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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Miguel Serrano - Por Qué Soy Nacionalsocialista


Mi Respuesta
Por Qué Soy Nacionalsocialista

Por MIGUEL SERRANO

El Mercurio de Santiago, Domingo 14 de Septiembre de 1986

[N. del E.: El domingo anterior, Enrique Lafourcade, en su columna dominical, se había referido extensa y burlonamente a materias que Serrano había tratado en su libro "Adolf Hitler, el Último Avatara". Ante ello, éste escribió, para que fuera publicado, el siguiente texto.]
 


     ¡Cómo cambian las cosas!. Por más de cuarenta años fui un regular colaborador de "El Mercurio". En 1947 fui a la Antártica, en la segunda expedición chilena, representando a este diario. Desde la India, por casi diez años, desde Yugoeslavia y Austria, seguí siempre enviando mis trabajos y artículos. Y, ahora, en 1986, este mismo diario dedica toda una página a ridiculizarme y atacarme. En 1947 y en 1951, fecha de mi primera visita a Europa, el Director de "El Mercurio", el inolvidable amigo y escritor Rafael Maluenda, publica mis crónicas sobre Hitler y Berchtesgaden, respetando mis ideales, que siempre fueron los mismos, que nunca han cambiado. ¿Qué es lo que ha cambiado, entonces, en nuestro país, que ahora nadie respeta a nadie, no se reconocen los valores, ni los servicios prestados, ni la labor desarrollada, ni mucho menos que un hombre mantenga sus ideales, o que tenga ideales?. Algo muy profundo se ha modificado, se ha destruído para siempre. Los caballeros se han acabado, el respeto, el sentido del honor, de la lealtad. Sobre todo, la amistad. Eso que hacía que los hombres fueran amigos aún cuando pensaran diferente; porque eran chilenos, porque eran caballeros. Sin embargo, es cierto que hay algo en nuestro país que tira hacia abajo y que habría sido heredado de la España no visigoda, de esa España con sangres diversas y opuestas: la envidia, el deseo de destruír todo lo que sobresalga, lo bello, lo creador, lo imaginativo. Aquello que hacía decir a Gabriela Mistral, de un modo muy criollo: "No me voy a vivir a Chile, porque allá me van a llamar 'la Gabi' y me van a tomar para 'el fideo'". Y que tal vez haya llevado a Claudio Arrau a cambiar su nacionalidad por la estadounidense.

     Escribo en esta ocasión sólo para exponer esos ideales, que en esta página se ha pretendido ridiculizar, haciendo mofa de ellos; porque creo tener el derecho a defenderlos, siendo mi persona lo menos importante para el caso.

Un poco de historia

     Desde la masacre de los nazistas chilenos, en el año 1938, yo soy un nacionalsocialista. Antes no lo era, sin haber pertenecido jamás a un partido político, y habiendo sido un joven escritor. En esos años mis simpatías se hallaban con la izquierda, a causa de la muerte de mi amigo de la juventud, el escritor Héctor Barreto, quien se había hecho socialista. Éramos muy jóvenes y justamente reaccionábamos emocionalmente. En todo caso, por ser un aristócrata de verdad, de las antiguas cepas de Chile y de España, jamás fui ni podría haber pertenecido a la derecha plutocrática y económica de este país, ni de ningún otro, al igual que aconteciera con mi tío Joaquín Fernández y Fernández, con mi abuelo, Joaquín Fernández Blanco, con mi bisabuelo Pedro y su hermano Domingo Fernández Concha, y mi tío el poeta Vicente Huidobro Fernández. Nuestras tendencias estaban hacia la izquierda; digamos mejor, hacia los desposeídos, hacia los humildes, hacia "los nobles de abajo", los auténticos, los que no tienen nada, pero tienen honor y lealtad. Esto me lo enseñó mi padre, diciéndome, cuando era muy niño: "La nobleza se encuentra siempre en los extremos, en el verdadero aristócrata y en el hombre del pueblo; lo peor es el 'siútico' y el plutócrata".

