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sábado, 19 de febrero de 2011

La Actual Ofensiva de los Jázaros


   Se nos ha informado que en un número de 2007 de la argentina revista Cabildo fue publicado este informe del ex-oficial de ejército y abogado de la misma nacionalidad Carlos Shäferstein. Lo hemos corregido, depurado y afinado, para que quede como un buen material para refrescar la memoria, que reafirma algunos conceptos aquí ya retransmitidos.


La Actual Ofensiva de los Jázaros
por Carlos Shäferstein




     A principios de Febrero del corriente año [2007], el Papa Benedicto XVI pidió en una misa celebrada en latín que "Dios ilumine el corazón (de los judíos) y que reconozcan a Jesucristo como su Salvador".

     En efecto, Benedicto XVI ha modificado la oración del Viernes Santo del Misal de 1962, para la celebración de la Eucaristía en latín, en la que se pide por los judíos, según publicó ayer el diario L'Osservatore Romano haciéndose eco de una nota del Vaticano.

     Según esta nota, el Papa ha dispuesto que el "Oremus et pro Iudaeis" [Oremos por los Judíos] de la liturgia del Viernes Santo, contenido en dicho Misal Romano de 1962, sea sustituído por el siguiente texto (traducido):

            "Oremos también por los judíos para que nuestro Dios y Señor ilumine sus corazones, para que reconozcan a Jesucristo como salvador de todos los hombres. Oremos. Dios omnipotente y eterno, que quieres que todos los hombres se salven y alcancen el conocimiento de la verdad que procede de Ti, concede por tu bondad que, de entre la plenitud de los pueblos que entran en tu Iglesia, todo Israel sea salvado. Por Cristo nuestro Señor. Amén".

     La noticia también precisa que este "texto deberá ser utilizado, a partir de este año, en todas las celebraciones de la liturgia del Viernes Santo con el citado Misal Romano".

[Nota del Editor: En un Misal Romano en castellano, impreso en 1921, anterior a las reformas del Concilio Vaticano II, en la oración del Viernes Santo se lee: "Oremos también por los pérfidos Judíos para que Dios Nuestro Señor les quite el velo de sus corazones a fin de que reconozcan con nosotros a Jesucristo Nuestro Señor.
     Dios Omnipotente y eterno, que no excluyes de tu misericordia a los pérfidos Judíos, oye las preces que te hacemos por la obstinada ceguedad de aquel pueblo, para que reconociendo la luz de verdad, que es Jesucristo, sean sacados de sus tinieblas. Por el mismo Señor Nuestro. Amén"].

     Con esta nueva oración, "la fórmula que será leída el Viernes Santo es una simple invitación a rezar por los judíos". Juan XXIII ya había retirado el adjetivo «pérfidos» para describir a los judíos, pero todavía quedaba la frase sobre la necesidad de su conversión. En la versión actualizada para el Misal, publicada por L'Osservatore Romano, desaparece también la referencia a la «ceguera» del pueblo judío.

     Asimismo, en la oración antigua se pedía "liberar a este pueblo de las tinieblas", referencia que también ha sido descartada, con lo que queda ahora una sencilla oración que pide por el pueblo judío para que descubra a Jesús como salvador.


DEVOCIÓN POR EL AGRAVIO

     La llamada "plegaria por los judíos" sustituye una oración preparada en 1962 por Juan XXIII poco antes de que comenzara el Concilio Vaticano II, «que absolvió al pueblo de Israel» de la acusación de deicidio, es decir, de ser los responsables del asesinato de Jesucristo.

     Las palabras de Benedicto XVI despertaron protestas inmediatas desde Jerusalén, Estados Unidos y la propia Italia. La asamblea de los rabinos italianos emitió una declaración en la que considera que la nueva plegaria es "una derrota del diálogo" y que se impone "una pausa de reflexión" antes de reanudarlo.
     "Los dichos de Benedicto XVI constituyen una marcha hacia atrás de 43 años, porque reclama la finalidad de convertir a los judíos por parte de la Iglesia Católica", explicó el rabino jefe de Roma, Riccardo Di Segni.

