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domingo, 19 de diciembre de 2010

La Negación del Holocausto en el Mundo Árabe


     En un extenso articulo, publicado en el sitio judío radiojai.com.ar el 26 de Julio de 2007, el escritor judío Julián Schvindlerman analiza la posición del mundo árabe-musulmán sobre el "Holocausto". El autor es un escritor y analista político, magíster en Ciencias Sociales de la Universidad Hebrea de Jerusalén, autor del libro "Tierras por Paz, Tierras por Guerra", según dice en el sitio mencionado. Presentamos una masiva selección del artículo, lleno de interesantes informaciones.

La Negación del Holocausto en el Mundo Árabe/Musulmán




   "¿Qué es peor: el Sionismo o el Nazismo?". Tal fue la pregunta presentada en el website de la cadena de televisión satelital árabe Al-Jazeera en el año 2001. Más de 12.000 partícipes árabes de esta encuesta cibernética compartieron su impresión: el 84,6% opinó que el sionismo era peor que el nazismo, el 11,1% sostuvo que el sionismo era igual al nazismo, y apenas el 2,7% afirmó que el nazismo era peor que el sionismo.
   Según una encuesta realizada a mediados de 1999, de un total de 1.600 palestinos, libaneses, sirios y jordanos, el 82,3% dijo no sentir pena alguna por las víctimas judías del Holocausto. Cuando se les preguntó el motivo, el 53% respondió que la razón era que el Holocausto ("Shoá" en hebreo) nunca ocurrió.
   Las actitudes de árabes y musulmanes respecto de esto varían desde la minimización ("no hubo más de 400.000" judíos muertos entre 1939 y 1945, conforme a un conductor televisivo palestino) hasta la negación (el Holocausto ha sido un "mito", según el actual presidente iraní) y desde la relativización ("yo sé que al pueblo judío no le gusta la comparación, pero todo el mundo tiene su propio holocausto", en la opinión de un diplomático saudita) hasta la glorificación ("En defensa de Hitler", es el título de una nota escrita por un clérigo de la universidad egipcia Al-Azhar).

   La manifestación más pública de las actitudes arriba citadas ha sido la instancia negacionista. Dos iniciativas de ese tipo llevadas a cabo en el año 2006 en Teherán, han ubicado en la actualidad a la República Islámica de Irán como la nación líder en el mundo musulmán en este campo. La primera de ellas ganó notoriedad en Febrero del año pasado, cuando el régimen iraní anunció un concurso internacional de caricaturas sobre el Holocausto; el mismo era una suerte de respuesta a la previa publicación en el periódico danés Jyllands Posten de doce caricaturas sobre Mahoma, consideradas ofensivas por los musulmanes. Doscientas caricaturas fueron exhibidas –seleccionadas de entre 1.200 recibidas– en el Museo de Arte Contemporáneo de Teherán, de las que finalmente doce fueron elegidas como las ganadoras. En Noviembre de 2006 Irán otorgó el primer premio (de US$ 12.000) a un marroquí, el segundo fue compartido por un brasileño y un francés, y el tercero lo obtuvo un iraní. El curador de la exhibición, Masud Shojai, indicó que el concurso sería llevado a cabo anualmente. "De hecho, continuaremos [organizándolo] hasta la destrucción de Israel", enfatizó.

   No bien finalizó el certamen de caricaturas, comenzó una conferencia titulada "Revisión del Holocausto: Visión Global" que reunió en Teherán a musulmanes judeófobos, supremacistas blancos cristianos, y a ultraortodoxos judíos anti-sionistas en un singular festival de odio racial. Durante dicha conferencia, una entidad fue fundada con el propósito de estudiar más profundamente el tema, bajo el nombre de "Fundación Mundial para Estudios del Holocausto". [...]

