BUSCAR en este Blog

sábado, 26 de febrero de 2011

José Miguel Barros - Los Planes Peruanos de Guerra Contra Chile


     Damos ahora a la publicidad un informe y crónica que escribiera el 17 de Marzo de 1995 en el diario La Segunda, el abogado y actual presidente de la Academia Chilena de la Historia, profesor de Derecho Internacional y ex-Embajador de Chile en varios países (en Perú, 1981—1983) señor José Miguel Barros Franco. En este documento se pone de manifiesto un capítulo de la historia chileno-peruana que no creemos que actualmente se esté dando a conocer en la educación pública y que consideramos que debe cada vez más saberse públicamente, porque mediante él se revela una permanente alma que habita en los peruanos y de la que no se han podido desprender. Toda esta historia, esto que ocurrió detrás del escenario principal desde la década de 1970, viene a engarzarse con pleno sentido con la reclamación marítima que han hecho ante La Haya y que carece de sustentación legal. Esta información que da el señor Barros dice que fue compelido a darla a conocer a raíz de unas declaraciones que hizo en la época el ex-Presidente peruano Alberto Fujimori a la televisión uruguaya, donde declaró que Perú se había armado por causa de Chile en los años en que los gobernantes de Lima pensaban que "deberíamos hacerle la guerra a Chile".
     A punto ya de publicar este material, hemos sido advertidos de que existe una página en la cual se habla, dando el contexto, de este tema, de la chilena Corporación de Defensa de la Soberanía (http://www.soberaniachile.cl/planes_peruanos_de_invasion_de_arica_en_los_setenta.html), donde se halla descrita esta historia más in extenso y con un mirar más panorámico que ésta, a la cual hemos suprimido las masónicas frases finales de rigor. Después de este texto va una breve crónica periodística acerca de esa época.

     Frente a la amenaza de invasión de más de 400 tanques peruanos (cuando Chile contaba apenas con unos 20 blindados de la Segunda Guerra Mundial), Arica fue defendida por esta línea de tetrápodos de concreto, desde el mar hacia el interior, continuada por grandes movimientos de tierra (zanjas antitanques) [recreación de una fotografía real de 1975]. A partir de 1974 se inicia un "despliegue estratégico" del Ejército chileno para reforzar la entonces débil guarnición de Arica, instalándose en Putre un nuevo regimiento de caballería.


LOS PLANES DE GUERRA CON CHILE
del Gobierno  Militar  Peruano

La Tensión en la Frontera Norte de Chile
en los Años ‘70

por José Miguel Barros
17 de Marzo de 1995




     Hace algunos días, interrogado por un periodista en relación con el diferendo peruano-ecuatoriano [en auge entonces, con enfrentamientos en esa frontera], el Presidente Fujimori manifestó que el Perú era uno de los países mejor armados de Iberoamérica y que ello había sido porque "durante algunos años se pensaba que deberíamos hacerle la guerra a Chile, y entonces el Gobierno Militar pues se proveyó de armas de todo tipo".
     Frente a estas expresiones, algunos importantes compatriotas nuestros han manifestado desagrado; no entiendo muy bien las razones para ello. Otros, no menos importantes, tuvieron reacciones más justas. Así, por ejemplo, el ex-Presidente Aylwin ha dicho que la verdad nunca es inoportuna y que "es bueno que se sepa que Perú se armó en los '70 para hacer la guerra a Chile... Yo se lo oí al general Pinochet y a los otros jefes de las Fuerzas Armadas".
     Transcurrió una semana y llegó la noticia de que un grupo de altas personalidades castrenses peruanas, en su tiempo miembros del gobierno militar del vecino país, emitió un comunicado que, en lo relativo a la mencionada declaración del Presidente Fujimori, dice en su parte sustancial:

        "En la década del 70, las Fuerzas Armadas del Perú fueron adecuadamente modernizadas, equipadas y entrenadas con la finalidad de constituír una fuerza disuasiva que estuviera en condiciones de rechazar un eventual ataque proveniente de sus fronteras más sensibles en dicha década y no con la de hacer la guerra contra Chile, tal como se dijo en la citada declaración y se especuló en algunos medios de comunicación nacionales y extranjeros".