     A pesar de tanto escándalo mediático, el Papa Ratzinger no ha hecho otra cosa que rezar por los judíos, lo que no amerita una protesta en modo alguno (que los judíos terminarán convirtiéndose al Cristianismo es parte del dogma católico). Benedicto XVI en su oración en ningún momento agredió o  menoscabó a la religión judía, y estuvo muy lejos de su intención crear una controversia.

     Nadie mejor que el Papa conoce que en el origen el Catolicismo fue el resultado de la conversión por la fe de la mayoría de los creyentes judíos. Por esa causa en la Misa aun se leen las Epístolas del rabí Shaúl (Pablo) y los pasajes del "viejo Testamento". Estas fueron las formas primitivas de divulgación de la venida de Jesucristo entre las comunidades judías de Roma, Grecia, Turquía y Egipto.

     En rigor, el judaísmo actual es el remanente muy minoritario del existente en la época precristiana. Pero pocos saben que ni siquiera un ínfimo número de quienes hoy se reconocen como judíos son individuos cuya estirpe de sangre se remontaría a los tiempos bíblicos.
 
     La gran mayoría de los judíos centroeuropeos y de Europa oriental son los así denominados "asquenazis". Pero pocos están al tanto de que éstos en realidad provienen de la conversión masiva de tribus nómades turcomanas en el siglo VII, en época del Khan Bulán, cuyas tropelías, matanzas y desmanes dieron origen al resquemor de los vecinos contra ese pueblo, que es de origen turcomano.

     Bulán fue un astuto político y guerrero que fundó el Imperio jázaro, a orillas del Mar Caspio. Cuando el imperio desapareció, se produjo la diseminación del asquenazismo en Polonia y Rusia, y la emigración forzada de los jázaros comenzó en la época de la fundación de los "Zaratos" de Varsovia y Moscú, en el siglo XI. El fin del Imperio jázaro fue consecuencia de las victorias de Oleg y Sviatoslav, en la batalla de Kiev y, especialmente del Zar Vladimir.

     El historiador español (judeo-árabe) Ibn Saprut relata dramáticamente las invasiones contra los jázaros en su correspondencia con el Khan Josué, que reclamaba la intervención del Califato de Córdoba en apoyo de "esos judíos". En esas cartas se pide ayuda al Califato para protegerse de los "bárbaros" cristianos del Norte y del Este, poblaciones que en realidad se defendían y contraatacaban a los asesinos de sus poblados fronterizos, cuando los belicosos jázaros acometían degollando —sin distinción de sexo, género o edad— en sus monstruosas arremetidas expansivas.

     Además, por las descripciones de los geógrafos árabes medievales se sabe que el Imperio jázaro tenía dos clases de población: una pelirroja y de ojos azules, que integraba la nobleza y la oficialidad, y otra de rasgos más oscuros y toscos, que constituían una amalgama racial de gente común, proveniente de la leva forzosa en sus expediciones (véase "History of the Khazar Empire" del judaísta húngaro-británico Arthur Koestler, 1905–1983).


LOS JUDÍOS NO-SEMITAS

     En efecto, en la baja Edad Media, en la antigua Jazaria, el reino entero se convirtió al judaísmo por decreto real del Khan Bulán, el soberano turco-mongol de las estepas. Así lo relata Koestler, judío de Budapest, que estudió el fenómeno de los jázaros, un imperio que floreció entre los siglos VII y XI d.C. Ese reino, cuya capital era Atil, tenía un poder político extraordinario: se extendía desde el Mar Negro hasta el Mar Caspio, y sus fronteras laterales se erigían desde el valle del Cáucaso hasta el Volga. El rey Bulán, deseoso de abandonar su paganismo para convertirse a una religión monoteísta, convocó a su presencia a un obispo, un imán y un rabino. "¿Cuál de vuestras tres religiones, la cristiana, la musulmana o la judía, está en el origen de las otras dos?", les preguntó. Al oír las respuestas, Bulán se convenció de que el cristianismo y el islam provenían del judaísmo y decidió volverse judío, adoptando el título de "Kohen", que da nombre justamente a la décimotercera tribu del pueblo judío.