   El negacionismo no es un fenómeno nuevo en la región. "Nadie, ni siquiera el más simple de los hombres, toma seriamente la mentira respecto a los seis millones de judíos que fueron asesinados. ¿Cómo pueden ustedes?", preguntó en 1964 el presidente egipcio Nasser al editor del Deutsche Soldaten und Nazional Zeitung. Una generación después, el legado de Nasser puede apreciarse en Egipto: el articulista Muhammad Abd Al-Mun'im, escribiendo en el diario cairense Al-Akhbar, tildó al entonces Secretario de Estado estadounidense Colin Powell de poseer el "cerebro de un pájaro" por haber visitado en Israel el museo del "falso Holocausto de los judíos en la Segunda Guerra Mundial" en ocasión de su viaje por Medio Oriente en Marzo de 2001. La moda está ampliamente esparcida. Los "judíos han inventado la leyenda del Holocausto", sostiene el líder del Hezbolá Hassan Nasrallah. El genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial es "un cuento inventado sin base alguna" dice el website oficial del Hamás. "Ni idea de cómo ni cuántos fueron asesinados", dijo el presidente sirio Bashar al-Assad a un entrevistador.

   Pero aún para los estándares regionales, el debate acontecido en la sociedad palestina sobre el Holocausto a principios del actual milenio merece un señalamiento especial. En Abril de 2000 –cuando el proceso de paz entre israelíes y palestinos estaba aún en curso– un simposio fue organizado en Nicosia, Chipre, bajo el lema "cómo afianzar la paz a través de la educación", con la participación del ministro de educación israelí y el sub-secretario palestino de planeamiento y cooperación internacional. En dicha ocasión, Anis Al-Qaq, el representante palestino, expresó su disposición a incluír la temática del Holocausto en el currículum educativo. La prensa palestina no publicó nada respecto al evento, con la excepción de un único diario que omitió las declaraciones de Al-Qaq. Pero sus declaraciones sí fueron tomadas por la prensa del mundo árabe y rápidamente se esparció la noticia de que la Autoridad Palestina estaba discutiendo con Israel la posibilidad de adoptar el Holocausto como tema de estudio. La reacción por parte de legisladores, profesores, historiadores, intelectuales y figuras religiosas palestinas fue reveladora:

   El Dr. Musa Al-Zu'but, presidente del Comité de Educación del Consejo Legislativo Palestino (CLP) dijo que "no habrá tal intento de incluír la historia del Holocausto en el currículum palestino ...el Consejo en general, y el Comité Educativo en particular, siguen [de cerca] lo que es enseñado en el currículum, y evalúan si algo contradice o daña la historia palestina", y agregó: "nosotros no tenemos ningún interés en enseñar el Holocausto". Otro miembro del CLP y líder del Fatah, Hatem Abd Al-Qader, afirmó que enseñar sobre el Holocausto en escuelas palestinas "es un gran peligro para el desarrollo de la mentalidad palestina" y enfatizó que "nos opondremos a cualquier experimento que pueda perjudicar la mente, identidad o raíces históricas de los palestinos".
   El historiador Issam Sisalem, quién en el pasado ha negado la existencia de las cámaras de gas, dijo que el Holocausto era un evento ampliamente exagerado y que no merecía atención. El intelectual palestino Abdallah Horani desechó la sugerencia de Al-Qaq sobre la base de que Israel no necesita "los esfuerzos de los palestinos en esparcir la falsa historia sobre el Holocausto".
   Por su parte, el jeque Nafez Azzam, líder del movimiento Yihad Islámica Palestina en Gaza, atribuyó proporciones cósmicas al asunto, señalando que "la intención de enseñar el Holocausto en escuelas palestinas contradice el orden natural del universo".

   Obviamente, bajo este tipo de atmósfera, nada que se aproxime a un tratamiento objetivo del tema podría ser incluído en los programas educativos palestinos. El Holocausto no es enseñado. De hecho, el Holocausto no es enseñado en absolutamente ningún país árabe. Muy por el contrario, el oficialismo de varias naciones árabes y musulmanas promueve la negación o relativización del Holocausto.