     Esta es la historia breve, mi historia también y la Historia de Chile, de unos años ya olvidados, de unas décadas ya oscuras, que se ha pretendido borrar, pero que guardan ocultas sus raíces, que son las de los acontecimientos posteriores de nuestra historia política y social, como lo explico en detalle en mi libro "Adolf Hitler, el Último Avatara".

Nacionalsocialismo

     Abracé el Nacionalsocialismo porque éste era un Socialismo; pero un Socialismo-Nacional, no el de mi amigo Héctor Barreto que era un socialismo internacional, y marxista, por consecuencia lógica.

     Y nunca más he cambiado, siendo por ello que hoy, por ejemplo, no puedo estar con el sistema económico que se ha implantado en Chile, de un supercapitalismo monetarista, donde la usura se aplica al interior, en los intereses y los préstamos, y desde el exterior, en los intereses y préstamos de pesadilla de la Banca Internacional. Es ésta la esclavitud al interés del capital, aceptada también y aplicada por el marxismo y la Rusia Soviética, en sus préstamos a los países satélites de su órbita y pagados con sangre, como en Cuba, cuando no hay suficiente dinero para ello. Por eso es irrisorio escuchar a Fidel Castro protestar por los préstamos usureros de la banca norteamericana, cuando él paga aún más caro al amo ruso, con dinero y con la sangre de sus soldados enviados al África.

     Ni capitalistas ni marxistas se han levantado jamás contra la esclavitud del interés del capital. Sólo un sistema lo hizo, sólo una nación: el Nacionalsocialismo (el Socialismo-Nacional) de la Alemania Hitlerista. Su sistema abolió la usura, no aceptó el pago de esos intereses, abolió el "padrón oro" e instauró el "padrón trabajo".

     Si el Nacionalsocialismo se hubiera impuesto en el mundo, hoy no habría pobres, ni miseria, ni corrupción, ni explotación capitalista, ni esclavitud totalitaria marxista. Habría lo que realmente fue la Alemania de Hitler, lo más cercano a la justicia social y al paraíso sobre la tierra, que el hombre pueda pretender en este mundo y en este tiempo.

Los enemigos

     ¿Quiénes fueron y son aún los enemigos del Nacionalsocialismo? Sin duda aquellos que eran y son afectados por este sistema que abolía por una parte la usura, la esclavitud del interés del capital, y, por la otra, el infierno y la miseria total, totalitaria, del marxismo bolchevique. Ambos se vieron entre la espada y la pared, amenazados en su misma existencia. Ésta fue la razón de que se unieran para hacer la guerra y destruír a ese peligro mortal.

     Era difícil para un joven chileno de aquellos años llegar a entender ese odio mancomunado y esa unión férrea de capitalistas y marxistas en contra de la Alemania nazista y de la Italia fascista. ¿Por qué?, nos preguntábamos. Entonces, Hitler comenzó a explicárnoslo, en su libro genial, "Mi Lucha". Tanto en la Rusia marxista como en el mundo de las democracias capitalistas, la mano que controlaba todo era la misma. La prueba de ello se encontraba en que ambos mundos, aparentemente opuestos, respetaban como sacrosanto el interés del capital. Y, ¿quién era el dueño del dinero en el mundo y del control secreto detrás de los soviets? Era el judío internacional.

     Ahora bien, si ello pudo despertar algunas dudas en los jóvenes chilenos, sin experiencia del mundo, ello pasó a ser confirmado por la experiencia del diplomático en más de veinte años de deambular por muchos países, teniendo acceso a documentos e informaciones para otros vedados. Sin embargo, y mientras fui Embajador de Chile, nunca manifesté mis opiniones en público, para no dañar más a mi país.