     Como se ve, se han esforzado por aparecer desmintiendo al actual Presidente de su país. Sin embargo, una lectura cuidadosa del comunicado permite entrever un matiz que diluiría el desmentido.
     En realidad, conviene detenerse en esa referencia a que Perú nunca se armó para hacer la guerra a Chile. Una primera interpretación apuntaría a la intencionalidad del armamentismo peruano en la década de los años '70. Conforme con esa lectura, el gobierno militar de Perú (que derrocó al Presidente constitucional Fernando Belaúnde en 1968) se preocupó de adquirir material bélico con una finalidad distinta de la guerra con Chile; simplemente lo habría guiado la intención de llegar a una equiparación de fuerza con sus vecinos.
     Esta interpretación aparecería en consonancia con lo que escribió uno de los firmantes del reciente comunicado, en un libro aparecido a mediados de 1979:
     "Es necesario estar preparados para afrontar una emergencia bélica —como lo estamos desde 1974, año que históricamente marca la recuperación del equilibrio estratégico en el balance del poder en el Pacífico Sur— sin que ello signifique que se busque o se desee el conflicto" (Edgardo Mercado Jarrín, Política y Estrategia en la Guerra de Chile, pág.172).
     Sin embargo, las declaraciones del Presidente Fujimori han sido tan inequívocas que resulta aconsejable intentar una interpretación complementaria que haga de éstas y del "comunicado" un conjunto no del todo incoherente. Creemos haberla hallado con base en antecedentes que recogimos en su momento y que ahora, por respeto a la verdad histórica, hemos resuelto sacar a la luz pública.

     Podemos aceptar, en hipótesis, que inicialmente en la década del 70 Perú no se armó con el propósito de hacer la guerra a Chile, pero ello no excluye en absoluto que en el gobierno de la llamada "primera fase" del gobierno militar, el general Velasco Alvarado que lo presidía decidiera iniciar un conflicto armado con nuestro país. Aún más, tampoco puede soslayarse que en Diciembre de 1978, bajo la presidencia de su sucesor, aquel proyecto volvió a cobrar fuerzas, en los momentos en que nuestro país enfrentaba el riesgo de un ataque argentino. Esto último no significa por cierto que el Presidente (peruano) Morales Bermúdez, su Canciller de entonces y otros miembros de su gobierno hayan querido la guerra con Chile, sino que existía un poderoso grupo militar peruano y ciertos civiles ultranacionalistas que deseaban aliarse con sus congéneres argentinos para atacar a nuestro país.

     Por lo tocante a 1975, podrían bastar las recientes declaraciones de Enrique Chirinos Soto, ensayista y congresal peruano, en el sentido de que lo que ha revelado Fujimori "era un secreto a voces en aquella época", pero comprendemos que se impone un mayor desarrollo de nuestras afirmaciones, y lo haremos recurriendo a hechos que fueron públicos o de los cuales me enteré personalmente.
     Las bases de mi aserto, referidas a 1975, son las siguientes:

EL SUEÑO DE VELASCO ALVARADO: RECUPERAR EL MORRO DE ARICA
Zimmerman: "Los tanques estuvieron listos el 6 de Agosto (de 1975)".

a)   Uno de los hombres de confianza del general Juan Velasco Alvarado, Augusto Zimmerman Zavala, que en 1975 actuaba como su "Jefe de Prensa", hizo en Agosto de 1982 una importante revelación que es preciso citar sin recortes:

             "El general Velasco, que había roto por primera vez en la historia del Perú la superioridad chilena en el Pacífico y colocado a nuestra patria en posición de superioridad terrestre, aérea y naval, tuvo el sueño secreto de recuperar el Morro de Arica".
             "Velasco quiso irse del gobierno después de dar este paso. No ambicionaba Tarapacá. Pero sí quería ver ondear en la cumbre del Morro el sagrado bicolor que empuñó en sus manos el heroico coronel Bolognesi".
            "El 6 de Agosto de 1975, el Ejército peruano debió cruzar la frontera y recuperar Arica. ¿Por qué no lo hizo?. El general Morales Bermúdez, Comandante General del Ejército en ese momento, debe responder a esta pregunta. Debe explicar a los peruanos por qué fue a La Paz y, en reunión con (el Presidente de Bolivia general Hugo) Banzer, paralizó la reconquista de Arica. Nunca, hasta entonces, había tenido el Perú una ocasión tan clara para reivindicar la soberanía nacional sobre la heroica ciudad que nos fue arrebatada por el expansionismo militar de Chile. Solamente de paso planteo estas preguntas, no sin señalar a Morales Bermúdez como el hombre que impidió que la Historia ejecute su sentencia reivindicatoria, y de ser el único autor de que la bandera peruana no flamee en la cumbre del morro de Arica" ("Kausachum", 25 de Agosto de 1982).