   En cualquier caso, la incomodidad que suscita este tema en círculos árabes puede apreciarse en las reacciones egipcias y jordanas a la adopción (sin que hubiera habido una votación), por parte de la Asamblea General de Naciones Unidas, del Día Internacional de Conmemoración anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Durante el debate que acompañó la adopción de esta resolución en el recinto de la ONU, en Noviembre del año 2005, el delegado egipcio Maged Abdelfattah Abdelazziz no expresó objeción alguna a la designación del día de recordación, pero dijo tener reservas sobre los párrafos operativos Nºs 2 y 6 de la resolución; justamente los párrafos en los que se insta a los Estados miembros "a que elaboren programas educativos que inculquen a las generaciones futuras las enseñanzas del Holocausto..." (párrafo Nº 2) y en los que se pide al Secretario General "que establezca un programa de educación titulado "El Holocausto y Naciones Unidas" y que adopte medidas para movilizar a la sociedad civil en pro del recuerdo del Holocausto y la educación sobre esa tragedia..." (párrafo Nº 6). [...]

   Los registros del Holocaust Memorial Museum de Washington D.C. muestran que tan sólo un líder árabe ha visitado oficialmente el museo en sus trece años de vida. En algunos países de la región la película "La Lista de Schindler" fue prohibida, en tanto que la negación del Holocausto está ampliamente difundida y aceptada en la literatura, la prensa, la cultura popular e intelectual y el discurso político árabe y musulmán.

   ¿Por qué?. Básicamente, porque les es psicológicamente necesario y políticamente útil. Desde el punto de vista árabe/musulmán, la creación del Estado de Israel se debió a los acontecimientos del Holocausto judío. Al negar la veracidad de este hecho, ponen en tela de juicio la legitimidad de la secuela indeseada. En palabras del Ministro de Relaciones Exteriores iraní, Manoujehr Mottaki: "Si la versión oficial del Holocausto es puesta en duda, entonces la identidad y naturaleza de Israel será puesta en duda".
[...]

El “Nacional-socialismo” del Gran Mufti de Jerusalén

   La simpatía con la que las naciones árabes vieron a la Alemania nazi estuvo ciertamente basada en aspectos nacionales e intereses políticos, tales como resentimiento hacia Francia e Inglaterra así como oposición a la inmigración judía a Palestina. Después de todo, el exterminio colectivo de los judíos pondría término, radical y definitivamente, a las aspiraciones sionistas de crear un Hogar Nacional Judío en Palestina. Sin embargo, el fuerte nexo entre el nazismo y el mundo árabe trascendió los dictados de la realpolitik, basándose en valores y actitudes comunes hacia los judíos.

   En palabras de Haj Amín al-Husseini –por aquel entonces Gran Mufti de Jerusalem, Presidente del Consejo Supremo Musulmán y Presidente del Alto Comité Árabe–, la más prominente figura religiosa y política de la época en el Medio Oriente: "Hay una similitud definitiva entre los principios del Islam y los principios del Nazismo".

   Dicha "similitud" quedó claramente plasmada en la práctica. El Tercer Reich invirtió considerable capital en las actividades del mufti y otros dignatarios árabes pro-nazis. Una porción del presupuesto de la cancillería alemana y las SS de Himmler estaban asignadas a financiar actividades árabes pro-nazis, entre otras, las revueltas árabes que el mufti orquestó en 1936 en Palestina. En 1941, Al-Husseini fue recibido en Roma y en Berlín, respectivamente por Mussolini y Hitler.

   En general mantuvo regulares contactos con los nazis en Alemania, los fascistas en Italia y los japoneses, convirtiéndose de facto en el 4º integrante del Eje. A principios de la década del 40 estableció una escuela para líderes religiosos musulmanes en Alemania, así como un "Instituto para la Investigación de la Cuestión Judía en el Mundo Musulmán", basado en un modelo alemán.