     Más de ciento veinte naciones se movilizaron contra la Alemania de Hitler. Chile mismo fue obligado a romper relaciones con ese país, al que tanto le debemos. El gran Presidente que fuera Juan Antonio Ríos, lo hizo con la muerte en el alma. Lo sé, porque su Ministro de Relaciones Exteriores era mi tío Joaquín Fernández. Él debió romper lazos con Alemania, y yo debí romper los lazos con mi tío, enrostrándole haberse prestado para poner su firma en ese documento.


El dueño de los rayos y el trueno

     Al finalizar la Segunda Guerra Mundial era ya tan claro para los que fueron partidarios de la Alemania Nacionalsocialista el fracaso total de los sistemas capitalista y marxista, que se produciría inevitablemente a corto plazo, que no fue sorpresa ver cómo, muy luego también, el enemigo entraba a inventar los más terribles crímenes y atrocidades nunca cometidos por la Alemania de Hitler. Fue ésta la única forma que ellos tuvieron de hacer olvidar la justicia de un régimen que había terminado con la esclavitud del interés del capital, con la usura y con el marxismo. La Tercera Solución, por sobre el capitalismo y el marxismo, daba un golpe de muerte al amo de esos dos sistemas, que preparaba para ellos la esclavitud de la humanidad, en beneficio de un mesianismo sionista y racista, ante los cuales el racismo de Hitler debiera parecer un juego de niños.

     Son otros los que han dado las pruebas justas e irrefutables de la falsedad del holocausto de seis millones de judíos por los nazis: los profesores franceses Paul Rassinier y Faurisson: los ingleses Harwood y David Irving; el norteamericano profesor Butz, y hasta respetables escritores e historiadores judíos. Son otros los que han entregado las pruebas de la falsificación del "Diario de Anna Frank", demostrando que fue escrito con bolígrafo, cuando éste no existía en la época de la Segunda Guerra Mundial, y mostrando, además, que existen dos originales, cada uno con letra manuscrita diferente. En fin, no vamos a repetir aquí lo que ya hemos explicado en detalle en otras ocasiones y publicaciones, además de en mis libros "El Cordón Dorado, Hitlerismo Esotérico" y "Adolf Hitler, el Último Avatara". Únicamente me queda por confesar mi espanto ante la pertinacia, la ceguera y la cobardía de los hombres, a los que aún demostrándoles estos hechos, siguen afirmados en las mentiras que les machacan los dueños de los medios de comunicación y del dinero del mundo. Los dueños de los rayos y los truenos, del terror y las maldiciones, los dispensadores de la esclavitud y la miseria.

     Del mismo modo se permiten dudar de la veracidad de los "Protocolos de los Sabios de Sión", cuando se sabe que ésta fue una cuestión ya debatida y ganada en el proceso de Berna, donde los judíos querellantes perdieron el juicio y debieron pagar las costas y la indemnización a los libreros suizos.

     Y ni siquiera se ha escuchado mi declaración de que el famoso "cazador de nazis", Simón Wiesenthal, es un embustero, pudiendo probarlo por haber sido Embajador en Viena cuando debí solicitarle a nombre de mi gobierno (del Ministerio de Relaciones Exteriores, Gabriel Valdés) las pruebas de su aseveración de que un diplomático chileno le habría ofrecido en venta el pasaporte de Martin Bormann. Aún las estamos esperando. Y es este señor quien anda inventando nuevas falsedades contra inocentes y cumpliendo sus hazañas de "valiente cazador". Porque aquí no hay derechos humanos que cuenten para nada, ni Vicaría de la Solidaridad que envíe sus abogados a defender a esos "criminales". Menos hay derechos humanos para Rudolf Hess, ni un Papa que proteste contra el suplicio que ya dura más de cuarenta años y que es un "abuso de poder", mucho peor que el de Sudáfrica.

La penetración en el sur patagónico

     En esta página también se ha pretendido ridiculizarme en relación con cada uno de los temas que expongo. Recurriendo a un derecho que la ley me otorga, he debido referirme a estos asuntos.