     Ésta es la explicación que Hasdai Ibn Saprut (o bar Shaprut), ministro judío del Califa de Córdoba, recibió a mediados del siglo X de un descendiente de Bulán, el rey Josué. Al enterarse de la existencia de un reino judío en el Cáucaso, Ibn Saprut había enviado al kahan de los jázaros una carta en la que le decía: "Si ese reino existiera, yo dejaría honores y fortuna para ir a inclinarme ante el único rey netamente judío de este mundo". La respuesta del khan Josué, redactada en forma legendaria, no resulta menos útil para entender los motivos políticos de la elección de Bulán. ¿Por qué razón esas tribus que acababan de hacerse sedentarias se convirtieron al judaísmo?. El territorio jázaro estaba entre dos fuegos: por el Norte, los rus, vikingos rusificados que comenzaban a cristianizarse; por el Sur, los musulmanes y el Imperio Bizantino también cristiano. El rey Bulán debe de haber pensado que para el ascenso de su pueblo necesitaba abrazar una religión prestigiosa, "civilizada", no los dioses de a caballo de su pueblo guerrero. Pero, a la vez, al elegir el judaísmo se aseguraba cierta independencia: una especie de "tercera posición" con aspiraciones de predominancia política y dominio sobre sus vecinos.

     Los jázaros estaban ubicados "entre dos potencias mundiales principales: El Imperio Romano de Oriente asentado en Bizancio y los seguidores triunfantes de Mahoma". Desde entonces el mundo fue polarizado entre estas dos superpotencias: la cristiandad, que representaba el modo de vida occidental, y por el otro, el Islam. El Imperio jázaro representaba una tercera tendencia que sólo podría mantener su independencia política e ideológica negándose a aceptar a la cristiandad y al Islam. No teniendo el deseo de ser dominado por ninguno de los dos imperios, el rey jázaro "abrazó la fe judía" en el 740 d.C., ordenando a sus súbditos, paganos hasta el momento, a hacer lo propio. Así evitaba subordinarse automáticamente tanto a la autoridad del Emperador Romano Bizantino como al Califa de Bagdad, manteniendo su independencia absoluta. De esa manera el judaísmo pasó a ser la religión estatal oficial de los jázaros.

     Obviamente los motivos del rey para adoptar el judaísmo fueron meramente políticos y no religiosos. "Por tal razón, la gran masa de judaísmo moderno no es de origen semita sino netamente caucasiano", según la teoría de Koestler.
     "Sus antepasados no migraron desde el valle del Jordán hacia el Volga, ni de Canaán al Cáucaso", expresa el investigador. "La idea prevaleciente sobre las migraciones judías que fluyeron por el Mediterráneo a través de Francia y Alemania hacia el Este, para luego “retornar a Israel sería indefectiblemente errónea".

     Esta investigación fue publicada por Koestler como "La Décimotercera Tribu" ("The Thirteenth Tribe"), y allí el autor refuta la noción de una "raza" judía propiamente dicha, consignando con rigor científico que la mayoría de los judíos del mundo contemporáneo no proviene de Palestina, y no les reconoce incluso ningún origen semítico.

     De hecho, su investigación demuestra que la mayoría de los judíos se originó en lo que hoy es el territorio eslavo, donde un gran número de campesinos y guerreros de la zona, tanto eslavos como magiares, se fusionaron con los turcomanos y mongoles —a raíz de los raptos y las violaciones— y adoptaron los ritos hebreos a través de la conversión obligada por las órdenes del soberano, a quien convenía la abjuración de los cristianos lugareños, bajo los axiomas cismático-segregacionistas talmúdicos.