   En Berlín se albergó en una gran casa en la calle Klopstock, la que hasta 1939 había sido una escuela judía. Desde su base en Alemania, el mufti supervisó las políticas de propaganda, operaciones de espionaje, actos de sabotaje, y el reclutamiento de musulmanes a milicias pro-nazis en países ocupados por el Eje en el Norte de África y Rusia. Tenía a su disposición estaciones de radio en Berlín, Zeissen, Bari, Roma, Tokio y Atenas, desde las cuales conducía la propaganda pro-nazi hacia el Medio Oriente. El mufti regularmente difundía mensajes por radio "y sus emisiones estaban entre los pronunciamientos pro-Eje más violentos alguna vez generados".

   Ya en 1939 era publicado en Berlín un periódico en lengua árabe, Barid al-Sharq, para ser distribuído en el Medio Oriente. Los cuarteles del mufti en Ginebra y Estambul le permitían propagar sus actividades de espionaje a lo largo de todo el Medio Oriente, dónde tenía agentes en Palestina, Siria e Iraq además de mantener contactos con agentes de inteligencia alemanes en Turquía.
   En 1940 solicitó a Alemania que "resuelva la cuestión de elementos judíos en Palestina y otros países árabes en concordancia con los intereses nacionales y raciales de los árabes y en líneas similares a aquellas empleadas para resolver la cuestión judía en Alemania e Italia". A un oficial nazi le dijo que los judíos debían irse de Palestina; "están libres de irse al infierno", acotó. [...]

   Cuando las tropas de Rommel ingresaron a África del Norte, el mufti no ocultó su agrado. En una carta fechada 4 de Julio de 1942, Al-Husseini escribió: "Permítame, Führer, expresarle la sincera alegría del pueblo árabe y mis mejores deseos con ocasión de la victoria del Eje en África del Norte (...) El pueblo árabe continuará luchando a su lado contra el enemigo común hasta la victoria final".

   Alemania correspondió la cortesía del mufti. En una carta con fecha 2 de Noviembre de 1943, Heinrich Himmler elogiaba la "alianza natural que existe entre el Nacionalsocialismo de la Gran Alemania y los musulmanes amantes de la libertad de todo el mundo". Haj Amín al-Husseini no limitó su apoyo al Führer a la esfera declarativa solamente. Unos pocos meses luego de su arribo a Berlín, el mufti comenzó a reclutar a estudiantes árabes en Alemania, prisioneros de guerra árabes e inmigrantes, a una Legión Árabe pro-nazi. Un destacamento germano-árabe ya había sido formado con voluntarios árabes en Alemania, los que vestían el uniforme alemán portando un emblema con la frase "Frei Arabien".

   El mufti aspiraba a reclutar 500.000 soldados marroquíes, tunecinos y argelinos. No se limitó tampoco a árabes étnicos sino que apeló a los musulmanes, especialmente en Bosnia y la Unión Soviética; solamente en los Balcanes reclutó decenas de miles a la Wehrmacht. En momentos en que el único refugio posible de los judíos europeos era Palestina, el mufti no escatimó esfuerzos en bloquear este único escape posible.

   Desde Berlín, entre 1942 y 1944, Al-Husseini trabajó sin cansancio para impedir el rescate de judíos de Hungría, Rumania, Bulgaria y Croacia. Wilhelm Melchers durante los juicios de Nürenberg dijo que "El mufti era un enemigo fiero de los judíos y no ocultó [el hecho de que] le gustaría verlos a todos liquidados". La comunidad judía mundial intentó (en vano) en 1947 someter al mufti ante el Tribunal de Nürenberg bajo cargos de crimenes de guerra a partir de su involucramiento en los planes genocidas hitlerianos. Haj Amín al-Husseini murió como hombre libre, por muerte natural, en Beirut en el año 1974.