OTRA AFIRMACIÓN SOBRE EL "DÍA D"

b)   En relación con este "día D" revelado por Zimmerman, encontré una sugerente afirmación de otra autoridad peruana. Léase lo que publicó el diario limeño "La República" hace doce años (en 1983):


          "El Ejército chileno intentó invadir el Perú en arreglos con el entonces Presidente de Bolivia, general Hugo Banzer, según reveló ayer el doctor Alberto Ruiz Eldredge Rivera, ex embajador de nuestro país en Brasil, durante la llamada 'primera fase' del anterior gobierno militar.
           Hablando durante la reunión de mesa redonda sobre Derecho del Mar, Ruiz Eldredge dijo que entre el 5 y el 6 de Agosto de 1975 se produjo el intento, y si no hubiera habido una medida militar enérgica en ese momento, habríamos sido invadidos".

     Como se ve, la fecha indicada por Ruiz Eldredge para esta presunta intentona chileno-boliviana coincide con la dada por Zimmerman. Me negué a creer que se tratara de una coincidencia, y conjeturé que tal vez ese pretendido ataque pudo haber sido el pretexto que hubiera concebido Velasco Alvarado para desencadenar su propia acción militar contra Arica (volveré sobre este punto más adelante).

SATÉLITES DE EE.UU. DESCUBRIERON LA MOVILIZACIÓN DE TROPAS

c)   Por su jerarquía reviste, asimismo, cierta importancia una afirmación del más respetado de los historiadores peruanos, don Jorge Basadre. Éste expresó en 1981, en una entrevista que más tarde se imprimió, lo que va a leerse:

          "...Velasco quiso la guerra pues, por eso lo botaron, movilizó al ejército, e iban a atacar en Agosto del año '75, iban a atacar; pero los satélites norteamericanos descubrieron la movilización de las tropas. Pero eso era insensato, porque el Perú nada tiene que ganar en la guerra con Chile" (Jorge Basadre, La Historia y la Política, Lima, 1981).

CONCENTRADOS EN JULIO DE 1975, VIRTUALMENTE EN GUERRA CON CHILE

d)   El jurista don Andrés Aramburu Menchaca me dijo, en una conversación privada, durante mi misión en Lima: "En Julio de 1975 estuvimos concentrados, virtualmente en guerra con Chile". (Nos referiremos más adelante a la presumible tarea de los juristas peruanos en ese momento).

MÁS DE 400 TANQUES RUSOS

e)   La adquisición por parte de Perú de más de 400 tanques rusos y un material militar y aéreo de alta sofisticación, configuraban cifras absolutamente desproporcionadas para las necesidades defensivas de Perú. (A este respecto, carecen totalmente de base las sugerencias de que material soviético destinado al gobierno del Presidente Allende no alcanzó a llegar a Chile y fue vendido a Perú a vil precio). No solamente eso. De buena fuente he sabido que expertos rusos en tanques, que por su permanencia en Cuba hablaban castellano, vinieron a entrenar a los peruanos que operarían los tanques. Por otra parte —y este secreto no nos será jamás revelado por Fidel Castro— habría existido en Cuba un proyecto de intervenir, directamente y en el terreno, en un conflicto chileno-peruano. ¿Corrimos el riesgo de vivir una experiencia análoga a la que, más tarde, sufrió Angola?.

