ropas "progresivas", como blue jeans, los que en días más antiguos sólo se usaban para limpiar establos o realizar otros trabajos sucios?. El resultado de vuestra propaganda ha hecho que esta gente, que por otra parte rechaza cualquier tipo de uniforme, se desliza de buena gana hacia una uniformidad mugrienta, que encarna no la libertad y el individualismo sino la anarquía, la "corrección política” y el conformismo servil.

     No necesitamos vuestra filosofía de "Tikkun olam” ["reparar o perfeccionar el mundo"], aquella creencia de que ustedes, de entre todos los pueblos, harán al mundo ser perfecto otra vez, o que pueden crear un mundo perfecto. Por favor, acuérdense de que ustedes podrían no existir, al contrario de nosotros. ¡Deberían ustedes depender de ustedes mismos!. ¡Ustedes hubieran perecido!. Vuestro Estado sionista parásito en el Oriente Medio, el Estado judío de Israel, no podría sobrevivir ni un año sin la ayuda financiera llegada desde fuera, a saber, sin el apoyo de EE. UU y los pagos de tributo de Alemania. ¿Y con esa ayuda ese pueblo recuperaría al mundo?

     No tenemos la necesidad de tener a nuestra gente adoctrinada por ustedes con complejos de culpa, ustedes, las eternas autoproclamadas víctimas de una presunta intolerancia. Lo que a ustedes ha ocurrido en el pasado fue principalmente un acto de defensa propia por sus conspiraciones malvadas. ¡Sepárense de nosotros; les dejamos su parte tranquila!, y ustedes lo más probablemente es que nunca tendrán que sufrir otra vez. Abandonados a vuestros propios recursos ustedes tendrán la oportunidad de crear el paraíso mundano de sus sueños.

     No necesitamos vuestros eternos llamamientos para un cambio, o progreso, o reforma, o crecimiento o revolución. Nuestra gente está más frecuentemente muy contenta con sus vidas de lo que uno espera, y vuestras incesantes tentativas de destruír la felicidad existente con una alusión a un futuro estimulante no consiguen nada sino la infelicidad y el malestar mental.

     Nosotros admitimos sin resticciones que ustedes son unos políticos conspiradores fenomenales. Ustedes están determinados como nadie más en este mundo a perfeccionar vuestro destino político por sobre miles de años, y ustedes tienen la gran ventaja de que ninguna conciencia culpable les preocupa si los otros sufren debido a vuestras acciones. Ustedes entienden de un modo admirable la manera de desgastar a un lado contra el otro. Ésta es la razón de por qué la "democracia" parlamentaria es vuestro elemento. Ustedes sobornan a políticos y jueces; ustedes mienten a los votantes y crean relaciones tensas que nunca existieron antes. Usted incitan al hijo contra el padre, a la hija contra la madre, al hermano contra el hermano; ustedes incitan a todas las tribus, pueblos y naciones los unos contra los otros creando el caos alrededor del mundo.

     Observándolos a ustedes y a sus obras, ninguno puede pues negar su asombro al ver cómo ustedes crean valores falsos desde la nada con facilidad, y cómo desprestigian los auténticos valores hasta que éstos llegan a perder todo su valor. Vuestro talento para distraer la atención de las masas no-judías de las cuestiones realmente importantes de la vida con sus engañosas artimañas es realmente asombroso. Pero al igual que vuestros especuladores de la bolsa sólo pueden crear la ilusión de riqueza, así puede vuestra incontestable agilidad política sólo crear la ilusión de libertad. Con toda vuestra presunta inteligencia y clarividencia política, ustedes realmente están convencidos por la falsa idea de ser capaces de crear un mundo mejor para cada cual, mientras que en realidad ustedes llegan a la cima de la perversidad para destruír todo que ustedes tocan. ¡Por qué deberíamos nosotros compadecernos de ustedes!.

     ¿Realmente no notan ustedes cómo nos asfixian? Con ustedes alrededor de nosotros no podemos respirar, y nuestra creatividad se ve perjudicada en exceso. Vuestras gentes resultan ser los maestros de la obnubilación, de la mentira, del engaño y de la falsedad, por medio de vuestro suministro a nosotros de información seleccionada. Vuestros esfuerzos para alterar el alma aria mediante la manipulación sólo pueden crear disensión y discordia. A pesar de que ustedes nos conocen tan bien, a fin de cuentas nunca nos comprenderán, así como nosotros nunca los entenderemos. Y en ello yace el peligro.

     Sabemos que ustedes se tienen a sí mismos por la gente más preciosa y más inteligente en esta tierra, y ustedes se imaginan a sí mismos enriqueciendo nuestra vida en grado sumo. Si queremos pensar racionalmente, tenemos que poner en la balanza una cosa inicua contra la otra: vuestro talento indiscutible en algunas áreas en un lado, contra la influencia devastadora que ustedes han usado colectivamente en todos los aspectos posibles de nuestra vida. Lo peor es que vuestros esfuerzos y objetivos están directamente opuestos a nuestro ideal de una vida completamente realizada.

     Sabemos que ustedes han sido persuadidos de que los odiamos, y que la mayoría de ustedes cree esto. Por esta razón vuestros activistas fanáticos han minado nuestra Constitución con leyes así llamadas "contra la incitación al odio”, las que sólo han sido adoptadas para asegurar a todos ustedes toda clase de ventajas. Pero, francamente: no los odiamos. Odiamos sus mentiras malvadas y la característica deshonesta de su ser. Odiamos sus acciones despreciables. Odiamos que ustedes colectivamente como comunidad nacional y religiosa quieran imponer por la fuerza vuestra inmoralidad sobre nosotros; odiamos vuestra completa ausencia de valores éticos, vuestra ideología estrafalaria y arcaica. Odiamos eso cuando ustedes engordan con los frutos de nuestro trabajo y luego pretenden que han sido conseguidos con vuestros propios esfuerzos. Sobre todo odiamos lo que ustedes hacen a nuestros niños.

     Por lo tanto, sépanlo bien: ¡Desaparezcan de nuestras vidas!; ¡déjennos simplemente en paz!. Ustedes se consideran como superiores a nosotros y afirman ser el pueblo de Dios. Demuéstrenos lo que ustedes pueden hacer formando un Estado vivo con vuestra propia fuerza; el Estado parásito de Israel no es evidentemente tal cosa. Cuando ustedes se marchan, toman todo el oro y todos los diamantes con ustedes, que ustedes han coleccionado con tanta impaciencia; no los necesitamos. Pero intercambiemos nuestras posesiones culturales: Ustedes llévense sus Picasso, Oldenburg, Rothko, Warhol y Epstein con ustedes, y devuélvannos nuestros Rembrandt, Tiziano, Durero, Holbein y Miguel Ángel. ¡Un trato honesto!.

     Les damos lo que a ustedes se les antoja y nosotros recuperamos lo que encanta a nuestros corazones: obras de arte, que reflejan nuestras necesidades mentales. Sólo imaginen: ustedes pueden conservar todo su "magnífico" arte abstracto, incluídos todos los monumentos conmemorativos del Holocausto, ¡sólo para ustedes!. ¡Esto debería hacerlos realmente dichosos!. ¡Nuestros deseos más sinceros estarán con ustedes, y hacemos la más solemne promesa de nunca invadirlos con una guerra y no exigir ninguna parte de su riqueza, la cual esperamos que ustedes crearán por sí mismos con su propio poder en alguna tierra remota que ustedes pueden convertir en un Imperio sin matar gente inocente y sin tomar su tierra y sus posesiones!. 


"Arte" judío. Memorial en la plaza de Berlín 2003.

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