La admiración árabe-islámica hacia el Nazismo

   No fue Al-Husseini, sin embargo, el único simpatizante árabe del Tercer Reich. La admiración árabe hacia Hitler estalló con entusiasmo en el Medio Oriente en cuanto el Führer subió al poder en 1933, tal como atestiguan los varios telegramas de felicitación enviados desde varias capitales árabes. La escena se repitió al año siguiente cuando el partido nazi promulgó las Leyes de Nürenberg.

   Ya en 1937 Goebbels aduló la "concientización nacional y racial" de los árabes, notando que "en Palestina flamean banderas nazis y decoran sus casas con swástikas y retratos de Hitler". A su vez, partidos creados a semejanza del Nacional-Socialismo y organizaciones juveniles pro-germanas, así como unidades de batalla, aparecieron en el mundo árabe, principalmente en Siria, Iraq, Marruecos, Túnez y Egipto. Por ejemplo, alrededor de un tercio de la Phalange Africaine (también conocida como la Légion des Volontaires Francaise de Tunisie), organizada por oficiales del régimen de Vichy en Túnez, eran árabes.

   La brigada Nord Africaine, íntegramente formada por voluntarios árabes argelinos, era liderada por un ex-oficial francés llamado Mohamed el-Maadi que tenía el apodo de "SS Mohamed". En 1942, los nazis crearon el Batallón de Entrenamiento Árabe-Germano, al que se sumaron voluntarios desde Egipto, Arabia Saudita y la región del Levante. La Deutsche-Arabische Legion (también denominada Sonder Verbande 287), otro batallón, fue quizás la más famosa formación árabe en el ejército alemán. Además, una unidad de unos cien árabes expertos en demolición fue creada en Túnez.

   Compuesta por tunecinos, marroquíes, argelinos, sirios, egipcios e iraquíes, recibió entrenamiento en Berlín y fue posteriormente regresada a Túnez para luchar contra las tropas aliadas. Un observador militar estimó en 13.000 el número de árabes que se ofrecieron a servir en el ejército alemán o en la Francia colaboracionista. Aún cuando su contribución militar pueda haber sido menor en el marco mayor de una guerra mundial, no deja de ser indicativo de las proclividades pro-fascistas y pro-nazis de los nativos de la región y de su disposición a asistir al esfuerzo bélico alemán.

   El sentimiento pro-nazi se materializó con violencia en Bagdad en Junio de 1941 cuando un pogrom pro-nazi estalló luego del fallido golpe de Estado liderado por Rashid Ali al-Khilami (con asistencia del mufti), en el que casi 180 judíos fueron asesinados y cerca de mil heridos, 576 negocios pertenecientes a judíos fueron saqueados y 991 casas judías y sinagogas fueron destruídas. Muchas de las leyes anti-judías del régimen nazi fueron aplicadas en África del Norte. Así, en Marruecos, el pashá de Marrakesh impuso un alto impuesto a los judíos del ghetto (denominado "mellah"). El pashá de Salé emitió un edito que prohibía a los judíos contratar a musulmanes. En Beni-Mellal, el gobernador musulmán local y el controlador civil francés conjuntamente decretaron que cualquier europeo tenía el derecho de alojarse en las casas de propietarios judíos.

   El-Belag, un periódico árabe argelino, propuso en Diciembre de 1940 a las fuerzas ocupantes de Vichy que adoptaran medidas raciales nazis, tales como la de obligar a los judíos a usar ropajes distintivos. En las zonas rurales de Túnez, los judíos debían públicamente usar una "Estrella de David" en sus ropas. Más de cien campamentos de trabajo forzado fueron establecidos en tierras árabes por los nazis alemanes, los franceses colaboracionistas y los italianos fascistas, en los que árabes sirvieron como guardias, empleados, policías, y torturadores.