     Me adelanto a reconocer que no todos estos antecedentes son del mismo calibre; pero, unidos y combinados con los datos obtenidos por los servicios de inteligencia, deben haber llevado a las autoridades chilenas a la convicción de que, a menos que actuaran con inteligencia y previsión, el extremo norte de nuestro país se vería gravemente amenazado por el intento reivindicacionista desencadenado por Velasco Alvarado.

     No me corresponde señalar las acciones que desarrolló en esos años nuestro gobierno para hacer frente a los peligros que nos amenazaban. No las conozco todas ni me siento autorizado para revelar aquellas que han llegado a mi conocimiento. Sin embargo, a guisa de ejemplo, sospecho que la iniciativa diplomática frente a Bolivia (que condujo a la reunión en [la estación ferroviaria boliviana de] Charaña entre el Presidente Pinochet y su colega Banzer [el 8 de Febrero de 1975]) no estuvo desvinculada de tales amenazas.
     El mismo Zimmerman ha revelado una iniciativa chilena que no prosperó.
     En efecto, el embajador de Chile en Lima, general don Máximo Errázuriz, invitó a ese "jefe de prensa" de Velasco Alvarado a acompañar al Presidente Pinochet durante su visita a la ciudad de Arica, entre el 6 y el 8 de Febrero de 1975.
     La siguiente es la versión de Zimmerman acerca de lo que ocurrió entonces:

           "El 6 de Febrero, por la mañana, partí a Arica para reunirme esa noche con el Presidente de Chile, general Pinochet, quien había cursado una invitación oficial que el Presidente Velasco aprobó. Desde que crucé la frontera... mi impresión fue la de un escenario de guerra, con zanjas antitanques por todas partes. Esa misma noche el general Pinochet me invitó a cenar, y al día siguiente presencié desde la tribuna presidencial una imponente exhibición de fuerzas militares. Cuando el general Pinochet me citó para una entrevista en su suite del Motel Azapa, lo primero que me dijo fue que en la frontera se vivía un clima de tensión y que esto ocurría porque los Presidentes de las dos naciones no se conocían... Finalmente, el general Pinochet me pidió transmitir al general Velasco su deseo de reunirse aún en secreto. A esa sugerencia repliqué diciendo que el Presidente del Perú deseaba también conocer al general Pinochet, pero en público, y que por el momento su rehabilitación física exigía su presencia permanente en Lima. Ante lo cual el Presidente de Chile planteó otra fórmula que me comprometí a transmitir al general Velasco: una reunión en alta mar. Él tomaría un buque chileno y el general Velasco un buque peruano. En el punto de reunión, el general Pinochet no tenía inconveniente alguno en trasladarse a bordo de un navío de la Armada peruana.
           El encuentro de los Presidentes de Chile y Perú no llegó a concretarse" ("Kausachum", Lima, 25 de Agosto de 1982).

     En lo que lleva publicado de su obra "Camino Recorrido", el general Pinochet no alude a estos hechos y, por lo tanto, de ser exacta la versión de Zimmerman, tenemos que imaginar que su intención de reunirse con Velasco Alvarado en alta mar obedecía al propósito de jugarse personalmente, en una finta diplomática del más alto nivel, para disuadir al gobernante peruano de un curso de acción que sería nefasto para ambos países.

JUSTIFICACIÓN QUE SE DARÍA AL ATAQUE PERUANO

     Hace años, al reflexionar sobre estas materias, me pareció evidente que el general Velasco Alvarado no se podía haber limitado a proyectar una acción bélica sin darle una justificación que la hiciera aceptable para la comunidad internacional. Por impopular que fuera el gobierno militar chileno ante la opinión pública mundial hace veinte años, era impensable que un país iberoamericano atacara a otro sin dar diferentes razones que el poderío de sus armas.
     Cuando el señor Ruiz Eldredge formuló las declaraciones que he transcrito más arriba, me encontraba en Lima y tomé la iniciativa de ponerme en contacto con él para emplazarlo acerca de la veracidad de ellas. Quedé defraudado porque se limitó a una respuesta evasiva, diciéndome que "el Perú había tomado una iniciativa para frustrar ese ataque".
     Con los antecedentes de que disponía, estaba cierto de que una presunta acción chileno-boliviana contra el Perú era materialmente imposible y políticamente absurda, pero me hizo cavilar el hecho de que la fecha que Ruiz Eldredge daba para el pretendido ataque chileno-boliviano coincidiera exactamente con la que, según Zimmerman, había elegido el general Velasco Alvarado para desencadenar su propio ataque. ¿Se trataba de vestir este ataque con las apariencias de un acto defensivo?.
     Habría sido un recurso en el campo de los hechos, pero ¿dónde estaba la aconsejable salvaguardia jurídica?.