     El Imperio de los jázaros conquistó con el tiempo a los búlgaros, a los burtas, a la tribu de los ghuzz, a los magiares (actualmente los húngaros), a las colonias góticas y griegas de Crimea, y otras tribus eslavas. Según la Enciclopedia Judía, en el siglo XVI cerca de un millón de jázaros dominaba la región —según cita  Koestler—, documentando que "la mayoría de los que profesaban la fe judaica o eran jázaros o provenían de sus conquistas".


LAS DOS RAMAS

     Como Koestler señala, los judíos cayeron en dos divisiones principales que subsisten hasta nuestros días: los "sefarditas" y los "asquenazis" (Sephardim y Ashkenazim).
     Los sephardim son los descendientes de los judíos que, habiendo ingresado a la Península Ibérica con las invasiones árabes, habían convivido en España hasta su expulsión junto con los musulmanes, al final del siglo XV, y que más tarde se reacomodaron en los países de las orillas del Mediterráneo, hablando un dialecto en español antiguo conocido como "ladino".

     Para tener una idea exacta, hacia 1960 los sefardíes no llegaban a medio millón de personas, mientras que, hacia el mismo período, los ashkenazis rondaban los 11 millones. Así, "en lengua vulgar, el judío es casi sinónimo con Ashkenazi", según el autor.

     Sin embargo —agrega Koestler— el término ashkenazim es engañoso porque generalmente era aplicado sólo en Alemania, contribuyendo a la leyenda de que el judaísmo moderno se habría originado en el Rhin, lo que tampoco es cierto.

     Itil, la capital de Jazaria, era un mercado abigarrado por el que transitaban comerciantes de Europa y de Asia. La hija de un kahan llegó a casarse con el emperador de Bizancio, Constantino V. Convertidos a un judaísmo extraño, con Biblia pero sin Talmud, los jázaros sirvieron de tapón entre el norte y el sur. Hasta que la condición de intermediarios, que era su fuerza, provocó su pérdida. En 965, el príncipe ruso Sviátoslav —un gigantón de pelo rojo, alimentado con carne cruda y hongos alucinógenos, que recorría la estepa seguido por su horda salvaje— destruyó la ciudad de casas redondas que imitaban las tiendas del tiempo en que los jázaros todavía eran nómades.

     Cuando volvía de incendiar Itil, jamás reconstruída, otra horda salvaje —la de los pechenegos, de Asia Central, entonces aliados de los jázaros— mató a Sviátoslav y festejó la victoria bebiendo en su cráneo.

     Sin embargo, después de la destrucción de su capital y del Imperio, entre los siglos XII y XIII, los judíos jázaros comenzaron a perder batallas frente a los Caballeros cristianos, y al final debieron emigrar de su reducto, donde eran odiados ancestralmente por su crueldad para con sus numerosos enemigos, desplazándose hacia Europa Oriental, principalmente hacia Rusia, Ucrania y Polonia.

     Allí los sorprendió el amanecer de la Edad Moderna, cuando las concentraciones máximas de judíos de esa procedencia fueron localizadas, viviendo auto-marginadas de la población "goy" por exigencias ancestrales del compendio de sus libros sagrados, entre ellos el Zohar, la inextricable Cábala y el inhumano Talmud.

     El desplazamiento judío se movió en una dirección consistentemente occidental, desde el Cáucaso hasta Ucrania, pasando por Polonia, y asentándose residualmente en Europa Central.

     Si bien existen judíos de origen diferente, que confluyeron en una identidad judía mundial, "la masa de ese pueblo se originó en el país de Jazaria", en el sector que hoy es parte del Norte de Gruznia, y el extremo Sur de lo que luego fue la antigua Rusia.

     Está "absolutamente documentado", según Koestler, que el elemento numérica y socialmente dominante en la población judía de Hungría durante la Edad Media fue de origen jázaro.