   Las modalidades militares nazis fueron imitadas a tal nivel que incluso slogans nazis fueron traducidos al árabe. Una canción popular en boga en el mundo árabe a finales de la década del '30 decía así:
"No más Monsieur, no más Mister.
En el cielo Alá, en la tierra Hitler".
     Otra tarareaba: "Vamos, vamos, desearía estar contigo, Hitler". Adolf Hitler, por su parte, fue "islamizado", adquiriendo la nueva apelación de Abu Alí. Adulación al nazismo se esparció por el Medio Oriente como un encanto hechizante. Entre los varios simpatizantes del nazimo en la región se encontraban Ahmad Shukairi (primer titular de la OLP), Gamal Abdel Nasser, Anwar Sadat (estos dos últimos posteriormente presidentes egipcios), líderes fundamentalistas islámicos, y los fundadores del panarabismo socialista Baa'th, actualmente en el poder en Siria y hasta el año 2003 en Iraq.[...]

   El futuro Rey Khaled de Arabia Saudita cenó con Hitler la noche de la capitulación de Checoslovaquia, oportunidad en la que brindó en honor del evento. A principios de la década del '40, el Príncipe de Egipto, Mansur Daúd, se unió a las SS. El general Aziz Alí al-Masri, del partido nazi egipcio, formó y lideró una red de espionaje que operaba para la inteligencia alemana.

   Cuando el ejército alemán tomó posiciones próximas a Alejandría en 1942, slogans pro-nazis fueron pintados en las paredes mientras que estudiantes egipcios cantaban en las calles "¡Adelante Rommel!". El mismo año, el escritor popular egipcio Abbas Mahmud al-Aqqad armaba coplas con los nombres de Hitler, Napoleón y Mahoma, aludiendo a ellos como genios militares. Algunos árabe se habían unido tan fielmente a los nazis que terminaron escapando con ellos ante el avance aliado en África del Norte. Entre otros, Rashid Driss, líder de la Jeunesse Musulmane, una agrupación juvenil musulmana pro-nazi; Hamadi Bujemaa, un comerciante fuertemente ligado a las autoridades de ocupación alemanas que halló refugio en Suiza; y el gobernador provincial de Gabes, así como el magistrado local.

El sentimiento de la posguerra

   Líderes y personalidades árabes han expresado públicamente admiración por Hitler, aún luego de su muerte. Por ejemplo, en Septiembre de 1953 circuló el rumor por el mundo árabe de que el líder nazi estaba vivo, escondido en Brasil. El semanario del Cairo Al-Musawwar preguntó a varias figuras públicas egipcias qué le escribirían a Hitler, si las noticias resultaran verdaderas. Entre quienes respondieron figuraba Anwar Sadat, quien en una carta abierta publicada el 18 de Septiembre de 1953, se dirigió en estos términos hacia el Führer: "Lo bendigo con todo mi corazón (...) El mismo hecho de haberse convertido en inmortal en Alemania es suficiente motivo de orgullo. Y nosotros no nos sorprenderemos en verlo nuevamente en Alemania, o a un nuevo Hitler en su lugar”.

   Al visitar Jerusalem en 1977, Sadat vistió una corbata cuyo motivo de diseño consistía en pequeñas cruces esvásticas. Esta adulación por Hitler no menguó con el correr del tiempo. En la revista francesa Les Temps Modernes un comentarista marroquí escribió en 1965 al respecto: "Un mito hitleriano es cultivado a nivel popular. La masacre de los judíos por Hitler es alabada. Incluso se cree que Hitler no está muerto. Su arribo es esperado...". En 1973 un destacado escritor egipcio, Anis Mansur, defendió la política de exterminación de Hitler sobre la base de que los judíos "están interesados en destruír todo el mundo" y lamentó la inconclusa tarea del Führer: "¡ojalá hubiera terminado!". Este sentimiento popular aún no ha desaparecido. (...) Y cuando el premio Nobel de Literatura Günther Grass confesó en Agosto del año pasado (2006) haber sido miembro de las Waffen SS en su juventud, "un número de intelectuales árabes se apresuró a exteriorizar su apoyo" al laureado escritor, según el historiador Fawwaz Trabulsi. [...]