     He aludido anteriormente a la confidencia que recibí acerca de una movilización de letrados peruanos en Julio de 1975 (es decir, algunas semanas antes del proyectado ataque contra Chile). Pienso que se les había encargado la redacción de una importante declaración que contuviera alguna justificación de ese golpe de mano en el terreno del Derecho.
     Sobre el contenido de ese eventual documento carezco de antecedentes porque mi informante no me proporcionó detalles; pero no me sorprendería que entre los papeles del doctor Aramburu Menchaca se haya conservado el borrador de un texto que, invocando respetables precedentes, justificara el ataque peruano con el incumplimiento, por parte de Chile, de sus obligaciones contractuales con el Perú. ¡Astucias quiere la guerra!.

     En todo caso, así llegué a temerlo cuando —ya en mi cargo de embajador en Lima— analicé objetivamente todos los factores en juego. Dicen que no es aconsejable la autocita, pero ¿cuál sería el objeto de dar ahora una nueva forma a lo que pensaba y dije en esa época?.
     No se trataba de transmitir simplemente mi parecer o mis fundadas sospechas. Aspiraba a que nuestra Cancillería definiera una política positiva y se retomara una negociación que, a la sazón, estaba virtualmente abandonada. Por eso, desde Lima expresé oficialmente el 24 de Junio de 1982:

          "...Deseo agregar hoy a aquello que he manifestado en otras oportunidades, mi convicción de que es de la mayor conveniencia para los intereses permanentes de Chile la reactivación, por nuestra parte, de gestiones que lleven a un desenlace la materia de las 'obligaciones pendientes'. Cualquiera que sea la decisión que se adopte en definitiva, sostengo que no beneficia a Chile en forma alguna la prolongación de una actitud estática o renuente en esta materia".
          "Bien sé que el Perú, a través de declaraciones de sus gobernantes, de políticos e internacionalistas, se manifiesta como estrictamente respetuoso del principio de la intangibilidad de los tratados, y no dudo de que esa posición oficial obedece a importantes consideraciones conexas con diversos aspectos de la situación internacional de este país (Perú). Pero me asalta el temor de que, como aún quedan puntos incumplidos del Tratado de 1929, en algún momento ciertos círculos peruanos se vean tentados a buscar una revisión de ese Tratado, para lo cual el llamado 'incumplimiento chileno' diera pie o justificación ante la opinión pública internacional. Al mismo tiempo, internamente, la cuestión podría ser utilizada por cualquier demagogo, civil o castrense, para enfervorizar a una masa popular que —particularmente en los últimos regímenes militares— ha sido concientizada sobre la necesidad de 'lavar la honra' y que, en el fondo de su alma colectiva, aún no se consuela por la pérdida territorial que derivó del triunfo chileno en el conflicto del Pacífico".
          "No estará demás señalar, al respecto, que en este país (Perú) existen quienes mantienen la tesis de que el Protocolo de Río de Janeiro de 1942, que fijó los límites del Perú con el Ecuador, es plenamente válido porque se limitó a consolidar situaciones fronterizas anteriormente definidas, en tanto que hay otros tratados de límites, suscritos al término de conflictos bélicos, que están tachados de invalidez pues consagran despojos territoriales reñidos con la ética y con el derecho. Es un expediente para poder defender en el norte lo que se ataca en el sur (de Perú)... Así se pretendería echar las bases teóricas para diluír, en favor de Perú y la propia Bolivia, las contradicciones que el respeto a los tratados plantea a los 'revanchistas'".