     Otro de los temas es el de los araucanos en relación con Israel. Es cierto que han marchado a ese país y también que existe en Pucón una Iglesia Araucano-Israelita, llamada del Nuevo Pacto. Y es efectivo que los judíos están entrando al país de un modo sostenido y en gran número, con el apoyo de la Conaf [Corporación Nacional Forestal] y el conocimiento de las Fuerzas Armadas. Es efectivo que los judíos que aquí vienen como turistas y "mochileros" pertenecen en su mayoría a las Fuerzas Armadas israelíes o a sus servicios de inteligencia. Además, los argentinos, desde hace varios años, nos están alertando sobre un llamado "Plan Andinia", destinado a apoderarse de la Patagonia argentina y chilena por parte de los judíos, pudiendo ser un primer paso importante la creación de una nueva capital en esas regiones.

Los escritores

     Éstas son las razones de por qué soy, fui y seré un Nacionalsocialista, un hitlerista.

     En cuanto a los escritores Knut Hamsun y Ezra Pound, es un hecho innegable que también fueron partidarios del nazismo. Al finalizar la segunda guerra mundial, los llamados "aliados" los encarcelaron y pusieron en manicomios. A Ezra Pound por trece años. Y esto hicieron los mismos que hoy protestan porque los rusos confinan en clínicas psiquiátricas a sus opositores y a algunos judíos, que allí permanecen por un corto tiempo y para despistar, y que al final salen siempre en libertad, o son canjeados por Corvalanes[1] de Chile. Knut Hamsun fue un Premio Nobel, con anterioridad al nazismo y a la guerra. A Ezra Pound, el más grande poeta de nuestro tiempo, jamás se le concedió ese premio, por ser hitlerista y mussoliniano. Sin embargo, se le ha otorgado a comunistas de partido, como Neruda. Por idénticas razones a las de Ezra Pound, puedo estar seguro de que a mí nunca se me concederá premio alguno. Lo sé y me resigno, porque conozco el poder de los dueños del rayo y de los truenos. Y a pesar de esto, considero mi deber continuar en la misma línea, hasta el final de mis días aquí; porque no entiendo "el arte por el arte", ni la "poesía por la poesía". La poesía verdadera es el ideal, es el sueño de justicia, es el honor y es la lealtad. Y mi obra entera, desde las primeras líneas escritas hasta estas mismas de hoy, están regidas por esta norma. Por ello soy poeta. Porque soy un poeta de la vida. Y por ello estoy con Hitler, porque él también lo fue, viviendo un ideal hasta sus últimas consecuencias.

     Para terminar, unas breves palabras a Lafourcade: Somos ya tan pocos los escritores en este país, y tan pocos los que quedan como yo, de esos viejos tiempos y que él dice admiró una vez, para enlodarnos unos a otros, cuando estamos siendo los desvalidos, las verdaderas víctimas odiadas del sistema aquí analizado. Y, por ser precisamente de aquellos tiempos y por ser un antiguo caballero del antiguo Chile, quisiera decirle que haga un esfuerzo y deje de mezclar asuntos personales en sus ataques —los que de otra manera pueden tener validez, como una honesta discrepancia, o diferencia de opiniones— sin enlodar la memoria o el prestigio de algunas damas, que él nunca conoció; porque esto no es de caballero ni es de hombre. Jamás lo habría hecho Joaquín Edwards Bello, por ejemplo, cronista y escritor, que fue mi amigo y a quien él tanto admira. Ni Luis Sánchez Latorre, escritor y Premio Nacional de Periodismo, al que cita, un valiente cultor de la hombría de bien y la amistad, en el estilo tradicional del chileno de vieja cepa y un defensor de los valores del verdadero arte.
        



[1] Alude al caso del dirigente máximo del PC Luis Corvalán, a quien Pinochet liberó de la cárcel para que viajase a la Unión Soviética, a cambio de que ésta dejase salir de ese país a connotados disidentes rusos, presos entonces también. [N. del E.]



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