   Las simpatías filo-nazis del movimiento nacional palestino de antaño se manifestaron una vez más con la conformación de la Autoridad Palestina (AP) en los años noventa. Durante la graduación de policías de la Autoridad Palestina en Jericó, en Agosto de 1995, los graduados tomaron juramento de lealtad con los brazos extendidos en saludo nazi. Tan aceptada es la figura de Hitler, que –además de ser "Mein Kampf" best-seller en los territorios autónomos palestinos– Fawzi Salim al-Mahdi, un oficial de "Fuerza 17" (la guardia presidencial del ahora difunto Yasser Arafat), conocido como "Abu Hitler", nombró a sus hijos Eichmann y Hitler. No es esto excepcional: en casi todas las facciones de la OLP activistas palestinos han adoptado "Hitler" y "Rommel" como nommes de guerre. Por su parte, Arafat –quien, como se recordará, era pariente de Haj Amín al-Husseini– ha hecho referencias públicas a la estima y orgullo que sentía por éste. "La OLP", declaró Arafat en 1985, "continúa el sendero marcado por el Mufti".
   Por último, mientras que prácticamente todo el mundo occidental estalló indignado y protestó, a principios del año 2000, ante el gobierno austriaco por la inclusión del nacionalista Joerg Haider en la coalición (a partir de su pasado de simpatías nazis), Arafat le envió una carta de felicitación.

   Luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, oficiales nazis cómodamente encontraron refugio en el mundo árabe. [...] En tanto que varios oficiales de guerra nazis han sido bien recibidos en el Medio Oriente árabe/musulmán, también lo han sido los negadores del Holocausto. El francés converso al Islam Roger Garaudy fue tratado como un héroe durante su gira por el mundo árabe en 1996. En El Líbano fue recibido por el Primer Ministro, en Siria por el vice-presidente y otros varios ministros. Dictó conferencias, fue entrevistado por la prensa local y participó en encuentros con figuras del mundo literario. En Egipto y Jordania no fue recibido oficialmente, pero despertó cálidos elogios en círculos intelectuales. La Unión de Artistas Árabes (auspiciada por el gobierno egipcio) lo nombró "miembro honorario"; el primero desde que la misma fue fundada más de veinte años atrás. El principal editor del periódico oficial Al-Ahram le confirió un premio periodístico por el "aire fresco" que contribuyó al debate sobre el Holocausto. Garaudy incluso fue invitado a escribir una serie de diez artículos para un semanario árabe publicado en Londres por el servicio en árabe de la BBC.

   El juicio de Garaudy en 1998 en Francia (donde tal como en muchos países occidentales, la negación del Holocausto es considerada una ofensa criminal) generó intensas reacciones en el mundo árabe. En Gaza se organizó una manifestación en muestra de solidaridad con Garaudy en la que participaron el Ministro de Comunicaciones de la AP, Imad Faluji, y el Secretario General del gabinete palestino, Ahmed Aadel-Rahman. Además, el libro del negador francés fue publicado en el website oficial de la Autoridad Palestina. Mientras que los defensores del revisionista francés en Occidente basaron sus argumentos sobre la base del derecho a la libertad de expresión, sus simpatizantes árabes, tal como observó un comentarista en Al-Hayat, evidenciaron poco interés en la libertad de expresión; más bien, fueron sus ideas lo que defendieron. En el año 2002, el gobierno libio otorgó a Garaudy el "Premio Muammar Qaddafi a los Derechos Humanos".

   El caso de Roger Garaudy lejos está de ser excepcional. Otro negador, Wolfgang Frolich, encontró refugio en la embajada iraní en Viena luego de haber sido juzgado por las cortes austríacas en Mayo de 2000. El suizo Jurgen Graf huyó a Teherán en Noviembre de 2000 luego de que sus apelaciones a una sentencia de 1998 por incitación al odio racial fueron rechazadas. Además, notables figuras del movimiento revisionista, tales como Mark Weber y Ernst Zundel, habitualmente han encontrado una plataforma para la difusión de sus doctrinas en la radio iraní.