     Hoy no cambiaría una palabra de lo que dije entonces. Ni creo haber estado solo en esa posición en pro de un final cumplimiento a las cláusulas del Tratado de 1929. Desde luego, había también círculos peruanos que, por valederas razones, apuntaban en el mismo sentido.
     De todo ello resultó que, andando el tiempo, se reanudaron las conversaciones para dar cumplimiento integral a las cláusulas pendientes de dicho tratado. (Es cierto que esas gestiones aún no se han cerrado, pero la llamada "Convención de Lima" deja testimonio de los últimos esfuerzos realizados en esa materia).

OTROS VELOS QUE ENCUBREN LA VERDAD

     No deseo incursionar en los aspectos médicos o psíquicos que pudieron contribuír a gatillar la verdadera obsesión que se posesionó de Velasco Alvarado, en el sentido de hacer la guerra contra Chile en 1975. Tampoco me es posible determinar con precisión el momento en que las explicables adquisiciones de armamentos que realizaba el Perú asumieron un ritmo vertiginoso y desproporcionado para un criterio meramente defensivo. Menos aún es dable ahondar aquí en otros aspectos de la cuestión, desde el ángulo de la política ideológica de la Unión Soviética o de una pretensión de ésta de extender en Sudamérica su tecnología bélica. Tal vez con el paso de los años los historiadores alcen los velos que hoy encubren la verdad.

     Sea lo que fuere, el general Francisco Morales Bermúdez y otros miembros del gobierno militar dejaron sin efecto esos planes. Velasco, quien estaba entonces gravemente enfermo, fue desplazado del poder y el 29 de Agosto de 1975 se inició la "segunda fase" del régimen castrense.
     (En este sentido subsiste, al menos para mí, un interrogante que puede estar relacionado con el abandono de ese proyecto contra Chile: como hemos visto, según Zimmerman, el general Morales Bermúdez viajó por esos días a La Paz a entrevistarse con su colega Banzer. ¿Existía algún secreto entendimiento de Velasco Alvarado con el régimen boliviano?).
     Haya sido así o no, en Agosto de 1975 quedó conjurado el peligro que se cernía sobre Chile.

TRES AÑOS DESPUÉS

     Tenemos la certeza de que en aquella oportunidad el general Morales Bermúdez y quienes le acompañaban actuaron con un profundo sentido de responsabilidad y de patriotismo al rechazar la insensata aventura a que se quería arrastrar al Perú. Asimismo, el nuevo Presidente inició el retorno a la democratización del país, dando los pasos para redactar una nueva Constitución y echando las bases para la elección de un gobierno libremente elegido.
     Sin embargo, a fines de 1978 se produjo otro episodio en el cual el rol del Presidente Morales Bermúdez es menos claro desde nuestro punto de vista.

     Es necesario recordar que a comienzos de 1978 Argentina se negó a acatar el Laudo Arbitral relativo a la región del Canal Beagle, y las relaciones chileno-argentinas entraron en un progresivo proceso de deterioro. Esa situación hizo crisis y un alto funcionario diplomático extranjero acreditado en Santiago alertó a Chile de que las Fuerzas Armadas argentinas debían desencadenar un ataque contra el territorio chileno el 17 de Diciembre de 1978. Las gestiones del gobierno de Chile, inteligentemente manejadas por el canciller Hernán Cubillos, unidas a voces de cordura que se alzaron aquí y en Argentina, permitieron que pocas horas antes de que los cañones se hicieran oír, el Papa interpusiera su mediación en el conflicto.

"SI USTED SUPIERA LO QUE HUBO DETRÁS DEL ZARPE..."

      En torno a esos momentos de tensión pueden señalarse los siguientes hechos:

a)  En una comunicación oficial, un importante personero chileno expresaba a nuestro gobierno, desde Lima, en Octubre de 1978:
          "Estimo, con fundadas razones, que el Perú por sí y ante sí no tiene intenciones belicistas en contra de Chile. Sin embargo, debo reiterar mi temor de que ante un posible enfrentamiento chileno-argentino este país reaccione abriéndonos un frente bélico en el norte, porque es difícil que un Presidente del Perú, y todavía más uno militar, por muy pacifistas que sean sus convicciones, corra el riesgo de verse enfrentado a un juicio histórico tremendamente adverso de no haber aprovechado 'la gran oportunidad'".

b)   El 17 de Diciembre la flota peruana zarpó con rumbo al sur, en una operación que no estaba programada. En El Callao se observó en esos días una agrupación de barcazas y un crucero quedó fondeado a la gira.