     Un estudioso israelí contemporáneo, Abraham Poliak, profesor de historia judía medieval de la Universidad de Tel-Aviv citado por Koestler, declara que "…de los descendientes de judíos jázaros, hay un escaso número de personas que permanecieron en Jazaria, pues la gran mayoría emigró hacia Europa Oriental, de donde pasaron a Europa Occidental, Estados Unidos y otros países de América. Son quienes —para Israel— constituyen ahora la gran masa del judaísmo mundial que nutre el movimiento sionista".

     Desde que millones de cristianos —sobre todo de Estados Unidos— están convencidos de la veracidad del concepto de que Dios dejó en heredad el  territorio de Israel para la "tribu" bíblica de judíos del Oriente Medio, las investigaciones del Dr. Koestler se han tornado irónicas.

     Los judíos de hoy jamás fueron genéticamente ni nativos ni herederos de la "Tierra Santa" ni de ningún otro territorio del actual mundo árabe. Por eso los israelíes no demuestran ningún apuro por desenterrar a unos ancestros tan problemáticos. Sin embargo, la curiosidad científica ha logrado superar las barreras nacionales, y también una cierta molestia perfectamente comprensible frente al rastreo de "la raza". El Museo de L’Ermitage de San Petersburgo acaba de reconstruír fragmentos de utensilios hallados en sitios jázaros, donde se menciona varias veces la palabra Israel en caracteres hebreos. Más aún, se ha resuelto someter los huesos encontrados en esos sitios a pruebas genéticas, a estudios de ADN que revelarán el misterio del verdadero antepasado fantasma del presuntuoso y agresivo "pueblo elegido".

     Koestler, que originalmente publicó "La Decimotercera Tribu" en 1976, notó que indagando en la genealogía del Imperio jázaro se comienza a develar definitivamente un cruel engaño perpetrado en la tergiversación de la Historia.

     Aunque esta historia haya sido estudiada con anterioridad en la década del '30 —previo a las investigaciones de Poliak y de Koestler— por un historiador francés de origen ruso, Alexandre Baschmakoff, y en la Universidad de Tel-Aviv, entre otros, en el fondo ni los israelíes ni los soviéticos demostraron mayor interés por sacarla a la luz. Los rusos hasta sepultaron bajo las aguas de una represa la fortaleza jázara de Sarkel. El científico ruso Mijail Artomonov, en la década del '60 intentó reflotar el tema en la Universidad de Leningrado, pero fue silenciado, pues la voluntad oficial era ocultar la presencia de un imperio importante anterior al poderío ruso de Kiev. 

     Muchos palestinos, afectados brutalmente por esta mistificación de nuestros días serían los primeros en estar de acuerdo con estos estudios.

     Misteriosamente, el libro de Koestler "se ha esfumado" de la biblioteca más prestigiosa del mundo, la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, y sólo hay una mención en los registros informáticos: "desaparecida del estante".

     Por fin, la Universidad Hebrea de Jerusalén —abrumada la ciencia por tanta evidencia— rompió con la maldición de los jázaros y tuvo que sacar la revelación a la luz. En Mayo de 1999 tuvo lugar en el Instituto Ben Zvi un coloquio internacional que reunió a especialistas como Peter Golden, para quien la conversión de los jázaros se produjo de manera gradual, y el profesor Dr. Constantin Zuckerman, que manifestó que esa conversión no tuvo lugar alrededor de 740, como siempre se pensó, sino en 861 d.C., es decir, un siglo antes de la destrucción del imperio por Sviátoslav. Como sea, fecha más o fecha menos, los propios judíos no tuvieron más remedio que reconocer —ya en plena era del ADN— que ni su religión ni su raza nada tienen que ver con el legado de Dios.



1 comentario:

  1. Excelente exposición sobre los jázaros. He contrastado información sobre este tema en otros sitios y realmente estoy convencido de la gran mentira histórica que nos han colado.
    Un apunte: El historiador Shlomo Sand, considera a los jázaros el orígen religioso y étnico de los judíos ashkenazis.
    Por último, señalar que todo este engaño ha beneficiado al movimiento sionista en su apuesta para dominar y conquistar.

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