   En Mayo de 2001 en Ammán, en Agosto de 2002 en Abu Dabi, y en Diciembre de 2006 en Teherán y El Cairo, conferencias internacionales negacionistas han sido celebradas; la primera bajo auspicios de la asociación de escritores jordanos, la segunda organizada por un centro de investigación de la Liga Árabe, la tercera por iniciativa del gobierno iraní, y la cuarta convocada por el Partido Socialista Árabe de Egipto.
   Incluso la "Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y Otras Formas de Intolerancia" llevada a cabo por Naciones Unidas en Durban, Sudáfrica, en Septiembre de 2001, fue prácticamente copada y completamente politizada por Estados árabes y musulmanes, los cuales en el marco de sus tradicionales actividades anti-sionistas y anti-judías incorporaron variantes minimizadoras y relativizadoras del Holocausto en la agenda del evento.
[...]

El sinuoso sendero de las contradicciones

   La actitud pública árabe hacia los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial luego de 1945 atravesó un proceso de cambio gradual. Tal como observó el académico Joseph Nevo, en los años inmediatos a la finalización de la guerra, la asociación árabe con los nazis fue explicada, por voceros árabes, mediante argumentos que subrayaban la naturaleza pragmática de la relación, apelando al conocido cliché "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" (los nazis, tal como los árabes, eran enemigos de Gran Bretaña y Francia así como de los judíos), de esta forma negando que haya existido reconocimiento alguno a la ideología nazi y fascista. Análogamente fue explicada la cooperación del mufti con el Eje; sus actividades fueron justificadas sobre la base de que eran válidas acciones en el contexto de la lucha contra el sionismo. Los árabes incluso argumentaron en su favor que la política anti-judía alemana indirectamente favoreció, a partir de 1945, la causa sionista al brindarle simpatía mundial y facilitar de esta forma el establecimiento del Estado de Israel en 1948.

   ¿Cómo podrían las naciones árabes haber apoyado semejante cosa?. Con esta lógica pretendían líderes árabes rechazar el alegato de que el exterminio judío fue visto con buenos ojos en no pocos rincones del Medio Oriente. El paso de los años distendió los sentimientos de culpa que hubiere en la región y ello dio lugar a una masiva exaltación del nazismo y de su líder. Fue solamente a partir de la penetración rusa en la región –y la nueva orientación pro-soviética de la política exterior árabe– que el epíteto "nazi" cobró una connotación negativa en la retórica mesooriental. El término pasó a representar una categorización generalizada de abuso, desprovista de su significancia anti-judía. De esta forma, un cambio perverso tuvo lugar en el discurso árabe. Puesto que si ahora el nazimo era algo malo, entonces el mismo podía ser usado para describir la conducta de los judíos. Esto dio lugar al "extraño espectáculo en el que los entusiastas aliados de Hitler atacan a las víctimas supremas de Hitler llamándolas nazis y racistas", en la apta observación del orientalista Bernard Lewis.
   Paralelamente, el Holocausto judío es banalizado al nivel de ser transformado en el motor de una catástrofe árabe-palestina, y como tal conmemorada el día de la fecha de la creación del Estado israelí como un día de luto nacional. Así, desde 1945 el Medio Oriente se ha convertido en la única región del planeta donde negar, minimizar y trivializar el Holocausto es algo culturalmente aceptable; y cabe señalar que esto no es llevado a cabo por lunáticos o fanáticos marginales, sino por los propios regímenes oficiales en el poder y con el apoyo entusiasta de gran parte de la intelligentsia.

   El objetivo, como hemos visto, es doble: cuestionar la legitimidad del establecimiento del Estado israelí y negar cualquier vestigio de sufrimiento al pueblo judío. Y quizás, inconsciente o deliberadamente, árabes y musulmanes estén también intentando negar su propio pasado. En cualquier caso, ellos han realizado un logro sorprendente: el de haber transformado al Holocausto en un arma al servicio de su incesante batalla política contra Israel.-


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