c)  El Embajador de Perú en Chile, general (R) don Guillermo Arbulú Galliani, manifestó en confidencia al Canciller chileno de ese entonces: "Si usted supiera lo que hubo detrás del zarpe de la Escuadra se le pondrían los pelos de punta".

d)  Simultáneamente, el aeropuerto de Lima (que también servía de asiento a una base militar) estuvo cerrado al tráfico civil.

e)   Un alto oficial peruano expresó a un funcionario chileno que el momento era semejante al de cien años antes y que, en caso de que estallara una guerra entre Chile y Argentina, Perú no podría dejar de estar al lado de Argentina.

     La mediación papal evitó el conflicto. Las unidades de la flota peruana regresaron a sus habituales fondeaderos. Con todo, posteriormente, durante la guerra de Las Malvinas, se señaló la existencia de pactos militares secretos entre Perú y Argentina que venían de años anteriores.

     Como hemos anticipado, no poseemos antecedentes que vinculen al general Morales Bermúdez y a los hombres de su gobierno con un espíritu belicista contra Chile en 1978, pero en esos momentos existía en Perú una abierta solidaridad con Argentina, que se extendía a poderosas figuras militares de aquel país. ¿Habría podido el Presidente Morales Bermúdez evitar la presión de esos círculos si la guerra chileno-argentina hubiera estallado?.
     Como suele ocurrir ante hechos hipotéticos, no es dable absolver esta pregunta.

LAS TAREAS DEL FUTURO

     Hemos reseñado hechos que corresponden al contexto histórico de las declaraciones del Presidente Fujimori y que, a nuestro juicio, dejan en pie esas declaraciones, si no textualmente, al menos en su significado más profundo. Habrá que agradecer al actual Presidente de Perú que nos haya dado pie para reseñar hechos del pasado que son desconocidos por la mayoría de los chilenos. Empero, no ha sido nuestra intención limitarnos a la narración de episodios negativos; nos mueve hacer de esa verdad el duradero cimiento de un futuro de armonía y amistad.

     Desde 1978, la situación internacional ha cambiado notablemente. En el Cono Sur existen gobiernos democráticos y funcionan instituciones que configuran un cuadro totalmente diferente del que se daba en la década de 1970.
     Nuestras relaciones con Argentina tienen hoy un signo diferente del de entonces. El Tratado de Paz y Amistad de 1984 reconoció implícitamente el efecto territorial del laudo relativo a la región del (Canal) Beagle, y en compensación se trazó en el extremo austral del continente un límite transaccional. Posteriormente se produjo un gran acuerdo sobre puntos de la frontera que arriesgaban ser causa de roces, y el diferendo de Laguna del Desierto se encaminó hacia una solución por caminos señalados en aquel acuerdo de 1984 [N.E.: se refiere a que en la reclamación argentina de ese territorio los entreguistas gobiernos demócratacristianos chilenos cedieron ante la presión por llevarlo a ser dirimido por un tribunal, no teniendo por qué Chile haber aceptado llevar esa tierra, indiscutiblemente chilena y sacratizada por la sangre del teniente Hernán Merino, a público litigio].
     En verdad, nada hay hoy entre los dos Estados (Chile y Argentina) que no sea susceptible de una solución política o jurídica. Paralelamente, se han incrementado en forma considerable las relaciones comerciales, se ha progresado en la ruta de la integración, y se ha avanzado bastante en materia de inversiones.
     Por otro lado, creemos que Chile ha desarrollado y consolidado un poder de disuasión que haría suicida cualquier intento de un ataque exterior aislado. Nuestras Fuerzas Armadas se mantienen en un pie de profesionalismo y preparación que excluye virtualmente una sorpresa.
     Miremos hacia el futuro de nuestras relaciones con Perú.
     No obstante mi convicción de que hemos conjurado el espectro de la guerra, pienso que debemos seguir trabajando incansablemente por consolidar la amistad chileno-peruana.
     En primer lugar, hay que persistir en el cumplimiento integral del Tratado de 1929, llevando adelante el perfeccionamiento de entendimientos que resuelvan las cuestiones que desde su misma firma engendraron dificultades. El pensamiento que primó en aquel Tratado fue una fórmula que, dejando a salvo servidumbres internacionales y limitantes que comprometen a ambas partes, devolvió Tacna a la soberanía peruana y dejó a Arica bajo soberanía de Chile. Con esa inconmovible base jurídica, nada hay que no puedan resolver adecuadamente ambos Estados.

     [...] Y, en un pasado más antiguo, por la decisiva participación que le cupo en la Independencia peruana, sería de elemental justicia que O'Higgins recibiera en Perú honores análogos a aquellos con que allá se distingue a San Martín y a Bolívar.




 
[1975] Crisis de Agosto con Perú
diario La Tercera

     6 de Agosto de 1975. Hoy, un aire enrarecido se respira aquí en Arica.
     La tensión en el ambiente es clara, y la pesadez de la espera se podría cortar con un cuchillo. Las relaciones con el gobierno peruano de Velasco Alvarado son, por decir lo menos, complejas y difíciles. Podemos constatar que un militarismo rampante ha tomado el control del Palacio Pizarro. La información fragmentada que señala un rearme sostenido peruano asociado a arengas revanchistas ha traspasado la frontera norte.

     Aquí, a más de dos mil kilómetros de Santiago, los rumores de un conflicto bélico con el vecino país del norte son incesantes y generan preocupación en la población... ¡y claro! Sólo 56 kilómetros nos separan de Tacna, bastión y plataforma militar y política del régimen de facto velasquista. La Guerra Fría sigue su curso. Y la Unión Soviética mantiene una extraña política de rearme en favor de Perú y su régimen, no obstante el declarado anticomunismo (y anticapitalismo) de la élite militar que tomó el poder en Lima. Se aducen razones de alta geopolítica soviética, asemejando el régimen de Velasco Alvarado al nacionalista del líder egipcio Nasser. Dejemos que la Historia juzgue este vínculo, si de verdad existe. Mientras tanto, observemos la evolución de la situación con nuestros vecinos.

     El aislamiento internacional de Chile nunca antes se había hecho más patente, y de toda evidencia se mantendrá en los años a venir.  Las relaciones con nuestros tres vecinos, Perú, Bolivia y Argentina están en su peor nivel, y el proceso no se detiene. Chile, a todas luces, está siendo objeto de una asfixia por parte de todos sus vecinos fronterizos. No obstante ello, la relación con Perú preocupa.
     Diversas fuentes internacionales señalan con la punta del dedo a Lima. Sistemas de armas sofisticados están llegando a Perú desde el Kremlin gracias a la eficiente y eficaz gestión del embajador del Perú en la URSS, señor Javier Pérez de Cuellar [posteriormente Secretario General de la ONU]. De toda evidencia una prominente carrera le espera en el ámbito diplomático a este personero. No se tiene claro cuánto armamento han adquirido; no obstante ello, pudimos apreciar, nosotros y el mundo, el poder actual de las FF.AA. peruanas. Sistemas de armas que sólo poseen algunos países, estrechos aliados soviéticos, desfilaron por las calles de Lima: tanques T-55, misiles tierra-aire SAM-3, SAM-6 y SAM-7, entre otros. Hoy, el Perú podría ser catalogado como una de las mayores potencias militares en Sudamérica.

     El Perú parece habernos mostrados sus puños. Sin embargo, la cabeza del régimen está siendo sometida estas últimas semanas y días a presiones internas que, lejos de generar tranquilidad aquí en Chile, por la probabilidad de un cambio abrupto de régimen que detenga la escalada, podría, por qué no, terminar por acelerar planes belicistas en pos de mantener la unidad nacional peruana, pero sobre todo de sus propias FF.AA.
     Podemos apreciar que la situación interna en Perú se deteriora día a día. La situación económica es de cuidado: huelgas, revueltas y saqueos están a la orden del día en Lima y otras localidades peruanas. Los EE.UU. evidentemente no parecen aceptar la "caída" de Perú en la órbita soviética, por lo que no sería extraño ser testigos de una intervención estadounidense en la crisis que vivimos con el vecino nortino.


No hay comentarios:

Publicar un comentario